sábado, 10 de diciembre de 2016

A rare copy of the Universal Declaration



(For English, after the in Spanish text)

Encontré este borrador de la Declaración Universal. Es el penúltimo borrador sobre el que Charles Malik (Líbano) tuvo cuidado de (i) anotar las correcciones que sobre ese texto hicieran durante la elaboración del último borrador (ii) los votos que generó -a favor, en contra, abstenciones- y (iii) pedir a sus colegas que la firmaran. 

En sí mismo, no tiene valor jurídico alguno; pues el texto que vemos después fue aprobación por el pleno de la Asamblea General el 10 de diciembre. Pero no podemos dejar de agradecer a Charles Malik (Líbano) el cuidado que tuvo en pedir a sus colegas que firmaran su copia. Ahí están las firmas de los redactores nucleares: Eleanor Roosevelt, P.C. Chang, René Cassin, John Humphrey, Hernán Santa Cruz, y el resto de sus colegas de la Tercera Comisión de la Asamblea General.

Hasta donde sé, es la única Declaración con estas características. ¿Ya viste la firma del mexicano?

The Universal Declaration of Human Rights signed by its drafters texto lo encontré en los Charles MAlik's Papers, Library of the Congress, Manuscript Division, Box 78, Folder, 8. En pdf se puede bajar aquí 


I found this draft of the Universal Declaration of Human Rights.  It is the penultimate draft, on which Charles Malik (Lebanese) took care to (i) annotate the corrections which were done on it during the preparation of the last draft, (ii) annotate the votes on every single article – in favor, against, or abstain – and (iii) ask his colleagues to sign. In itself, it has no juridical value; the text which we see afterwards was approved in the plenary session of the Assembly General on December 10.  But we cannot stop being grateful to Charles Malik (Lebanese) for the care he took in asking his colleagues to sign his copy.  On it are the signatures of the nuclear drafters: Eleanor Roosevelt, PC Chang, Rene Cassin, John Humphrey, Hernan Santa Cruz, Pavlov, and the rest of their colleagues in the Third Commission of the Assembly General.  I found this «Universal Declaration of Human Rights signed by its drafters» at Charles MAlik's Papers, Library of the Congress, Manuscript Division, Box 78, Folder, 8. Here, you can download a pdf version 

Gracias a Cristina Montes por su ayuda en la traducción









sábado, 3 de diciembre de 2016

El «mundo real» y su atrofia musical


Escribía el @ProfesorDoval que la crisis de nuestro tiempo es hija de la superficialidad y la zafiedad con la que planteamos, reflexionamos y resolvemos las preguntas sobre «la propia vida, la propia muerte y la humanidad de la que soy parte». Sobre esa superficie, las coordenadas existenciales que se vislumbran desde ella, se limitan a lo que se produce, intercambia o se controla. Para seguir con el diálogo, -me están oyendo Cristi, Diego, Manuel, Juan Pablo, Fer, Ligia e Isolino [y Flor, que hace tiempo traía esta inquietud]- me encontré con el ensayo «Pajarillos que no cantan» de Chésterton. Aquí unos párrafos:
«Y de pronto me pregunté por qué no hay ningún oficio moderno del que se sepa que tiene una poesía ritual. ¿Cómo es que la gente canta rudos poemas cuando tira de una soga o recoge frutos y por qué nadie hace nada parecido mientras se dedica a cualquier actividad moderna? ¿Por qué ningún periódico moderno se imprime cantando a coro? ¿Por qué los comerciantes cantan tan pooco, por no decir nunca?
Si los segadores cantan durante la siega, ¿por qué no cantan los auditores mientras auditan y los banqueros mientran realizan operaciones bancarias? Si hay canciones para todas las tareas que se llevan a cabo en un barco, ¿por qué no hay canciones para todas las tareas que se llevan a cabo en un banco? [...]
Al entrar en la nube de Londres, me encontré con un amigo mío que trabajaba en un banco y le entregué esas sugerencias en verso para que las distribuyera entre sus colegas. Pero no se mostró demasiado esperanzado sobre el asunto. No era (me aseguró) que subestimara los versos ni que, de ningún modo, le parecieran faltos de refinamiento. No; era más bien que le parecía notar algo indefinible en la propia atmósfera de la sociedad en la que vivimos que hace que sea espiritualmente muy difícil cantar en un banco. Y creo que debe tener razón [...] Los empleados de banco no tienen canciones no porque sean pobres, sino porque están tristes. Los marineros son mucho más pobres que ellos. De camino a casa pasé junto a un pequeño edificio de teja, de alguna orden religiosa, que estaba estremecido por unas voces igual que resuena con voz propia una trompeta. Sea como fuere, estaban cantando; y por un instante se me ocurrió una idea fantasiosa que ya se me había pasado antes por la cabeza:  que, entre nosotros, lo humano ya sólo puede encontrarse en lo sobrehumano. La naturaleza humana, al verse perseguida, ha corrido a acogerse a lo sagrado.»
Profesiones sin poesía. Actividades sin un canto que las identifique como sublimes. Tal vez, la crisis no es de esa profesión en sí misma, sino del espíritu que la anima: «¡Tú sólo sives para el trabajo! ¡Éste es tu único mundo real! ¡No das para más!». ¿Quién canta sólo para eso? No, para eso no merece la pena cantar. No, de un mundo real así, no nacen coplas. Termino con esta joya de Ratzinger:
«Quisiera proponer para estas reflexiones unas bellas palabras de Mahatma Gandhi que encontré no hace mucho tiempo en un calendario. Gandhi alude a los tres espacios vitales del cosmos, señalando, a la vez, que cada uno de ellos provee de un género propio de seres. Los peces, que guardan silencio, viven en el mar. Los animales que pueblan la tierra dan alaridos. En cambio, los pájaros, cuyo espacio vital es el cielo, cantan. Lo característico del mar es el silencio, el grito lo es de la tierra, y el canto del cielo. Ahora bien, el hombre participa de los tres, pues lleva en sí la profundidad del mar, el peso de la tierra y la altura del cielo. Por eso, le pertenecen también las tres cualidades: el silencio, el grito y el canto. Quisiera añadir a todo ello que en nuestros días vemos cómo, alejado de la trascendencia, al hombre sólo le queda el grito, pues quiere ser exclusivamente tierra e intenta convertir el cielo y la profundidad del mar en tierra suya.» 

