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jueves, 21 de enero de 2016

La foto, el caso «Lautsi» y los símbolos religiosos en espacio público


Un equipo de fútbol, las Chivas, se tomaron su fotografía oficial de este torneo en la Basílica de Guadalupe. Aunque se distingue más al dueño del equipo que la Guadalupana, la fotografía ha generado cierta polémica sobre el reglamento de la FIFA y de la Federación sobre neutralidad religiosa de sus asociados. En efecto el Artículo 7 del Código de Ética de la Federación Mexicana de Futbol, enfatiza que por respeto a todo mundo, se "deberá mantener una posición neutral ante asuntos de carácter religioso y político".

A mi me parece bien eso de la neutralidad. Pero en los detalles está el diablo, dicen las abuelas. ¿Qué vamos a hacer cuando venga a jugar a nuestro país la selección de Inglaterra? Según el protocolo, debemos escuchar su himno nacional, que como se sabe, es una oración: "¡Dios salve a la Reina!. Además, en su bandera se dibuja una cruz de San Jorge. Estamos ante un símbolo cristiano al que se le se refiere un personaje religioso. Algo similar nos pasaría con Italia, cuyo himno se refiere a Dios como origen y providencia de ese país. Si la neutralidad de la Femexfut se refiere a ausencia de referencias religiosas, entonces habría que olvidarse de invitar a la selección inglesa, italiana o a cualquier otra que se refiera a Dios o contenga símbolos religiosos en sus escudos y banderas.



No vayamos tan lejos, nuestra bandera tiene en su escudo un símbolo religioso: el águila devorando una serpiente es el mensaje y el signo de una intervención de los dioses en favor de nuestros antepasados, los aztecas. Nuestro himno también habla de ángeles, de Dios y de su providencia en nuestro favor. Neutralidad religiosa entendida como ausencia de todo símbolo religioso implicaría quedarnos sin bandera y no cantar el himno mexicano en ningún evento organizado por la FIFA o la Femexfut.

Un problema análogo ya se ha debatido en la Corte Europea de Derechos Humanos. Sólo por elegir uno entre muchos, en el asunto  Lautsi vs Italia, se decidió que la presencia de crucifijos en las aulas de las escuelas públicas italianas no violaba la libertad de creencias de los niños que no cristianos. ¿Por qué? Por una parte, aunque el símbolo tenía su origen religioso, la historia italiana y los valores incorporados al crucifijo eran también símbolo de la cultura e historia de ese país. Por otro lado, junto a ese símbolo pasivo, los padres de familia no se veían impedidos para formar a sus hijos en las creencias de sus preferencias, ni tampoco se veían obligados a profesar una fe determinada. El crucifijo en el aula, aunque de origen religioso, significaba más bien un símbolo de la comunidad a la que pertenecían. 

El tribunal europeo reconocía que la laicidad de un estado no implica necesariamente la ausencia de todo símbolo o referencia religiosa. Porque si así fuera, no decir nada sobre Dios, comportarse como si no existiera o como si no importara en la vida cotidiana, es ya una afirmación ético-religiosa, –el ateísmo o el agnosticismo-,ya se toma postura respecto una creencia particular. Por eso, en Europa, nos encontramos con dos modelos de comprender el estado laico respecto a sus símbolos culturales. Por una parte, el modelo francés en el que laicidad significa la ausencia absoluta de símbolos de origen religioso en la esfera pública. Y al mismo tiempo, del otro lado del canal de la mancha, en Inglaterra, la laicidad se manifiesta en el reconocimiento de símbolos nacionales cuyo origen es una expresión de fe. Ambos respetan tanto la laicidad de los Estados, como su origen cultural.

¿Cómo van a entender la Femexfut el significado de neutralidad religiosa? No los sé. Si deciden por la carencia absoluta de símbolos religiosos, tendrían entonces que vetar la fotografía de Chivas, de olvidarse de la bandera y el himno inglés, y prohibir la bandera y del himno mexicano. Otra opción es seguir el modelo señalado en el caso Lautsi: como la neutralidad absoluta en materia religiosa es imposible, las manifestaciones culturales han de salvaguardar la dignidad de la persona y no imponer sobre ellas el peso desproporcionado del proselitismo activo. Necesariamente, ante el uso de cualquier símbolo habrá quien se sienta molesto, pues la neutralidad absoluta es imposible. O por último, la Femexfut podría colocar el fútbol donde merece estar y esperar a ver si realmente la Virgen de Guadalupe les hace su milagrito, dejarse de tonterías e invitar a los ingleses a jugar en nuestro país. 

Aquí se puede ver el argumento original explicado por el Profesor Joseph Weiler, en su deposición ante la Gran Sala en el caso Lautsi:







miércoles, 2 de diciembre de 2015

"Los 7 tipos de personas que te encontrarás en la Novena"


