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lunes, 17 de julio de 2017

La consulta y unas lágrimas


Ayer se celebró una consulta ciudadana en Venezuela. Los organizadores pretendían conocer cuántos venezolanos se oponen a la convocatoria que ha lanzado el Nicolás Maduro sobre una nueva Constitución. Como se sabe, acudieron a votar poco más de 7 millones de personas; de las cuales, 6.3 millones rechazaron la convocatoria de Maduro. Para darnos una idea de lo que esto significa, la votación de ayer supera casi en un 2.2 millones votantes la convocatoria a constituyente que lanzó Chávez en 1999, y acumula más 1.5 millones más de personas respecto a las que aprobaron la Constitución vigente en ese país.

Tuve la oportunidad de acudir como observador a los dos centros de votación que se instalaron en Guadalajara. ¿Y qué vi? A personas de toda edad y profesión. Unos llegaron solos, la mayoría  con sus familias.  Casi todos con playeras de la vinotinto, de equipos de beisbol de la liga local,  gorras o banderas. Algunos venían de la zona metropolitana, otros de Chapala, Aguascualientes, Colima y Michoacán. Venezolanos deseosos de que su voz fuera escuchada, personas ilusionadas por un mejor país. Por la noche busqué información oficial del gobierno venezolano para contrastar los datos de lo que había visto. Encontré que la autoridad electoral había convocado para este mismo día, un llamado «simulacro electoral», con la intención de probar el mecanismo de elección de los constituyentes que pretende obtener en una elección a fin de mes. Sinceramente no esperaba que Maduro reconociera lo que sucedía en la calle, pero el contraste entre lo que vi en las casillas y lo que encontré de «simulacro electoral» convocado por el régimen me pareció de risa. 

Recordé aquella experiencia que relata Vaclav Havel en su ensayo «El poder de los sin poder». El dramaturgo checo cuenta la historia de un vendedor de verduras en el mercado. El régimen le había ordenado a todos como él, colocar una pancarta que decía: «¡Proletarios del mundo, únanse!». ¿Por qué alguien colocaría un letrero así? Sólo caben dos opciones: porque está convencido de lo que ahí se dice; o porque, aunque no lo está, prefiere mentir. Quizá prefiera evitarse problemas con el sindicato, con el régimen, o con los vecinos que no están dispuestos convivir con alguien cuya presencia les molesta. El letrero está ahí para ahorrarse incomodidades: es la paz del cementerio y la tranquilidad de la mentira. La principal herramienta de una dictadura, concluye Havel, no es la cárcel o la horca: es la expropiación de la conciencia y la normalización de una vida falsa. Algo así como reducir el ejercicio de ayer a un «simulacro». Pero si el vendedor no pensara como el letrero afirma, y por eso dice no lo pone, sin duda se metería en problemas, pero en cambio, vivirá auténticamente desde la verdad de sí mismo. Sus días podrán reflejar la sincera búsqueda de lo que vale la pena, la auténtica capacidad de cumplir con las obligaciones de justicia, y la genuina solidaridad con la que se vivifican las relaciones con los demás. Vivir así, se nota. 

Ayer vi a una abuela depositar su voto y romper en llanto. Dicen que en una viñeta de Mafalda, la niña concluye: «No lloro, simplemente estoy lavando recuerdos». No soy profeta ni pretendo adivinar las penas que aquella abuela cargaba en su interior; pero me dio la impresión que aquellas lágrimas representaban un honesto deseo de una patria más justa y reflejaban el empuje del que nacerá una nueva Venezuela. 

Yo estuve ahí. Yo lo vi.

jueves, 3 de marzo de 2016

Informe de Derechos Humanos en México por la Comisión Interamericana


«Todas las familias felices se parecen. Las desdichadas lo son cada una a su manera. En casa Oblonsky se ha roto la armonía». Estas son las primeras palabras de Anna Karenina, escritas por Leon Tolstoi. Las recordé cuando leí el informe sobre derechos humanos en México que acaba de publicar la Comisión Interamericana (aquí el resumen, aquí el documento completo). 
«El informe analiza la grave crisis de derechos humanos que atraviesa México, con particular énfasis en desapariciones y desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, tortura, así como la situación de inseguridad ciudadana, el acceso a la justicia e impunidad. También aborda la situación de los derechos humanos de algunos grupos poblacionales especialmente afectados por la violencia en el país [...] Y por último "analiza la situación de asesinatos, violencia y amenazas contra periodistas, que ha hecho que México sea considerado como uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo».
El documento pone el dedo en la llaga y señala los desafíos que enfrenta el país en materia de derechos humanos, que son graves y nos llevará tiempo superarlos. Las violaciones de derechos humanos, dice la Comisión, se agudizan en zonas en las que el ejército y la policía federal se ha incorporado a labores de seguridad en zonas de alta presencia de bandas delictivas. Además, el documento reconoce algunos avances en la materia, como la reforma constitucional en derechos humanos del 2011, la nueva ley de amparo, el nuevo sistema de justicia penal, los protocolos de investigación en caso de desaparición forzada, etc.

