miércoles, 30 de abril de 2014

La competencia de los niños. Una escena de «Sense and Sensibility»

"Art. 35. Todo niño tiene derecho a ser usado como medalla de los padres y medición de su propia valía."
“La cena fue suntuosa, los criados eran numerosos y todo hablaba de la inclinación de la dueña de casa a la ostentación y de la capacidad de respaldarla por parte del anfitrión. A pesar de las mejoras y agregados que le estaban haciendo a su propiedad en Norland, y a pesar de que su dueño había estado a unos pocos miles de libras de tener que venderla con pérdidas, nada parecía dar señales de esa indigencia que él había intentado deducir de todo ello; no parecía haber pobreza de ninguna clase, excepto en la conversación... pero allí la deficiencia era considerable. John Dashwood no tenía mucho que decir que mereciera escucharse, y su esposa aún menos. Pero esto no era ninguna desgracia en especial porque lo mismo ocurría con la mayor parte de sus invitados, casi todos víctimas de una u otra de las siguientes inhabilidades para ser considerado agradable: falta de juicio, ya sea natural o cultivado; falta de elegancia, falta de espíritu o falta de carácter.
Henry Daswhood (Sense and Sensibility, BBC, 2009) 
Cuando las señoras se retiraron al salón tras la cena esa indigencia se hizo particularmente evidente, dado que los caballeros habían enriquecido la conversación con una cierta variedad —la variedad de  la política, del cerco de las tierras y de la doma de caballos—, pero todo eso acabó y un solo tema ocupó a las señoras hasta la llegada del café, y éste fue comparar las respectivas estaturas de Harry Dashwood y el segundo hijo de lady Middleton, William, que tenían aproximadamente la misma edad. 
Si los dos niños hubieran estado allí, se podría haber zanjado fácilmente el asunto midiéndolos de una vez; pero como sólo estaba presente Harry, todo fue conjeturas por ambas partes, y cada cual tenía derecho a ser igualmente terminante en su opinión y a repetirla una y otra vez todas las veces que quisiera.
Se tomaron los siguientes partidos: 
Las dos madres, aunque cada una convencida de que su hijo era el más alto, educadamente votaron a favor del otro. 
Las dos abuelas, con no menos parcialidad pero con mayor sinceridad, apoyaban con igual afán a sus propios vástagos. 
Lucy, que por ningún motivo quería complacer a una madre menos que a la otra, pensaba que los dos muchachitos eran notablemente altos para su edad, y no podía concebir que hubiera ni siquiera la menor diferencia entre ellos; y la señorita Steele con mayor afán aún, se manifestó tan rápido como pudo a favor de cada uno de ellos.
Elinor, tras haberse decidido una vez por William, con lo que ofendió a la señora Ferrars, y a Fanny más todavía, no vio— la necesidad de seguir insistiendo en el punto; y Marianne, cuando se le pidió su parecer, ofendió a todo el mundo al declarar que no tenía ninguna opinión que dar, ya que nunca había pensado en el asunto.”
«Sensatez y Sentimientos», Capítulo 34.  Jane Austen es maestra de la ironía.

domingo, 27 de abril de 2014

"¡No lo hagan santo!"... 1-0 a favor de Wojtyla

«¡No lo hagan santo!», «No lo merece», «Ya ven, esa iglesia no es de fiar». 

Afirmaciones así sólo son posibles si se reconoce como algo real que, primero, las acciones humanas son más que una apreciación subjetiva de lo que «creo yo» que algo es «bueno» o «malo». Que no hablo como si dijera «para mí Dulcinea la del Quijote es de Culiacán y los molinos de viento están en el Ángel Flores». Si más allá de lo que «a mi me parece», realmente hay actos que dañan al ser humano y por lo tanto deben evitarse. Y como son acciones objetivamente buenas o malas, pueden ser vinculantes para todos.

