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sábado, 18 de junio de 2016

«¡Oh hideputa bellaco, y cómo es católico!»: El insulto en Don Quijote

Sancho Panza con el escudero del Caballero del Bosque

No me parece gracioso el "eh... puto" futbolero. Esto no es su apología.

Encontré un texto de Guillemo Sheridan sobre la incontinencia verbal del Quijote y su amplia gama de insultos. En especial contra Sancho a quien llama –copio el recuento de Sheridan-: traidor, bergante, descompuesto, villano, infacundo, deslenguado, atrevido, desdichado, murmurador, maldiciente, canalla, rústico, patán, malmirado, bellaco, tonto, socarrón, mentecato y hediondo

Y qué decir de los insultos compuestos: monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, publicador de sandeces, enemigo del decoro, ladrón hereje, desalmada y cobarde criatura, animal descorazonado, maldito de Dios y de todos los santos, don villano, harto de ajos, truhán moderno y majadero antiguo, de villana y grosera tela tejido, pecador, grosero villano, mentecato gracioso, echacuervos, caballero de mohatra, corazón de mantequillas, ánimo de ratón casero, alma endurecida, pan mal empleado y, por si faltara algo más que decir, prevaricador del buen lenguaje. Al pobre Sancho también lo insultan en la casa de los Duques: malaventurado escudero, alma de cántaro, corazón de alcornoque, de entrañas guijeñas y apedernaladas, desuellacaras, machuelo espantadizo, socarrón, malintencionado monstro, y bestión indómito

Según parece, los insultos contra Sancho son la respuesta del caballero a los intentos de su escuero por hacerle notar su locura y su irracionalidad. En el capítulo 37 de la primera parte el escudero había descubierto que la princesa Micomacoma no era más que Dorotea:
—Bien puede vuestra merced, señor Triste Figura, dormir todo lo que quisiere, sin cuidado de matar a ningún gigante ni de volver a la princesa su reino, que ya todo está hecho y concluido.
—Eso creo yo bien -respondió don Quijote-, porque he tenido con el gigante la más descomunal y desaforada batalla que pienso tener en todos los días de mi vida, y de un revés, ¡zas!, le derribé la cabeza en el suelo, y fue tanta la sangre que le salió, que los arroyos corrían por la tierra como si fueran de agua.
—Como si fueran de vino tinto, pudiera vuestra merced decir mejor —respondió Sancho-, porque quiero que sepa vuestra merced, si es que no lo sabe, que el gigante muerto es un cuero horadado, y la sangre, seis arrobas de vino tinto que encerraba en su vientre, y la cabeza cortada es la puta que me parió, y llévelo todo Satanás.
[...]
—Ahora te digo, Sanchuelo, que eres el mayor bellacuelo que hay en España. Dime, ladrón, vagamundo, ¿no me acabaste de decir ahora que esta princesa se había vuelto en una doncella que se llamaba Dorotea, y que la cabeza que entiendo que corté a un gigante era la puta que te parió, con otros disparates que me pusieron en la mayor confusión que jamás he estado en todos los días de mi vida? ¡Voto... —y miró al cielo y apretó los dientes-; que estoy por hacer un estrago en ti que ponga sal en la mollera a todos cuantos mentirosos escuderos hubiere de caballeros andantes de aquí adelante en el mundo!
[...]
—Esto digo, señor, porque si al cabo de haber andado caminos y carreras, y pasado malas noches y peores días, ha de venir a coger el fruto de nuestros trabajos el que se está holgando en esta venta, no hay para qué darme priesa a que ensille a Rocinante, albarde el jumento y aderece al palafrén, pues será mejor que nos estemos quedos, y cada puta hile, y comamos. 
¡Oh, válame Dios y cuán grande que fue el enojo que recibió don Quijote oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que fue tanto, que con voz atropellada y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por los ojos, dijo:
—¡Oh bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la destas ínclitas señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación? ¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira!
En otro momento, el escape de la realidad se maquilla con un cambio en el significado de las palabras. Lo encontramos en el pasaje del Caballero del bosque y su escudero (Parte 2, Capítulo XIII). Cuando Sancho describe la belleza de su hija quincieañera, su colega se asombra y exclama: 
–Partes son ésas -respondió el del Bosque- no sólo para ser condesa, sino para ser ninfa del verde bosque. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe de tener la bellaca!
A lo que respondió Sancho, algo mohíno:
–Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios quiriendo, mientras yo viviere. Y háblese más comedidamente, que, para haberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son la mesma cortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras.
–¡Oh, qué mal se le entiende a vuesa merced -replicó el del Bosque- de achaque de alabanzas, señor escudero! ¿Cómo y no sabe que cuando algún caballero da una buena lanzada al toro en la plaza, o cuando alguna persona hace alguna cosa bien hecha, suele decir el vulgo: «¡Oh hideputa, puto, y qué bien que lo ha hecho!?» Y aquello que parece vituperio, en aquel término, es alabanza notable; y renegad vos, señor, de los hijos o hijas que no hacen obras que merezcan se les den a sus padres loores semejantes.
–Sí reniego -respondió Sancho-, y dese modo y por esa misma razón podía echar vuestra merced a mí y hijos y a mi mujer toda una putería encima, porque todo cuanto hacen y dicen son estremos dignos de semejantes alabanzas
La discusión continúa, hasta que Sancho se empina una bota de vino tan sabroso que lo alaba así:
¡Oh hideputa bellaco, y cómo es católico!
–¿Veis ahí -dijo el del Bosque, en oyendo el hideputa de Sancho-, cómo habéis alabado este vino llamándole hideputa?
–Digo -respondió Sancho-, que confieso que conozco que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie, cuando cae debajo del entendimiento de alabarle.”
En el diálogo, se pretende que el contexto es el que logra cambiar el sentido del insulto; tanto, que contradice directamente a la palabra utilizada. ¡Vaya irrealidad! Así que en el Quijote, el insulto es la defensa lingüística del caballero contra los ataques al corazón de su misión: ¿lo que defiende es real o no? ¿Por qué valdría la pena tanto esfuerzo si aquello es sólo imaginación? Un ejemplo más. Después de un agudo discurso a favor de la humildad (Parte 2, Capítulo LVIII), Sancho, inocente y sin mala intención, dice:
«-¿Es posible que haya en el mundo personas que se atrevan a decir y a jurar que este mi señor es loco?"
Don Quijote explota en cólera:
«–¿Es posible, ¡oh Sancho!, que haya en todo el orbe alguna persona que diga que no eres tonto, aforrado de lo mismo, con no sé qué ribetes de malicioso y de bellaco
Insultos hay contra infinidad de personajes que se pueden leer en el ensayo de Sheridan, quien lo termina así:
Lo formidable de don Quijote es que sea, a la vez, el caballero de la triste figura y el lépero enfurecido; el amigo impecable y el amo tiránico; el ángel de la sabiduría y el demonio de la iracundia. En eso, en su ser tan completo, radica lo que lo hace extraordinario. Tan extraordinario como cualquiera de nosotros. 