Me llamó la atención, entre otras cosas, dos tipos de cifras. Unas para despertar y otras para esperanzarse. Los números de la alarma: en nuestro país hay 26,798 desaparecidos. En un año ese número se ha incrementado en 4 mil. Imaginemos que llenamos el estadio Jalisco, y de pronto hacemos desaparecer la mitad de personas. Las cifras de homicidios en este sexenio están en 94,000, casi dos veces el estadio jalisco a toda su capacidad. Uno de los comisionados comentó: «La espiral de violencia e impunidad trae consigo graves consecuencias para el Estado de Derecho en el país. [...] El reto del Estado mexicano es cerrar la brecha existente entre su marco normativo y la realidad que experimenta la mayor parte de sus habitantes cuando buscan una justicia pronta y efectiva».

Y una cifra para la esperanza. Para elaborar su informe, la Comisión se entrevistó con más de 160 organizaciones de la sociedad civil preocupadas por los derechos humanos. Algunos de ellos, son víctimas de la violencia, otro más, colaboradores y luchadores sociales. Si ponemos atención, en México hay muchísimas personas las que no están dispuestas a rendirse a la lógica del "ya qué". Son cientos de personas que han encontrado en la lucha por la dignidad su vocación. En nuestro país hay recursos sociales y de solidaridad que hemos de reconocer y celebrar. Hay cientos de personas que son motivos de esperanza.

Ya se ve que nadie escoge en qué país nacer; y casi nunca elegimos ser víctimas de una injusticia. Lo que está claro es que nadie puede elegir por nosotros como vamos a plantar cara a la crisis humanitaria que enfrenta nuestro país. ¿De qué lado nos vamos a colocar?



jueves, 11 de febrero de 2016

Un experimento con motivo de la visita de Francisco: saber ver


Mañana llega el Papa Francisco. En los análisis que he visto, encuentro dos narrativas a través de las cuales, supongo, los comentócratas interpretarán los dichos y hechos del Papa en nuestro país.  Por un lado, quienes pretenden explotar la religiosidad cursilona del «¡qué bonito que besó a un niño! ¡Qué lindo que abrazó a un enfermo! ¡Qué tierna es la canción oficial!». Por otro, un poco más serios, encontramos a quienes colocan a Francisco entre los dos polos con los se describe a la iglesia católica mexicana: uno de ellos sería el mundo del alto clero: los cardenales, los que hacen favores al poder; quienes lucran con los ricos y poderosos; el otro la iglesia que defiende a los pobres. Es la iglesia de los luchadores de los derechos humanos, la iglesia de Samuel Ruíz, el P. Solalinde o las Patronas. Estos se preguntan, a qué iglesia pertenece Francisco, ¿será el papa del poder o el cura defensor de los débiles?

Por mi parte voy a intentar otra narrativa. Tengo la impresión de que a Francisco se le ha de interpretar desde dentro. Es decir, a partir del modo en que ve, no en el modo en que piensa o habla. Cualquiera puede pensar y argumentar coherentemente. Lo difícil es ver al otro desde ese ojo interior con el que captamos el misterio, valor y dignidad de cualquier persona ante mí. Aquí está la batalla decisiva que pelea Francisco: dejarse afectar por la presencia de toda persona que nos interpela desde el interior, especialmente el que parece que no tiene valor útil. Si veré al Papa, será por que tengo curiosidad por descubrir cómo se esfuerza por que no decaiga esa mirada. 

¿Y esto qué tiene que ver conmigo? Nietzsche decía que donde falta el amor, se multiplica la ley. Y es verdad. Si no se ve la dignidad, se multiplican las declaraciones de derechos y los mecanismos coactivos para defendernos de quien es incapaz de ver a la persona; porque sólo respetarán nuestra dignidad si hay alguien que se los impida a la fuerza o si obtienen una ventaja con ese esfuerzo. Donde falta el amor, se multiplica la ley.