Sólo es posible decir algo así, si, segundo, esos actos son cognoscibles. En el ser humano ha de existir una capacidad humana común para conocer que este tipo de actos humanos son reprobables. Por eso cuando dicen «¡No lo hagan santo!», lo dicen presuponiendo que quienes los oímos podemos conocer y comprender lo que nos han dicho. 

Tercero, sólo si se reconoce que las personas cuando viven conforme a esa verdad sobre el ser humano, y conocemos lo que ellos han hecho, somos interpelados por su vida y podemos reconocerlos como un ejemplo para otros. 

Por último, cuarto, si ante cualquier maldad padecida -o cometida- se reconoce un anhelo de redimir, de liberar a la víctima de ese mal. Y si somos honestos, también reconocemos el deseo de que el mal cometido voluntariamente no termine ahogando nuestro corazón. En el fondo, si alguien dice «¡No merece ser santo!», reconoce el deseo que el mal no tenga la última palabra.

Con todo ello, afirmar «¡No lo hagan santo, no lo merece!» con la intención de que otro comprenda y reconozca como real lo que digo sólo es posible si se dice con la expectativa de que otro se dé cuenta que existe algo más que capricho subjetivo; si se sostiene con la esperanza de que al señalar damos el primer paso para ser liberarnos de él. Si esto es así, entonces esa persona está en camino de comprender el pensamiento de San Juan Pablo II:
«La verdad existe, ilumina mi camino, me llama y cambia mi vida (Veritatis Splendor, Fides et Ratio); el mal me daña a mi y a mi relación con los otros y es posible ser liberado de él («Dives in Misericordia»). Y sí, es real que hay alguien que conoce mi corazón pero no lo acusa, lo invita; no lo condena, lo redime... Al final del día, no estoy solo,  hay alguien que me ama con locura («Redemptor Hominis»): sólo por eso la vida vale la pena vivirse («Evangelium Vitae»)» en comunión con otros edificando comunidades de solidariad («Centessimus Annus»).» 
Sólo es posible decir «¡No lo hagan santo, no lo merece!» si se reconoce que lo que se está haciendo con una canonización es algo real, que nos presenta el ejemplo de un hombre sobre el que podemos reconocernos y juzgar nuestra vida como digna de ser vivida o no. Y si ese hombre no lo merece... pues entonces, ¡a gritarlo a todo pulmón! No se puede decir «¡No lo hagan santo, no lo merece!» y ser relativista o nihilista.

Por eso creo que quien dice «¡No lo hagan santo, no lo merece!», aunque –como dice un amigo- no crea en la Iglesia, ni en su autoridad, ni en sus decretos, ni en los milagros, ni en la moral cristiana, ni en los santos, merece mucho más que un «¡Y ti qué más te da! Para ti tendría que ser como canonizar a Dulcinea». 

Yo prefiero decirles. ¡Bien! Crees que la verdad existe, que la podemos conocer, que es vinculatoria para todos, y que en el corazón humano hay un profundo anhelo de redención. 

1-0 a favor de Wojtyla. 

PD. Esta entrada no pretende abordar el tema de la pederastia. Creo que las víctimas tienen derecho –ellas- a saber qué pasó en realidad en esa red de complicidad y silencio que protegía a los victimarios. Todavía hay muchos cables sueltos. Algo ya ha dicho Benedicto XVI a los católicos de Irlanda o ha comunicado el Vaticano respecto a Maciel, y espero que la Comisión creada por Francisco dé los pasos necesarios





jueves, 24 de abril de 2014

Un mercader y un ruiseñor: dos sugerencias para el día del libro

Ayer se celebró el día internacional del libro. Por lo que he podido saber, el día se estableció a partir de la muerte de Shakespeare, ocurrida un 23 de abril. De cualquier modo, quiero aprovechar la oportunidad para sugerir la lectura de dos títulos, en especial para aquellos que están pensando estudiar derecho. Lo digo por que si al leer estas obras se mueven algunos resortes interiores que no  dejan indiferente, entonces es posible que lo suyo es estudiar derecho.

