Mostrando entradas con la etiqueta Belleza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Belleza. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de diciembre de 2020

Amistad: Calibre 50, Gerardo Ortíz y San Agustín

 


Primero Gerardo Ortíz y Calibre 50: “500 caballos de fuerza, manejo un Camaro, y soy de Culiacán. Me gusta el whisky y las viejas, las armas, carreras, la velocidad...”

Ahora, el de Hipona. De joven prefería pasar las horas con amigos, más que cualquier otra cosa:

Pero a lo que dedicaba más tiempo y donde más me recreaba era divertirme con mis amigos, con quienes amaba las cosas con que olvidaba a Dios. [...] Junto a mis amigos, deseaba cosas con muchísima fuerza, incluso que mis deseos de buscar a Dios mismo, como conversar, reír, ayudarnos con gusto entre nosotros, leer juntos libros entretenidos, bromear unos con otros y divertirnos en compañía; discutir a veces, pero sin animadversión, como cuando uno disiente de sí mismo, y con tales disensiones esporádicas condimentar las muchas conformidades; enseñarnos mutuamente alguna cosa, suspirar por los ausentes con pena y acoger con alegría a los que llegaban. […] [Así nuestras] almas se fundían […] y de muchas intimidades se construía una sola alma.  

Al asunto le sobra tela. Porque ya de viejo reconoce que gracias a que las experiencias que se logran con los amigos, pudo probar la felicidad que capacita para comprender el amor y buscarlo. Sin amigos, nunca despertaría en nosotros el deseo de amar con profundidad, o de aprender a querer como lo mereces Más aún, dice el africano, como toda persona quiere ser feliz, ¿cómo supimos que era eso precísamente lo que más deseaba? ¿Quién nos enseñó a ahelar esa plenitud? ¿Cómo y dónde se metió en nosotros esa necesidad? 

La respuesta de Agustín se arma con cuidado, pero aquí va una pieza: en las ansias de “conversar, reír, ayudarnos, leer juntos, bromear y divertirnos” con los amigos. Sin ellos ni siquiera nos preguntaríamos por la felicidad y el amor, mucho menos la experimentaríamos:

¿Dónde ví [sin darme cuenta] la felicidad para desearla [con todas mis fuerzas]? [...] ¿Será por ventura como cuando recordamos el gozo? Tal vez sea así. Porque así como estando triste recuerdo mi gozo pasado, así siendo miserable recuerdo la vida bienaventurada; por otra parte, por ningún sentido del cuerpo he visto, ni oído, ni olfateado, ni gustado, ni tocado jamás el gozo, sino que lo he experimentado en mi alma cuando he estado alegre, y se adhirió su noticia a mi memoria para que pudiera recordarle, unas veces con desprecio, otras con deseo, según los diferentes objetos del mismo de que recuerdo haberme gozado. [...] Pues ¿dónde y cuándo he experimentado yo mi vida bienaventurada, para que la recuerde, la ame y la desee?

¿Dónde? Con los amigos. Entonces, ¿dónde se conectan, Calibre 50, Gerardo Ortíz, Culiacán vs Mazatlán con San Agustín? Bueno, mis amigos saben dónde. 

¡Feliz cumpleaños!

La foto es de @montseontiveros.photo, con quien ha trabajado Mijares y Emmanuel.





lunes, 17 de septiembre de 2018

De Independencia, banquetas, parques... y tráilers.

Paseo Chapultepec (no tengo el autor de la foto. No la tomé yo)

"Las bestias tienen madrigueras; el ganado, establos; los carros se guardan en cobertizos y para los coches hay cocheras. Sólo los hombres pueden habitar" (Ivan Ilich) 

Dicen los filósofos que a cada generación le corresponde cuestionar, buscar los motivos y apropiarse de los valores y tradiciones que heredaron de la anterior. Celebrar la independencia forma parte de ese proceso. No solo recordamos un acontecimiento del pasado, atrapado en la memoria. Las fiestas de independencia reviven cada que cuestionamos aquél acontecimiento, buscamos los motivos que movía a aquellos hombres y mujeres para hacer nuestras esas convicciones, y entonces sí, celebrar en presente la independencia que hacemos nuestra.

Una forma de apropiarnos de esos valores de independencia es recuperar las banquetas y los parques. Parece trivial, pero los parques y las banquetas detonan el encuentro entre personas con una misión común. A partir de ahí buscamos junto con otros aquello que deseamos edificar. Los espacios compartidos no sólo sirven para trasladarnos de un sitio a otro con mayor o menor eficacia. Las banquetas y los parques son un lugar para habitar el mundo como personas con dignidad que existen junto a otros. Si procuramos que nuestras casas reflejen quienes somos y lo que aspiramos, así como nos preocupa que sean espacios habitables, dignos y bellos, ¿por qué no replicar esa necesidad en lo público? 

Cuando lo público no es nuestro, cuando no nos interesa humanizar el espacio común, entonces abandonamos los parques y las banquetas. Bajo esa lógica la vida común se reduce a no estorbar a nadie para moverse con eficacia de la casa al trabajo y de regreso. Y si el espacio público es feo, con mayor razón nos encerraremos en nuestras casas. Cuando el espacio público pierde nuestro interés porque no nos vemos reflejados en él, entonces somos una sociedad menos humana, con menor capacidad de diálogo y por eso con  menos futuro. Fuimos penosos testigos de esta degradación con el trailer abandonado lleno de cadáveres: aquellos restos humanos no son nadie, no valen nada y pueden dejarse abandonados en tierra de nadie. Donde no hay humanidad, no hay nada común qué cuidar y donde no se da vida en común, la persona pierde los referentes que le dan sentido.

Así que Independencia no se trata solo de celebrar algo del pasado. Se trata de reapropiarnos de un proyecto común, para habitar de forma libre y digna la ciudad donde vivimos. Es la única forma de habitar con dignidad. Una tarea que comienza reapropiándonos de los espacios públicos... como los parques y las banquetas.  

La idea la aparendí de mi maessstro, el @ProfesorDoval, en parte en su blog

sábado, 7 de julio de 2018

31 libros sobre creatividad, emprendurismo, estrategia y política



Marc Andreessen (@pmarca) elaboró esta lista con 31 sugerencias de libros y pasó por mi radar gracias a @mdoval. Por los títulos me dio la impresión de que serían interesantes para negociación, administración, estrategia, bussiness y política. No es mi área, así que solo pegué el tuit y la explicación que da sobre cada libro.

Como me dijo Carlos Massini: «Estudia. A los 40 años comenzarás a pensar. Lee cuatro tipos de libros: de tu área profesional, de historia, de arte y de filosofía». Y vuelve a empezar. A los 40 me dices si funcionó.


1. Expert Political Judgment: How Good Is It? How Can We Know? by @PTetlock -- Is the future knowable, and by whom? All pundits and commentators should publish their prediction track records, yet don't. What to pay attention to and what to ignore.


2. Thinking, Fast and Slow by Daniel Kahneman -- Captivating dive into human decision making, marred by inclusion of several/many? psychology studies that fail to replicate. Will stand as a cautionary tale?

3. Thinking in Bets by @AnnieDuke -- Compact guide to probabilistic domains like poker, or venture capital. Best articulation of "resulting", drawing bad conclusions from confusing process and outcome. Recommend for people operating in the real world.

4. The Spider Network by @davidenrich -- "Billions"-esque saga of global financial market manipulation, at mind-boggling scale and hiding in plain sight, by a small cabal of bankers in London.

5. A Guide to the Good Life: The Ancient Art of Stoic Joy by William B. Irvine -- Best (?) walk through the ancient/current philosophy of Stoicism. You can't control other people but you can control yourself, so do that. 