Si esto es así, enconces lo decisivo está en los ojos que perciben con reverencia la belleza de la persona que tengo ante mí. Toda democracia se juega, en definitiva, en la forma de ver al que tengo al lado.

Voy a hacer este experimento. ¿Qué ve, a quién, y cómo ve el Papa Francisco? A ver cómo me va.



jueves, 4 de febrero de 2016

«Palcco», belleza y democracia (una intuición de Simone Weil)


Simone Weil (se pronuncia Simáhn Vei) fue una filósofa y activista social que murió en 1943 y pertenecía al movimiento de resistencia francés contraria al régimen nazi. Poco antes de morir, escribió un libro del que hemos hablado en otras ocasiones. Lo tituló "Echar Raíces". Simone se preguntaba por las condiciones que facilitaron el avance del ejército alemán; quienes en sólo dos semanas tomaron Paris. ¿Porqué el pueblo francés había perdido su temple interior, su capacidad de resistencia ante la adversidad y su creatividad para pelear por su nación?  Su respuesta es demoledora: los soldados nazis se enfrentaron a uniformes sin soldados, soldados sin personas, personas sin un compromiso para defender un valor común. Se habían convertido en un pueblo sin raíces A partir de ahí describe cuáles son esos alimentos del alma que permiten su maduración interior. Una de esas necesidades que debemos alimentar, dice Weil, es la necesidad de orden o belleza: 
«Diariamente tenemos ante nuestros ojos el ejemplo del universo, donde una infinidad de acciones mecánicas independientes concurre para constituir un orden que permanece fijo a través de la variación. Por eso amamos la belleza del mundo, pues tras ella sentimos la presencia de algo análogo a la sabiduría que desearíamos poseer para saciar nuestro deseo de bien».
De esta manera, ¿por qué para una comunidad es importante que existan personas  capaces de dejarse convocar por la experiencia de la belleza y por qué para una democracia es vital que existan sitios donde esto se pueda experimentar? ¿Qué pasa si nos acostumbramos a la fealdad? Weil respondería que afinar nuestra sensibilidad para captar aquella belleza que se nos ofrece todos los días, "puede afirmarnos en el esfuerzo de pensar continuamente acerca del orden humano que debe ser nuestro primer objeto de atención". Platón sostenía que toda educación para la democracia y ciudadanía comienza con educación en la belleza de la música; pues la armonía en el ritmo y la melodía afinan el corazón hacia el equilibrio y la equidad. De tal forma que una persona con oído para la belleza musical, se predispone a gustar la armonía en la persona, en la comunidad y en la democracia y rechazar cualquier disonancia contra ellas.

Por todo ello, Weil ha conectado, el compromiso democrático, con la responsabilidad para cumplir nuestros deberes, con la necesidad de contemplar la belleza y de agudizar nuestro sentido para disfrutar de esa plenitud de orden que nos ofrece la belleza.

En pocos días se inaugurará un recinto más para la cultura en nuestra ciudad. Me refiero al Palacio de la Cultura y la Comunicación. Un lugar donde encontrarnos con la belleza y, si seguimos la intuición de Weil, donde podemos afinar nuestra llamada a la empatía, la solidaridad y la responsabilidad. Todos ellos son las raíces que dan solidez a nuestra democracia. Un recinto como Palcco se debe celebrar y aprovechar.

domingo, 27 de septiembre de 2015

L'Esperti Català y el Quijote sobre Barcelona

Antoni Tàpies, «L'ESPERIT CATALÀ», 1971, Museo de la UNAV

Así describe el Quijote a Barcelona (2da Parte, Cap 72).
«[A]rchivo de la cortesía, albergue de los estranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única; y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, solo por haberla visto.» 
Hoy es día de elecciones importantes en Cataluña.  Para un extranjero, en El Español encontré la mejor explicación de lo que pasa estos días.