1. El Mercader de Venecia (William Shakespeare).

Esta obra se escribió entre 1596 y 1598. Aunque se anuncia como una comedia, algunos de sus pasajes se califican como drama. El mercader es un hombre, Antonio, que presta dinero a su amigo Basanio para que éste pueda seguir en la conquista de la mujer que quiere, Porcia. Pero como el capital de Antonio estaba invertido en un negocio marítimo, se ofrece como garantía en un préstamo que Basanio pensaba conseguir de Shylock, un banquero que desconfiaba de Antonio. Por su parte, el padre de Porcia dejado establecido en su testamento que el pretendiente de su hija debía ponerse a prueba y elegir uno de tres cofres: uno de oro, otro de plata y el tercero de plomo. En algún momento el pagaré no puede pagarse y se entabla un juicio para la ejecución de la garantía.

De esta forma, Shakespeare describe en paralelo dos tipos de procesos y juicios: el amante que ha de juzgar la valía y honestidad de su pretensión representada en el juicio de los cofres; y la valía y honestidad de la persona que tiene a su favor una pretensión jurídica. Podemos preguntarnos, ¿en qué se parecen el juicio sobre el amor y el juicio sobre la justicia? ¿Sobre qué se funda cada uno, sobre lo que la mayoría desea, sobre lo que creemos que merecemos o sobre el bien del otro? ¿Qué pasa con la justicia cuando ésta se preocupa sólo por que «me den lo mío» y olvido a la persona con la que estoy en relación? ¿Qué le pasa como persona a quien sabe que exige lo justo pero la justicia la utiliza como venganza y no para equilibrar razonablemente su relación con otras personas?


2. Matar a un Ruiseñor (Harper Lee)

El segundo libro es "Matar a un Ruiseñor", de la escritora norteamericana Harper Lee, que se publicó en 1960. La novela cuenta se ambienta entre los años 1933 y 1935 en Alabama, y se centra en una niña de seis años, Scout Finch, su hermano Jem, y su padre Atticus, que es abogado. Uno de los jueces del lugar, le pide a Atticus que defienda a Tom Robinson, un negro acusado de haber violado a una mujer blanca. Atticus acepta llevar la defensa a pesar de los serios prejuicios raciales de la gente del pueblo, a pesar de que ir en contra de la opinión pública del lugar, a pesar de que por hacer lo justo y lo que su conciencia le pide, lo mete en serios problemas también a los niños. 

¿Por qué habría de hacer lo justo, incluso si eso nos trae problemas? ¿Por qué, en el caso de Atticus, es mejor tener una conciencia tranquila a tener tranquila a la opinión pública? ¿Qué sucede en las personas cuando no pensamos lo suficiente nuestras categorías y sin querer repetimos prejuicios? ¿Y qué sucede cuando esos prejuicios matan a un inocente? ¿Por qué lo justo sólo puede ser defendido por medios justos, aún sabiendo que el injusto no respetará las reglas?

Esta es la explicación de Atticus sobre lo que sucede:
«-"Lo que ocurre, sencillamente, es que estoy defendiendo a un negro (...) en la ciudad se ha hablado mucho, y en tono airado, de que yo no debería poner tanto interés en defender a ese hombre"
-Si no debes defenderlo, ¿por qué lo defiendes?
-Por varios motivos -contestó Atticus-; pero el principal es que si no lo defendiese no podría caminar por la ciudad con la cabeza en alta... ni siquiera podría ordenar a Jem y a ti que hicieran esto o aquello...
-¿Ganaremos el juicio, Atticus?
-No, cariño
-Entonces, ¿cómo?
-Simplemente, el que hayamos perdido cien años antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer»


domingo, 20 de abril de 2014

A una carta

¿Y si no es real? ¿Y si estás muy joven? ¿Y si no tienes experiencia de la vida? ¿Y si algunos lo dejan? ¿Y si están locos? ¡«Y si» qué! ...  I took the one less traveled by, // And that has made all the difference.