martes, 22 de noviembre de 2016

¿Qué aprendí en el doctorado?


Sin duda me instruí sobre la Declaración Universal de Derechos Humanos. Nombres, discusiones, propuestas, fórmulas, artículos, ideas. Sé tantos datos que hasta escribí y leí una tesis sobre eso. La pregunta es más bien esta: ¿qué es lo que «sé» realmente gracias al doctorado? O mejor aún, ¿qué sabiduría adquirí gracias a este grado universitario?

Tres actitudes y comportamientos que ahora considero irrenunciables:

1. Sé honesto y fiel –«be true», sé de verdad- con el estudio, y el estudio será fiel y honesto contigo. Las horas de lectura, trabajo, preparación y reflexión, aunque parezcan inútiles, nunca lo son. Los datos que se encuentran en textos y artículos son importantes; con esa información, dedicación y empeño, se adquieren los grados académicos. Pero el esfuerzo por comprenderlos intelectualmente y las horas de soledad mientras se arma la tesis, iluminan un mundo interior muy peculiar que va más allá de la información técnica. Es en soledad interior donde aparece el tesoro: el momento «eureka!». Se trata de un aparecer en forma de asombro; se experimenta como un darse cuenta de que esa nueva idea no sólo está ahí... sino que ¡es un regalo! Sí, evidentemente se fertiliza la tierra, se plantan semillas y se lanzan nutrientes. Se obra algo al modo del horticultor. Pero la planta surge como un don y su fruto, un regalo.

Lo mismo pasa con una nueva idea, pues el saber fructifica como un campo de «eureka!s». Son instantes que se acogen, disfrutan, celebran... y se vuelven a sembrar. Son momentos para embriagarse en el asombro por el regalo inmerecido, nunca como la satisfacción de cobrar lo que se merece. Quien estudia sólo para acceder a un grado, producir un artículo o dictar una lecture, se perderá lo más importante: porque le hace fraude al saber libre, al conocimiento como regalo y a su experiencia como asombro.

2. Guardar silencio. El «ocio» no es una actividad, sino un estado del alma; es una forma de callar para contemplar lo que se vive. Lo maravilloso se muestra al que guarda silencio, pues lo sublime huye de quien pisa escandalosamente. Hace falta callar para preguntarse: ¿qué tiene esto que me conmueve? ¿Cómo soy yo, que esto me hiere y reclama mi atención? ¿Por qué es bello, si no necesita ser bello para funcionar? ¿Y esta idea nueva que aparece en mí, por qué me emociona?