jueves, 23 de abril de 2015

Caso de Estudio: Andalucía, las redes sociales y el voto


Cientouno es una agencia de comunicación muy conocida en España, entre otros motivos, por que fue la que gestionó y diseñó la cuenta la cuenta del pontífice en Twitter a la que ha llegado a 20 millones de seguidores. Pues bien, con motivo de unas elecciones regionales en España, en concreto en Andalucía, uno de los fundadores de la agenda, Gustavo Entrala (@gentrala), ha hecho un estudio sobre el comportamiento de los políticos durante la campaña y estas son sus conclusiones (aquí el original). Voy a poner en negro y entre corchetes, mis comentarios:
«¿Cambian el voto las redes sociales? [...]
1. Los medios siguen marcando la agenda pero las redes sociales son aceleradores de procesos de cambio de la opinión pública [Es decir, la red social es más bien una bocina y no tanto el origen del cambio]. El alza de los nuevos partidos se debe en gran medida a la acogida que han tenido en redes sociales una vez que su imagen ha sido posicionada por la TV. Las redes actúan por tanto como mecanismos de confirmación de las inclinaciones propias. [Esto es importante: las redes sociales suelen ratificar gustos] Si un votante del PP, por ejemplo, comienza a ver en su muro de Facebook que sus amigos publican contenidos sobre Ciudadanos, es posible que se inicie un cambio de opinión guiado por el mimetismo: Si Fulanito empieza a pensar en Ciudadanos, ese votante del PP se da permiso para pensárselo. [Pero la inclinación, la inquietud no surge en Twitter, aunque sí recibe eco]
2. Dentro de las redes sociales los usuarios están fuertemente polarizados. Los votantes conservadores siguen fuentes y políticos conservadores. Los votantes de izquierda siguen medios y personas afines. No existe un diálogo real entre las distintas facciones. Sin embargo, en España se da un fenómeno muy curioso: personas de una facción que siguen activamente a los políticos de la facción opuesta para criticarles o ridiculizar sus puntos de vista. [Ya se ve que no sólo en España. Por cierto, uno puede aprender de esto, seguir a dos o tres personas que no piensen como nosotros, sólo para revisar y volver a pensar las propias ideas]
3. La cuestión clave para nosotros al respecto de la presencia de los políticos en las redes sociales sigue siendo la credibilidad. Muy pocos son tuiteros reales, personas que tienen una presencia natural en este medio. Sus perfiles son de quita y pon: se activan durante las campañas, se desactivan una vez terminada. Eso penaliza en términos de seguidores: no se puede engañar a una audiencia tan crítica como la de Twitter.»
Con todo y sus peculiaridades –la características socioculturales del andaluz, el surgimiento de dos opciones políticas nuevas, el desgaste de los partidos tradicionales-, parece que el tuiter ha sido tanto el amplificador de una idea ya madura, o al menos el lugar donde se encuentra formulada la inquietud que todavía no se había reconocido. Eso es muy importante. Pero al mismo tiempo, esta red social no ha sido ni es el contenido, ni la respuesta a sus inquietudes. Voy a concluir con una frase que no es la gran cosa. No pretendo inventar el agua caliente: las redes sociales y lo que se dice en ella, sirven para algo, aunque no lo son todo.

jueves, 9 de abril de 2015

Beisbol: El juego perfecto para nuestra democracia imperfecta.

Adrián González y el selfie del homerun

No es un secreto que soy aficionado al beisbol. Con sus altas y sus bajas y algunos años de cierto alejamiento -vine a vivir a Guadalajara cuando el internet todavía no acercaba el juego y las estadísticas a tiempo real- sigo guardando buenos recuerdos. Hay en el beisbol algunos elementos que no he visto en otro deporte que requieren el desarrollo de unas cualidades en las emociones y unas habilidades en la razón, que no he visto promovidas en otros deportes. 

(i) Requiere paciencia y rapidez de reacción ante lo inesperado. Si en promedio cada juego de beis requiere un promedio de 146 lanzamientos, cada uno de ellos se presenta ante una situación diferente del juego. Esto lo que abre la posibilidad de un sinnumero de estrategias disponibles. Y aunque un buen jugador busca dirigir su batazo hacia una zona del campo, no hay garantía de que el swing perfecto logre el resultado buscado. De esta forma, se genera una tensión entre los distintos participantes del juego que se anuda en una mezcla de habilidad con el azar. 

(ii) Sentido de infinitud en el espacio y el tiempo. Aunque unas partes del campo estén limitados, el terreno de juego se abre hacia el infinito. Incluso cuando la bola cruza la barda, el límite es la distancia que puede recorrer la bola: siempre puede se puede ir  más lejos, siempre hay un espacio que puede ser conquistado. Algo similar sucede con el tiempo. La duración de un juego no se determina por un reloj, el arco temporal del juego lo determina la dinámica misma de las entradas. En el futbol por ejemplo, uno puede manejar el partido, tocar la bola, ordenar un cambio, o prolongar una lesión para consumir el tiempo. En el beisbol, no existe ese límite temporal, por lo que todas las virtudes del juego han de mantenerse en tensión de forma ilimitada hasta terminar el partido.

