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lunes, 17 de septiembre de 2018

De Independencia, banquetas, parques... y tráilers.

Paseo Chapultepec (no tengo el autor de la foto. No la tomé yo)

"Las bestias tienen madrigueras; el ganado, establos; los carros se guardan en cobertizos y para los coches hay cocheras. Sólo los hombres pueden habitar" (Ivan Ilich) 

Dicen los filósofos que a cada generación le corresponde cuestionar, buscar los motivos y apropiarse de los valores y tradiciones que heredaron de la anterior. Celebrar la independencia forma parte de ese proceso. No solo recordamos un acontecimiento del pasado, atrapado en la memoria. Las fiestas de independencia reviven cada que cuestionamos aquél acontecimiento, buscamos los motivos que movía a aquellos hombres y mujeres para hacer nuestras esas convicciones, y entonces sí, celebrar en presente la independencia que hacemos nuestra.

Una forma de apropiarnos de esos valores de independencia es recuperar las banquetas y los parques. Parece trivial, pero los parques y las banquetas detonan el encuentro entre personas con una misión común. A partir de ahí buscamos junto con otros aquello que deseamos edificar. Los espacios compartidos no sólo sirven para trasladarnos de un sitio a otro con mayor o menor eficacia. Las banquetas y los parques son un lugar para habitar el mundo como personas con dignidad que existen junto a otros. Si procuramos que nuestras casas reflejen quienes somos y lo que aspiramos, así como nos preocupa que sean espacios habitables, dignos y bellos, ¿por qué no replicar esa necesidad en lo público? 

Cuando lo público no es nuestro, cuando no nos interesa humanizar el espacio común, entonces abandonamos los parques y las banquetas. Bajo esa lógica la vida común se reduce a no estorbar a nadie para moverse con eficacia de la casa al trabajo y de regreso. Y si el espacio público es feo, con mayor razón nos encerraremos en nuestras casas. Cuando el espacio público pierde nuestro interés porque no nos vemos reflejados en él, entonces somos una sociedad menos humana, con menor capacidad de diálogo y por eso con  menos futuro. Fuimos penosos testigos de esta degradación con el trailer abandonado lleno de cadáveres: aquellos restos humanos no son nadie, no valen nada y pueden dejarse abandonados en tierra de nadie. Donde no hay humanidad, no hay nada común qué cuidar y donde no se da vida en común, la persona pierde los referentes que le dan sentido.

Así que Independencia no se trata solo de celebrar algo del pasado. Se trata de reapropiarnos de un proyecto común, para habitar de forma libre y digna la ciudad donde vivimos. Es la única forma de habitar con dignidad. Una tarea que comienza reapropiándonos de los espacios públicos... como los parques y las banquetas.  

La idea la aparendí de mi maessstro, el @ProfesorDoval, en parte en su blog

lunes, 10 de septiembre de 2018

Williams y Osaka: un nuevo capítulo de una vieja discusión sobre lo justo

Tim Clayton/Corbis via Getty Images
El sábado pasado durante la final femenil del USOpen Serena Williams reclamó al juez de pista de tal manera que éste decretó un punto de castigo a favor de su contrincante, la japonesa Naomi Osaka. No soy aficionado al tenis, ni tengo la sensibilidad para valorar del todo lo sucedido. Lo reconozco. Así que pregunté a mis amigos tenistas, de ellos he logrado aclararme tres puntos:: 

Primero: Naomi Osaka dominaba el encuentro: era más ágil, más precisa y más letal que Williams. Muy probablemente habría ganado el partido. 

Segundo: por una parte es verdad que en el tenis varonil jugadores han recibido castigos y el problema no escala a más porque se ponen en cintura. Pero también es verdad que las reglas del decoro y del comportamiento son más estrictas con las mujeres. Esta disparidad es sexista e injusta y forma parte de una cultura de disparidad no del todo erradicada.

Tercero: El conflicto entre el juez y Williams, opaca y puede considerarse una forma injusta de desmerecer a Naomi Osaka, quien ahora pesa sobre su triunfo la sospecha de haberse beneficiado -sin ella buscarlo, por supuesto- de la situación; y cuya fiesta por su triunfo no brilló como debía.

Pero mi reflexión de hoy no es sobre tenis, sino sobre una pregunta más antigua: ¿es posible luchar contra una injusticia de cualquier modo? ¿Qué pasa cuando pretendo luchar contra una injusticia de forma injusta? Tucídides, un histriador griego del siglo V a.C. nos recuerda que la guerra es una maestra muy severa. Williams parece un ejemplo más de esta experiencia. Al calor de una lucha, nuestra respuesta a la injusticia podría estar causando otra injusticia no buscada directamente. Así que lo pregunto de nuevo, ¿la lucha contra una injusticia -el sexismo y el doble rasero al aplicar las normas del decoro-, puede plantearse cometiendo otra injusticia -desmerecer el esfuerzo deportivo de Naomi Osaka-? 