6. The Courage to Be Disliked by Ichiro Kishimi & Fumitake Koga -- Smash hit in Japan, and easy to see why. Adlerian psychology meets Stoic philosophy in Socratic dialogue. Compelling from front to back. Highly recommend.

7. All Out War: The Full Story of How Brexit Sank Britain's Political Class by @ShippersUnbound -- Inside story of how Britain decided to exit the EU. Economic self-destruction or national liberation? Repercussions to play out for decades.

8. When the Wolves Bite: Two Billionaires, One Company, and an Epic Wall Street Battle by @ScottWapnerCNBC -- "Wall Street"-esque battle between Bill Ackman and Carl Icahn over unlikely target Herbalife. Sip a delicious Herbal Aloe Shake while reading

9. But What If We're Wrong?: Thinking About the Present As If It Were the Past by @CKlosterman -- Wide-ranging meditation on how to think about the reality that we're probably wrong about most things we believe. Hard to read and not emerge humbled.

10. Chasing Hillary: Ten Years, Two Presidential Campaigns, and One Intact Glass Ceiling by @amychozick -- On the bus/in the plane with the Hillary campaign. Revealing in many dimensions at once, and highly entertaining. Best book on the 2016 campaign so far?

11. The Strange Death of Europe by @DouglasKMurray -- One perspective on the politics of immgiration in Europe, playing out in real time, e.g. Merkel almost getting deposed days ago. Confusing on multiple levels from US perspective.

12. A Higher Loyalty: Truth, Lies, and Leadership by @Comey -- Certainly the story is well known, but given author's propensity to post photos of himself wearing running shoes in Iowa, potentially relevant again starting next year? 

13. Conspiracy: Peter Thiel, Hulk Hogan, Gawker, and the Anatomy of Intrigue by @RyanHoliday -- Startlingly deep cultural history of conspiracies, examined through the lens of the brutally effective Gawker takedown, with full access to the main players. 

14. Skin in the Game by @nntaleb -- Skin in the game as conflict of interest, or as attaching one's livelihood to one's speech? Who to listen to, and why. Ideal counterpart to @PTetlock's Expert Political Judgment

15. 12 Rules for Life: An Antidote to Chaos by @jordanbpeterson -- A bracing disassembly and reconstruction of a theory of individual progress in the modern world. Fascinating compare and contrast with The Courage To Be Disliked 

16. Slugfest: Inside the Epic, 50-year Battle between Marvel and DC by @reed_tucker -- Spellbinding creative and business history of the incredibly imaginative comic book industry in the decades before it ate Hollywood.

17. Hacks: The Inside Story of the Break-ins and Breakdowns That Put Donald Trump in the White House by @donnabrazile -- Visceral, raw, you-are-there recounting of living through the hack attacks and resulting meltdown of the DNC in 2016.

18. Days of Rage: America's Radical Underground, the FBI, and the Forgotten Age of Revolutionary Violence by @BryanBurrough -- How 1960s racial politics descended into 1970s terrorist bombings, thanks to privileged college students breaking very bad.

19. Civilian Warriors: The Inside Story of Blackwater by Erik Prince -- The founding and growth of military contractor Blackwater as told by its founder and CEO; newly relevant due to the Mueller investigation.

20. The Rise of Superman: Decoding the Science of Ultimate Human Performance by @steven_kotler -- Startling walk through a series of domains where peak human performance is rising at remarkable rates due to "flow state". Thought provoking and then some.

21. Devil's Bargain: Steve Bannon, Donald Trump, and the Storming of the Presidency by @JoshuaGreen -- Best (?) book so far on the Republican side of the 2016 race, and a deep dive into the intellectual origins of Bannonism and to some extent Trumpism.

22. Shattered: Inside Hillary Clinton's Doomed Campaign by @jonallendc & @amieparnes -- Best (?) book so far on the Democratic side of the 2016 race, most provocatively on the impact of the press coverage of the email hacks on the last stages of the race.

23. Living with a SEAL: 31 Days Training with the Toughest Man on the Planet by @the100MileMan -- What's it like to train with a Navy SEAL in winter in New York for a whole month? Featuring the truly remarkable American hero 

24. The Myth of the Rational Voter by @bryan_caplan -- "The median American is a moderate national socialist – statist to the core on both economic and social policy.  Given public opinion, the policies of First World democracies are surprisingly libertarian.

25. A Very Expensive Poison: The Assassination of Alexander Litvinenko by @lukeharding1968 -- The astonishing story of the Litvinenko and Perepilichnyy assassinations in the UK; reads like a Lee Child thriller; plenty topical now.

26. Lone Survivor: The Eyewitness Account of Operation Redwing and the Lost Heroes of SEAL Team 10 by @MarcusLuttrell -- The film was fine but the book is unreal; incredibly vivid story of superlative American heroes.

27. How to Live: A Life of Montaigne in One Question and Twenty Attempts at an Answer by @Sarah_Bakewell -- "How to get along with people, how to deal with violence, how to adjust to losing someone you love—All versions of a bigger question: How do you live?"

28. A Spy Among Friends: Kim Philby and the Great Betrayal by @BenMacintyre1 -- True, chilling saga of straight up, profoundly deep treason and betrayal. Sociopaths in high positions of power and influence. Hair curling.

29. The Rational Optimist: How Prosperity Evolves by @mattwridley -- Sparkling explanation of how the economy evolves, producing the glorious cornucopia of goods and services available all around us. How to feel good about the future even in dark times.

30. Triumph of the City: How Our Greatest Invention Makes Us Richer, Smarter, Greener, Healthier, and Happier by Edward Glaeser -- How cities drive the development of civilization, by putting people together. Highly relevant to the future of the Internet!

31. Extreme Ownership: How U.S. Navy SEALs Lead and Win by @jockowillink -- I hand out more copies of this book than any other. How to take responsibility for yourself and for those around you. Modern Stoicism, as applied in the military, business, and life.

viernes, 23 de marzo de 2018

«Solo los pobres cuentan su dinero»: Julieta y la redención por la palabra.


Conceit, more rich in matter than in words,
Brags of his substance, not of ornament.
They are but beggars that can count their worth.

But my true love is grown to such excess
I cannot sum up sum of half my wealth.
(Romeo & Juliet, II.VI.30)

El pensamiento rico en contenido
presume de sustancia, no de ornato.
Solo los pobres cuentan dinero;
tan desmedido es mi amor que no puedo
contar ni la mitad de mi fortuna.
[Trad. Josep María Jaumà]

Solo los pobres cuentan su dinero. Después de que Fray Lorenzo los casará en su celda, Romeo le pide a Julieta una poesía para describir sus emociones.  Ella prefiere una respuesta destilada, lacónica, pocas palabras para no abaratar su cariño. Para Julieta es importante tanto el cuidado por el lenguaje -ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre-, como que éste realmente exprese la verdad de lo que ha descubierto. Sin lenguaje no podría reconocer ni llamar a Romeo; sin verdad, las palabras quedarían en el parloteo del manipulador. Si ponemos atención, recuperar el vínculo entre verdad y lenguaje le permite redimir a Romeo y salvarse ella misma del convencionalismo nominal al que la empuja su familia. Porque para una Capuleto el nombre Montesco se refiere a un enemigo despreciable. Para un Montesco decir Capuleto significa negarle cualquier grado de dignidad a los individuos de ese clan. Sin embargo, Julieta ha descubierto una verdad en Romeo para la que la palabra Montesco que conoce es insuficiente. 