(iii) El beisbol es un deporte de riesgo y el drama. El hecho de no depender de un reloj, obliga a quien va ganando a poner en riesgo su ventaja, debe salir a darle oportunidad a su oponente hasta que logra sacar el último out. En ese sentido, la victoria nunca puede ser algo a lo que se llega como en un deporte cronometrado. Para ganar en el beisbol siempre hay que arriesgar la ventaja, siempre se conquista. En el beisbol, el tiempo nunca forma parte de la estrategia.

(iv) Por último, el beisbol ofrece un sentido de la derrota muy peculiar. En ningún otro deporte es tan despiadadamente imposible jugar con perfección, ni tiene tan amplios márgenes para permitir el fracaso.  El futbolista que sólo acierta tres de cada diez pases no tiene mucho futuro, pero  sabemos que un buen bateador es el que tiene éxito sólo en 3 oportunidades de cada 10. El jugador de beisbol es paciente ante el fracaso como en ningún otro deporte. Es un deporte que se alegra con las pequeñas victorias y es paciente con las múltiples derrotas. El mismo deporte -con una temporada tan larga- premia más a la consistencia que los chispazos de eficacia; incluso tolera un bajón de juego. 

Si todas estas exigencias inherentes al beisbol arraigan en la razón, la persona logrará equilibrar los motivos para la razón, las emociones del carácter y las habilidades musculares que lo ajustan como persona, y siguiendo a Platón, lo capacitarán para construir una mejor comunidad. Para este filósofo griego, el alma humana es como una pequeña ciudad: el estado ideal y el alma humana se desarrollan de la misma manera. Por tanto, si un deporte permite la maduración de la persona, una comunidad se beneficiará de ese desarrollo. La personalidad madura, pensaba Platón, es aquella que armoniza un cuerpo sano, con unos afectos intensos y ordenados a una razón certera y adecuada. Personas ajustadas y ciudad justa son el reflejo una del otro. 

Ahora que empiezan las campañas electorales y quizá cierta desilusión por las opciones a nuestro alcance, tal vez la afición al beisbol, su sentido por lo dramático, su paciencia con los fracasos, su visión de largo alcance, la infinitud en el espacio y el tiempo a la que te enfrenta pueda ser un buen educador de nuestras virtudes políticas que se verán puestas a prueba -como siempre sucede- con este proceso electoral.

Probablemente necesitemos parafrasear una y otra vez aquello del comercial: nos hace falta ver más «beis».

jueves, 12 de febrero de 2015

Máscaras y Beisbol.


Vaclav Havel, el dramaturgo y político checo, publicó un famoso ensayo que tituló «El Poder de los sin Poder». Ahí describía cómo los regímenes totalitarios subsisten por que logran en la sociedad una vida simulada. Es decir, muchos para no meterse en problemas aceptan como el horizonte de vida válido para ellos la disyuntiva entre libertad y seguridad. Es decir, la seguridad de una educación y salud suficiente a cambio de una libertad controlada y limitada. El Estado simula que somos felices por que accedemos a unos servicios sociales colectivos de relativa calidad; y la sociedad simula que la vida controlada por el Estado le es suficiente y lo llena.

El ejemplo con el que Havel describe esta situación es este. Un vendedor de verduras en el mercado coloca junto al precio de su productos un letrero que dice: "¡Proletarios del mundo, uníos!". ¿Por qué lo hace? ¿Por que está convencido de que eso es realmente así? ¿Por que sabe que la clase obrera acabará por liberar a la sociedad de sus males? ¿O lo coloca por que teme al inspector o al vecino que lo va a denunciar? En un régimen totalitario quien piensa distinto o incluso quien se pregunta sobre la validez del letrero, se convierte en enemigo. Es fácil que el vendedor de verduras coloque el letrero no por convicción, sino para no meterse en problemas. Una persona así se ha colocado una máscara, vive en una trampa. Afirma lo que no cree. Esa es la fuerza de un régimen totalitario: enmascarar a todos. Y ahí, dice Havel está su debilidad. Un régimen totalitario se resquebraja cuando un ciudadano decide vivir en verdad y asumir sus consecuencias. Cuando se justifica sus convicciones y se deja transformar por ellas. Se trata en el fondo de sacudirse esa complicidad del miedo y de lo cómodo. De elegir aquello que dará sentido realmente a nuestra existencia. Decía un filósofo alemán: o nos comprometemos por algo por lo que estemos dispuestos a sacrificar la vida, o de lo contrario nuestra vida carecerá de sentido. Esa es la revolución del vendedor de verduras: la revolución de la conciencia.