La respuesta de Sócrates es sin duda más fácil decirla que aplicarla: es mucho mejor padecer una injusticia que cometerla. Sufrir una injusticia no autoriza a luchar contra ella cometiendo otras. Como me conozco, probablemente yo no hubiera sido capaz de reaccionar adecuadamente en una circunstancia similar a Serena Williams. Así que solo tomo mi lugar como aficionado al deporte, simplemente me toca aprender a ver todas las aristas de un problema como este… y aprender.

miércoles, 24 de enero de 2018

Libertad y revolución: un ensayo inédito de Hannah Arendt

Foto: @lacooquette

El The New England Review ha publicado un ensayo hasta ahora inédito de Hannah Arendt sobre el significado de Revolución y de Libertad. Lo encontré reproducido aquí. El manuscrito está clasificado por la autora como «A lecture» y fechado en 1966-67. No se sabe si fue leído, y si lo hizo, tampoco se conoce dónde o  cuando. 

Arendt explica que en principio, una revolución apunta a deponer un mal gobierno para liberarse de la tiranía. Se trata de «liberarse de» un sistema, un tirano, un partido político, etc. Pero una vez conseguido este objetivo, el revolucionario se enfrenta a la difícil tarea de cambiar el chip. Ahora se trata de «liberarse para» algo nuevo, construir algo con la libertad conquistada. 

En este contexto, la profesora de la Universidad de Chicago recuerda que la mayor revolución que experimenta el espacio público, la novedad disruptiva más radical de toda comunidad es el nacimiento de un ser humano y su vinculación con la vida en común. En efecto, con cada niño, con cada uno de nosotros, se introduce en el mundo un nuevo agente capaz de introducir en él algo nuevo. Ahora sí que la vida política puede ser transformada porque ya cuenta con un nuevo agente; un sujeto que introducirá con su libertad y compromiso una realidad que antes no existía, ni mucho menos era posible o imaginable. Con cada uno de nosotros se abre la posibilidad de que la sociedad comience de nuevo, que cambia. Cada bebé es semilla de una nueva revolución; un nuevo milagro con el que pasamos de «liberarnos de» a «liberarnos para». Por eso la verdadera revolución, según Arendt, significa 
«la actualización de la mayor y más elemental de las potencialidades humanas: la inigualable experiencia de ser libre para configurar un nuevo inicio, de donde nace el orgullo de haber abierto el mundo a un nuevo orden de las cosas».
De nada sirven las revoluciones que cambian los personajes y partidos que detentan el poder, si no logramos que las personas impriman en la sociedad su capacidad creativa y libre: no solo nos «liberamos de», sino que rompemos la sociedad tal y como la vemos con la creatividad de una libertad comprometida; de modo que el mundo incorpora un nuevo rostro, el rostro de quien participa en él.

Por eso, las verdaderas revoluciones políticas comienzan en la cuna. En cada niño hay una revolución -no en el sentido de guerra civil- sino en sentido de millones de posibilidades para la reconquista creativa y nueva de nuestra vida en común.

lunes, 20 de marzo de 2017

Ubuntu, el derecho y «La Bella y la Bestia»


Ubuntu es un principio ético sudafricano que significa respeto por la humanidad compartida, empatía: el otro que aparece ante mí como un espejo de quién soy en realidad. La mera presencia de otra persona es suficiente obligarme a tratarlo con dignidad. 

Si bien es cierto que Ubuntu es un concepto moral, el derecho no es ajeno a su presencia. En efecto, la Comisión para la Verdad y la Reconciliación logró su cometido al término del apartheid en Sudáfrica porque basó su mandato en la reparación el Ubuntu, no en una justicia que enmascarara venganza. Algo así habría acentuado el espiral de violencia de la que pretendían liberarse. Buscaban una reparación que sanara tanto a la víctima como al victimario: «haz hecho mal, pero yo no me vengaré de tí; procuraré devolverte la humanidad que has perdido con tu injusticia, regalándote un trato digno que no mereces por tus actos, pero que te entrego porque eres persona».