Aquí va este post que me encontré aquí. Algo pasa con Feisbuc que no me deja colgarlo. A ver si se puede al trascribirlo. Entre corchetes explico por si ayuda a entender la referencia.
El post que viene a continuación es un poquito diferente a lo que os tengo acostumbrados y es que va dirigido a un evento tan concreto que solamente lo entenderán del todo los alumnos, graduados, empleados o miembros adscritos a la Universidad de Navarra. Si el resto queréis leerlo adelante, pero no os sorprendáis si no entendéis alguna cosa o si la imagen con la que os quedáis es la de la falsedad de los unavers porque no hay nada más lejos de la realidad (hipócritas hay en todas partes, pero en general somos buena gente). Estamos de exámenes y necesitamos despejarnos, eso es todo. 
Y los que lo entendáis... por favor, pillad el tono sarcástico pero desenfadado del texto. No pretendo ni meterme con alguien en concreto, ni dármelas de nada, es simplemente una constatación (más o menos objetiva) de algo que llevo presenciando cada año y que me apetece compartir porque muchos de nosotros lo hemos comentado siempre y he pensado que estaría bien ponerlo por escrito. Si además os sentís identificados con algo (que es por otra parte inevitable) pues oye, bendita diversidad, nadie es perfecto y riámonos de la situación. Yo soy la primera "clasificable". 
Allá vamos: en mi universidad tenemos la sana costumbre de celebrar la novena a la Inmaculada que como su propio nombre indica se hace durante nueve días, del 30-8 de diciembre, mediante una misa diaria en nuestro polideportivo, vestido para la ocasión. Ahí nos reunimos cantidades ingentes de profesores, padres, alumnos o trabajadores de la universidad. Dado que con esto de Bolonia el calendario de exámenes finales se adelantó a diciembre, es un muy momento para desconectar de las horas de estudio a última hora del día y aprovechar para echar unos rezos que nunca vienen mal. 
Pero a lo que vamos, ¿qué tipos de personas te encuentras realmente en la novena? 
1. Los ojeadores (y no precisamente deportivos) son, o al menos eso se dice, el grupo más extendido y los más fáciles de distinguir. El ojeador común va a la novena con un solo propósito: fichar. Y ya si le sobra tiempo, pues escuchar lo que está diciendo el cura. Los reconocerás porque suelen ir en grupo y por lo general impecablemente vestidos ellos y muy bien maquilladas ellas. El pelo lo llevan cuidadosamente limpio y cepillado; están las que lo llevan suelto y no paran de colocárselo y ahuecárselo durante toda la misa o las que llevan unos recogidos que harían sombra a la princesa Leia. Sus intenciones no son malas, quieren ir "a ver quién hay", a ver qué se cuece, a ver si X o Y son de los que van o de los que pasan. Este tipo de gente son también muy de la misa de 20.15 en la CUN [Clínica Universitaria] durante cualquier domingo año. Para todo lo demás, Mastecard. 
2. Los ingenuos: Son ese tipo de personas que llevan fatal los exámenes, pero fatal, fatal. Y van a ver si al menos yendo todos los días a misa durante nueve días, esos conocimientos que hay en los libros que no han tocado durante tres meses son adquiridos por inspiración divina. En el momento de la acción de gracias guardan un silencio que ya quisieran algunos monjes cartujos y la cara de circunstancia que ponen yendo a comulgar es para acercarte por detrás y preguntarles si les pasa algo. Suelen frecuentar las primeras filas. Nada más que añadir. Suerte en junio [La segunda vuelta]
3. Las románticas: Aunque muchas empiezan en este grupo en su primero, es probable que si tienen dos dedos de frente, lo vayan abandonando durante el resto de la carrera. Pero aún así, siempre están las que todavía creen que conocerán a su futuro marido entre esas paredes. Pobrecillas. Como si a la salida fuesen a chocarse con alguien, a dejar caer los papeles y al empezar a recoger encontrarse con unas manos (SUS manos, las manos del chico ese de la cuarta grada, alto, moreno, de cuarto o quinto de la doble y con el jersey verde) y fuesen a saltar chispas de amor. Queridas, despertad. ESO no pasa. Es decir, sí, se te podrán caer los folios y sí podrá acercarse alguien a ayudarte pero NUNCA será ese chico de la cuarta grada, ¿por qué? Bueno, hay infinitos motivos, pero en la mayoría de los casos porque el susodicho tiene novia o algún otro tipo de compromiso de esos que tiene la gente en la unav y los hace intocables (you know what I mean). El resto se mantendrá a una distancia prudente, haciendo como que no ha visto nada. Lo mejor es que los recojas rápido y te escabullas entre la gente. 
4. Los fiestas: Los fiestas son la caña, son esas personas que van a la novena como quien queda en el [100] Montaditos [sería como las Wings Army] para echarse unas birras después de las horas de biblioteca. Suelen ponerse arriba (de pie o en las gradas) y se pasan la misa sonriendo, comentando la jugada con el de al lado y esperando a que llegue el final para fumarse el piti con los colegas. Muchas de las románticas suelen tener "flechazos noveneros" con ellos y suspiran cada vez que les ven "¡tía mira, Juan y Pepe van a misa!" por favor chicas, no me seáis tan fáciles, seguramente son de los que luego no pisan una iglesia durante el resto del año (EH, existen los fiestas cumplidores, de domingos y fiestas de guardar pero por lo general, y esto lo aprenderéis con el tiempo y la experiencia, la novena NO es un indicativo de la fe de nadie).  
5. Los novios: Este grupo creo que no merece grandes explicaciones. Parejas de novios que bajan juntos, se sientan juntos, asienten juntos, comulgan juntos (que mis amigos ennoviados no me odien, no es nada personal). Algunas parejas son ya auténticos pre-matrimonios en toda regla: ella entra primero, mira, elige sitio, y arrastra a su querido hasta el lugar elegido. Él como todo buen novio, sumiso y obediente, lleva la carpeta de ella, su paraguas y si ya llevan muchos años, hasta su bolso. Qué buenazos sois algunos. Otras parejas son totalmente acarameladas, se dan las manos durante la homilía, se lanzan miradas azucaradas durante toda la misa y hacen que a los solteros de alrededor nos entren unas ganas inexplicables de ir a confesarnos y no aparecer hasta el "podéis ir en paz". También tenemos a las parejas recientes, esas que no llevan mucho saliendo juntas y para las que la novena es su primera "aparición en público", suelen llegar un poco tarde, cuando los demás ya están sentados y son la causa del chismorreo y chascarrillo general "¿has visto? ¡Laura y Jose están juntos!"  
6. Las niñas (los niños menos, pero haberlos haylos) de bachiller: generalmente suelen tener hermanos, padres o amores platónicos (sobre todo amores platónicos) en la universidad y se consideran lo suficientemente mayores como para no ir a la novena del cole y bajar a la de la uni. Aunque algunas pretenden esconderse dejando el uniforme en casa, otras lucen orgullosas sus faldas escocesas y sus jerséis verdes con el barquito rojo de Fomento. Pero sus caras de emoción las delatan a todas. No pueden negar lo contentas que están de estar ahí y el poco tiempo que les queda para ser también universitarias de Barbour y Hunters.  
7. Novatos: Como su propio nombre indica, suelen ser gente de primero de carrera. Normalmente de colegios mayores, que han acudido en masa a llamada de la sel... digo, de la novena. Van siempre en masa, como un rebaño de ovejas, eso les da una falsa sensación de seguridad "así ven que soy de Goimendi, o de Belagua" sin embargo una vez dentro se bloquean, les cuesta un verano decidir si arriba o abajo, izquierda o derecha, y son torpes por naturaleza. Empiezan a bajar las escaleras de las gradas y se tropiezan, les entra la risa, miran todo el rato hacia atrás para conseguir la aprobación del resto "¿aquí o más abajo? ay no sé ve tú primero". Para desgracia del resto se suelen poner abajo en las gradas, con tan mala suerte que no han leído los carteles de "por favor en la comunión dejen está fila libre y vayan arriba siguiendo la dirección de las flechas", y ¿qué ocurre? pues que llega la comunión y siempre hay alguien que no se entera que tiene que irse de esa fila, que molesta, que su presencia ahí es non grata. Pero nada, la tipa o el tipo ahí se queda; primero sentado y cuando ve que todo el mundo tiene que hacer el pino para esquivarle se pone de pie, como si pensase que eso arregla las cosas "¿pero no ve que ahí molesta y que todo el mundo se ha ido arriba? ¿no piensa moverse?" pues no oigan, por muy obvio que parezca el chico ahí se queda. En fin, el tiempo todo lo cura.  
Podríamos hacer categorías más amplias para meter a padres, matrimonios, profesores e incluso a la gente que baja exclusivamente para ir a misa (inaudito lo sé, pero creedme que existen).  
Bueno, espero que después de esto os hayan entrado más ganas de bajar a la novena (recordemos que el fin del blog es el apostolado cibernético indirecto) al menos para ver si localizáis a todos los tipos de personas. ¿Sabéis ya en que grupo estáis? Yo sí.