Pues bien, esta idea de Havel me atropelló el domingo pasado a partir de algo tan intrasendente como tensionante. Como todo aficionado que ve perder a su equipo, yo hice lo que se supone que hace un aficionado. En mi caso, Culiacán perdió la final de la Serie del Caribe contra Cuba: imaginé el hipotético hit bien colocado para el empate. «¡Pero si estuvimos tan cerca!» lo repetí varias veces.  Menté todo el repertorio de mentadas que me enseñaron mis padres para esos momentos. Saqué cuentas para ver cuánto aportaron los refuerzos que llevó Culiacán [los refuerzos Charros se fueron al bat .167 y al pitcheo le conectaron el homerun del 3-1 para irse con 3 de efectividad], y poder culpar a alguien. Me torturé repasando las jugadas en las que por centímetros pudimos haber sacado más. Se puso feo. 

Vi entonces en mi tuiter una publicación que salió de Cuba. Yoani Sánchez escribió: «Cuba/Vegueros gana la Serie del #Caribe de béisbol y el barrio grita de alivio y felicidad».


¿Quién es Yoani Sánchez? Una versión real y cubana del vendedor de verduras del que hablaba Havel. No quiero resaltar aquí su oposición al gobierno cubano -que lo está- y las controversias que ha suscitado. Ella ha dejado la máscara y ha publicado un blog sobre lo que ve y lo que piensa sobre Cuba. Ha puesto su nombre y su documento de identidad para ser ella la que sostiene lo que opina. Como si dijera: «Esta soy yo, esto es lo que pienso. Podré estar equivocada, podré ver las cosas de forma parcial. Pero soy yo. Basta de máscaras.» Lanzarse a algo así la ha llevado a descalificaciones, detenciones y recelos. Ha sido acusada como agente de la CIA y traidora de Cuba. Cuando viaja al extranjero es insultada por personas que utilizan a su favor un derecho que a ella le es negado en Cuba. Ha puesto en riesgo su tranquilidad a cambio de sacudirse la máscara de sosiego.

Yo vivía una tragedia deportiva, ella relataba algo que la había puesto feliz. Había ahí dos historias y una atropellaba a la otra. En una, alguien disfrutaba sin ser consciente de una libertad que otros ganaron para él. En la otra, alguien se daba un respiro en su lucha por una libertad que otros disfrutarán. ¿De qué lado me tocó estar?

Me acordé de lo que decían las abuelas. Pon la tragedia en contexto y pasará como con una pintura, las luces y las sombras tienen sentido si se ven unas junto a las otras.

Aquí unos videos de Yoani y sus detractores.


En el minuto 35 comienzan las preguntas. Se pone bueno el debate.


jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Me bajo del auto por un día? Movilidad y Democracia.


Como sabemos, el 22 de septiembre se celebró el Día Mundial sin Auto. Reconozco que en lo personal sólo de pensar en moverme un día sin automóvil, ver mi agenda y el tiempo disponible, tiré la toalla. Tengo un amigo, el Profesor Carlos López que es promotor de Movilidad Sustentable. A él acudí para resolver mis dudas.  

Me explicaba que la materialidad de utilizar o no el automóvil es sólo una manifestación de lo que se busca. El reto es lograr ciudades para personas que se comprometen como ciudadanos. Pero el diseño de nuestras ciudades -por su tamaño e interconexión pensada para automóviles- dificultan las pequeñas interacciones de las personas que son el punto de partida de cualquier vida democrática. 