Ahora bien, lo que sucedió con Ubuntu no es una experiencia aislada. La encontramos de alguna manera, como la base moral de innumerables experiencias jurídicas: en el ius gentium del derecho romano antiguo; en la humanitas con la que Francisco de Vitoria defendió a los indígenas en el s. XVI; en la fraternidad de los documentos ilustrados del s. XVIII; en el concepto empatía incorporado a la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Y si aparece en el derecho como experiencia humana fundamental, en los cuentos para niños se presenta con nitidez. En un capítulo de su libro Ortodoxia, Chésterton explica la filosofía moral de los cuentos infantiles le parecía más coherente que algunos sofisticados sistemas filosóficos. Escribe: 
«aquí me ocupo en demostrar que la ética y la filosofía vienen, alimentándose uno con cuentos de hadas. Si me ocupara de ellos detalladamente podría mencionar muchos nobles y saludables principios que se recogen en ellos: [por ejemplo] encontramos una gran lección en La Bella y la Bestia, según la cual alguien debe ser amado, incluso antes de ser amable (Ortodoxia, Capítulo 4. La ética en el país de los elfos)». 
En otras palabras si quisiéramos encontrar los motivos por el cual vale la pena amar a alguien, primero hemos de quererlo. Sólo después de tratarlo como alguien que merece ser amado, la bestia puede dejar de comportarse como animal. Las madres son especialistas en esta experiencia: primero nos aman, antes de conocernos, incluso sin haber visto nuestro rostro. Y una vez que nos regalan esa mirada de incondicionalidad, entonces nosotros somos capaces de darnos cuenta que valemos la pena, y que nuestros actos deben ser fiel a esa mirada, hemos de honrar esa dignidad que nuestras madres  veían en nosotros. La bestia sólo se convierte en príncipe, si primero se le trata como alguien amable, como alguien a quien vale la pena querer.

Como ven, esta lección de los cuentos infantiles no es ajena a la misión civilizadora de la experiencia jurídica. Ubuntu, Mandela y Desmond Tutu, son un ejemplo más de esta conexión.

PD. Un saludo a Gaby y a Andrea, de las que he aprendido lo elemental del Ubuntu y de la TRC



lunes, 6 de febrero de 2017

Contra el berrinche nacionalista (2)

Detalle de la portada de la versión japonesa de «El Napoleon de Notting Hill», de Hayao Miyazaki
La semana pasada esbosaba una respuesta al desafío de un presidente como Donald Trump. Decíamos que al nacionalismo norteamericano –América first, just because is America- no se enfrenta con otro nacionalismo, el mexicano -Pues no nos gusta que nos ningunees, porque somos valiosos-. Para no caer en esa lógica, sugeríamos actividades que afinaran nuestra capacidad de convivir con otros, de ajustar nuestra empatía, y comprender los motivos del otro: es decir, las experiencias a las que nos introducen las humanidades.

La segunda respuesta que parece oportuna al mundo en que vivimos, es esta: renovar nuestra capacidad para reirnos. Sí, escuchó bien: el buen humor y la risa son fundamentales para la democracia.

Al reirnos, primero: desdramatizamos el problema que enfrentamos. Mi abuela, una mujer creyente y luchona como he visto pocas, decía que Dios no le manda problemas a los tontos, a los cobardes y a los solos. Las dificultades nos revelan que algo de creatividad nos queda, que un poco de valor encontremos en el corazón, y que contamos con un amigo para acompañarnos. Por el contrario, quien no se sabe reír y pierde, fracasa por partida doble: tanto porque lo desajusta el problema, como porque cuando se hunde se queda vacío: sin ideas, ni corazón, ni amigos.

Segundo, la risa, nos ayuda a desmitificar a las personas involucradas. Un arma del tirano es la mentira; y uno de sus engaños más recurrentes es lo inevitable de su presencia, el alcance de su fuerza o lo definitivo de sus logros. La risa desenmascara esa pretensión de totalidad. Y también, la risa es un desmitificador de demagogos que van de redentores: políticos, intelectuales y cualquier persona que presenta sus respuestas como las únicas que aciertan. Son aquellos que vinculan la solución de los problemas exclusivamente a su creatividad y a su presencia. La risa desmitifica a esos personajes que prometen lo que son incapaces de cumplir.

El sentido del humor, reirnos –principalmente de nosotros mismos-, permite en tercer lugar, descentrarnos de nosotros mismos y en consecuencia, facilita la empatía. Necesariamente, es ley de vida, que no sepamos todo, que necesitemos avanzar poco a poco en el conocimiento de la realidad, y que requerimos de los demás para madurar en nuestros juicios y carácter. El buen humor, la risa, desplaza el centro de la vida desde un «yo-solo-me-las-arreglo» hacia un «mira-qué-iluminador-es-el-nosotros». La risa es el motor de la empatía y el pegamento que engarsa una comunidad en solidaridad.

Y por el contrario, la pérdida del sentido del humor, incluso en nombre del que se toma en serio los problemas, nos dirige a la pérdida del sentido de lo común, esencial para la democracia. Recordemos que Orwell, en su novela «1984» describió al tirano como alguien que prohible el buen humor y ordena la hilaridad para burlarse del contrario o disfrutar del que ha sido vencido:
«O'Brien: No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. Cuando seamos omnipotentes no necesitaremos más ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de como será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente».
Así que, por estos tres motivos -puede haber más- la risa es un buen antídoto al reto del nacionalismo de Trump. O dicho con más optimismo, el buen humor, la risa, es esencial tanto para la democracia como para poder tomarnos en serio la propia vida.

