Ve el video si tienes estómago y fe.
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Trailer "Aleppo. Notes from the dark" from Studio Szumowski on Vimeo.
“La cena fue suntuosa, los criados eran numerosos y todo hablaba de la inclinación de la dueña de casa a la ostentación y de la capacidad de respaldarla por parte del anfitrión. A pesar de las mejoras y agregados que le estaban haciendo a su propiedad en Norland, y a pesar de que su dueño había estado a unos pocos miles de libras de tener que venderla con pérdidas, nada parecía dar señales de esa indigencia que él había intentado deducir de todo ello; no parecía haber pobreza de ninguna clase, excepto en la conversación... pero allí la deficiencia era considerable. John Dashwood no tenía mucho que decir que mereciera escucharse, y su esposa aún menos. Pero esto no era ninguna desgracia en especial porque lo mismo ocurría con la mayor parte de sus invitados, casi todos víctimas de una u otra de las siguientes inhabilidades para ser considerado agradable: falta de juicio, ya sea natural o cultivado; falta de elegancia, falta de espíritu o falta de carácter.
Henry Daswhood (Sense and Sensibility, BBC, 2009)
Cuando las señoras se retiraron al salón tras la cena esa indigencia se hizo particularmente evidente, dado que los caballeros habían enriquecido la conversación con una cierta variedad —la variedad de la política, del cerco de las tierras y de la doma de caballos—, pero todo eso acabó y un solo tema ocupó a las señoras hasta la llegada del café, y éste fue comparar las respectivas estaturas de Harry Dashwood y el segundo hijo de lady Middleton, William, que tenían aproximadamente la misma edad.
Si los dos niños hubieran estado allí, se podría haber zanjado fácilmente el asunto midiéndolos de una vez; pero como sólo estaba presente Harry, todo fue conjeturas por ambas partes, y cada cual tenía derecho a ser igualmente terminante en su opinión y a repetirla una y otra vez todas las veces que quisiera.Se tomaron los siguientes partidos:
Las dos madres, aunque cada una convencida de que su hijo era el más alto, educadamente votaron a favor del otro.
Las dos abuelas, con no menos parcialidad pero con mayor sinceridad, apoyaban con igual afán a sus propios vástagos.
Lucy, que por ningún motivo quería complacer a una madre menos que a la otra, pensaba que los dos muchachitos eran notablemente altos para su edad, y no podía concebir que hubiera ni siquiera la menor diferencia entre ellos; y la señorita Steele con mayor afán aún, se manifestó tan rápido como pudo a favor de cada uno de ellos.Elinor, tras haberse decidido una vez por William, con lo que ofendió a la señora Ferrars, y a Fanny más todavía, no vio— la necesidad de seguir insistiendo en el punto; y Marianne, cuando se le pidió su parecer, ofendió a todo el mundo al declarar que no tenía ninguna opinión que dar, ya que nunca había pensado en el asunto.”
«La verdad existe, ilumina mi camino, me llama y cambia mi vida (Veritatis Splendor, Fides et Ratio); el mal me daña a mi y a mi relación con los otros y es posible ser liberado de él («Dives in Misericordia»). Y sí, es real que hay alguien que conoce mi corazón pero no lo acusa, lo invita; no lo condena, lo redime... Al final del día, no estoy solo, hay alguien que me ama con locura («Redemptor Hominis»): sólo por eso la vida vale la pena vivirse («Evangelium Vitae»)» en comunión con otros edificando comunidades de solidariad («Centessimus Annus»).»
Esta obra se escribió entre 1596 y 1598. Aunque se anuncia como una comedia, algunos de sus pasajes se califican como drama. El mercader es un hombre, Antonio, que presta dinero a su amigo Basanio para que éste pueda seguir en la conquista de la mujer que quiere, Porcia. Pero como el capital de Antonio estaba invertido en un negocio marítimo, se ofrece como garantía en un préstamo que Basanio pensaba conseguir de Shylock, un banquero que desconfiaba de Antonio. Por su parte, el padre de Porcia dejado establecido en su testamento que el pretendiente de su hija debía ponerse a prueba y elegir uno de tres cofres: uno de oro, otro de plata y el tercero de plomo. En algún momento el pagaré no puede pagarse y se entabla un juicio para la ejecución de la garantía.«-"Lo que ocurre, sencillamente, es que estoy defendiendo a un negro (...) en la ciudad se ha hablado mucho, y en tono airado, de que yo no debería poner tanto interés en defender a ese hombre"
-Si no debes defenderlo, ¿por qué lo defiendes?