Es decir, no se trata de bajarse del automóvil sin más, sino de facilitar los encuentros entre “cercanos”: vecinos, transeúntes, etc. Está probado, me decía, una y otra vez, que las ciudades se humanizan cuando las banquetas son anchas, limpias y transitables por un peatón; cuando el servicio público se opera pensando en transportar personas, no en mover animales o mercancía; cuando se incentiva la movilidad en la que la persona sea la visible -no un automóvil-. ¿Cómo es eso? Me contaba un ejemplo: Uno de los promotores de esta iniciativa grabó lo que sucede cuando uno se mueve en una calle a pie (aquí el video): 

“Van apareciendo macetas hechas con llantas, monedas olvidadas en el piso, gente sonriente, perros guardianes que no asustan a nadie, un borracho atravesado en la banqueta, coches "tuertos", etcétera. […] Creo que el video […] da en la clave. El auto nos ha hecho más individualistas, menos cercanos a nuestra realidad inmediata, más ariscos con nuestros iguales. El coche nos ha quitado la Ciudad y nos ha dejado únicamente nuestra casa y nuestro punto de destino. Sólo fuera del habitáculo del coche podemos encontrarnos con quienes nos cruzamos y con la infinita variedad de formas de concretarse de lo urbano.”

Carlos también me hablaba de:  
«Jane Jacobs, la gran urbanista canadiense que comenzó la rebelión contra las ciudades centradas en el automóvil, decía que los átomos que conforman lo social son los pequeños encuentros con el vecino que pasea a su perro, con el vendedor de flores o el voceador, con la mujer que saca a ventilar la comida recién horneada. La cita no es textual. Por un día nos dimos el privilegio de reconectar con el sentido primero de la Ciudad, el encontrarnos con los demás y explorar los recovecos que nos ofrecen las calles.»
Hace tiempo comenté una sentencia de la Corte Europea de Derechos Humanos sobre la prohibición francesa de usar el burka en público (aquí la sentencia S.A.S v France, y aquí lo que recogió «El País»). La demandante se defendía diciendo que esa forma de vestir –cubriendo su rostro- expresaba sus ideales, su forma de ser, su religión… que esa restricción violaba sus derechos humanos. La Corte encontró que el país no violaba los derechos humanos, sino que imponía una restricción legítima. La prohibición de la burka se justificaba, no por motivos de seguridad, ni por motivos de igualdad de género, sino por que la burka, al cubrir completamente el rostro, impedía lo más básico de una democracia: el encuentro con personas. Algo que comienza con “ver el rostro”.

Algo similar sucede en este caso. Toda democracia requiere un mínimo de confianza y de compromiso de cada uno por sus vecinos y por el entorno que lo rodea. Esa corresponsabilidad se construye a partir de pequeños gestos, algo así como la hojarasca con la que comienza a prenderse una fogata. Caminar mi barrio, andar por mis rumbos, como “persona”, hace que me encuentre con mi vecino y lo salude, con la señora de la tienditas, con el bolero, etc; con mi compañero de oficina, etc. Gracias a esos pequeños encuentros con personas es que podemos comprometernos por lo que sucede en nuestro entorno, ofrecernos a ser solidarios con el resto, etc.

El automóvil no es el problema en sí mismo. El problema es que hemos despersonalizado nuestras ciudades en nombre de una utilidad productiva a cualquier costo. No me lo dijo así, pero creo que este sería su consejo: es mejor que no uses automóvil. Pero si tienes que usarlo, no se te olvide dar el paso a otro auto, respeta al peatón, estaciónate correctamente… y saluda a quien te encuentres después de dejar el automóvil. Anímate a valorar esos micro-encuentros. Ahí se construye la democracia.

NOTA: Sí sucedió la conversación por teléfono. Las citas son del artículo que Carlos (@CarlosLZ) publicó en Mural (aquí el link)



jueves, 14 de agosto de 2014

Primo Louie: el rey de la tontera que divierte.

Hay en la versión de Disney de "El libro de la selva" un personaje cuya loquera lo hace divertido: El rey Louie. Un maestro de la manipulación, del pan y circo.

Como es sabido, sus monos secuestran a Mowgli por que piensan que pueden robarle tecnología: producción del fuego. Con el dominio de esa técnica, podrán ser el clan más poderoso. Shere Khan, la amenaza más peligrosa de la jungla, teme al fuego. Si el tigre feroz huye del fuego controlado por los los simios, serán ellos quienes dominan al resto de animales. Pero Mowgli no sabe hacer fuego.




En la novela original, Kipling insiste que los monos no tienen rey o una sociedad estructurada y reconocible en una autoridad. Son un clan sin racionalidad ni ley. Aunque en la versión de Disney, el primo Loui es presentado como un Rey -que vive a todo dar y procura que sus súbditos la pasen también bien-, es significativo que en ambas versiones el punto de partida es claramente la no humanidad de quien vive no guiado por la razón. Es precisamente el punto de partida del argumento de la escena: quiero ser hombre. ¿Y qué características ve el simio en la comunidad humana?

