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lunes, 10 de septiembre de 2018

Williams y Osaka: un nuevo capítulo de una vieja discusión sobre lo justo

Tim Clayton/Corbis via Getty Images
El sábado pasado durante la final femenil del USOpen Serena Williams reclamó al juez de pista de tal manera que éste decretó un punto de castigo a favor de su contrincante, la japonesa Naomi Osaka. No soy aficionado al tenis, ni tengo la sensibilidad para valorar del todo lo sucedido. Lo reconozco. Así que pregunté a mis amigos tenistas, de ellos he logrado aclararme tres puntos:: 

Primero: Naomi Osaka dominaba el encuentro: era más ágil, más precisa y más letal que Williams. Muy probablemente habría ganado el partido. 

Segundo: por una parte es verdad que en el tenis varonil jugadores han recibido castigos y el problema no escala a más porque se ponen en cintura. Pero también es verdad que las reglas del decoro y del comportamiento son más estrictas con las mujeres. Esta disparidad es sexista e injusta y forma parte de una cultura de disparidad no del todo erradicada.

Tercero: El conflicto entre el juez y Williams, opaca y puede considerarse una forma injusta de desmerecer a Naomi Osaka, quien ahora pesa sobre su triunfo la sospecha de haberse beneficiado -sin ella buscarlo, por supuesto- de la situación; y cuya fiesta por su triunfo no brilló como debía.

Pero mi reflexión de hoy no es sobre tenis, sino sobre una pregunta más antigua: ¿es posible luchar contra una injusticia de cualquier modo? ¿Qué pasa cuando pretendo luchar contra una injusticia de forma injusta? Tucídides, un histriador griego del siglo V a.C. nos recuerda que la guerra es una maestra muy severa. Williams parece un ejemplo más de esta experiencia. Al calor de una lucha, nuestra respuesta a la injusticia podría estar causando otra injusticia no buscada directamente. Así que lo pregunto de nuevo, ¿la lucha contra una injusticia -el sexismo y el doble rasero al aplicar las normas del decoro-, puede plantearse cometiendo otra injusticia -desmerecer el esfuerzo deportivo de Naomi Osaka-? 

La respuesta de Sócrates es sin duda más fácil decirla que aplicarla: es mucho mejor padecer una injusticia que cometerla. Sufrir una injusticia no autoriza a luchar contra ella cometiendo otras. Como me conozco, probablemente yo no hubiera sido capaz de reaccionar adecuadamente en una circunstancia similar a Serena Williams. Así que solo tomo mi lugar como aficionado al deporte, simplemente me toca aprender a ver todas las aristas de un problema como este… y aprender.