Chésterton exploró esta relación entre comunidad, seriedad y risa, en el Napoleón de Notting Hill. Esta es la portada completa de Miyazaki.

Y feliz cumpleaños a Camila.


lunes, 30 de enero de 2017

Contra el berrinche nacionalista (1)


El rechazo que produjo en nuestro país el muro de Trump se manifestó de varias formas: hubo quienes convocaron a boicotear productos americanos -como si no hubiera mexicanos que trabajaran en esas empresas-; otros, nos animaron a poner banderas mexicanas en el perfil del guasáp.

Es injusto que paguemos el muro que los gringos quieren colocar en la frontera; pero el muro es reprobable por la fuerte carga discriminatoria y aislacionista con la que se justifica. Ahora bien, responder a este desafío envolviéndose en la bandera y lanzándonos al vacío como niño héroe, sería como contrarestar el veneno de la supremacía racial con una pócima similar. El nacionalismo americano de Trump –América primero sólo porque es America- no se enfrenta con otro nacionalismo, el mexicano. 

Soluciones para el estilo Trump, puede haber muchas; y los expertos en política y economía, tendrán las suyas. En cambio, sugiero dos que están al alcance de todo ciudadano de a pie: tomarnos en serio las experiencias humanísticas y el sentido del humor. 

Tomarse en serio la cultura de lo humano y los esfuerzos que nos introducen en ellas. Martha Nussbaum en su libro “Sin fines de lucro” –[aquí se puede bajar]-, demuestra cómo la democracia exige la madurez cultural de los ciudadanos que viven en ella, al menos en tres ámbitos. Primero, la capacidad de autoexamen e introspección. Ya Platón vinculaba los errores políticos y militares cometidos por los políticos de su época, a una vida no examinada. La democracia necesita de persoans capaces de reflexionar sobre su propia vida, entre otras cosas, porque quien no reflexiona sobre su propia vida es fácilmente manipulable por cualquier político con ínfulas redencionistas. 

Segundo, la capacidad de comprenderse en interdependencia con otros seres humanos, trascendiendo las lealtades locales –necesariamente limitadas-. De este modo, crece nuestra capacidad de compromiso solidario por quien no es como nosotros. Precisamente, uno de los ideales de la democracia es lograr que en una comunidad vivan por un destino común, quienes son diferentes. 

Y tercero, una mayor profundidad para imaginar cómo es la vida del otro, qué expectativas lo impulsan y cómo pretende lograrlas. Es la capacidad de empatía que está en la base del respeto sobre el que se edifica la democracia. 

El conocimiento de las humanidades  —filosofía, literatura, música, historia- y la experiencia de la cultura, favorecen el desarrollo de una sensibilidad y una comprensión necesarias para afrontar el mundo donde vivimos, caracterizado por la diversidad cultural y necesitado de una cultura política respetuosa de las diferencias. Sin humanidades o cultura, la democracia es inviable.

Así que el nacionalismo de Trump, no se enfrenta y vence con otro nacionalismo pero en versión mexicana. Las humanidades -su estudio y su experiencia- son un pozo de respuestas a políticos como Trump.

lunes, 31 de octubre de 2016

Conversaciones, «polis» y mi vuelta al radio


Desde el verano me centré en terminar un proyecto académico que entró en sus etapas finales. En Zona3 fueron muy amables de concederme una pausa en mis participaciones y esperarme a que lo terminara. ¿Y qué pasó en estos meses? La tesis de Peña, el Frente de la Familia y las marchas, el magistrado y su pasado delictivo, el nobel a Bob Dylan, la campaña en Estados Unidos, etc. Todos esos eventos pedían un análisis, una tasa de café y una buena conversación.

En mi caso, mi cita semanal en Zona3, implicaba no sólo preparar un tema buscar algo interesante qué decir en dos minutos, también era oportunidad para dialogar con amigos, familiares y alumnos sobre ese tema. En algunas ocasiones, algunos radioescuchas, interactuaban conmigo, algo que siempre se agradece

En estos mesese aprendí -gracias a una conversación- que en la filosofía política griega, el diálogo se consideraba no sólo una obligación cívica, sino una manifestación de personas libres. Para ellos, las conversaciones, eran el único camino para develar la solución justa a los problemas de la polis. Ellos no se referían sólo a un intercambio de opiniones, como el que intercambia tarjetitas de colección para un álbum de jugadores; ni tampoco veían el diálogo como el que adquiere una opinión nueva para colocar en su alacena intelectual. No. Los griegos estaban convencidos de que el diálogo, implicaba examinarse a uno mismo, para justificarse «quién soy de verdad». Por ejemplo, compartir que le voy a los Dorados y a los Tomateros, exigiría en una conversación donde inconcientemente tendría que justificar esa afición; en mi caso, el lugar donde nací y mi tradición familiar. Como se ve, hablar de una opinión, no sólo expresa una afición, sino que además, doy cuenta a los demás de quién soy yo.  