Al callar, no me refiero sólo al no decir nada sino al saber dar un paso atrás. Con algo de distancia se ve lo que se sabe, se contempla su condición de don y su maduración como un compromiso. Sólo si se calla, el amor con el que se trata al saber, se descubre como respuesta a nuestros anhelos y ansias; pero también como gozo, embeleso y fruición. Al callar se aprende a contemplar: un ver con amor el regalo que se admira.

3. Las conversaciones importan... y mucho. Para los griegos las conversaciones eran el único camino para develar la solución justa a los problemas de la polis. Ellos no se referían sólo a un intercambio de opiniones, como el que canjea tarjetitas de colección para un álbum de jugadores; ni tampoco veían el diálogo como el que adquiere una opinión nueva para colocar en su alacena intelectual. No. Los griegos –al menos Sócrates y claramente Platón- estaban convencidos de que el diálogo implicaba examinarse a uno mismo, para justificarse primero –«quién soy de verdad»-, y mostrarse después a los otros. Por ejemplo, la conversación sobre una de mis aficiones deportivas, exigiría no sólo que la señalara, sino que la justificara: «soy aficionado a este equipo porque nací en esta ciudad»; «soy aficionado a un deporte, porque ví jugar a Manning». Conversar nunca es sólo emitir sonidos. Más aún cuando compartimos los momentos «eureka», pues de alguna manera nos develamos ante los demás. Hablar de ellos es exponernos, ya sea porque nos vemos obligados a comportarnos conforme a lo que afirmamos o arriesgarnos a descubrir que aquello no vale la pena.

Así pues, el diálogo exige ponerse en evidencia, ofrecer los motivos de las propias opiniones, y ponerse en camino, junto a un amigo, en la búsqueda del saber compartido. El lugar donde sucede esta peculiar conversación, y al mismo tiempo, el resultado de esa conversación se llama  universidad (quizá con más precisión, el bar universitario).

Las conversaciones no son un arrojar opiniones, sino, principalmente, moverse interiormete para saber: es una forma de dejarse transformar por la verdad conocida y por el encuentro con otro. Es impregnar el saber del amigo en la propia intimidad. Es en una conversación, dónde se celebran y se ponen en común los momentos eureka!; y, sin duda, donde se fertilizan y reciben nuevas semillas del saber.

Ser honesto con el estudio, callar y guardar silencio, un continuo conversar. This is it!

miércoles, 16 de noviembre de 2016

«El poder de una conversación». El caso del Dr. Amézquita


Hoy leyó su tesis mi amigo Juan Alberto. 

Con él sostuve mi primera conversación sobre la vida universitaria. Me dijo, hasta donde me es posible reconstruir, que el grado académico era lo de menos. El corazón de un alumno, los ideales de una sociedad, no se encienden con erudición sino con sabiduría y cercanía. Algo que se alcanza con muchas horas de estudio, otras tantas de silencio y varias más en conversaciones.

También, el Dr. Amézquita fue el primero que me animó a preparar un paper para un congreso académico, y con él fui a la Universidad de Notre Dame. 

Así que en mi biografía académica, mucho del plano general y la colocación de los primeros ladrillos, se los debo a Juan Alberto.

Le dedico esta entrada para felicitarlo por su Doctorado. Le estoy agradecido.

¡Ah! Y un video de Álvaro, sobre el poder de una conversación


sábado, 5 de noviembre de 2016

Abrasado por el amor: Fantine y Quevedo


Algunos amores abrazan. Despiertan, llenan, fructifican, acogen un pasado y abren a un futuro. Su ley ordena que se «deberá besar al amado, estar junto a él y acariciarlo como a un hijo (Platón, La República, 403b)». Quien sea incapaz de ese cuidado es tosco, remata el discípulo de Sócrates.

Algunos amores abrasan. Su ley ordena embriagarse con ese amor, pero consume al amado y tritura al amante. Promete gozo, libertad y autenticidad, a costa del sacrificio del pasado y de secar las semillas que desatan el futuro. Curiosamente, también olvidan que «no body left behind»: tratan al cuerpo como un instrumento de su sueño, pero lo abandonan como un objeto sin lenguaje, ni significado.  Uno de esos amores hizo miserable a Fantine.