Ella se rebela contra una especie de nominalismo –detrás de las palabras sólo existe un convencionalismo arbitrario, no una realidad nombrada- que la forzaría a detestar a Romeo, solo porque la tradición a la que pertenece le pide que lo odie. A ella le importa la existencia real –quidditas- de aquel al que ama, que sabe que existe, que la llama como fin y la llena como don:

Mi enemigo no es otro que tu nombre;
tú eres tú mismo, ¿qué importa Montesco?
¿Qué es ser Montesco? No es mano, ni pie,
ni brazo, ni facción, ni parte alguna
que perntenezca a un hombre. ¡Sé otro nombre!
¿Qué vale un nombre [What's in a name?]? Lo que llaman rosa
con otro nombre olería igual [By any other word would smell as sweet]
Y si Romeo no se llamase así,
¿no sería la misma su excelencia
sin ese nombre? Renuncia a tu nombre,
que no forma parte de ti, y, a cambio,
tómame a mí.
[Romeo y Julieta, II.2, 38-49]

Por su parte Romeo, por el amor que le revela la verdad sobre Julieta, sabe que ella no cabe en el significado de Capuleto asignado convencionalmente por su comunidad lingüística. Para él se vuelve importante rescatar el vínculo entre palabra y realidad. Para Romeo el cuidado del lenguaje se convierte en la única forma de ser fiel a la verdad que ha descubierto sobre ella y que lo define a sí mismo. «Endulza el aire con tu aliento», le pide a su ahora esposa: que la palabra de Julieta libere al lenguaje de su mentira, que el ambiente se civilice.

Dice Catherine Bates que en la Inglaterra de Shakespeare, la falta de respeto por la lengua significaba atrofia en el carácter, incapacidad para pensar o desorden de vida. Atropellar la lengua equivale a barbarie. Si el lenguaje es vehículo de la razón con la realidad, si la poesía el ornato en el discurso, si la retórica el honor del alegato, y si la gramática los principios que ajustan las palabras entre sí, entonces el esfuerzo por hablar con corrección se convierte en camino de civilización. Benedicto XVI en su famoso discurso en el Collège des Bernardins en Paris explicó cómo el cuidado por la palabra y el canto que nace de su custodia se convirtieron en el humus de la cultura occidental.

La tragedia de Romeo y Julieta consiste en que ese amor, a pesar de su capacidad redentora, no logra salvarlos. Al contrario, los jóvenes son víctimas del mal uso del lenguaje por parte de unos siervos y un deficiente servicio postal. 

El poco cuidado por la palabra, desencadena la tragedia de Romeo y Julieta. El respeto por ella, los redime.

Le agradezco a Víctor Isolino las sugerencias al texto.

miércoles, 28 de junio de 2017

El mar: gratuidad, intenseísmo y custodia.

Hokusai, 1830
Si el mar, tal y como lo conocemos, representa al último eslabón de un fenómeno físico, queda sin explicar lo sublime que nos hiere cuando nos colocamos ante él. En la playa percibimos que existe algo más que materia. Intuimos un regalo: no tendría por qué ser bello para funcionar, y sin embargo nos cautiva, exige nuestra atención, nos emociona: no pases de largo, ¡deténte! En otras palabras, su solo-estar-ahí deja sin resolver aquello que percibimos como innecesario para funcionar: su grandeza y gratuidad. El mar revela una lógica de magnanimidad y de regalo. 

Por eso, meterse en el mar es algo más que flotar en el agua. Abandonamos la seguridad de tierra firme para introducirnos en esa gratuidad. Nos rebelarnos al mundo de lo controlado.  –«¿Qué haces en el mar?» –«Nada. Nado. Porque sí». Hannah Arendt decía que el nacimiento de un niño detona la mayor cantidad de improbabilidaddes para el mundo: es su mayor milagro. El bebé introduce las miles de opciones que ahora serán viables a través de la libertad del niño. La criatura representa una rebelión contra la dictadura de la necesidad física. De modo que zambullirse en el mar forma parte de esa insurrección. Ahí germina una vocación.

Si aquello llama mi atención, es porque la propia vida sólo se entiende si se ilumina bajo esa luz: ser un don, ser sublime. Ante el mar, o en él, descubrimos el sentido de la propia vida. Hemos sido llamados a imitar la gratuidad y apropiarse de la grandeza, transformar nuestra vida en reflejo de esa lógica de regalo y grandeza. ¡Sólo así vale la pena vivir! ¡Ya no vivimos sólo porque sí; existimos para un «sí»!

Turner, 1840
Si ante el mar encontramos el regalo de su belleza, si en la playa se revela -¡se rebela!- una vocación, entonces la única actitud coherente con el mar es la vehemencia, el intenseísmo. Por el contrario, en un lago se experimenta calma, la paz delimitada por los contornos de su cuenca. O más bien, la tranquilidad de quien vive encadenado. En cambio el mar nos agita: ¡tu vida se llena por un para qué!  El intenseamiento es el fruto natural de comprenderse a sí mismo como alguien que vive para ser un don que respira y una entrega que late en un corazón.

Londres, Guillermo Alfaro (@guilm0), 2017 

De todo esto se sigue que quien va al mar, nada en él y se introduce en su lógica, sale de ahí para llevar al mundo aquello con lo que se supera la lógica de la utilidad y la evolución. Cuando no se atesora esa experiencia de grandeza, gratuidad e intenseísmo, el mundo pierde su fuerza. Es menos humano. Sin alguien que haga memoria de esa experiencia, sin alguien que custodie ese regalo, el mar se acota y reduce al ámbito físico. Se achica en átomos amalgamados por una evolución sin sentido alguno. Y la vida humana también se diluye en la necesidad y la utilidad.

El mundo se juega en el corazón de quienes visitan el mar, despiertan a su gratuidad, exaltan su vigor y custodian su sentido.

Te necesitamos.

lunes, 3 de abril de 2017

Fanny Price y la contemplación de la belleza: madurez y empatía




Una primera versión de este texto, se preparó para la inauguración de una exposición de cuadros elaborados,  en un taller de arte, con gises pastel, lápices de colores o acrílico. La idea del taller es ayudar a los participantes a conocerse y descubrir tanto su personalidad, como su responsabilidad ante los demás.  

Uno de los personajes “más grises” que diseñó Jane Austen es la heroína de Mansfield Park. Fanny Price, a diferencia de Elizabeth Bennet (Orgullo y Prejuicio) o de Elinor Dashwood (Sensatez y Sentiminetos), es algo insípida. Le gusta la soledad, padece en silencio los acontecimientos de su hogar adoptivo, y se guarda para sí las reflexiones sobre el daño que se causan los personajes con sus acciones desajustadas. Pero, a su modo, Fanny se toma muy en serio los principios con los que interpreta la vida. Para ella se debe actuar con propiedad, se ha de juzgar el carácter de los demás con acierto, se reconoce el deber de ser fiel a una tradición, se exige honrar las lealtades familiares, para lo cual es ineludible acompañarlos con sentimientos apropiados. Aquello no es un juego.

Curiosamente, Ms. Price no sólo está equipada con principios morales, sino con un ojo estético fino para contemplar la naturaleza. Es la única que, gracias a esa capacidad, ha logrado moldearse ella misma, a partir de su esfuerzo por honrar con su conducta, el orden y belleza que percibe en lo que la rodea. En un momento de la novela, la protagonista de Mansfield Park exclama al contemplar la grandeza de una noche estrellada:
«¡Esto es armonía! —dijo—. ¡Esto es paz! ¡He aquí algo que deja atrás todo lo que la música y la pintura puedan expresar, y que sólo la poesía puede intentar describir! ¡Esto puede calmar toda inquietud y exaltar el espíritu hasta el arrobamiento! Cuando contemplo una noche como esta, tengo la sensación de que ni la maldad ni el dolor pueden existir en el mundo; y es seguro que de las dos cosas habría menos si se atendiera más a la sublimidad de la naturaleza y la humanidad llevara su mirada un poco más allá del círculo de mezquindades en que se encierra, contemplando un espectáculo como éste. »
Más adelante, nos regala una explicación similar, cuando se da cuenta de lo que ha mejorado un jardín, con un poco de trabajo:
«—Es bonito, muy bonito —dijo Fanny, mirando en derredor, un día en que se hallaban así sentadas en un banco—; cada vez que vuelvo a encontrarme entre estos arbustos me sorprende más su desarrollo y belleza. Hace tres años, esto no era más que un seto vivo que crecía descuidadamente a lo largo de la margen superior del campo, y que nunca se creyó que fuese algo, o que pudiera convertirse en algo digno de tenerse en cuenta; y ahora es un paseo del cual seria difícil decir si es más apreciable lo útil o lo decorativo.
Fanny logra reconocerse a sí misma en el equilibrio, simetría, cadencia y orden de la naturaleza. Aprende gracias a su capacidad para dejarse conmover por la armonía que aprecia en las cosas. En este contexto, dejarse asombrar por la belleza, no sólo es un acto de autoconocimiento  personal; es parte ineludible de su proceso de madurez. Los principios morales que modelan el carácter de Fanny y le ayudan a juzgar su lugar en el mundo, son ajustados por su capacidad contemplativa de la belleza.