Así pues, en la grecia clásica el diálogo exigía ponerse en evidencia, ofrecer los motivos de las propias opiniones, y ponerse en camino, junto otro ciudadano, en la búsqueda de una solución justa a los problemas comunes. El lugar donde sucedía esta peculiar conversación, y al mismo tiempo, el resultado de esa conversación lo llamaban polis

Por eso, me alegra mucho poder volver a este espacio. Me obliga a buscar en mis ideas, opiniones y forma de ver la vida, cuáles son los motivos que lo hacen valioso. Y me reta a comprender el diálogo como un ponerse en movimiento junto a otros.

lunes, 11 de abril de 2016

"El Principito" y el mundo real


La semana pasada se cumplió un aniversario de la publicación de El Principito, la famosa novela de Antuan de Sant Exupéry. Aunque suene un cliché, como sabemos, es un libro escrito para niños con problemas de adultos. Por eso podría suceder que lo consideráramos como una novela llena de sentencias simples y un poco cursis. Ahí encontramos problemas humanos como lo importante es el tiempo que pasaste con otro, sólo vale la pena emitir órdenes que sabemos que se van a cumplir, la fundamental tarea que todos tenemos de ser “domesticados”, etc.

En la Universidad suelo escuchar a profesores y alumnos que nuestra tarea consiste en prepararlos para “el mundo real”. Da la impresión de que por mundo real se refieren al mundo del trabajo, de la producción, de la utilidad, del costo beneficio. La Universidad sería como un gimnasio que prepara para la vida real que viene después. 

Tal vez El Principito sea en efecto una colección de frases algo dulzonas y edulcoradas. Aún así lanza las preguntas sobre cuál sería el auténtico mundo real en el que vale la pena vivir. ¿Qué pasa con una persona, si se deja envolver y absorber por la lógica de la utilidad, del “vales mientras produzcas”, “importas mientras trabajes”, "te convierto en unidad de producción o de administración y a cambio de doy dinero"? ¿Es posible romper a la persona y pedirle que se meta en esa lógica de la utilidad y la producción del  mundo del trabajo y pensar que vivirá en su familia, los amigos o en su comunidad en la lógica del encuentro, la apertura, el don y la alegría de la dignidad? 

No podría decir ahora cómo relacionar adecuadamente estos dos mundos. Pero en El Principito, se ponen ante nuestros ojos los temas y preguntas que nos señalarán en qué mundo real vale la pena en que vivamos. Es un texto muy corto. Así que tal vez no haya excusa para dejar de leerlo.

PD. Le dedico esta entrada al profesor Doval. Su ironía abre horizontes.

jueves, 3 de marzo de 2016

Informe de Derechos Humanos en México por la Comisión Interamericana


«Todas las familias felices se parecen. Las desdichadas lo son cada una a su manera. En casa Oblonsky se ha roto la armonía». Estas son las primeras palabras de Anna Karenina, escritas por Leon Tolstoi. Las recordé cuando leí el informe sobre derechos humanos en México que acaba de publicar la Comisión Interamericana (aquí el resumen, aquí el documento completo). 
«El informe analiza la grave crisis de derechos humanos que atraviesa México, con particular énfasis en desapariciones y desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, tortura, así como la situación de inseguridad ciudadana, el acceso a la justicia e impunidad. También aborda la situación de los derechos humanos de algunos grupos poblacionales especialmente afectados por la violencia en el país [...] Y por último "analiza la situación de asesinatos, violencia y amenazas contra periodistas, que ha hecho que México sea considerado como uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo».
El documento pone el dedo en la llaga y señala los desafíos que enfrenta el país en materia de derechos humanos, que son graves y nos llevará tiempo superarlos. Las violaciones de derechos humanos, dice la Comisión, se agudizan en zonas en las que el ejército y la policía federal se ha incorporado a labores de seguridad en zonas de alta presencia de bandas delictivas. Además, el documento reconoce algunos avances en la materia, como la reforma constitucional en derechos humanos del 2011, la nueva ley de amparo, el nuevo sistema de justicia penal, los protocolos de investigación en caso de desaparición forzada, etc.

Me llamó la atención, entre otras cosas, dos tipos de cifras. Unas para despertar y otras para esperanzarse. Los números de la alarma: en nuestro país hay 26,798 desaparecidos. En un año ese número se ha incrementado en 4 mil. Imaginemos que llenamos el estadio Jalisco, y de pronto hacemos desaparecer la mitad de personas. Las cifras de homicidios en este sexenio están en 94,000, casi dos veces el estadio jalisco a toda su capacidad. Uno de los comisionados comentó: «La espiral de violencia e impunidad trae consigo graves consecuencias para el Estado de Derecho en el país. [...] El reto del Estado mexicano es cerrar la brecha existente entre su marco normativo y la realidad que experimenta la mayor parte de sus habitantes cuando buscan una justicia pronta y efectiva».