-Por varios motivos -contestó Atticus-; pero el principal es que si no lo defendiese no podría caminar por la ciudad con la cabeza en alta... ni siquiera podría ordenar a Jem y a ti que hicieran esto o aquello...
-¿Ganaremos el juicio, Atticus?
-No, cariño
-Entonces, ¿cómo?
-Simplemente, el que hayamos perdido cien años antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer»
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| Emma Woodhouse, BBC, 2009 (Romola Garai) |
“En aquel corto espacio de tiempo comprendió cuál había sido su conducta y vio claro en su propio corazón. Lo vio todo con una lucidez como hasta entonces nunca había tenido. ¡Qué mal se había estado portando con Harriet! ¡Con qué falta de atención y de delicadeza! ¡Qué insensato y qué cruel había sido su proceder! ¿Cómo había podido dejarse llevar por aquella ceguera, aquella locura? Se daba perfectamente cuenta de lo que había hecho y estaba tentada de aplicarse a sí misma los términos más duros. [...]
Cada momento había aportado una nueva sorpresa; y cada sorpresa era un motivo más de humillación para ella... ¿Cómo podía comprenderlo todo? ¿Cómo podía comprender que hubiera estado engañándose a sí misma de aquel modo hasta entonces, viviendo en aquel engaño? ¡Aquellos errores, aquella ceguera de su mente y de su corazón! Se quedó sentada, se paseó, anduvo de una a otra habitación, probó a pasear por el plantío... En todos los lugares, en todas las posiciones no podía dejar de pensar que había obrado de un modo insensato; que se había dejado engañar por los demás de un modo mortificante; que se había estado engañando a sí misma de un modo más mortificante aún; que se sentía desgraciada y que probablemente aquel día no era más que el principio de sus desgracias. [...]
Ésta fue la conclusión de sus primeras reflexiones. Ésta fue la primera convicción sobre sí misma a la que llegó respondiendo a las primeras preguntas que se había formulado; y sin que necesitara mucho tiempo para ello... Se sentía a un tiempo enojada y apenada... Y se avergonzaba de todos sus sentimientos, menos del que acababa de descubrir... su afecto por el señor Knightley... Todo lo demás que encontraba en su interior le repugnaba.
Con una imperdonable vanidad, se había creído poseedora del secreto de los sentimientos de todo el mundo; con una inexcusable arrogancia, se había propuesto arreglar las vidas de todo el mundo. Y se había demostrado que se había equivocado en todo; y ni siquiera no había hecho nada... porque había provocado desgracias... ”
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| "Acertijos en las tinieblas" (aquí) |
«Naturalmente, [Bilbo] sabía que el torneo de las adivinanzas era sagrado y de una antigüedad inmensa, y que aún las criaturas malvadas temían hacer trampas mientras jugaban. Pero sentía también que no podía confiar en que aquella criatura viscosa mantuviera una promesa. Cualquier excusa le parecía apropiada para eludirla. Y al fin y al cabo la última pregunta no había sido un acertijo genuino de acuerdo con las leyes ancestrales.»
«Estaba desesperado. Tenía que escapar, salir de aquella horrible oscuridad mientras le quedara alguna fuerza. Tenía que luchar. Tenía que apuñalar a la asquerosa criatura, sacarle los ojos, matarla. Quería matarlo a él. No, no sería una lucha limpia. Él era invisible ahora. Gollum no tenía espada. No había amenazado matarlo, o no lo había intentado aún. Y era un ser miserable, solitario, perdido. Una súbita comprensión, una piedad mezclada con horror asomó en el corazón de Bilbo: un destello de interminables días iguales, sin luz ni esperanza de algo mejor, dura piedra, frío pescado, pasos furtivos, y susurros.»