jueves, 15 de octubre de 2015

El Día de la Identidad Problemática


A diferencia de otras fechas, lo que se celebra el 12 de octubre depende en gran medida de lo que significa para nosotros la llegada de Colón en 1492. Unos celebran el Día de la Hispanidad (España),  otros el Día de la Raza (en la mayoría de américalatina); el Día de las Américas, (Uruguay) del Día del Respeto a la Diversidad Cultural (Argentina), el Día de los Nativos Indígenas (algunos estados de USA), etc. 

Aquí va una propuesta más. Esta variedad de significados tal vez se debe a que tiene que ver con nuestra identidad –nos guste o no, somos herederos de aquello- y como toda identidad de persona y cultura no es ajena a la contradicción y al drama. Octavio Paz hablaba de esta tensión en una conferencia dictada en 1991 ("La Democracia: Lo Absoluto y lo Relativo"). Lo decía así:
"Las polémicas en torno al Descubrimiento de América no se han apagado. No voy a examinarlas; me limito a señalar que casi siempre las críticas olvidan lo esencial: sin esas exploraciones, conquistas, acciones admirables y abominables, heroismos, destrucciones y creaciones, el mundo no sería mundo. [...] [Unos] dicen que la Conquista fue un genocidio y la Evangelización una violación espiritual del los indios. [Pero] [i]dealizar a los vencidos no es menos falaz que idolatrar a los vencedores [...]"
Entre los que vinieron a nuestro país, estaban los hambrientos de oro, poder y gloria, pero en ellos había mezclado el anhelo de grandeza, de realizar una misión trascendente y divina. Vivían la tensión de lo espiritual que se hace presente en lo mundano. Otros buscaban hacer evidente en el indígena la imagen común de una dignidad compartida: y por eso construyeron hospitales, aprendieron su idioma, integraron su comida, se adaptaron a su religiosidad, articularon una defensa de los derechos humanos de los indígenas.Vivían la tensión de lo mundano que manifiesta una presencia divina.

Todo encuentro y más si este genera una nueva identidad como la nuestra, es así: problemático, lleno de luces y sombras. Nosotros no somos diferentes. No pretendo resolver la polémica sobre el día de Colón, la raza, etc. Sólo quisiera hacer notar que para resolver las preguntas del tipo «¿quién soy, para qué vine al mundo, cuál es el sentido de mi presencia en la tierra, qué explicación doy de mi mismo?» necesitamos al menos reconocer y poner ante nuestros ojos  aquellas tensiones que forman parte de toda existencia humana: cómo ser libre para ser yo mismo, y al mismo tiempo sin encerrarme en la isla del «mi-mismo»; cómo pertenecer a un grupo social como la familia, los amigos, la cultura, la patria, sin ser absorbido y desdibujado por ella; cómo procurar el desarrollo profesional, y al mismo tiempo alimentar y solidificar la relaciones familiares y de amistad; cómo madurar mis convicciones fundamentales de modo que sirvan eficazmente para orientar mi vida, pero que no impidan aprender de otras que se presentan ante mí, cómo disfrutar de nuestros logros legítimos, sin que ello nos detenga en el pasado de lo ya logrado. 

Todas sobre estas tensiones y contradicciones se escribe nuestra biografía. Por eso, aquí va mi propuesta: como el 12 de Octubre es en el que recordamos que en nuestra identidad cultural ha nacido de forma difícil y contradictoria, también celebremos el Día de la Identidad Problemática. 

domingo, 9 de agosto de 2015

El misterioso «Secretum meum mihi» de Edith Stein

Monumento de Edith Stein (Colonia, Alemania)