Ahora bien, si la contemplación de la belleza consigue ese florecimiento personal, debe ser mucho más que sólo el autoconocimiento subjetivo de las propias emociones. Si fuera sólo una explosión de la propia sensibilidad, entonces, ¿por qué no podemos autoasombrarnos? ¿Por qué seríamos capaces de compartir esa experiencia si sólo fuera un reflejo del mundo interior? En el caso de Fanny, ella no hubiera madurado al contemplar la naturaleza si su belleza únicamente fuera expresión de sus propios deseos. Lo armónico no tendría su propiedad performativa -modeladora del carácter- si fuera solo fruto de la intimidad personalísima. En otras palabras, la noche estrellada que asombra a Fanny, no catalizaría su carácter, si la belleza de los astros fuera simplemente una extención de sus propias emociones interiores. De ahí que la cualidad formativa de la belleza, su propiedad como reveladora de la intimidad, se debe a su carácter trascendente: aquello realmente existe, verdaderamente es bello, y ciertamente es un bien para mí. Sólo así es posible ser comunicada en una obra de arte, por ejemplo.

De modo que la expresión de esa contemplación -la obra artística- significa tanto un despertar para sí, como un madurar en beneficio de otros. Al igual que Fanny, la armonía que debe ser descubierta y honrada con las acciones, predispone para reconocer nuestras responsabilidades con los demás. En el horizonte moral de la heroína de Mansfield Park, la contemplación no solo genera autoconocimiento, sino que de ella también florece el esfuerzo solidario por introducir a los amigos en la misma dinámica. Que ellos también sean armonía.

Por eso, las expresiones artísticas -los vehículos de belleza-, no son sólo un retrato de los sentimientos de quien lo pinta. Contienen una invitación ser testigos -si bien es cierto de modo cifrado- de los equilibrios, las luces y sombras, de los autores y un requerimiento a dejarnos conmover por ellos, a hacer nuestra esa búsqueda; y, a modo de empatía, compartir una existencia común. En resumen, la experiencia estética de Fanny Price fue pedagoga de las armonías en su carácter, y dardo que liberó al resto de personajes de Mansfield Park del deterioro moral en que se encontraban. 

Del mismo modo, quien nos comparte de su experiencia estética, se convierten en despertadores de nuestra propia dignidad. Nunca son sólo auto retrato de una intimidad.

Feliz cumpleaños a Esmeralda, quien es autora de este cuadro: 



Aquí va el resto de esa exposición:










sábado, 3 de diciembre de 2016

El «mundo real» y su atrofia musical


Escribía el @ProfesorDoval que la crisis de nuestro tiempo es hija de la superficialidad y la zafiedad con la que planteamos, reflexionamos y resolvemos las preguntas sobre «la propia vida, la propia muerte y la humanidad de la que soy parte». Sobre esa superficie, las coordenadas existenciales que se vislumbran desde ella, se limitan a lo que se produce, intercambia o se controla. Para seguir con el diálogo, -me están oyendo Cristi, Diego, Manuel, Juan Pablo, Fer, Ligia e Isolino [y Flor, que hace tiempo traía esta inquietud]- me encontré con el ensayo «Pajarillos que no cantan» de Chésterton. Aquí unos párrafos:
«Y de pronto me pregunté por qué no hay ningún oficio moderno del que se sepa que tiene una poesía ritual. ¿Cómo es que la gente canta rudos poemas cuando tira de una soga o recoge frutos y por qué nadie hace nada parecido mientras se dedica a cualquier actividad moderna? ¿Por qué ningún periódico moderno se imprime cantando a coro? ¿Por qué los comerciantes cantan tan pooco, por no decir nunca?
Si los segadores cantan durante la siega, ¿por qué no cantan los auditores mientras auditan y los banqueros mientran realizan operaciones bancarias? Si hay canciones para todas las tareas que se llevan a cabo en un barco, ¿por qué no hay canciones para todas las tareas que se llevan a cabo en un banco? [...]
Al entrar en la nube de Londres, me encontré con un amigo mío que trabajaba en un banco y le entregué esas sugerencias en verso para que las distribuyera entre sus colegas. Pero no se mostró demasiado esperanzado sobre el asunto. No era (me aseguró) que subestimara los versos ni que, de ningún modo, le parecieran faltos de refinamiento. No; era más bien que le parecía notar algo indefinible en la propia atmósfera de la sociedad en la que vivimos que hace que sea espiritualmente muy difícil cantar en un banco. Y creo que debe tener razón [...] Los empleados de banco no tienen canciones no porque sean pobres, sino porque están tristes. Los marineros son mucho más pobres que ellos. De camino a casa pasé junto a un pequeño edificio de teja, de alguna orden religiosa, que estaba estremecido por unas voces igual que resuena con voz propia una trompeta. Sea como fuere, estaban cantando; y por un instante se me ocurrió una idea fantasiosa que ya se me había pasado antes por la cabeza:  que, entre nosotros, lo humano ya sólo puede encontrarse en lo sobrehumano. La naturaleza humana, al verse perseguida, ha corrido a acogerse a lo sagrado.»
Profesiones sin poesía. Actividades sin un canto que las identifique como sublimes. Tal vez, la crisis no es de esa profesión en sí misma, sino del espíritu que la anima: «¡Tú sólo sives para el trabajo! ¡Éste es tu único mundo real! ¡No das para más!». ¿Quién canta sólo para eso? No, para eso no merece la pena cantar. No, de un mundo real así, no nacen coplas. Termino con esta joya de Ratzinger:
«Quisiera proponer para estas reflexiones unas bellas palabras de Mahatma Gandhi que encontré no hace mucho tiempo en un calendario. Gandhi alude a los tres espacios vitales del cosmos, señalando, a la vez, que cada uno de ellos provee de un género propio de seres. Los peces, que guardan silencio, viven en el mar. Los animales que pueblan la tierra dan alaridos. En cambio, los pájaros, cuyo espacio vital es el cielo, cantan. Lo característico del mar es el silencio, el grito lo es de la tierra, y el canto del cielo. Ahora bien, el hombre participa de los tres, pues lleva en sí la profundidad del mar, el peso de la tierra y la altura del cielo. Por eso, le pertenecen también las tres cualidades: el silencio, el grito y el canto. Quisiera añadir a todo ello que en nuestros días vemos cómo, alejado de la trascendencia, al hombre sólo le queda el grito, pues quiere ser exclusivamente tierra e intenta convertir el cielo y la profundidad del mar en tierra suya.» 

martes, 22 de noviembre de 2016

¿Qué aprendí en el doctorado?