Y una cifra para la esperanza. Para elaborar su informe, la Comisión se entrevistó con más de 160 organizaciones de la sociedad civil preocupadas por los derechos humanos. Algunos de ellos, son víctimas de la violencia, otro más, colaboradores y luchadores sociales. Si ponemos atención, en México hay muchísimas personas las que no están dispuestas a rendirse a la lógica del "ya qué". Son cientos de personas que han encontrado en la lucha por la dignidad su vocación. En nuestro país hay recursos sociales y de solidaridad que hemos de reconocer y celebrar. Hay cientos de personas que son motivos de esperanza.

Ya se ve que nadie escoge en qué país nacer; y casi nunca elegimos ser víctimas de una injusticia. Lo que está claro es que nadie puede elegir por nosotros como vamos a plantar cara a la crisis humanitaria que enfrenta nuestro país. ¿De qué lado nos vamos a colocar?



jueves, 25 de febrero de 2016

Scalia, originalismo y las cualidades del jurista


Murió el ministro de la Suprema Corte Norteamericana Anotin Scalía. En el mundo jurídico, el apellido "Scalía" era sinónimo de polarización pero también de agudeza y sentido del humor. Fue un juez polémico, pero con su muerte, me ha llamado la atención dos cualidades que incluso sus rivales ideológicos le reconocen. Dos características que, nos guste o no, a pesar de ser un juez extranjero, sus opiniones influían en la interpretación y forma de entender el derecho en México.

La primera. Scalia fue defensor de una corriente de interpretación constitucional llamada  originalista. Es decir, para él la Constitución habría que interpretarla en el sentido original que los redactores del texto quisieron darle al documento. Si por algún motivo, el texto se quedaba en el pasado, su actualización se reservaba a un proceso democrático, y no es válido decir que la Constitución es un documento vivo, cuya adecuación a los nuevos tiempos es tarea de los jueces constitucionales. Nuestra suprema Corte, no sigue ese criterio. Por ejemplo, cuando interpretó que en el matrimonio no era esencial el carácter procreativo para determinar quién tiene acceso al mismo, el argumento que siguieron nacía de la convicción, de que había cambiado la sociedad mexicana y ahora aceptaban nuevos modelos de familia. Pero fue una decisión de jueces, no de una discusión democrática. Scalia diría que una decisión así tendría que ser una conclusión sometida a un debate democrático: cambiar la constitución democráticamente, y no hacer nacer derechos de un documento que no pretendía otorgarlos. En ocasiones puede ser más lento, puede dejar obsoleta a la Constitución, pero hacerlo así es más democrático que la ingeniería social que pudieran hacer unos jueces desde su posición en la Suprema Corte. 


La segunda característica de Scalía es esta. Todos sus detractores y rivales -no enemigos-, recuerdan de él, su sentido del humor, su disponibilidad para hablar con quienes no pensaban como él, y su agudeza mental.  Dice Arturo Sarukhán, antiguo embajador de México en Estados Unidos que a pesar de sus diferencias respecto a la portación de armas, el derecho de los mexicanos condenados a muerte sin la protección consular, "siempre mantuvimos una relación respetuosa y cordial, al grado que el juez me invitaba una vez al año a comer con él en el recinto de la Corte". Me ha llamado la atención cómo incluso sus compañeros en el tribunal más distantes deológicamente hablando, a los que les dedicó sus famosísimos sarcasmos y burlas en sus votos particulares, lo recuerdan más bien como un amigo brillante y con un gran sentido del humor. Dice Sarukán que "Más allá de nuestras convicciones personales y posiciones ideológicas [encontradas], es ese sentido de diálogo y respeto a las diferencias lo que de nuevo ha sido minado en EU con su fallecimiento".



Esta va dedicada a Guillermo GO que hoy es su cumpleaños

jueves, 11 de febrero de 2016

Un experimento con motivo de la visita de Francisco: saber ver


Mañana llega el Papa Francisco. En los análisis que he visto, encuentro dos narrativas a través de las cuales, supongo, los comentócratas interpretarán los dichos y hechos del Papa en nuestro país.  Por un lado, quienes pretenden explotar la religiosidad cursilona del «¡qué bonito que besó a un niño! ¡Qué lindo que abrazó a un enfermo! ¡Qué tierna es la canción oficial!». Por otro, un poco más serios, encontramos a quienes colocan a Francisco entre los dos polos con los se describe a la iglesia católica mexicana: uno de ellos sería el mundo del alto clero: los cardenales, los que hacen favores al poder; quienes lucran con los ricos y poderosos; el otro la iglesia que defiende a los pobres. Es la iglesia de los luchadores de los derechos humanos, la iglesia de Samuel Ruíz, el P. Solalinde o las Patronas. Estos se preguntan, a qué iglesia pertenece Francisco, ¿será el papa del poder o el cura defensor de los débiles?