En la vida de Edith Stein encuentro muchas minas a las que vuelvo con frecuencia para sacar oro: algunas de sus ideas e intuiciones académicas, alimentan mi propia investigación sobre derechos humanos (la empatía y en la experiencia de la dignidad); también descubro que padezco problemas y tensiones de forma similar a la suya; luces y miradas en las que me sostengo gracias a que ella compartió su vida. Aquí va una de ellas. Un amigo de Edith, Edward Metis, 
«tenía algo que lo distinguía de todos los demás compañeros. Era un judío de fe firme y observante de la ley [...] Un día en que íbamos por la calle tenía que resolver un asunto en una casa. Le di rápidamente delante de la puerta mi carpeta para que la sostuviese mientras tanto y entré en el portal. Me di cuenta demasiado tarde que era sábado y en ese día no se puede llevar ninguna carga. Me excusé que mi descuido le había hecho hacer algo prohibido. Él me dijo tranquilamente: "No he hecho nada prohibido. Solamente en la calle está prohibido llevar algo en la mano, pero en casa está permitido". Por eso se había quedado en la entrada y había evitado cuidadosamente no tener puesto un pie en la calle. Ésta era una de las sutilezas talmúdicas que a mí me repelían. Pero no dije nada. Cuando más tarde en Göttingen, comencé con mis preocupaciones religiosas, le pregunté en una ocasión, por carta, cuál era su idea de Dios, si creía en un Dios personal. Él me contestó escuetamente: «Dios es espíritu». Más no se podía decir. Y esto fue para mí como haber recibido una piedra en lugar de un pan.»
Uff. Honestamente no vale la pena perder la vida por un espíritu que está allá a lo lejos. Por mucho espíritu que sea. Ahora, a sortear el elefante que hay en el cuarto. Cualquier tipo de ley -religiosa o civil-, de cualquier nivel -familiar, escolar o de un grupo de amigos-, sólo es coherente con la dignidad de la persona si predispone, prepara y facilita para un encuentro con alguien digno. ¡Que sea real! ¡Que valga la pena! ¡Que sea bello! ¡Que dé sentido! ¡Que transforme!

Si consideramos, además, que vivir implica ir perdiendo la vida, –acercarse a la muerte-, más me vale que aquel sistema ético, o conjunto de creencias o estructura de leyes al que le regalaré mi lealtad, cumpla realmente su promesa y mis expectativas. Sólo vale la pena morir por aquello, si perdemos la vida como modo de afirmar que hemos sido realmente encontrados por alguien.

Como se sabe, Edith Stein murió en Auschwitz tanto por su raza como por su fe católica. Murió por que se dejó transformar; por que se definió a sí misma a partir de ese encuentro. ¿Cómo me doy cuenta que el encuentro ha sido real? ¿Cómo asegurarse -hasta donde sea posible- que ciertos valores, leyes y costumbres realmente nos convierten en personas encontrables, encontradizos, encuentradores, encontrados? Dice Stein:
«¿Pero cuál es verdaderamente el momento en que el hombre experimenta qué es la vida? Es el momento del amor, que se convierte para él, al mismo tiempo, en el momento de la verdad, del descubrimiento de la vida... El descubrimiento de la vida incluye una superación del yo, un despojarse del yo. Ese descubrimiento acontece únicamente donde el hombre es capaz de salir de sí mismo y se deja caer.»
La vida y las ideas de Stein siempre me ponen ante esta disyuntiva: o aquella ley, creencia o estructura de valores éticos fomentan, facilitan y predisponen para un encuentro entre personas o no vale la pena -ni de lejos- dedicarles mi atención. "Tengo solo una vida. No debo echarla a perder". O un encuentro como el que transformó a Edith Stein realmente sucede, o existe esa mirada, o ese ser visto es verdaderamente performativo y eficaz para redimirme de la soledad y de la muerte... o de lo contrario las creencias serán una piedra en lugar de pan. «Tengo una sola vida. No debo echarla a perder alimentándome de piedras».

Cuando preguntaron a Edith por aquello que vio, por lo que la convenció de la realidad del encuentro, contestó: «Secretum meum mihi».  




miércoles, 18 de febrero de 2015

«Al polvo volverás» es una invitación: «sé polvo enamorado»


«Memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris»

Al polvo volverás.  Ceniza sí, pero restos con sentido. Despojos que han amado. Los versos son de Quevedo:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso linsojera;

Mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa;

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.

martes, 25 de marzo de 2014

«¿Quién te ha golpeado?»: Dolor, Muerte y Belleza

En mi curso de Filosofía del Derecho, un grupo de alumnos está organizando un debate titulado «Belleza y Derecho» o «Experiencia Estética y Experiencia Jurídica». Los textos preparatorios sugeridos son «La Contemplación de la Belleza» (aquí) de Ratzinger y unos fragmentos del libro «Beauty» de Roger Scruton (aquí). Me han preguntado cómo se puede transformar el argumento inicial de Ratzinger en una explicación no teológica del problema. A Benedicto XVI le llama la atención el contraste entre la descripción que se hace de Cristo como «el más bello de los hombres» (Salmo 44) y al mismo tiempo como alguien desfigurado, «sin aspecto atrayente»  (Is 53, 2).
¿Qué es la verdad? ¿Puedo confiar en la belleza?

Pues bien, si gracias a la experiencia estética captamos la realidad a través de su brillo que nos atrae hacia sí, por el conocimiento intelectual captamos lo real gracias a su cognoscibilidad. La realidad es cognoscible y atrayente para la persona sólo si ella existe orientada hacia lo que es real y viceversa. ¿Cómo explicar esa conveniencia entre la orientación del ser humano hacia  lo real-bello si todos experimentamos el dolor (ausencia de belleza) y el vacío de la muerte (no-existencia)?

El problema del dolor y de la muerte es la «ultimate question», la objeción definitiva contra la belleza y toda pretensión de sentido en la realidad. Si tras el dolor sólo hay punción inútil y después de la muerte sólo desaparición de lo humano, si nadie escapa a estas experiencias, entonces la atracción de la belleza es sólo una aspirina existencial contra un cáncer terminal. Ratzinger explica en otro lugar que mientras la belleza y su celebración -la fiesta- no resuelvan este último interrogante «se mantiene en la superficialidad, como un vago esparcimiento y anestesia [...] La muerte es la pregunta de todas las preguntas, ahí donde no se toma en consideración, no se ofrece en el fondo ninguna respuesta definitiva. El hombre sólo puede llegar a ser libre y hacer fiesta verdaderamente, sólo donde se responde a esa pregunta.»