miércoles, 10 de agosto de 2016

«Nacionalicemos a Phelps» de Germán Dehesa



No tiene desperdicio olímpico. Apareció en Mural el 14 de agosto de 2008:
«Tiene un cierto rostro de Pánfilo Ganso y caminares como de pelícano, pero ya en el agua es como político con presupuesto abundante: voraz, implacable e insaciable. Mi sugerencia de nacionalización no es un mero fuego fatuo que haya iluminado cualquiera de mis insomnios; para nada, se trata de una medida muy bien meditada y de múltiples efectos benéficos para el deporte nacional. Nomás de golpe ya tenemos al mejor atleta de toda la historia de las Olimpiadas (¡y sin la maléfica influencia del torvo Vázquez Raña y de el Tibio Muñoz, su clonecito de bolsillo!), pero además, cristalizaremos la posibilidad de tener una delegación triunfadora formada por el propio Phelps y ya, o por Phelps y algunas chicas que se comprometerán a no llevar familia. Esto no es cosa mía, pero los aztecas nos estamos formando una imagen de chillones planetarios que no va bien con nuestra imagen recia y estoica: ¡cero familia chillona!.
Pensemos en que Phelps solito ha ganado ya más medallas de oro que México en toda su historia. La cuestión estribaría en mantenerlo en condiciones muy higiénicas (yo diría que lo aisláramos en las bóvedas del Banco de México con su cubito de agua y hermosas edecanes del Centro Histórico; Agrupación Cisne, absténgase). Se le encomendaría a mi amigo El Marce la tarea de cuidar a nuestra joya Phelps y que ni sueñe con sacarlo para inaugurar sus muy pinchurrientitas albercas y playas capitalinas. Por cuenta del Marce corre el bienestar de nuestro egregio nadador y muchos puntos de popularidad ganará si tiene a Phelps contentito y cumpliéndole cuanto capricho se le ocurra: ¿qué quiere libros?, de inmediato Marce se pone en contacto con Mario Marín que es un destacado surtidor de bibliotecas quien de inmediato le enviará no uno, sino varios tráilers de la suerte, llamados así porque mediante un estimulante sorteo, los tráilers pueden venir vacíos, pueden traer las memorias de Schopenhauer en su lengua original, los discursos de Miguel de la Madrid también en su lengua original y así. Es tan ocurrente el Gobernador Marín, que uno nunca sabe con qué nos va a salir este predilecto amigo de Felipe Calderón y de la Suprema Corte que, por cierto, ahora nos dice que todos sus integrantes son perfectos y están en vías de canonización y que ellos impartirían una justicia expedita y maravillosa si les entregaran expedientes bien documentados (¿cómo el de Lydia Cacho, o mejor?). Ya pensándolo bien, no sería mala la idea de poner a Phelps al frente de la Suprema Corte, en lugar de este señor tan plomito que parece la mamá de la Pequeña Lulú.
Pero, no perdamos de vista a Phelps y a las múltiples ventajas que ofrece el hecho de nacionalizarlo azteca y con ello ahorrarnos la pena ajena y propia de enviar, por ejemplo, a nuestro equipo de velerismo que por más manazos y jondeones que le dan a su embarcación, ésta permanece tranquilamente al pairo meciéndose suavemente mientras otras naciones ya van llegando a la rayita del horizonte; por no hablar de nuestras gimnastas que tienen insalvables problemas de diseño. Hay que aceptarlo: la raza tenochca es petacona y no hay concurso de Televisa que la redima. Tendrían que diseñar para nuestras chicas ejercicios especiales que no comprometieran el aguayón, porque de otra manera nuestro ineludible destino será el de que nuestras náyades se vayan de náilons reiteradamente.
Muchas son las ventajas de la medida que propongo. Dista mucho de ser una mera puntada. Ahorraremos mucho dinero y ganaremos prestigio». [...]

sábado, 10 de mayo de 2014

Beisbol: Escuela de paciencia, la paciencia de una madre.

Esto es lo mejor que he leído en mucho tiempo sobre cultura, sociedad y deporte. En mucho tiempo.
Lo publicó Álvaro Enrigue en «El Universal»: Escuela de Paciencia. ¡Feliz día de las madres! 