domingo, 17 de abril de 2016

«Shakespeare y Cervantes, esa es la cuestión»


El País publicó una serie de artículos sobre Cervantes y Shakespeare, a 400 años de su muerte. Aquí van los links de los textos que son públicos:

Shakespeare o Cervantes, esa es la cuestión, de Alberto Manguel

Cervantes furtivo, de Antonio Muñoz

Shakespeare, el inagotable, de Marcos Ordóñez

Don Quijote, es decir, la historia de la novela, de Francisco Rico


domingo, 20 de marzo de 2016

«Morir cuerdo y vivir loco»: acabar como Don Quijote



Spoiler.  Así termina El Quijote:  Huyó el loco, sólo para que muriera el cuerdo. Antes de morir, el ciudadano apacible renegó de su vida de caballero andante. El bachiller Sansón Carrasco escribió este epitafio para la tumba del cuerdo Alonso Quijano que dejó su huella siendo Don Quijote:

“Yace aquí el Hidalgo fuerte
que a tanto estremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.

Tuvo a todo el mundo en poco;
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco.”

Vivir loco. Decía Borges que a un gentleman sólo le interesan por las causas perdidas. Son las únicas que requieren de su sacrificio. Las otras se defienden solas. Siempre hace falta una pizca de locura para “la defensa de los reinos, el amparo de las doncellas, el socorro de los huérfanos y pupilos, el castigo de los soberbios y el premio de los humildes”. 

Morir cuerdo. Lo más razonable es fallecer donde debemos, junto a quien amamos. Ante la muerte, sólo vale buscar en el corazón a quién amamos y quién nos quiso. Don Quijote estaba loco: pero nunca renegó de su vocación de caballero, nunca olvidó o traicionó a quien le ofrecía sus batallas. Siempre caminó junto a un amigo. Todos los días junto a alguien, siempre entregado a otros.

Quizá de eso se trate El Quijote, e intuyo que de eso se trate la vida. Sólo se muere bien, si se ha vivido bien. Sólo se vive bien, si se deja una huella en el mundo con nuestra audacia. Sólo se puede vivir como locos en compañía de amigos y en nombre de quien amamos con esa locura.