De entrada, Loui lo dice cantando: quiere andar erguido, caminar derecho; vivir junto con otros a través del diálogo, abandonar la irracionalidad y locura del mundo de los simios. Estas características no valdrían la pena, si no logra a través de la técnica, el control del poder representado por el fuego.  En el fondo, tampoco tan en el fondo, al Rey Loui le interesa sólo para dominar y afianzarse en el poder. La razón, el derecho y el diálogo, son para él un medio técnico -como lo es también el dominio sobre el fuego- para ser más fuerte y lograr el dominio sobre el resto. 

Louie utiliza una común herramienta del tirano: la tontera que divierte, la superficialidad que entretiene, la fiesta que celebra los clichés de lo «normal» del «así lo hacen todos»-, con que se protege el demagogo. Hannah Arendt reconocía que la tragedia nazi fue posible por que hubo muchos que sin ser pervertidos, ni sádicos, eran ciudadanos comunes y corrientes «Terrible y aterradoramente "normales"»: personas camufladas en la normalidad de los lugares comunes que el tirano logra concretar en un discurso simple y aparentemente coherente.  

La escena del Rey Louie retrata en su sencillez -en su divertida sencillez- la máscara del demagogo: es el rey de la tontera que divierte, se perpetúa en el poder como bufón de la superficialidad: es el político que manipula a través de la fiesta y se interesa por la razón y el derecho como modo de controlar el poder que lo encumbra.



Hoy -14 de agosto- mis padres cumplen años de casados. Recuerdo haber visto esta película de niño junto a ellos y cómo se divertía mi jefe con el Rey Louie y Baloo. A ellos les dedico este comentario

jueves, 6 de marzo de 2014

La recurrente enfermedad de la Democracia

«La democracia fue la idea política más exitosa del siglo XX. ¿Por qué se ha metido en problemas y qué se puede hacer para curarla?» Con estas palabras da inicio un largo ensayo publicado por la revista «The Economist» (aquí). «La democracia pasa por momentos difíciles. Donde autócratas han sido expulsados de sus gobiernos, sus oponentes han sido incapaces en su mayoría de crear regímenes democráticos viables. Incluso en democracias establecidas, la visibilidad de los defectos de sus sistemas políticos se han vuelto preocupante y la desilusión por la política es moneda corriente». Vemos a regímenes que utilizan el lenguaje democrático y sus formas, para vivir dictatorialmente; también casos donde se destituyen autoridades elegidas democráticamente por su incapacidad técnica para gestionar una crisis real, como sucedió en Portugal e Italia. Otro ejemplo lo encontramos con la crisis de representatividad de algunas democracias europeas por la centralización de decisiones en los organismos europeos centrales. 
«What's gone wrong with democracy?»

 «¿Qué ha ido mal con la democracia?», ¿por qué este modelo político se enferma con frecuencia? Alexis de Tocqueville describió una de las causas en su famoso libro «Democracia en América». Si la Democracia se basa en la promoción del individuo y la igualdad de todos, para que éste logre lo que considera valioso, ¿cómo hacer para comprometerlo con el bien común compartido mínimo necesario para que logre sus metas personales? ¿Cómo interesarlo en los esfuerzos comunes que requieren la realización de la libertad individual? ¿Cómo enseñarle disfrutar de la felicidad por  bienes logrados sin que ese deleite debilite la capacidad de sacrificio que exige todo trabajo? Cuando una democracia funciona sólo para individuos, dice Tocqueville ésta «lo conduce sin cesar hacia sí mismo y amenaza con encerrarlo en la soledad de su propio corazón».

Otra causa la encontramos en que la Democracia, como todo proyecto político, exige re-aprenderse y re-inventarse una y otra vez. La democracia nunca es una conquista definitiva. No es como la luz eléctrica que una vez descubierta se convierte en el suelo desde el que se avanza científicamente. A nuestra generación –como a todas- le corresponde ese esfuerzo por diseñar y trabajar por las formas en que este tipo de organización política puede hacerse eficaz.

De forma tal que  lo normal de la democracia es que se enferme y que haya que curarla. ¿Y cuál es su medicina? La revista propone, primero, recuperar la tenacidad de los fundadores de las democracias contemporáneas; segundo, una nueva creatividad para adaptarse a la globalización y la cercanía y velocidad del internet; y junto con ello actualizar el diseño institucional de las instituciones públicas para que sea más flexible y sea capaz de mezclar la legitimidad institucional con capacidad técnica.