-o-

Escuela de paciencia
10 de mayo de 2014. El Universal  
Un juego que reclama la invención de la palabra “súper líder” es un juego que ha optado por la hipérbole como matriz. El futbol, para bien y para mal, es un deporte exagerado: en cada partido se apuestan tres puntos. 
El futbol funciona con la mecánica de la olla de presión. Los aficionados a un club esperan una semana completa el segundo de definición en que cae el gol que vale una fortuna. En año de Mundial la presión se incrementa y disminuyen las oportunidades: entra en juego la autoestima de la patria, no hay ni siquiera partidos de vuelta. El futbol es la maldita plancha del reloj sobre la nuca. Una genialidad o una rabieta —casi siempre de Rafa Márquez— incendian o deprimen a una nación completa. Todo es irremediable y se va pronto. El futbol, el sexo adolescente: vamos por ese orgasmo, listo, a lo que sigue. Tal vez precisamente porque el caldo gordo del Mundial de Brasil ya está que hierve, nadie ha notado que en la liga de beisbol de los Estados Unidos está sucediendo un prodigio. Nótese por favor ese estar agerundiado con que hay que definir lo que pasa en el diamante: mientras en el futbol todo depende de la gambeta y el instante, el beisbol se mueve con la majestad de los bovinos. 
En la División Este de la Liga Americana, cuatro de cinco equipos están prácticamente empatados. Con la glotonería del futbol, eso se resolvería en un fin de semana, dos cuando mucho, por que los equipos avanzan por unidades gordas. En el beisbol una victoria se anota en centésimas, ningún equipo llega nunca ni cerca de juntar un punto. Una tabla con cuatro equipos empatados en mayo significa que ese empate se dirimirá centésima por centésima entre julio y septiembre. En el año en que todo el mundo estará ardiendo por la urgencia mundialista, los aficionados al beisbol estamos listos para el tipo de emoción que sabemos encarar mejor: la de la tortuga que descubre en la distancia un campo de lechugas. 
El beisbol se juega todos los días y no hay reloj en el estadio. En el diamante existe el azar, por supuesto, pero son tantísimas las horas que los jugadores pasan en el campo entre abril y septiembre, que es posible establecer patrones de comportamiento claros. El placer que produce una temporada tiene que ver, entonces, con la mirada esotérica con que se revisa una estadística. Un torneo de fut se juega, la temporada de beis se edifica. Como la puntuación de los equipos se obtiene dividiendo el número de partidos entre el número de victorias, conforme progresa el año y van cambiando las estaciones, la capacidad de avanzar de las novenas disminuye en lugar de incrementarse.
Un juego ganado es oro molido en todos los deportes, pero para los peloteros septembrinos un triunfo es un grano de arena en la tabla general de rendimiento. No hay que ganar, hay que ir ganando las tardes en que se pueda. El ranking de un torneo de futbol se revisa los lunes con el corazón en la boca. El de la temporada de beisbol sale todas las noches. Lo vemos bostezando, no para calibrar los desplazamientos, sino para confirmar que sucedió lo que se esperaba. 
Los equipos de beis ganan y pierden siempre de la misma manera. Su inspiración no se mide en jugadas, sino en rachas. Perder no importa tanto, ganar da casi lo mismo, por eso es que la violencia —los golpes, pero también los aspavientos, los alaridos, los cantos punitivos y los abrazos de oso entre desconocidos— es casi imposible en las gradas o en la grama. Uno no sigue a su equipo para verlo derrotar al adversario, lo sigue para verlo perseverar en sus virtudes y defectos. El éxito de un equipo de beisbol no se mide con el fracaso de otro, sino con la superación de su propios resultados. Ganar el campeonato se ha de sentir bonito —yo le voy a los Orioles, así que es una sensación que he olvidado— pero lo que importa es que al final de la temporada hayamos pasado de .545 a .563. 
A veces pienso que el beisbol prolifera en las sociedades que se sienten cómodas consigo mismas. Supone que las audiencias van a tener suficiente sensación de haber cumplido con su deber todos los días, como para dedicarle unas horas a la felicidad que sólo entrega ver un juego lento y preciso. No se me malinterprete: soy mexicano, soy pambolero, bajo de peso en los mundiales. Sí creo, sin embargo, que México era un país más contento consigo mismo cuando las mayorías asistían a la escuela de paciencia de la Liga Mexicana de Beisbol. Contra la estridencia, la dignidad callada de las centésimas. Contra el encono, el viaje largo de la pelota. Un gol lo ven los que no pestañearon, un home run lo ven todos como en cámara lenta: es una profecía que se va cumpliendo.

jueves, 3 de abril de 2014

Rawls: "El beisbol es el rey de los deportes"

Con motivo del inicio de la temporada de las Grandes Ligas, me encontré (aquí) con una carta que John Rawls escribió sobre el beisbol. Rawls (1921-2002) ha sido uno de los filósofos de la política más importante de la última mitad del siglo pasado, en concreto por su incorporación del concepto justicia y equidad a la descripción del razonamiento político. Sabemos que era un gran aficionado del béisbol. Se conserva una carta suya de 1981, donde ofrece seis razones por las que el béisbol es el rey de los deportes.


Primera: Las reglas del juego equilibran y lo hacen ajustado para la emoción. Desde el diseño del campo, el diamante hace que todas las partes estén ajustadas; el pitcher a una distancia igual al resto de las bases. Esto permite jugadas tan emocionantes como el doble play o el toque de pelota, o el robo de base. La distancia anima a que el corredor avance una almohadilla más, y al mismo tiempo siempre lo hace en el límite que le permite al defensivo poder sacar el out.


Segunda: el juego no le da una preferencia o ventaja inusual a quien tenga especiales habilidades físicas, como en el basket, el soccer o el fútbol americano. No es difícil ver unas buenas barrigas en algunos jugadores de béisbol por que también puede utilizarse muchas más habilidades como los  reflejos, la astucia, la fuerza en los pies para el swing, o dejar caer el peso para lanzar, etc. 