A esa explicación no teológica del problema, Ratzinger responde como teólogo: ¡Sí! ¡Es posible! Jesucristo, dice el Papa emérito, nos hace iguales ante Dios, por que él se viste, por así decirlo, con el traje de nuestra miseria. No conoce el corazón del hombre como el cardiólogo que es experto en una enfermedad pero no la ha vivido. Es más bien el sabio del corazón que también ha padecido y experimentado esa dolencia. Es el amor por el hombre, el compartir su enfermedad y muerte, el acogernos sin condiciones previas –incluso cuando no somos dignos de él- lo que consigue que el dolor y la muerte no tengan la última palabra. (Aquí puede leerse un argumento similar -que también prometí a mis alumnos-: «Beauty will save the world: From the mouth of an idiot to the pen of a Pope)

Si esto es real, entonces sí podemos confiar en que nuestra experiencia estética -la esperanza que buscamos en el amor- no es un engaño.

Bach le ha puesto música a este argumento. Hay un fragmento en «La Pasión según san Mateo» (aquí lo que dice Wikipedia) que puede servir para captar estéticamente esta seguridad de que el dolor no tiene la última palabra. Los soldados golpean y escupen Jesús mientras lo retan:  «¡Tú! ¡Profetiza! ¿Quién the ha golpeado?». Bach representa primero a la turba lanzando esta pregunta con violencia y con un toque de burla. Pero de pronto, la escena cambia de sitio. La masa anónima deja de serlo. El sujeto ya no es la multitud sino el hombre que se ve a sí mismo en diálogo íntimo con el condenado: «Y dime, ¿quién te ha pegado?». Ya no hay amenaza, sólo participación de un mismo dolor: «He sido yo». Se redime porque se comparte, porque se ama.


Sólo si esto es real, podemos confiar en que nuestra experiencia estética no es un engaño, podemos conocer la belleza del que se desfigura por amor a nosotros.

sábado, 15 de diciembre de 2012

La navidad: ¡haz material el regalo!



¡No estoy de acuerdo!
Ya había publicado esta entrada. Hubo poco lectores. Supongo que el título antiguo no fue el mejor. Quizá también la hora de publicación. Así que le cambio el título y lo publico de nuevo a otra hora.

He visto este tuit y no estoy de acuerdo. ¿Cómo se puede regalar en Navidad sólo Emociones? Si esto es así, la fiesta de la Navidad no tiene sentido. Precisamente de lo que se trata es de regalar algo material. De suscitar el afecto a través de un regalo que se pueda desenvolver y se pueda tocar. Por que esta fiesta recuerda al menos tres cosas:  intercambio, encarnarse regalo. Como se sabe, la fiesta de Navidad tal y como se conoce en occidente es de origen cristiano. Los teólogos explican su sentido desde esas categorías:

1. Intercambio. Dios toma la iniciativa e invita: "Dame lo tuyo y yo te doy lo mío. Te doy algo y tu me das algo". ¿Qué es lo de Dios? Gracia, inmortalidad, alegría, plenitud, redención. Pues eso es lo que da. ¿Y qué da el hombre? Lo que tengamos al alcance: limitación, errores, maldades y también gestos de grandeza, planes, amigos, familia, etc. Cosas buenas y cosas malas. La navidad recuerda el intercambio entre Dios y el hombre que se da en Jesuscristo. Si no fuera Dios, sería un engaño, pues no podría dar  ni garantizar lo que prometió: ser hijos de Dios. Si no fuera en verdad hombre, sería sólo un engaño de intercambio, daría sólo una  apariencia de humanidad. Una máscara.

"El Niño del Tambor"
2. Encarnarse. Así como las palabras son la materialización de una idea, y las acciones son la materialización de una decisión, el regalo es la encarnación de un afecto. Un enamorado no se satisface con pensar, recordar e imaginar cuánto quiere a su amor. Debe «decirlo» y a veces hasta «cantarlo».

3. Regalo. Este intercambio-encarnado no es un acto comercial. Es gratuidad, don, regalo. No se da a la fuerza, ni se corresponde a la fuerza. El amor no se impone. Se suscita. Dicen los Padres de la Iglesia, teólogos antiguos, que Dios se hace niño para arrancarnos un abrazo con más facilidad. ¿Quién le dice que no al cariño de un niño?

¿Qué es un regalo de navidad? Un intercambio, un regalo. Por eso quien diga que esta navidad va a regalar cariño, quien piense regalar sólo amor... no ha entendido nada. Esta fiesta no es la fiesta del cariño. Es la celebración del regalo material. Y si es «envuelto» mejor. Pues el regalo esconde, pero al mismo tiempo anuncia, su contenido. Esta navidad... ¡Compra sin remordimiento! 

La sabiduría popular ha sintetizado esta idea en villancico «El niño del tambor». ¿De qué trata este intercambio? El pastor da lo poco que tiene: la música de su tambor y la conciencia de su pequeñez. Y el niño Jesús, en el pesebre, responde con su sonrisa... y con sus brasos.



Les dejo el origen de este post. Un texto de Chésterton sobre la teología de los regalos de Navidad: 
"Recientemente vi una afirmación de Mrs. Eddy sobre este asunto, en la que ella decía que no hacía regalos en un sentido vulgar, sensual, terreno, sino que pensaba en silencio en la Verdad y la Pureza hasta que todos sus amigos estuvieran mucho mejor por ello. Ahora bien, no digo que este plan sea supersticioso o imposible y no dudo de que tenga su encanto económico. Digo que es no-cristiano en el mismo sólido y prosaico sentido en que tocar una melodía al revés es no-musical o que cierta expresión es agramatical. No sé que haya un texto de la Escritura o Concilio de la Iglesia que condene la teoría del regalo navideño de Mrs.Eddy; pero el cristianisno la condena, como la ética del soldado condena la huída. Las dos actitudes son antagónicas no sólo en su pensamiento, sino en el estado del alma antes incluso de comenzar a pensar. La idea de corporizar el afecto, esto es, de ponerlo en un cuerpo, es la enorme y primigenia idea de la Encarnación. Un don de Dios que puede ser visto y tocado es tema del credo. Cristo mismo fue un regalo de Navidad. La nota de los regalos materiales de Navidad resuena incluso antes de que Él naciera en los primeros movimientos de los magos y la estrella. Los Tres Reyes llegaron a Belén trayendo oro, franco incienso y mirra. Si hubieran traído sólo Verdad y Pureza y Amor, no habría habido arte cristiano ni civilización cristiana"


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Ser fiel a la propia historia: el caso de Frodo y de Stein

Edith Stein, profesora
La angustia de Edith

Algo preocupaba a Edith Stein. En la historia de cada persona, la libertad se descubre «asaltada» por las circunstancias: se ve forzada a tomar decisiones en un contexto no decidido. ¡Qué ironía! Una libertad empujada a decidir. Como Frodo Bolsón. Él no eligió ser sobrino de Bilbo, ni el anillo; tampoco que la paz dependiera de su destrucción... Su biografía le «fuerza» a decidir. 