Sin duda me instruí sobre la Declaración Universal de Derechos Humanos. Nombres, discusiones, propuestas, fórmulas, artículos, ideas. Sé tantos datos que hasta escribí y leí una tesis sobre eso. La pregunta es más bien esta: ¿qué es lo que «sé» realmente gracias al doctorado? O mejor aún, ¿qué sabiduría adquirí gracias a este grado universitario?

Tres actitudes y comportamientos que ahora considero irrenunciables:

1. Sé honesto y fiel –«be true», sé de verdad- con el estudio, y el estudio será fiel y honesto contigo. Las horas de lectura, trabajo, preparación y reflexión, aunque parezcan inútiles, nunca lo son. Los datos que se encuentran en textos y artículos son importantes; con esa información, dedicación y empeño, se adquieren los grados académicos. Pero el esfuerzo por comprenderlos intelectualmente y las horas de soledad mientras se arma la tesis, iluminan un mundo interior muy peculiar que va más allá de la información técnica. Es en soledad interior donde aparece el tesoro: el momento «eureka!». Se trata de un aparecer en forma de asombro; se experimenta como un darse cuenta de que esa nueva idea no sólo está ahí... sino que ¡es un regalo! Sí, evidentemente se fertiliza la tierra, se plantan semillas y se lanzan nutrientes. Se obra algo al modo del horticultor. Pero la planta surge como un don y su fruto, un regalo.

Lo mismo pasa con una nueva idea, pues el saber fructifica como un campo de «eureka!s». Son instantes que se acogen, disfrutan, celebran... y se vuelven a sembrar. Son momentos para embriagarse en el asombro por el regalo inmerecido, nunca como la satisfacción de cobrar lo que se merece. Quien estudia sólo para acceder a un grado, producir un artículo o dictar una lecture, se perderá lo más importante: porque le hace fraude al saber libre, al conocimiento como regalo y a su experiencia como asombro.

2. Guardar silencio. El «ocio» no es una actividad, sino un estado del alma; es una forma de callar para contemplar lo que se vive. Lo maravilloso se muestra al que guarda silencio, pues lo sublime huye de quien pisa escandalosamente. Hace falta callar para preguntarse: ¿qué tiene esto que me conmueve? ¿Cómo soy yo, que esto me hiere y reclama mi atención? ¿Por qué es bello, si no necesita ser bello para funcionar? ¿Y esta idea nueva que aparece en mí, por qué me emociona?

Al callar, no me refiero sólo al no decir nada sino al saber dar un paso atrás. Con algo de distancia se ve lo que se sabe, se contempla su condición de don y su maduración como un compromiso. Sólo si se calla, el amor con el que se trata al saber, se descubre como respuesta a nuestros anhelos y ansias; pero también como gozo, embeleso y fruición. Al callar se aprende a contemplar: un ver con amor el regalo que se admira.

3. Las conversaciones importan... y mucho. Para los griegos las conversaciones eran el único camino para develar la solución justa a los problemas de la polis. Ellos no se referían sólo a un intercambio de opiniones, como el que canjea tarjetitas de colección para un álbum de jugadores; ni tampoco veían el diálogo como el que adquiere una opinión nueva para colocar en su alacena intelectual. No. Los griegos –al menos Sócrates y claramente Platón- estaban convencidos de que el diálogo implicaba examinarse a uno mismo, para justificarse primero –«quién soy de verdad»-, y mostrarse después a los otros. Por ejemplo, la conversación sobre una de mis aficiones deportivas, exigiría no sólo que la señalara, sino que la justificara: «soy aficionado a este equipo porque nací en esta ciudad»; «soy aficionado a un deporte, porque ví jugar a Manning». Conversar nunca es sólo emitir sonidos. Más aún cuando compartimos los momentos «eureka», pues de alguna manera nos develamos ante los demás. Hablar de ellos es exponernos, ya sea porque nos vemos obligados a comportarnos conforme a lo que afirmamos o arriesgarnos a descubrir que aquello no vale la pena.

Así pues, el diálogo exige ponerse en evidencia, ofrecer los motivos de las propias opiniones, y ponerse en camino, junto a un amigo, en la búsqueda del saber compartido. El lugar donde sucede esta peculiar conversación, y al mismo tiempo, el resultado de esa conversación se llama  universidad (quizá con más precisión, el bar universitario).

Las conversaciones no son un arrojar opiniones, sino, principalmente, moverse interiormete para saber: es una forma de dejarse transformar por la verdad conocida y por el encuentro con otro. Es impregnar el saber del amigo en la propia intimidad. Es en una conversación, dónde se celebran y se ponen en común los momentos eureka!; y, sin duda, donde se fertilizan y reciben nuevas semillas del saber.

Ser honesto con el estudio, callar y guardar silencio, un continuo conversar. This is it!

sábado, 5 de noviembre de 2016

Abrasado por el amor: Fantine y Quevedo


Algunos amores abrazan. Despiertan, llenan, fructifican, acogen un pasado y abren a un futuro. Su ley ordena que se «deberá besar al amado, estar junto a él y acariciarlo como a un hijo (Platón, La República, 403b)». Quien sea incapaz de ese cuidado es tosco, remata el discípulo de Sócrates.

Algunos amores abrasan. Su ley ordena embriagarse con ese amor, pero consume al amado y tritura al amante. Promete gozo, libertad y autenticidad, a costa del sacrificio del pasado y de secar las semillas que desatan el futuro. Curiosamente, también olvidan que «no body left behind»: tratan al cuerpo como un instrumento de su sueño, pero lo abandonan como un objeto sin lenguaje, ni significado.  Uno de esos amores hizo miserable a Fantine.

Quevedo contrasta estos dos tipos de amores en su poema «A una fuente». El agua, alguna vez encadenada en hielo por el invierno, serpentea rebosante de vida, liberada por el sol del verano. Pero su redentor se convierte en su verdugo: el calor la evapora. Pareciera que al limitarla, el invierno la protege y preserva. Sí, sí... pero no tanto frío que hiele el corazón.

¿Cómo lograr liberarse del frío que paraliza, sin dejarse consumir por el mismo calor que lo ha redimido?

A una fuente

¡Qué alegre que recibes
con toda tu corriente
al Sol, en cuya luz bulles y vives,
hija de antiguo bosque, sacra fuente!
¡Ay, cómo de sus rubio rayos fías
tu secreto caudal, tus aguas frías!
Blasonas confiada en el verano,
y haces bravata al invierno cano;
no le maltrates, porque en tal camino
ha de volver, aunque se va enojado;
y mira que tu nuevo Sol dorado
también se ha devolver como se vino.
De paso va por ti la Primavera
y el invierno; ley es de la alta esfera:
huésped son, no son habitadores
en ti los meses que revuelve el cielo.
Seca con el calor amas el hielo,
y presa con el hielo, los calores;
confieso que su lumbre te desata
de cárcel transparente,
que es cristal suelto, y pareció de plata;
pero temo que, ardiente,
viene más a beberte que a librarte;
y más debes quejarte
del que empobrece tu corriente clara,
que no del hielo que, piadoso, viendo
que te fatigas de ir siempre corriendo,
porque descanses, te congela y para.



sábado, 18 de junio de 2016

«¡Oh hideputa bellaco, y cómo es católico!»: El insulto en Don Quijote

Sancho Panza con el escudero del Caballero del Bosque

No me parece gracioso el "eh... puto" futbolero. Esto no es su apología.