Tercero: el juego aprovecha todo el cuerpo: el brazo para lanzar, las piernas para correr, ambos para hacer el swing, la estrategia para ver y al mismo tiempo adivinar el tipo de lanzamiento; control de nervios, astucia, etc. En el soccer no puedes tocar la pelota con las manos.

Cuarto: todas las jugadas son fáciles de seguir con la vista. A diferencia de fútbol americano, es difícil ver todo lo que sucede en cada jugada. Mucho sucede en la línea de golpeo sin que lo vean los árbitros. En el basketbol la diferencia entre el contacto y un foul no es tan nítida. En el beisbol, aunque puede haber errores, los umpires pueden ver y oír con relativa facilidad lo que sucede.

Quinto: el beisbol es el único juego donde anotar no se hace con el balón, lo que hace que la acción a seguir se multiplique por el campo: el corredor doblando a la goma, mientras el jardinero ataca la pelota ¿podrá el corredor llegar safe en home o llegará primero la bola?, y emociones así.

Y por último, sexto, el factor tiempo. En el béisbol no hay tiempo para terminar con el juego. El basket, el soccer y el americano tienen su reloj. En el béisbol, como en el tenis, el tiempo no es factor. Esto implica que siempre hay tiempo para un regreso. El noveno inning es potencialmente la parte más emocionante de todo el juego. (La final de la serie del caribe 2013, duró 7:30)

En resumen, dice el dicho beisbolero que este deporte se trata de "seis minutos de acción insertados en un drama de dos horas y media"


viernes, 31 de enero de 2014

¿Qué he aprendido como aficionado al «Football»?

Aquí van seis cosas que he aprendido a reconocer en el fútbol americano:


1. El juego se trata de conquistar el terreno una vez que haz “arrancado” el espacio. Y eso sólo se logra a base de detalles. Nadie regala nada. Sólo se avanza cuidando los detalles que abren el espacio, que coordinan eficazmente con otros, etc. Gana quien se come terreno, porque abrió ganó el espacio, porque cuidó en los detalles; en su preparación y en su ejecución.


2. Preocúpate sólo de lo que puedes controlar. El partido no se juega ni contra el estadio, ni contra el pasado, ni contra los récords. Y lo único que puedes controlar es la jugada que vas a intentar. Una jugada a la vez, un partido a la vez. Por que se gana un partido en una sola jugada, ni un campeonato de un sólo golpe. 

3. “Run to win”. Lombardy utilizaba esta imagen de San Pablo para repetir, que el atleta ha de hacer todos los sacrificios necesarios para ganar bien y por la buena. “Ganar no es un algo que se presenta algunas veces, es un algo que sucede en todo tiempo, no se gana de vez en cuando, ni las cosas se hacen bien de vez en cuando, sino que se hacen bien en todo momento, ganar es un habito, desafortunadamente para algunos también lo es perder”. Lo único que no se vale es rendirse: otros dependen de ti, no sabes qué va a pasar. Y aunque pierdas, esa actitud por hacer lo necesario por ganar, creará el hábito que después hará que no pierdas.  Hay que perderle el miedo a competir y sí temer a no ejecutar lo necesario por ganar bien y por la buena.


4. No pongas excusas. No te escondas en explicaciones. Las excusas cubren defectos que han de mejorarse, y con facilidad te llevan a señalar a otros. Eso además de no ayudar a resolver el problema, genera desconfianza entre quienes se supone que deben hacer equipo.

5. Cuida al deportista, cuida al aficionado, cuida el deporte. Respétalos. La NFL ha creado han creado una narrativa heróica, trabajo conjunto y sacrificado de lo que significa ese deporte. Vuelvo a los medios mexicanos y encuentro programas de espectáculos -comediantes, secciones culturales, etc.- montados en torno al un deporte; y no tanto programas deportivos al que se le añadían otras secciones como contexto. Es como si en un taco, se le diera más importancia a la salsa que a la carne. Y lo que es peor, no te dejan ver el juego: mayonesas brincando por el campo, avioncitos cruzando de un lado a otro, comentaristas vendiendo productos de belleza. ¡Déjame ver el juego! 