Morir cuerdo y vivir loco.





viernes, 4 de marzo de 2016

¿Cómo describir a quien se ama? La respuesta del Quijote


Como han de saber, Sancho engañó a don Quijote haciéndole creer que una labradora era Dulcinea. El caballero andante la veía rústica y fea -como realmente lo era-. La culpa de todo, reconoció el Quijote, habían sido los encantadores que ocultaron la belleza de su amada. En algún momento de la historia, alguien le pide que describa a Dulcinea. A pesar de nunca haberla visto como era de verdad, el enamorado ofrece una respuesta. Este es el diálogo:
La duquesa rogó a don Quijote que le delinease y describiese, pues parecía tener felice memoria, la hermosura y facciones de la señora Dulcinea del Toboso; que, según lo que la fama pregonaba de su belleza, tenía por entendido que debía de ser la más bella criatura del orbe, y aun de toda la Mancha. Sospiró don Quijote, oyendo lo que la duquesa le mandaba, y dijo:
-Si yo pudiera sacar mi corazón y ponerle ante los ojos de vuestra grandeza, aquí, sobre esta mesa y en un plato, quitara el trabajo a mi lengua de decir lo que apenas se puede pensar, porque Vuestra Excelencia la viera en él toda retratada” (Segunda Parte, capítulo 32)
Según parece, a quien se ama, no se le conoce tal y como aparece ante nosotros, como si fuera "algo ahí". Tal vez, el único sitio donde somos realmente, y a partir del cual podemos reconocernos, es viéndonos en y desde el corazón de quien nos ama.

Entonces sí, podemos delinear y describir lo que somos de verdad

jueves, 12 de noviembre de 2015

Los libros son peligrosos (1): ¡El Quijote es una Amenaza!

Foto de Guy Le Querrec/Magnum
Hace unos días leí un artículo que así se llamaba: "Los libros son peligrosos", del sociólogo inglés Frank Furedi. Ahí nos recuerda que desde el siglo IV aC, los libros se han considerado un peligro. Furedi recuerda que Sócrates temía que los jóvenes y no educados en la virtud, serían incapaces de descartar de lo que leían aquello que les hacía daño. Unos 500 años después, es Seneca el que advierte del riesgo que un lector puede terminar "desorientado y débil" por aquello que lee. Sus inquietudes se parecen a las de la abuela angustiada por que ve que sus nietas leen las 50 Sombras de Grey, y teme que las chiquillas crean que así debe ser su experiencia del amor para sentirse realizadas.

No quiero decir que los libros se hayan que prohibir. Ni tampoco es la intención de Furedi. Al sociólogo le interesa llamar la atención sobre una cualidad de los libros: contagian ideas, influyen en actitudes y desencadenan comportamientos: "Leer captura nuestra imaginación [y amplía horizontes], detonan una convulsión emocional y llevan a las personas a una crisis existencial". ¿Por qué? Por que en los libros vemos comportamientos, actitudes y situaciones ante las que los personajes responden. Invariablemente, juzgamos lo que nos parece correcto, y en ese proceso nos juzgamos a nosotros mismos. Por eso leer es un peligro: por que al leer me someteré al juicio sobre quién soy yo: ¿Y yo que pienso? ¿Y yo qué haría en su lugar? ¿Y si quizá no estoy en lo correcto? ¿Tal vez me falta espíritu aventurero como el del personaje?

En este sentido Don Quijote de la Mancha es un libro peligrosísimo. Nos habla de un loco que nos hace reír  con sus ocurrencias. Pero también nos presenta a un desquiciado que deja la comodidad de su casa para salir a deshacer injusticias, castigar culpables, luchar por la honra, serle fiel a un amor imposible, soportar el fracaso. Leer este libro es una amenaza por que hace inevitables estas preguntas: ¿Y nosotros qué tan locos hemos de estar para edificar la justicia, para serle fieles a los amigos, para buscar inspiración en quienes amamos, para ser generosos en regalarles nuestras modestas victorias, sólo a cambio de una mirada? ¿Qué tan desequilibrados hemos de tener el juicio como para mantenernos en nuestros ideales a pesar de los fracasos constantes, de nuestros propios límites y de las burlas de los demás?

Si somos incapaces de dejarnos afectar por lo que El Ingenioso Hidalgo considera valioso, entonces ¿quién es el loco? ¿El que se queda en su casa, el que no se involucra, el que renuncia rápido, o exige correspondencia? ¿O el que se lanza por la aventura de lo que considera justo y se conforma con la  sonrisa de quien lo ama? ¿Quién es el que ha perdido el juicio?

Este año, además, se cumplen 400 años de la publicación de la Segunda Parte de este clásico, así que tal vez sea bueno que este año leamos esta novela. Se puede conseguir una buena edición en la FIL que ya se acerca. O si estamos muy ocupados, tal vez ayude oírlo en audiolibro mientras nos trasladamos al trabajo, a la universidad o a cualquier sitio. El Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón produjo una muy buena versión que se puede bajar aquí

Actualización: Hoy Fernando del Paso fue galardonado con el Premio Cervantes 2015. Tres novelas suyas son muy famosas: "José Trigo", "Palinuro de México", "Noticias del Imperio". En 2004, el Fondo de Cultura Económica le publicó "Viaje al Rededor del Quijote" (Sugiero leer este artículo de Letras Libres sobre esta última novela).