Quevedo contrasta estos dos tipos de amores en su poema «A una fuente». El agua, alguna vez encadenada en hielo por el invierno, serpentea rebosante de vida, liberada por el sol del verano. Pero su redentor se convierte en su verdugo: el calor la evapora. Pareciera que al limitarla, el invierno la protege y preserva. Sí, sí... pero no tanto frío que hiele el corazón.

¿Cómo lograr liberarse del frío que paraliza, sin dejarse consumir por el mismo calor que lo ha redimido?

A una fuente

¡Qué alegre que recibes
con toda tu corriente
al Sol, en cuya luz bulles y vives,
hija de antiguo bosque, sacra fuente!
¡Ay, cómo de sus rubio rayos fías
tu secreto caudal, tus aguas frías!
Blasonas confiada en el verano,
y haces bravata al invierno cano;
no le maltrates, porque en tal camino
ha de volver, aunque se va enojado;
y mira que tu nuevo Sol dorado
también se ha devolver como se vino.
De paso va por ti la Primavera
y el invierno; ley es de la alta esfera:
huésped son, no son habitadores
en ti los meses que revuelve el cielo.
Seca con el calor amas el hielo,
y presa con el hielo, los calores;
confieso que su lumbre te desata
de cárcel transparente,
que es cristal suelto, y pareció de plata;
pero temo que, ardiente,
viene más a beberte que a librarte;
y más debes quejarte
del que empobrece tu corriente clara,
que no del hielo que, piadoso, viendo
que te fatigas de ir siempre corriendo,
porque descanses, te congela y para.



lunes, 31 de octubre de 2016

Conversaciones, «polis» y mi vuelta al radio


Desde el verano me centré en terminar un proyecto académico que entró en sus etapas finales. En Zona3 fueron muy amables de concederme una pausa en mis participaciones y esperarme a que lo terminara. ¿Y qué pasó en estos meses? La tesis de Peña, el Frente de la Familia y las marchas, el magistrado y su pasado delictivo, el nobel a Bob Dylan, la campaña en Estados Unidos, etc. Todos esos eventos pedían un análisis, una tasa de café y una buena conversación.

En mi caso, mi cita semanal en Zona3, implicaba no sólo preparar un tema buscar algo interesante qué decir en dos minutos, también era oportunidad para dialogar con amigos, familiares y alumnos sobre ese tema. En algunas ocasiones, algunos radioescuchas, interactuaban conmigo, algo que siempre se agradece

En estos mesese aprendí -gracias a una conversación- que en la filosofía política griega, el diálogo se consideraba no sólo una obligación cívica, sino una manifestación de personas libres. Para ellos, las conversaciones, eran el único camino para develar la solución justa a los problemas de la polis. Ellos no se referían sólo a un intercambio de opiniones, como el que intercambia tarjetitas de colección para un álbum de jugadores; ni tampoco veían el diálogo como el que adquiere una opinión nueva para colocar en su alacena intelectual. No. Los griegos estaban convencidos de que el diálogo, implicaba examinarse a uno mismo, para justificarse «quién soy de verdad». Por ejemplo, compartir que le voy a los Dorados y a los Tomateros, exigiría en una conversación donde inconcientemente tendría que justificar esa afición; en mi caso, el lugar donde nací y mi tradición familiar. Como se ve, hablar de una opinión, no sólo expresa una afición, sino que además, doy cuenta a los demás de quién soy yo.  

Así pues, en la grecia clásica el diálogo exigía ponerse en evidencia, ofrecer los motivos de las propias opiniones, y ponerse en camino, junto otro ciudadano, en la búsqueda de una solución justa a los problemas comunes. El lugar donde sucedía esta peculiar conversación, y al mismo tiempo, el resultado de esa conversación lo llamaban polis

Por eso, me alegra mucho poder volver a este espacio. Me obliga a buscar en mis ideas, opiniones y forma de ver la vida, cuáles son los motivos que lo hacen valioso. Y me reta a comprender el diálogo como un ponerse en movimiento junto a otros.

jueves, 13 de octubre de 2016

Tomar vino previene el cáncer... excepto cuando no



La lista es más larga: el chocolate, el café, la leche, el té, etc. El artículo lo vi aquí. Si esto sucede con ciencias duras –no sé si la palabra sea la adecuada-, ¿qué pasará con los estudios cualitativos de las ciencias sociales? Aquí, por ejemplo, una revisión crítica sobre la metodología en estudios sobre la familia. (Reconozco que no he visto –no porque no existan, sino porque no me he cruzado con ellos-, los de la posición política contraria).