6. La fruición. Una de Lombardi: "El mejor y mayor momento de cualquier hombre, su logro más grande y su mayor satisfacción, es aquel momento sublime en que después de haber trabajado arduamente con todo su empuje, esfuerzo, dedicación y corazón a favor de una causa noble, se encuentra exhausto en el campo de batalla, “¡Victorioso!” 





lunes, 14 de enero de 2013

El relato: Manning, Real Madrid, España... y mis alumnos

Hoy comenzaron clases mis alumnos. No estoy en Guadalajara, así que empezaremos la próxima semana. Enseñaré «Filosofía del Derecho». Pocock, un filósofo-historiador, sugiere que la filosofía de las ideas se estudie tanto como un análisis del contexto en el que se dice (historia), como los méritos racionales que pueda ofrecer ese argumento en abstracto (filosofía). Para hacerlo, entre otras cosas, sugiere estudiar los «relatos» o en otras palabras cómo los «sabios» han elegido unos sucesos -una secuencia de datos históricos-  para articularlos en torno a una narrativa. 

Hoy me encontré tres ejemplos para mostrar cómo funciona esta idea y contar cómo es que me acordé de mis alumnos.

1. Peyton Manning y su record 9-11 en playoff

Los Broncos de Denver y Peyton Manning fueron eliminados ayer. ¡Juegazo! Pero perdió. Varios analistas construyeron sus análisis eligiendo como hecho central -verificable- que su record es de 9-11 perdidos en playoff, y fijaban el éxito de un QB en el número de Superbowls ganados.  De esta manera, se preguntaban si Peyton era realmente un buen QB o sólo producto de la TV.

Pues bien. El que quiera elegir esos datos y construir una narración de fracaso, allá él. Según se puede ver en este artículo (aquí), sólo en dos de esos 11 partidos perdidos, la derrota ha sido resultado directo de un error de Manning. Por ejemplo, en 2000 (vs Miami) o en 2005 (vs Aceleros) habrían ganado si no hubieran fallado el gol de campo. O se puede tomar en cuenta que la mitad de los pases incompletos en postemporada fueron errores del receptor que tiró el pase de las manos. Dice Scott Kacsmar en el artículo citado arriba:
What Manning usually does in the playoffs is give his team a chance to win the game in a way no other quarterback has. When they don’t, he takes the blunt of the criticism regardless of his play. [...] Just saying «9-11» does not prove a thing. You know why quarterbacks who win a lot of playoff games do so? It’s not because they statistically out-produce Manning, because few do in the postseason. It’s because their teammates don’t muff onside-kick recoveries like Hank Baskett in the Super Bowl, miss clutch field goals like Mike Vanderjagt, forget a snap count on 3rd-and-1 with a chance to clinch the game, or allow a back-breaking 70-yard touchdown bomb. [...] Stop writing your stories before the game even starts, and pay attention to what actually happens. Be a defensive writer; one who reacts to what they see. Otherwise, you end up with garbage that truly defines the word “offensive.”

 Lo interesante es ver cómo se puede construir un relato de fracaso, al elegir una serie de datos duros y articularlos en una narrativa de incapacidad. O dicho más radical, el tipo de narración que construyo, condiciona la selección de hechos que voy a tomar en cuenta.

2. La narrativa y la crisis del Madrid.

Otro ejemplo de ello es el Real Madrid. El dato duro es que el juego del sábado en Pamplona fue horrible. Los blancos sólo tiraron a gol dos veces en todo el partido. ¿Y cuál es la narrativa? La prensa en Barcelona se ceba y dice que son malísimos y se burlan del +18. La de Madrid, que todo es problema arbitral. Diego Torres en El País escribe cómo la narrativa que ha elegido Mourinho para explicar lo que pasa, impide ver todos los datos del problema (aquí). Más allá de lo deportivo, quiero hacer notar cómo el tipo de historia que quiero construir, condiciona los datos que voy a seleccionar para articular la historia.

Los errores arbitrales son parte del juego. ¿Pero la narrativa es la mala fe? ¿Lo que le pasa al Madrid se corresponde con un relato de conspiración contra los blancos?  
Tomado de «El País»