Por mi parte voy a intentar otra narrativa. Tengo la impresión de que a Francisco se le ha de interpretar desde dentro. Es decir, a partir del modo en que ve, no en el modo en que piensa o habla. Cualquiera puede pensar y argumentar coherentemente. Lo difícil es ver al otro desde ese ojo interior con el que captamos el misterio, valor y dignidad de cualquier persona ante mí. Aquí está la batalla decisiva que pelea Francisco: dejarse afectar por la presencia de toda persona que nos interpela desde el interior, especialmente el que parece que no tiene valor útil. Si veré al Papa, será por que tengo curiosidad por descubrir cómo se esfuerza por que no decaiga esa mirada. 

¿Y esto qué tiene que ver conmigo? Nietzsche decía que donde falta el amor, se multiplica la ley. Y es verdad. Si no se ve la dignidad, se multiplican las declaraciones de derechos y los mecanismos coactivos para defendernos de quien es incapaz de ver a la persona; porque sólo respetarán nuestra dignidad si hay alguien que se los impida a la fuerza o si obtienen una ventaja con ese esfuerzo. Donde falta el amor, se multiplica la ley.

Si esto es así, enconces lo decisivo está en los ojos que perciben con reverencia la belleza de la persona que tengo ante mí. Toda democracia se juega, en definitiva, en la forma de ver al que tengo al lado.

Voy a hacer este experimento. ¿Qué ve, a quién, y cómo ve el Papa Francisco? A ver cómo me va.



jueves, 4 de febrero de 2016

«Palcco», belleza y democracia (una intuición de Simone Weil)


Simone Weil (se pronuncia Simáhn Vei) fue una filósofa y activista social que murió en 1943 y pertenecía al movimiento de resistencia francés contraria al régimen nazi. Poco antes de morir, escribió un libro del que hemos hablado en otras ocasiones. Lo tituló "Echar Raíces". Simone se preguntaba por las condiciones que facilitaron el avance del ejército alemán; quienes en sólo dos semanas tomaron Paris. ¿Porqué el pueblo francés había perdido su temple interior, su capacidad de resistencia ante la adversidad y su creatividad para pelear por su nación?  Su respuesta es demoledora: los soldados nazis se enfrentaron a uniformes sin soldados, soldados sin personas, personas sin un compromiso para defender un valor común. Se habían convertido en un pueblo sin raíces A partir de ahí describe cuáles son esos alimentos del alma que permiten su maduración interior. Una de esas necesidades que debemos alimentar, dice Weil, es la necesidad de orden o belleza: 
«Diariamente tenemos ante nuestros ojos el ejemplo del universo, donde una infinidad de acciones mecánicas independientes concurre para constituir un orden que permanece fijo a través de la variación. Por eso amamos la belleza del mundo, pues tras ella sentimos la presencia de algo análogo a la sabiduría que desearíamos poseer para saciar nuestro deseo de bien».
De esta manera, ¿por qué para una comunidad es importante que existan personas  capaces de dejarse convocar por la experiencia de la belleza y por qué para una democracia es vital que existan sitios donde esto se pueda experimentar? ¿Qué pasa si nos acostumbramos a la fealdad? Weil respondería que afinar nuestra sensibilidad para captar aquella belleza que se nos ofrece todos los días, "puede afirmarnos en el esfuerzo de pensar continuamente acerca del orden humano que debe ser nuestro primer objeto de atención". Platón sostenía que toda educación para la democracia y ciudadanía comienza con educación en la belleza de la música; pues la armonía en el ritmo y la melodía afinan el corazón hacia el equilibrio y la equidad. De tal forma que una persona con oído para la belleza musical, se predispone a gustar la armonía en la persona, en la comunidad y en la democracia y rechazar cualquier disonancia contra ellas.

Por todo ello, Weil ha conectado, el compromiso democrático, con la responsabilidad para cumplir nuestros deberes, con la necesidad de contemplar la belleza y de agudizar nuestro sentido para disfrutar de esa plenitud de orden que nos ofrece la belleza.