Encontré un texto de Guillemo Sheridan sobre la incontinencia verbal del Quijote y su amplia gama de insultos. En especial contra Sancho a quien llama –copio el recuento de Sheridan-: traidor, bergante, descompuesto, villano, infacundo, deslenguado, atrevido, desdichado, murmurador, maldiciente, canalla, rústico, patán, malmirado, bellaco, tonto, socarrón, mentecato y hediondo

Y qué decir de los insultos compuestos: monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, publicador de sandeces, enemigo del decoro, ladrón hereje, desalmada y cobarde criatura, animal descorazonado, maldito de Dios y de todos los santos, don villano, harto de ajos, truhán moderno y majadero antiguo, de villana y grosera tela tejido, pecador, grosero villano, mentecato gracioso, echacuervos, caballero de mohatra, corazón de mantequillas, ánimo de ratón casero, alma endurecida, pan mal empleado y, por si faltara algo más que decir, prevaricador del buen lenguaje. Al pobre Sancho también lo insultan en la casa de los Duques: malaventurado escudero, alma de cántaro, corazón de alcornoque, de entrañas guijeñas y apedernaladas, desuellacaras, machuelo espantadizo, socarrón, malintencionado monstro, y bestión indómito

Según parece, los insultos contra Sancho son la respuesta del caballero a los intentos de su escuero por hacerle notar su locura y su irracionalidad. En el capítulo 37 de la primera parte el escudero había descubierto que la princesa Micomacoma no era más que Dorotea:
—Bien puede vuestra merced, señor Triste Figura, dormir todo lo que quisiere, sin cuidado de matar a ningún gigante ni de volver a la princesa su reino, que ya todo está hecho y concluido.
—Eso creo yo bien -respondió don Quijote-, porque he tenido con el gigante la más descomunal y desaforada batalla que pienso tener en todos los días de mi vida, y de un revés, ¡zas!, le derribé la cabeza en el suelo, y fue tanta la sangre que le salió, que los arroyos corrían por la tierra como si fueran de agua.
—Como si fueran de vino tinto, pudiera vuestra merced decir mejor —respondió Sancho-, porque quiero que sepa vuestra merced, si es que no lo sabe, que el gigante muerto es un cuero horadado, y la sangre, seis arrobas de vino tinto que encerraba en su vientre, y la cabeza cortada es la puta que me parió, y llévelo todo Satanás.
[...]
—Ahora te digo, Sanchuelo, que eres el mayor bellacuelo que hay en España. Dime, ladrón, vagamundo, ¿no me acabaste de decir ahora que esta princesa se había vuelto en una doncella que se llamaba Dorotea, y que la cabeza que entiendo que corté a un gigante era la puta que te parió, con otros disparates que me pusieron en la mayor confusión que jamás he estado en todos los días de mi vida? ¡Voto... —y miró al cielo y apretó los dientes-; que estoy por hacer un estrago en ti que ponga sal en la mollera a todos cuantos mentirosos escuderos hubiere de caballeros andantes de aquí adelante en el mundo!
[...]
—Esto digo, señor, porque si al cabo de haber andado caminos y carreras, y pasado malas noches y peores días, ha de venir a coger el fruto de nuestros trabajos el que se está holgando en esta venta, no hay para qué darme priesa a que ensille a Rocinante, albarde el jumento y aderece al palafrén, pues será mejor que nos estemos quedos, y cada puta hile, y comamos. 
¡Oh, válame Dios y cuán grande que fue el enojo que recibió don Quijote oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que fue tanto, que con voz atropellada y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por los ojos, dijo:
—¡Oh bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la destas ínclitas señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación? ¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira!
En otro momento, el escape de la realidad se maquilla con un cambio en el significado de las palabras. Lo encontramos en el pasaje del Caballero del bosque y su escudero (Parte 2, Capítulo XIII). Cuando Sancho describe la belleza de su hija quincieañera, su colega se asombra y exclama: 
–Partes son ésas -respondió el del Bosque- no sólo para ser condesa, sino para ser ninfa del verde bosque. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe de tener la bellaca!
A lo que respondió Sancho, algo mohíno:
–Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios quiriendo, mientras yo viviere. Y háblese más comedidamente, que, para haberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son la mesma cortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras.
–¡Oh, qué mal se le entiende a vuesa merced -replicó el del Bosque- de achaque de alabanzas, señor escudero! ¿Cómo y no sabe que cuando algún caballero da una buena lanzada al toro en la plaza, o cuando alguna persona hace alguna cosa bien hecha, suele decir el vulgo: «¡Oh hideputa, puto, y qué bien que lo ha hecho!?» Y aquello que parece vituperio, en aquel término, es alabanza notable; y renegad vos, señor, de los hijos o hijas que no hacen obras que merezcan se les den a sus padres loores semejantes.
–Sí reniego -respondió Sancho-, y dese modo y por esa misma razón podía echar vuestra merced a mí y hijos y a mi mujer toda una putería encima, porque todo cuanto hacen y dicen son estremos dignos de semejantes alabanzas
La discusión continúa, hasta que Sancho se empina una bota de vino tan sabroso que lo alaba así:
¡Oh hideputa bellaco, y cómo es católico!
–¿Veis ahí -dijo el del Bosque, en oyendo el hideputa de Sancho-, cómo habéis alabado este vino llamándole hideputa?
–Digo -respondió Sancho-, que confieso que conozco que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie, cuando cae debajo del entendimiento de alabarle.”
En el diálogo, se pretende que el contexto es el que logra cambiar el sentido del insulto; tanto, que contradice directamente a la palabra utilizada. ¡Vaya irrealidad! Así que en el Quijote, el insulto es la defensa lingüística del caballero contra los ataques al corazón de su misión: ¿lo que defiende es real o no? ¿Por qué valdría la pena tanto esfuerzo si aquello es sólo imaginación? Un ejemplo más. Después de un agudo discurso a favor de la humildad (Parte 2, Capítulo LVIII), Sancho, inocente y sin mala intención, dice:
«-¿Es posible que haya en el mundo personas que se atrevan a decir y a jurar que este mi señor es loco?"
Don Quijote explota en cólera:
«–¿Es posible, ¡oh Sancho!, que haya en todo el orbe alguna persona que diga que no eres tonto, aforrado de lo mismo, con no sé qué ribetes de malicioso y de bellaco
Insultos hay contra infinidad de personajes que se pueden leer en el ensayo de Sheridan, quien lo termina así:
Lo formidable de don Quijote es que sea, a la vez, el caballero de la triste figura y el lépero enfurecido; el amigo impecable y el amo tiránico; el ángel de la sabiduría y el demonio de la iracundia. En eso, en su ser tan completo, radica lo que lo hace extraordinario. Tan extraordinario como cualquiera de nosotros. 

miércoles, 4 de mayo de 2016

¿Por qué la belleza importa? Respuesta desde el dolor de una inocente

Una versión del beso de Klimt por Tammam Azzam en una pared Siria.
"Me sacarán el ojo izquierdo. Ya no me sirve, lo usaba sólo como muñón para que ahí se sostuviera una prótesis. Sin embargo este ojo ya tiene más de tres meses doliéndome mucho. Últimamente la punción ya se volvió insoportable. El ojo se está comprimiendo junto con los nervios. Este proceso se acelera a gran velocidad. El doctor me dijo el viernes «quiero que me expliques cómo le haces, porque este dolor es para suicidarse». Yo le contesté que tampoco me lo explicaba, pero que me lo quitara porque me estoy volviendo loca. El caso es que por fin mañana es la operación. [...] Además, apenas llevo cinco meses que me sacaron la matriz y no logro recuperarme de esa operación. Estoy muy desgastada físicamente y todavía me duele. Cada día hago acuerdos con mi cuerpo para que aguante, algo parecido al método de alcohólicos anónimos: viviré sólo 24 horas y ya no más. Estoy agotadísima. Mejor soporto por una hora y luego ya veremos la siguiente. No puedo más".
Llegó el día de la operación. A las 6:30am, se presentó en el salón de belleza a ponerse guapa, secarse el cabello, y arreglarse lo mejor que podía. A las 8 pasó al quirófano.