Al mismo tiempo, sigue argumentando Stein, la libertad tampoco controla o prevé todas las consecuencias de sus decisiones. Uno elige con la esperanza puesta en que nuestras acciones exteriores coincidirán con nuestras intenciones personales. Como Frodo. Espera que Gollum lo guíe, que Sauron se vea traicionado por sus deseos y que Sam lo acompañe. Pero la propia libertad no le alcanza por sí misma para garantizar el fin deseado. Pero aún así, ha de decidir y lanzarse. 

Edith se preguntaba, ¿qué papel juego realmente en el acontecer del mundo y en la historia de mi vida? ¿Como es que los seres humanos, nos vemos forzados continuamente a actuar sin conocer todas las razones, sin poder prever todos los resultados? ¿Por qué entonces cargamos con la responsabilidad de algo que no hemos podido diseñar en su totalidad? Le compartía su inquietud a su amigo Roman Ingarden 
«[N]o sabemos lo que hacemos ni podemos parar el curso de la historia, aunque lo rechacemos. Ciertamente no es fácil de entender [...] Emotivamente me encuentro en un conflicto interior insoluble. Me esfuerzo una y otra vez por comprender, pero inútilmente, el papel de los seres humanos en la historia» 
Este es el nudo ante el que se encuentra Edith: para que la historia de «mi vida» tenga sentido debía de (i) tomar en cuenta lo ya dado del pasado; (ii) el no-control del futuro y de la libertad; debía vincularse a (iii) una escena final que articule hacia ella las escenas individuales y decisiones parciales de la propia vida; y, (iv) un "tipo de historia" con el que se interpreten las escenas (no es lo mismo abrir una puerta en una historia de terror, que en una comedia). 

La angustia de Frodo

Frodo subía las escaleras de Cirith Ungol para entrar a Mordor, una tierra de sombras, "viento, piedra, huesos y muerte". Eran los dominios de Sauron, de los orcos y de «Ella-La-Araña». Mientras descansa junto a Sam, se da cuenta que están «atrapados» en un camino "que nos fue trazado" y en parte también fue decidido... 

Platican sobre la escena en que se encuentran y se comparan con las historias que conocen de héroes. De ahí sacan fuerza. En esas narraciones, los héroes salen a buscar aventuras y sus conquistas merecen contarse, repetirse y celebrarse. No eran aventuras ordinarias -como las suyas-, ni mucho menos impuestas -como lo que viven-. Sam reflexiona: 
«Se diría que los protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi siempre ya tenían los caminos trazados, como dice usted. Supongo que también ellos, como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo que no la aprovecharon. Quizá, pues, si la aprovecharan tampoco lo sabríamos, porque nadie se acordaría de ellos. Porque sólo se habla de los que continuaron hasta el fin... Me gustaría saber en qué clase de historia habremos caído.»
Los Hobbits imaginan el final de la historia en la que ellos están metidos, y si el final que todavía no conocen determinará el tipo narración con la que interpretarán ese momento de crisis. En las historias reales, dice Frodo, "los protagonistas no saben absolutamente nada. Y tu no querrías que lo supieran". Sam continúa:
« -[...] ¿Las grandes historias no terminan nunca? 
-No, nunca terminan como historias -dijo Frodo-. Pero los protagonistas llegan a ellas y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará, tarde... o quizá temprano.
-Y entonces podremos descansar y dormir un poco -dijo Sam. Soltó una risa áspera-. [...] Los planes grandes e importantes no son para los de mi especie. Me pregunto sin embargo si algún día apareceremos en las canciones y en las leyendas. Estamos envueltos en una, por supuesto; pero quiero decir: si la pondrán en palabras para contarla junto al fuego, o para leerla en un libraco con letras rojas y negras, muchos, muchos años después. Y la gente dirá: «-¡Oigamos la historia de Frodo y el Anillo!» Y dirán: «Sí, es una de mis historias favoritas. Frodo era muy valiente ¿no es cierto, papá?» -«Sí, hijo mío, el más famoso de los hobbits, y no es poco decir.»
-Es decir demasiado -respondió Frodo, y se echó a reír, una risa larga y clara que le nacía del corazón. Nunca desde que Sauron ocupara la Tierra Media se había escuchado en aquellos parajes un sonido tan puro. Sam tuvo de pronto la impresión de que todas las piedras escuchaban y que las rocas altas se inclinaban hacia ellos. Pero Frodo no hizo caso; volvió a reírse.
–Ah, Sam si supieras... -dijo-, de algún modo oírte me hace sentir tan contento como si la historia ya estuviese escrita. Pero te has olvidado de uno de los personajes principales: Samsagaz el intrépido. «¡Quiero oír más cosas de Sam, papá! ¿Por qué no ponen más de las cosas que decía en el cuento? Eso es lo que me gusta, me hace reír. Y sin Sam, Frodo no habría llegado ni a la mitad del camino ¿verdad, papá?»
-Vamos, señor Frodo -dijo Sam- no se burle usted. Yo hablaba en serio.
-Yo también -dijo Frodo-, y sigo hablando en serio. Estamos yendo demasiado de prisa. Tú y yo, Sam, nos encontramos todavía atascados en los peores pasajes de la historia, y es demasiado probable que algunos digan, al llegar a este punto: «Cierra el libro, papá, no tenernos ganas de seguir leyendo.»
-Quizá -dijo Sam-, pero no es eso lo que yo diría. Las cosas hechas y terminadas y transformadas en grandes historias son diferentes.[...]» 
En mis "entrevistas conmigo mismo", suelo platicar de lo que puedo aprender cuando se vincula este pasaje de "El Señor de los Anillos", con el problema del sentido de la historia que preocupaba a Edith. Y siempre encuentro «ideas-que-ilusionan» o «entusiasmógenos». 