The road not taken
(Robert Frost)

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I —
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.



jueves, 10 de abril de 2014

Emma y George para celebrar a Yuyis

Emma Woodhouse, BBC, 2009 (Romola Garai)
La Srita. Woodhouse es la protagonista de «Emma», una novela de Jane Austen publicada en 1816. A diferencia del resto de las heroínas, era rica e independiente, «bella, inteligente y rica, con una familia acomodada y un buen carácter, parecía reunir en su persona los mejores dones de la existencia; y había vivido cerca de veintiún años sin que casi nada la afligiera o la enojase.». Cuidaba de su padre, hipocondríaco, y su hobby, ser casamentera.

Su intuición y capacidad para la ironía, su inteligencia viva y certera, se mezclaban con algo de superficialidad poco dada a la empatía. Cuando se es lista e intuitiva, no se necesita mucho esfuerzo para acertar. La velocidad corre el riesgo de perder los detalles que llevan a comprender realmente a los demás y conocerse a sí misma: «los verdaderos peligros de la situación de Emma eran, –escribe Austen- de una parte, que en todo podía hacer su voluntad, y de otra, que era propensa a tener una idea demasiado buena de sí misma; éstas eran las desventajas que amenazaban mezclarse con sus muchas cualidades»

Así, Emma manipula a su amiga Harriet Smith, lastima a Jane Fairfax, insulta a Miss Bates. Sus dos mejores amigos, George Knightley y la Sra. Weston, hacen lo que se espera de un amigo: le dicen lo que ven en ella: tanto sus errores como su potencial. Como en todas las novelas de Jane Austen, Emma despierta de su mala conducta. Se da cuenta que su error en el juicio manifiesta su carácter atrofiado, descubre que lastima a otros y más grave aún, que era incapaz de conocerse a sí misma (aquí otro post del blog sobre el tema).

Pero no quiero hablar del final de la historia. Necesitaba el contexto para presentar lo que me parece es uno de los momentos más logrados de una de las adaptaciones más logradas de Emma (aquí en Youtube, subtitulada): el baile de Emma con George Knightley. Lo hacen sin todavía descubrir que su afecto mutuo va más allá de una sincera amistad. La música, los movimientos y sus rostros expresan la tensión llena de esa misteriosa alegría que los anuda. (Hasta tiene su gracia que la actriz de esta adaptación se llame Romola)

Por lo pronto, sé que le gustará a Yuyis este pequeño homenaje a la amistad.


video

PD. No resisto la tentación de transcribir los párrafos del despertar de Emma:

“En aquel corto espacio de tiempo comprendió cuál había sido su conducta y vio claro en su propio corazón. Lo vio todo con una lucidez como hasta entonces nunca había tenido. ¡Qué mal se había estado portando con Harriet! ¡Con qué falta de atención y de delicadeza! ¡Qué insensato y qué cruel había sido su proceder! ¿Cómo había podido dejarse llevar por aquella ceguera, aquella locura? Se daba perfectamente cuenta de lo que había hecho y estaba tentada de aplicarse a sí misma los términos más duros. [...]  
Cada momento había aportado una nueva sorpresa; y cada sorpresa era un motivo más de humillación para ella... ¿Cómo podía comprenderlo todo? ¿Cómo podía comprender que hubiera estado engañándose a sí misma de aquel modo hasta entonces, viviendo en aquel engaño? ¡Aquellos errores, aquella ceguera de su mente y de su corazón! Se quedó sentada, se paseó, anduvo de una a otra habitación, probó a pasear por el plantío... En todos los lugares, en todas las posiciones no podía dejar de pensar que había obrado de un modo insensato; que se había dejado engañar por los demás de un modo mortificante; que se había estado engañando a sí misma de un modo más mortificante aún; que se sentía desgraciada y que probablemente aquel día no era más que el principio de sus desgracias. [...]  
Ésta fue la conclusión de sus primeras reflexiones. Ésta fue la primera convicción sobre sí misma a la que llegó respondiendo a las primeras preguntas que se había formulado; y sin que necesitara mucho tiempo para ello... Se sentía a un tiempo enojada y apenada... Y se avergonzaba de todos sus sentimientos, menos del que acababa de descubrir... su afecto por el señor Knightley... Todo lo demás que encontraba en su interior le repugnaba. 
Con una imperdonable vanidad, se había creído poseedora del secreto de los sentimientos de todo el mundo; con una inexcusable arrogancia, se había propuesto arreglar las vidas de todo el mundo. Y se había demostrado que se había equivocado en todo; y ni siquiera no había hecho nada... porque había provocado desgracias... ”

Ejecución en Texas. Acertijos en las tinieblas.