¿Por qué haría algo así si de todos modos no ve cómo quedó? ¿Por qué es importante para ella saberse guapa, si a un enferma se le tolera que no esté bien presentada? ¿Por qué la belleza importa tanto, como para sacarla de toda pretención de utilidad? ¿Acaso es una manera de arrancarle al dolor la última palabra?

Al final, ¿quién es el verdaderamente ciego? ¿Quién es el que ve el mundo real? 

El texto fue tomado de una descripción que hizo la enferma. Lo he modificado un poco -realmente casi nada- para incorporar algo de contexto y algo de historia, que hemos hablado y ha sucedido, pero que no la escribió textualmente. 

domingo, 24 de abril de 2016

El ojo para lo bello, también es el ojo del amor


¿Por qué la belleza importa? Porque nos capacita para amar; nos hace concientes -y gozar- de la importancia de las cosas inútiles, de lo que no puede producirse, comprarse o consumirse. Como el amor es así, el ojo para la belleza, también es el ojo para el amor. La idea no es mía, la encontré en la Amoris Laetitia de Francisco:
127. El amor de amistad se llama «caridad» cuando se capta y aprecia el «alto valor» que tiene el otro. La belleza —el «alto valor» del otro, que no coincide con sus atractivos físicos o psicológicos— nos permite gustar lo sagrado de su persona, sin la imperiosa necesidad de poseerlo. En la “sociedad de consumo el sentido estético se empobrece, y así se apaga la alegría. Todo está para ser comprado, poseído o consumido; también las personas. La ternura, en cambio, es una manifestación de este amor que se libera del deseo de la posesión egoísta. Nos lleva a vibrar ante una persona con un inmenso respeto y con un cierto temor de hacerle daño o de quitarle su libertad. El amor al otro implica ese gusto de contemplar y valorar lo bello y sagrado de su ser personal, que existe más allá de mis necesidades. Esto me permite buscar su bien también cuando sé que no puede ser mío o cuando se ha vuelto físicamente desagradable, agresivo o molesto. Por eso, «del amor por el cual a uno le es grata otra persona depende que le dé algo gratis»” 
128. La experiencia estética del amor se expresa en esa mirada que contempla al otro como un fin en sí mismo, aunque esté enfermo, viejo o privado de atractivos sensibles. La mirada que valora tiene una enorme importancia, y retacearla suele hacer daño. ¡Cuántas cosas hacen a veces los cónyuges y los hijos para ser mirados y tenidos en cuenta! Muchas heridas y crisis se originan cuando dejamos de contemplarnos. Eso es lo que expresan algunas quejas y reclamos que se escuchan en las familias: «Mi esposo no me mira, para él parece que soy invisible». «Por favor, mírame cuando te hablo». «Mi esposa ya no me mira, ahora sólo tiene ojos para sus hijos». «En mi casa yo no le importo a nadie, y ni siquiera me ven, como si no existiera». El amor abre los ojos y permite ver, más allá de todo, cuánto vale un ser humano. 
129. La alegría de ese amor contemplativo tiene que ser cultivada. Puesto que estamos hechos para amar, sabemos que no hay mayor alegría que un bien compartido. [...] Es dulce y reconfortante la alegría de provocar deleite en los demás, de verlos disfrutar. Ese gozo, efecto del amor fraterno, no es el de la vanidad de quien se mira a sí mismo, sino el del amante que se complace en el bien del ser amado, que se derrama en el otro y se vuelve fecundo en él. 
Algo así no se logra sin haber sido introducidos, ni estar acostumbrados a la percepción de la belleza  y sus manifestaciones.



miércoles, 20 de abril de 2016

«¿Para qué sirve la poesía [y la belleza]?» La respuesta de Borges


Encontré este texto en la güeb, aunque no doy con la referencia original. Preguntaron a Borges, ¿para qué sirve la poesía? Contestó así:
“¿Para qué sirve un amanecer? ¿Para qué sirven las caricias? ¿Para qué sirve el olor del café? [...] La poesía sirve para el placer, para la emoción, para vivir”.
De este modo, ¿de qué le sirve al atardecer, explotar de grandeza y armonía? ¿Para qué sirve que la madre contemple a su bebé que duerme? ¿De qué le sirve al muerto que me plante frente a su ataúd? ¿Para qué sirven las arrugas de los abuelos? ¿Para qué sirve el dolor de ver a un hijo enfermo? ¿Para qué sirve amarle sin que lo note? ¿Para qué sirve un esfuerzo no valorado? ¿Para qué sirve regustar el sabor de un platillo?  ¿Para qué sirve detenerme a contemplar todo esto?

No sirve de nada... Pero lo llena todo.

-----

Ándale, que hoy es tu cumpleaños y quizá te guste.

viernes, 1 de abril de 2016

Quevedo: «Si dios eres, Amor, ¿cuál es tu cielo?»

Un cupido, ciego y con alas. En «La Primavera» de Botichelli.

Si dios eres, Amor, ¿cuál es tu cielo?
Si señor, ¿de qué renta y de qué estados?
¿Adónde están tus siervos y criados?
¿Dónde tienes tu asiento en este suelo?

Si te disfraza nuestro mortal velo,
¿cuáles son tus desiertos y apartados?
Si rico, ¿do tus bienes vinculados?
¿Cómo te veo desnudo al sol y al yelo?

¿Sabes qué me parece, Amor, de aquesto?
Que el pintarte con alas y vendado,
es que de ti el pintor y el mundo juega.

Y yo también, pues sólo el rostro honesto
de mi Lisis así te ha acobardado,
que pareces, Amor, gallina ciega.

Me encontré este poema de Quevedo. Según parece, el español utiliza los dos cuartetos para definir el amor; mientras que los tercetos le sirven para burlarse de él. Eros dibujado como cupido es sólo un chiste ante ante su Lisi. Hasta donde he podido ver, con ese nombre Quevedo se refería al arquetipo quintaesenciado de mujer (wikipedia dixit).

jueves, 11 de febrero de 2016

Un experimento con motivo de la visita de Francisco: saber ver


Mañana llega el Papa Francisco. En los análisis que he visto, encuentro dos narrativas a través de las cuales, supongo, los comentócratas interpretarán los dichos y hechos del Papa en nuestro país.  Por un lado, quienes pretenden explotar la religiosidad cursilona del «¡qué bonito que besó a un niño! ¡Qué lindo que abrazó a un enfermo! ¡Qué tierna es la canción oficial!». Por otro, un poco más serios, encontramos a quienes colocan a Francisco entre los dos polos con los se describe a la iglesia católica mexicana: uno de ellos sería el mundo del alto clero: los cardenales, los que hacen favores al poder; quienes lucran con los ricos y poderosos; el otro la iglesia que defiende a los pobres. Es la iglesia de los luchadores de los derechos humanos, la iglesia de Samuel Ruíz, el P. Solalinde o las Patronas. Estos se preguntan, a qué iglesia pertenece Francisco, ¿será el papa del poder o el cura defensor de los débiles?

Por mi parte voy a intentar otra narrativa. Tengo la impresión de que a Francisco se le ha de interpretar desde dentro. Es decir, a partir del modo en que ve, no en el modo en que piensa o habla. Cualquiera puede pensar y argumentar coherentemente. Lo difícil es ver al otro desde ese ojo interior con el que captamos el misterio, valor y dignidad de cualquier persona ante mí. Aquí está la batalla decisiva que pelea Francisco: dejarse afectar por la presencia de toda persona que nos interpela desde el interior, especialmente el que parece que no tiene valor útil. Si veré al Papa, será por que tengo curiosidad por descubrir cómo se esfuerza por que no decaiga esa mirada. 

¿Y esto qué tiene que ver conmigo? Nietzsche decía que donde falta el amor, se multiplica la ley. Y es verdad. Si no se ve la dignidad, se multiplican las declaraciones de derechos y los mecanismos coactivos para defendernos de quien es incapaz de ver a la persona; porque sólo respetarán nuestra dignidad si hay alguien que se los impida a la fuerza o si obtienen una ventaja con ese esfuerzo. Donde falta el amor, se multiplica la ley.