3. Lupe y España


Sigo en Twitter a una fotógrafa-filósofa-bloguera española: Guadalupe De la Vallina o «@Lupe_». Hoy escribió una idea parecida: España necesita de un gran relato, una nueva narrativa, para empujar a los ciudadanos a salir de la crisis (aquí). 
España vive una de sus peores crisis y seguramente me toque pagar algún impuesto por utilizar esa afirmación tan manida en un artículo. [...] Y los españoles tienen pereza de España, que es nuestra versión de la náusea sartriana. Una pereza nacional de ponerse a salvar algo tan cutre, con la de problemas que da siempre y la de gente que se termina aprovechando. ¿Qué menos que luchar por algo que nos atraiga? Leo que mi querido  Barack Obama siempre está acompañado por su fotógrafo – el gran Pete Souza –. Cuando recibe a ministros, cuando repasa discursos, cuando juega con su hija pequeña, cuando susurra en el oído de su mujer. Ha dicho en alguna ocasión que “es una de las cosas a las que más cuesta acostumbrarse a los nuevos presidentes”; ¿por qué aceptar entonces esa intromisión constante, esa molestia que amenaza siempre con escapar a su control? ¿Por qué no limitar las fotos al apretón de manos? Porque la historia no sólo ocurre, sino que necesita ser contada. Porque un gobierno no sólo debe tomar medidas sino generar un relato, como diría David Gistau, una historia dentro de la Historia.
4. ¿Moraleja?

Sin un gran relato en el que podamos ver reconocido nuestros esfuerzos, la verdad, como dice Lupe, da weba trabajar por algo tan cutre. 

La próxima semana vuelvo a dar clase en la UP. Mis alumnos tendrán que leer y escribir... pues... mucho. Ese es el dato. El hecho. ¿Qué narrativa les pienso ofrecer para interpretar todo el esfuerzo que hacen? ¿Seré capaz de convencerlos que su esfuerzo forma parte de un relato que vale la pena? ¿Les ofreceré algo más que la narrativa de estar formándolos para el éxito profesional o para transmitirles el gusto por saber?

miércoles, 10 de octubre de 2012

Ganar el espacio y una narrativa del heroísmo

Vince Lombardi decía "Football is not a contact sport, it's a collision sport - dancing is a contact sport". Me gusta ver el futbol americano como el deporte donde se gana el espacio. El más rápido, el más fuerte, el más inteligente, el que tiene más carácter, es quien crea y aprovecha el espacio suficiente para anotar. El espacio tiene su precio: duele conseguirlo, sólo se consigue en equipo, requiere entrega total cada jugada. Al final, ganes o pierdas, siempre debes ponerte de pie. Porque el juego sigue.

El domingo, "mis" Indianapolis Colts remontaron una desventaja de 21-3 contra los Green Bay Packers, en uno de los partidos más emotivos de su historia -(¡y pude ver el último cuarto!)-. La remontada se la dedicaron al coach Chuck Pagano, quien vio el partido en el hospital... está enfermo de leucemia y recibe quimoterapia.

Desde siempre, el deporte se utiliza como analogía de la vida. Pero a veces la vida se rebela, te golpea y toma su lugar propio. "No, no todo es juego; ganar o perder". Aún así, el deporte permite, experimentar en un ámbito no doloroso lo que significa el fracaso, la injusticia, la derrota, el luchar una y otra vez: el juego. (Aquí hay un ejemplo, con motivo del béisbol).

Al mismo tiempo se jugaba el «Madrid @ Barça». Aunque tengo mis resentimientos contra el fútbol (todavía casi-lloro), el soccer también es un deporte de espacio. Unos lo construyen poco a poco, el tiqui-taca. Otros lo arrebatan explosivamente. Fue un gran partido.

Mi afición por el Football (americano) y la pasión que hay en España por el fútbol (soccer) me hacen pensar en dos formas distintas de ver el deporte (y tal vez la vida). El español -mejor dicho, la prensa española- le pone mucha atención al destino (el árbitro, la suerte, los postes, la puntería, al «él dijo, tú dices, feo tú, tú dos veces»).

El gringo, tiende más a la «meritocracia» que se traduce en el resultado: estudia para crear una estrategia, entrena para poder ejecutarla y reduce al máximo la influencia de la suerte o de los árbitros en el resultado. "It's the events in our life that shape us, but it's our choices that define us" dijo Mac (CSI-NY)


El nivel de un partido como el «Madrid @ Barça» se logra a base de mucho trabajo por parte de los dos equipos. Podrían construir una historia de heroísmo en la rivalidad como esta de Peyton Manning y Tom Brady.

A veces extraño en España una narrativa distinta para que interpreten su deporte, el juego (el resumen de la prensa aquí). Y tal vez sus crisis.