La salida es... caminar.

Una tratamiento de cuatro pastillas para seguir en movimiento cuando el propio camino se pone difícil:

(i) Una gran historia se escribe con una libertad ávida de lectura: leer qué es lo que ya no controlo de mi pasado pero me trajo aquí; conocer lo que condiciona mi presente y esperar la respuesta con la que el futuro responde a mi reto. Si no «leo» esas páginas, mi libertad caminará con piernas muy cortas. 

(ii) Sam no sabía si viviría o no, un final feliz. Pero está convencido de que forma parte de un gran relato: la historia del Sinmarilion y de Bilbo. Al igual que en nuestra historia personal, nunca estamos solos. El hilo de nuestra historia ya está anudándose junto con otros en una gran historia común. 

(iii) La risa de Frodo, que sorprende hasta las piedras de Mordor, vence la lógica-ilógica del mal que impera en esos parajes. El poder de Sauron no puede impedir la carcajada franca de Frodo, ni su amistad con Sam. ¡El silencio y la esclavitud de Mordor no tienen la última palabra! Hay un principio de redención en los hobbits que llena de sentido a una escena que todavía no tiene garantizado el final. En definitiva, la amistad y la alegría dan sentido temporal a la historia. 

(iv) Ni Frodo ni Sam saben en qué tipo de historia se encuentran por que desconocen su final. Aún así, deciden ser fieles a sus compromisos vitales. Eligieron cumplir la misión y destruir el anillo. Permanecen en esa historia hasta el límite de sus fuerzas, a costa de su vida si hiciera falta. 

Con el paso de las escenas, esa fidelidad «crea» el final y por lo tanto logran construir la última escena que dará sentido al resto de escenas hasta entonces inconexas. Primero son fieles, son "de verdad", "fidedignos" –en inglés se usan expresiones así para referirse a la fidelidad: to be true, faithful- y gracias a ello... ¡hay final feliz! 

Lo vuelvo a escribir: la fidelidad es la que «crea» el final feliz.

Edith, todavía agnóstica, percibió que el cristianismo colocaba todas las historias personales entre una primera escena (la creación por amor) y un final feliz absoluto (la venida definitiva del Redentor). Lo que sucede entre esos dos puntos, son microhistorias de libertad amor, encuentro y redención. El Dios personal de los cristianos acompaña al viajero y lo invita a que confíe tanto en un final lleno de sentido, como en una capacidad de redimir las escenas y decisiones que en apariencia no "encajan".

Esta visión -de final feliz garantizado- es sobre la que Peter Jackson construye este pasaje de su versión de "El Señor de los Anillos". Frodo y Sam sacan fuerza para ser fieles, por que se garantiza el final feliz. Si en Tolkien, la fidelidad es la que genera el final feliz, en Jackson la garantía de un final feliz es la que «crea» fidelidad.



viernes, 26 de octubre de 2012

«Efraín González Luna» retrato de Jesús Gómez Fregoso

El P. Chuchín SJ. es un historiador porque estudia la historia, y porque la vive. Ha escrito en su columna de hoy en Milenio sus recuerdos de Don Efra. 
El P. Chuchín. Foto: Milenio

En mi caso, conocí a Don Efraín hasta primavera de 1992: mi papá me llevó a una conferencia suya organizada por el periódico Noroeste. Luego fui su alumno y después su adjunto. Por entonces no me enteré mucho de los ámbitos de su vida que no estuvieran en relación a la Universidad. Don Efra siempre fue muy reservado en sus asuntos personales. 

Por eso creo que este es un «infaltable», un «must-c», en estos recuentos de la vida de Don Efra. Les dejo, el Chuchín de hoy (26/oct/2012):

Efraín González Luna

El incansable Efraín González Morfín, muy a su pesar, descansa ya. Lo conocí desde enero de 1949. No fui compañero estricto de él porque me ganaba en edad por cuatro años. Siempre sus compañeros hablaban de él como de alguien de muy brillante inteligencia, y como casi todos sus hermanos, de muy buen humor igual que su hermano Adalberto, muerto hace pocos meses, y de quien tuve el privilegio de ser su alumno. Ambos, Efraín y Adalberto, muy orgullosos de su “tapateidad” ¿o tapatieidad? Cuando preparaba mi tesis de licenciatura en Historia en la Ibero de México, allá por 1963, me encontré entre los papeles del archivo muerto de mi maestro Daniel Olmedo un trabajo escolar de Efraín: los textos en que Clavigero, en su Historia Antigua de México hablaba de su historia personal. Eran años en que Efraín estudiaba Teología en Austria con el genial Karl Rhaner, y no había ni celulares ni correo electrónico. Años después en que volví a ver a Efraín, le conté el asunto de su trabajo escolar y, con su buen humor de siempre, me respondió con una amable sonrisa, que interpreté como aprobación. Su trabajo lo añadí como un anexo a mi tesis, y fue elemento para que Don Ernesto de la Torre Villar, contra su costumbre, diera mención honorífica a una tesis que él no había dirigido.