Si esto es así, enconces lo decisivo está en los ojos que perciben con reverencia la belleza de la persona que tengo ante mí. Toda democracia se juega, en definitiva, en la forma de ver al que tengo al lado.

Voy a hacer este experimento. ¿Qué ve, a quién, y cómo ve el Papa Francisco? A ver cómo me va.



jueves, 4 de febrero de 2016

«Palcco», belleza y democracia (una intuición de Simone Weil)


Simone Weil (se pronuncia Simáhn Vei) fue una filósofa y activista social que murió en 1943 y pertenecía al movimiento de resistencia francés contraria al régimen nazi. Poco antes de morir, escribió un libro del que hemos hablado en otras ocasiones. Lo tituló "Echar Raíces". Simone se preguntaba por las condiciones que facilitaron el avance del ejército alemán; quienes en sólo dos semanas tomaron Paris. ¿Porqué el pueblo francés había perdido su temple interior, su capacidad de resistencia ante la adversidad y su creatividad para pelear por su nación?  Su respuesta es demoledora: los soldados nazis se enfrentaron a uniformes sin soldados, soldados sin personas, personas sin un compromiso para defender un valor común. Se habían convertido en un pueblo sin raíces A partir de ahí describe cuáles son esos alimentos del alma que permiten su maduración interior. Una de esas necesidades que debemos alimentar, dice Weil, es la necesidad de orden o belleza: 
«Diariamente tenemos ante nuestros ojos el ejemplo del universo, donde una infinidad de acciones mecánicas independientes concurre para constituir un orden que permanece fijo a través de la variación. Por eso amamos la belleza del mundo, pues tras ella sentimos la presencia de algo análogo a la sabiduría que desearíamos poseer para saciar nuestro deseo de bien».
De esta manera, ¿por qué para una comunidad es importante que existan personas  capaces de dejarse convocar por la experiencia de la belleza y por qué para una democracia es vital que existan sitios donde esto se pueda experimentar? ¿Qué pasa si nos acostumbramos a la fealdad? Weil respondería que afinar nuestra sensibilidad para captar aquella belleza que se nos ofrece todos los días, "puede afirmarnos en el esfuerzo de pensar continuamente acerca del orden humano que debe ser nuestro primer objeto de atención". Platón sostenía que toda educación para la democracia y ciudadanía comienza con educación en la belleza de la música; pues la armonía en el ritmo y la melodía afinan el corazón hacia el equilibrio y la equidad. De tal forma que una persona con oído para la belleza musical, se predispone a gustar la armonía en la persona, en la comunidad y en la democracia y rechazar cualquier disonancia contra ellas.

Por todo ello, Weil ha conectado, el compromiso democrático, con la responsabilidad para cumplir nuestros deberes, con la necesidad de contemplar la belleza y de agudizar nuestro sentido para disfrutar de esa plenitud de orden que nos ofrece la belleza.

En pocos días se inaugurará un recinto más para la cultura en nuestra ciudad. Me refiero al Palacio de la Cultura y la Comunicación. Un lugar donde encontrarnos con la belleza y, si seguimos la intuición de Weil, donde podemos afinar nuestra llamada a la empatía, la solidaridad y la responsabilidad. Todos ellos son las raíces que dan solidez a nuestra democracia. Un recinto como Palcco se debe celebrar y aprovechar.

lunes, 30 de noviembre de 2015

El recipiente de la belleza: el Quijote, Marcela y Grisóstomo


En el Quijote se cuenta la historia de Grisóstomo, un recién egresado de la Universidad que muere de amor no correspondido. Se prendó de Marcela, y perdió la vida entre suspiro y suspiro. Durante su entierro -pidió que lo sepultaran en la peña donde la vio por primera vez-, sus amigos despotricaron contra la pastora. Ella se aparece y expone su defensa. El pasaje está articulado en forma de juicio: Ambrosio -el amigo- acusa a Pastora del homicidio de Grisóstomo, la acusada alega su inocencia, y el Quijote hace las veces de juez.

Marcela se defiende con un argumento en dos partes. En este blog hemos hablado varias veces sobre la belleza: por qué importa dejarnos afectar por su punzada, cómo le dejamos producir eco en nuestro interior, y cómo es que fertiliza la intimidad hasta hacerla madurar. La pastora nos ofrece una perspectiva al menos no explorada aquí. Si bien es cierto, lo bello nos toca desde fuera precisamente porque estamos diseñados para aquello que nos llama, no menos cierto es que la experiencia estética sólo produce su fruto si el recipiente se prepara para ese contenido. No sólo se trata de arrancar hacia lo bello simplemente por que lo es. Marcela nos advierte: el continente nunca es arrollado por el contenido. Así lo dice:
No vengo, oh Ambrosio, a ninguna cosa de las que has dicho, respondió Marcela, sino a volver por mí misma, y a dar a entender cuán fuera de razón van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Grisóstomo me culpan. Y así ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos, que no será menester mucho tiempo ni gastar muchas palabras para persuadir una verdad a los discretos. Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. 
Yo conozco con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que por razón de eser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama; y más que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir quiérote por hermosa, hazme de amar aunque sea feo. Pero puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas las hermosuras enamoran, que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas sin saber en cuál habían de parar, porque siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos; y según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario y no forzoso. 
Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Sino, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es, el cielo me la dio de gracia sin yo pedirla ni escogella; y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprendida por ser hermosa; que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado, o como la espada aguda, que ni él quema, ni ella corta a quien a ellos no se acerca. 
La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe parecer hermoso; pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquél que por solo su gusto con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? 
Lo amable, sólo por ser bello, no debe desquiciar al amante, sólo por que le parece que aquello es hermoso. Marcela, además, fue honesta con Ambrosio: nunca le dio alas, ni esperanzas, ni le dio cuerda. Esta es la segunda parte de su defensa:
Yo nací libre, y para poder libre escogí la soledad de los campos; los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado, y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno, el fin de ninguno dellos, bien se puede decir que no es obra mía que antes le mató su porfía que mi crueldad; y si me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad, y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él con todo este desengaño quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? 
Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa. Quéjese el engañado, desespérese aquél a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confiese el qeu yo llamare, ufánese el qeu yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo, ni admito. El cielo aun hasta ahora no ha querido que yo llame por destino, y el pensar que tengo que amar por elección es excusado. Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho, y entiéndase de aquí adelante, que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque a quien a nadie quiere, a ninguno debe dar celos, que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala: el que me llama ingrata, no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida, ni los buscará, servirá, conocerá, ni seguirá, en ninguna manera. 
Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda, el que quiera que la tenga, con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas: tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a este, ni solicito a aquel, ni me burlo con uno, ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas, y el cuidado de mis cabras me entretiene; tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma, a su morada primera.
La belleza importa. Sí. Dejarnos afectar por lo que nos conmueve, también. Pero, para que la belleza cumpla su cometido, el recipiente donde se acoge ese regalo, nunca debe ser sólo destinatario pasivo. Sólo será beneficiario si acude al llamado de la belleza como «ésta persona», es decir, si se esfuerza por aquello quede impregnado de inteligibilidad, sentido, historia y responsabilidad. El contenido no debe eliminar el recipiente. Grisóstomo fue abrasado por la belleza, pero él nunca la abrazó. Se consumió a sí mismo al querer consumirla. 

La sentencia del juez -un loco- es esta:
Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía. Ella ha mostrado con claras razones la poca o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo, y cuán ajena vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes, a cuya causa es justo qeu en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan honesta intención vive.
El pasaje está en la parte 1, capítulos 12-14. Estos textos están en el 14.