Ayer fue ejecutado en una prisión de Texas el mexicano Ramiro Hernández-Llanas (aquí). Fue procesado y declarado culpable de varios delitos graves, entre otros haber asesinado a su patrón. Su peligrosidad no estaba en duda; en prisión atacó a otro reo con una navaja de rasurar, y le fueron descubiertos armas de fabricación casera en su celda. Un oficial norteamericano declaró: "Exactamente por eso tenemos la pena de muerte. Nadie, ni siquiera los guardias de la prisión están a seguros de él". 
"Acertijos en las tinieblas" (aquí)

Hernandez-Llanas estaba entre los mexicanos procesados cuando la Corte Internacional de Justicia de la Haya condenó a Estados Unidos en el caso Avena por no haber ofrecido asistencia consular mexicana a los procesados. Como recordarán, la Suprema Corte de Estados Unidos declaró en el caso Medellín vs Texas que la sentencia no podía ser ejecutada en Texas por carecer de una ley que tradujera a aplicación local, una condena internacional. 

Suele decirse que para conocer a una sociedad hay que ver sus parques, sus mercados y sus prisiones. En los parques, porque ahí juega el futuro de esa sociedad. En los mercaditos, porque ahí el utilitario de la economía se mezcla con relaciones personales no siempre medida por criterios de utilidad. Y en las prisiones, por que ahí se expresa cómo una sociedad trata a quien ha dado motivos para ser apartado de ella. «¿Por qué habremos de tratar bien, a quien nos trata mal? ¿Por qué ser justos con quien ha querido ser injusto con nosotros?»

Esta pregunta la ha presentado Tolkien, en el famoso pasaje de los acertijos entre Bilbo y Gollum, en «El Hobbit». Como recordamos, ambos acuerdan que si Bilbo pierde, él será el alimento de su contraparte. Si ese será el resultado del juego, ¿podría Bilbo esperar que Gollum no haría trampa? ¿He de ser justo, siguiendo las reglas del juego, aún si sé que quien está conmigo está dispuesto a romperlas? Si recordamos la escena, Bilbo gana el juego de las adivinanzas con una pregunta que no era estrictamente una adivinanza: «¿qué tengo en el bolsillo?». Y escribe Tolkien: 
«Naturalmente, [Bilbo] sabía que el torneo de las adivinanzas era sagrado y de una antigüedad inmensa, y que aún las criaturas malvadas temían hacer trampas mientras jugaban. Pero sentía también que no podía confiar en que aquella criatura viscosa mantuviera una promesa. Cualquier excusa le parecía apropiada para eludirla. Y al fin y al cabo la última pregunta no había sido un acertijo genuino de acuerdo con las leyes ancestrales.»
¿Puede alguien liberarse de una amenaza injusta, haciendo trampa, cometiendo una  injusticia? Tolkien  ofrece como respuesta el debate interior de Bilbo cuando éste, apunto de escapar de Gollum, podría matarlo sin ser descubierto: 
«Estaba desesperado. Tenía que escapar, salir de aquella horrible oscuridad mientras le quedara alguna fuerza. Tenía que luchar. Tenía que apuñalar a la asquerosa criatura, sacarle los ojos, matarla. Quería matarlo a él. No, no sería una lucha limpia. Él era invisible ahora. Gollum no tenía espada. No había amenazado matarlo, o no lo había intentado aún. Y era un ser miserable, solitario, perdido. Una súbita comprensión, una piedad mezclada con horror asomó en el corazón de Bilbo: un destello de interminables días iguales, sin luz ni esperanza de algo mejor, dura piedra, frío pescado, pasos furtivos, y susurros.»
En la lucha interior del Hobbit se pone de manifiesto que Bilbo ve en Gollum el tipo de persona en que convertiría si decide cometer una injusticia, aunque esta pueda quedar impune y hasta en cierto sentido, esté justificada. ¿En qué tipo de creatura se ha convertido Gollum, en qué miseria ha quedado atrapado, por cometer injusticias? ¿En qué tipo de persona se convertiría Bilbo si para liberarse de una injusticia comete otra?