En vísperas de recibir la ordenación sacerdotal, Efraín, con su análisis de la vida y su cristianismo vital, pensó que su papel en esta vida no estaba en su vida como sacerdote jesuita, sino en el camino arriesgado que su papá había escogido: incursionar en la vida política de este pobre México, con decenios del dominio aplastante de un partido que manejaba la dictadura perfecta. Efraín continuó con la utopía en que su papá se había embarcado. Recuerdo que Doña Amparo Morfín, esposa de Efraín González Luna me contó que su marido, la víspera de comenzar su campaña presidencial en 1952, fue al templo de San Felipe Neri, que en aquel tiempo era de los jesuitas, aquí en Guadalajara, para pedir la bendición al padre Alfonso Castiello, su consejero espiritual, y el padre, conmovido y asustado, le dijo: “Don Efraín, lo que Usted va a hacer ¿no le parece un sacrificio inútil?”. A lo que Don Efraín le contestó: “padre, no me diga que el sacrificio de Jesús en la cruz fue algo inútil”. Efraín chico, Don Efraín González Luna Morfín, heredó de sus padres un sentido vital y muy sincero de lo que es ser cristiano. De joven pensó que su vocación era servir a Dios y a la Iglesia en la Compañía de Jesús; después la vida lo llevó a modificar sus ideas juveniles y adaptarlas inteligentemente a la realidad de México.
Allá por 1966 lo veía yo en la Ibero de México regularizando sus papeles para recibirse de abogado y yo me sentía indignado por la burocracia oficial: ¡Efraín sacando papelitos con valor oficial! Efraín un tipazo genial sujeto al papeleo oficial. Fue cuando, creo yo, le confesé lo que había hecho con su trabajo. Su actitud en el PAN la han comentado varias personas. Efraín, como su padre, era de una pieza, consciente de que como cristiano tenía como primordial papel la búsqueda de la justicia.
No puedo dejar de comentar que su mamá, Doña Amparo, allá en 1918, capitaneó a las jóvenes tapatías para obligar al gobernador Manuel Macario Diéguez a derogar el famoso Decreto 1913, que limitaba el número de sacerdotes en Jalisco. Doña Amparo recordaba cómo las verduleras y menuderas del mercado empuñaban cuchillos amenazando a Manuel Macario. Cuando, allá por los años setenta, daba yo clases de Historia de México a los seminaristas jesuitas, terminaba yo el curso en casa de Doña Amparo que narraba con entusiasmo sus aventuras juveniles enfrentándose a Manuel Macario.
Durante los últimos años, Efraín iba a su misa semanal los sábados a Villa María, casa de jesuitas ancianos, acompañando a su hermano Adalberto en su silla de ruedas. Debo confesar que yo me sentía un poco cohibido, al comentar el Evangelio, teniendo como oyentes atentos y amables a Efraín y Adalberto, quienes ahora ven ya cara a cara al que fue objeto de muy buena parte de sus laboriosos estudios: al Dios de la Historia y de la vida.

martes, 23 de octubre de 2012

(3) Don Efra, maestro.

En dos entradas anteriores he intentado trazar un perfil de Don Efra como jurista y como humanista. Ahora escribo por qué era un maestro o mejor dicho, porqué es "mi" maestro. Dejo fuera de este recuento los contenidos que aprendí de él o que gracias a sus intuiciones yo he podido ir más rápido en los temas de mi interés. En mi caso, hablar de Don Efra como maestro es contar por qué es mi maestro. Y eso sólo se logra contando historias. 

1. Educar: actualización consciente y libre de todas las potencialidades de la persona. Comienzo con su definición de educación. El maestro "imagina", o mejor dicho «ve» cómo es y cómo puede ser su alumno antes de que él mismo se dé cuenta. Después busca la manera de hacerlo consciente de ello y le da las herramientas para que se ponga en camino. Y espera. Porque el alumno ha de convencerse libremente que puede ser así. El maestro nunca cruza la línea de la libertad del alumno.   

2. Fue por delante. Don Efra fue maestro porque recorrió primero el camino de lo que enseñaba. Fue candidato de oposición en 1970. Cuando tenía la seguridad de que iba a perder. Y no sólo eso, cuando todos sabían que la contienda era inequitativa y le pondrían obstáculos reales a sus negocios personales. Alguna vez le oí decir que en aquel momento, lo que tocaba era sembrar ideas. El resultado era lo de menos. Y por eso es maestro, porque primero se siembran ideas y se tiene paciencia hasta verlas fructificar. 

¡Gracias Maestro!
3. Exigía. En una ocasión, estábamos por comenzar su clase -yo era su adjunto-, un alumno insultó a otro que ocupaba su lugar. Don Efra me dijo que la clase se suspendía y sin decir más se fue. Una alumna salió tras nosotros con un argumento más o menos así: "Don Efraín, no es justo. No se vale que por unos pocos que se portan mal, los muchos que sí queremos clase nos veamos afectados." Don Efra le contestó -reconstruyo la idea, no las palabras textuales-: "Tiene usted razón. Pero si los muchos y buenos alumnos, no son tan buenos como para marcar el tono de la clase, y lograr que el mal ambiente de los pocos no se note... entonces no son tan buenos alumnos... tampoco merecen mi clase".  Y se fue.

4. Inspiraba sin proponérselo porque exponía la verdad. Sus ideas eran atractivas porque las exponía de forma clara, lógica y contundente. Pero para Don Efra, la sabiduría no era sinónimo de sofisticación. Y como lo importante era la verdad, se hacía a un lado para dejar que la verdad brillara por sí misma. 

5. Corregía.  Quien fue su alumno lo recuerda: "Compañero, comparta su ignorancia en silencio", "Distraigase usted solo", o "¡Pobrecito! ¡Es tonto y no lo sabe!". Cuando corregía así, no iba más lejos, ni se cebaba en el distraído. Y cuando castigaba con las acciones, no lo hacía de palabra. Sólo ejecutaba. Un día el departamento administrativo nos pidió se impidiera la asistencia a un alumno moroso. Como cuando llegamos al salón de clase, el muchacho ya estaba sentado en su sitio, Don Efra me dijo: "Ya no haga nada. Déjelo estar. Es mejor eso, que evidenciar su problema frente a sus compañeros."

6. Quien importaba era el Maestro, no ser maestro. Don Efra era cristiano. Sabía que la verdad no era sólo acumular información, sino encontrarse con una persona que realmente llena la vida. El primer curso que fui adjunto suyo, le propuse una serie de medidas para ser exigente con los alumnos. Sólo me dijo algo así como: "Recuerde que algún día moriré y el Señor Jesús me va a medir con la misma vara con la que mida a los demás. Yo prefiero la misericordia". 

Al inicio de otro curso le preguntamos cuál era su curriculum para presentarlo. Dijo: "Nací, crecí, tuve hijos, voy a morir y espero resucitar". 

Por eso no me sale decir: "Que descanse en paz".  ¡Descansa en paz querido maestro!