Entonces, ¿por qué ser justos y tratar con humanidad con quien ha querido ser injusto con nosotros?. Al menos para no esparcir una injusticia más que me terminará transformando en alguien similar al injusto.

Dicen las notas de prensa, que ya amarrado a la camilla de hospital, Hernandez-Llanas dijo estar en paz: «Le pido perdón a la familia de mi patrón.». A los cinco minutos, murió.



jueves, 3 de abril de 2014

Rawls: "El beisbol es el rey de los deportes"

Con motivo del inicio de la temporada de las Grandes Ligas, me encontré (aquí) con una carta que John Rawls escribió sobre el beisbol. Rawls (1921-2002) ha sido uno de los filósofos de la política más importante de la última mitad del siglo pasado, en concreto por su incorporación del concepto justicia y equidad a la descripción del razonamiento político. Sabemos que era un gran aficionado del béisbol. Se conserva una carta suya de 1981, donde ofrece seis razones por las que el béisbol es el rey de los deportes.


Primera: Las reglas del juego equilibran y lo hacen ajustado para la emoción. Desde el diseño del campo, el diamante hace que todas las partes estén ajustadas; el pitcher a una distancia igual al resto de las bases. Esto permite jugadas tan emocionantes como el doble play o el toque de pelota, o el robo de base. La distancia anima a que el corredor avance una almohadilla más, y al mismo tiempo siempre lo hace en el límite que le permite al defensivo poder sacar el out.


Segunda: el juego no le da una preferencia o ventaja inusual a quien tenga especiales habilidades físicas, como en el basket, el soccer o el fútbol americano. No es difícil ver unas buenas barrigas en algunos jugadores de béisbol por que también puede utilizarse muchas más habilidades como los  reflejos, la astucia, la fuerza en los pies para el swing, o dejar caer el peso para lanzar, etc. 

Tercero: el juego aprovecha todo el cuerpo: el brazo para lanzar, las piernas para correr, ambos para hacer el swing, la estrategia para ver y al mismo tiempo adivinar el tipo de lanzamiento; control de nervios, astucia, etc. En el soccer no puedes tocar la pelota con las manos.

Cuarto: todas las jugadas son fáciles de seguir con la vista. A diferencia de fútbol americano, es difícil ver todo lo que sucede en cada jugada. Mucho sucede en la línea de golpeo sin que lo vean los árbitros. En el basketbol la diferencia entre el contacto y un foul no es tan nítida. En el beisbol, aunque puede haber errores, los umpires pueden ver y oír con relativa facilidad lo que sucede.

Quinto: el beisbol es el único juego donde anotar no se hace con el balón, lo que hace que la acción a seguir se multiplique por el campo: el corredor doblando a la goma, mientras el jardinero ataca la pelota ¿podrá el corredor llegar safe en home o llegará primero la bola?, y emociones así.

Y por último, sexto, el factor tiempo. En el béisbol no hay tiempo para terminar con el juego. El basket, el soccer y el americano tienen su reloj. En el béisbol, como en el tenis, el tiempo no es factor. Esto implica que siempre hay tiempo para un regreso. El noveno inning es potencialmente la parte más emocionante de todo el juego. (La final de la serie del caribe 2013, duró 7:30)

En resumen, dice el dicho beisbolero que este deporte se trata de "seis minutos de acción insertados en un drama de dos horas y media"