En pocos días se inaugurará un recinto más para la cultura en nuestra ciudad. Me refiero al Palacio de la Cultura y la Comunicación. Un lugar donde encontrarnos con la belleza y, si seguimos la intuición de Weil, donde podemos afinar nuestra llamada a la empatía, la solidaridad y la responsabilidad. Todos ellos son las raíces que dan solidez a nuestra democracia. Un recinto como Palcco se debe celebrar y aprovechar.

jueves, 28 de enero de 2016

Negocios, beisbol y familia: el Chino Ley


En otras ocasiones he agradecido la oportunidad que me da Zona 3 Noticias para prestarme sus micrófonos y acercarme a su audiencia. Procuro corresponder a esa amabilidad y ofrecer mis reflexiones en voz alta a quien sintoniza la estación. Digo esto, para justificar que en esta ocasión voy a llevar agua para mi molino, por que no puedo negar la cruz de mi parroquia. Como saben, soy sinaloense. Entre el Chapo Guzmán y los Dorados, de mi estado se suele oír, -por una parte- de la Reina del Sur, la narcocultura y la violencia generada por ellos; y -por la otra parte- del estos días se oye que ahí hay un salvavidas deportivo para que las Chivas oxigenen sus malas temporadas.

Pues bien, quería rendir homenaje a un importante sinaloense que falleció la semana pasada. Me refiero a Juan Manuel Ley, empresario, impulsor del deporte. Quizá saben que Don Juan Manuel fue el dueño de unas cadenas de autoservicio muy extendidas en el Noroeste del país, 230 tiendas en 10 estados del país, las que recibió de su padre a lo mucho como un changarrito.

Don Juan Manuel convirtió la modesta tienda de abarrotes en supermercados que ofrecieran precios accesibles para las familias de las regiones en que se instalaban, a través de la comercialización de productos locales. Pero no sólo eso, impulsó la formación de sus empleados promoviendo la formación humana de sus empleados. Desde el más modesto, hasta la fundación escuelas de mandos intermedios en Culiacán o los programas para directivos de empresa en esa región.  En Don Juan Manuel destacan tres cualidades del modo en que buscaba hacer negocio: trabajo, perseverancia y cuidado del entorno familiar. 

Otro ejemplo es el deporte. Don Juan Manuel era el dueño de los Tomateros. Para él, a través del beisbol se podrían  fomentar tanto las virtudes propias un deporte, como construir un ambiente en el que se fomentara la vida familiar. Fue pionero en convertir los parques de beisbol de la Liga del Pacífico en auténticos lugares de diversión para la familia. No digo que a él se le hayan ocurrido algunas de las opciones de entretenimiento, sino que fue él quien buscó, incorporó, tropicalizó, adecuó a la cultura sinaloense y ofreció un modelo en que las familias de la ciudad, podría divertirse en un parque de pelota. Muy probablemente si le preguntan a un aficionado de Tomateros cuál es su experiencia en otros estadios de beisbol, quizá les digan: "buen juego de beisbol, pero algo falta en el ambiente". Y lo dicen, no por que se hubieran aburrido, sino porque ir al estadio en Culiacán, es para ellos, la oportunidad de experimentar y hacer familia. Esa sensación es la que se echa de menos (Aquí un artículo de Juan Pablo Esquer al respecto). Don Juan Manuel se preocupó por diseñar un ambiente que, además de ser negocio, fuera ese lugar de encuentro intergeneracional, donde podría experimentarse la alegría y el orgullo de pertenecer a la familia en que nacimos.

Sí, en Sinaloa hubo las condiciones para que surgiera alguien como el Chapo. Sí, en Sinaloa hay un equipo de futbol más malo que mandar a la abuela a comprar droga, que quizá sea la salvación este año para las Chivas. Y sí... también en Sinaloa existe una ambiente en el que fue posible alguien como Don Juan Manuel Ley, y una cultura que también fue construida por el Chino Ley.

Gracias por todo lo que aportó a Sinaloa y gracias por lo que ha significado para mi familia. Descanse en Paz, Don Juan Manuel.

jueves, 21 de enero de 2016

La foto, el caso «Lautsi» y los símbolos religiosos en espacio público


Un equipo de fútbol, las Chivas, se tomaron su fotografía oficial de este torneo en la Basílica de Guadalupe. Aunque se distingue más al dueño del equipo que la Guadalupana, la fotografía ha generado cierta polémica sobre el reglamento de la FIFA y de la Federación sobre neutralidad religiosa de sus asociados. En efecto el Artículo 7 del Código de Ética de la Federación Mexicana de Futbol, enfatiza que por respeto a todo mundo, se "deberá mantener una posición neutral ante asuntos de carácter religioso y político".

A mi me parece bien eso de la neutralidad. Pero en los detalles está el diablo, dicen las abuelas. ¿Qué vamos a hacer cuando venga a jugar a nuestro país la selección de Inglaterra? Según el protocolo, debemos escuchar su himno nacional, que como se sabe, es una oración: "¡Dios salve a la Reina!. Además, en su bandera se dibuja una cruz de San Jorge. Estamos ante un símbolo cristiano al que se le se refiere un personaje religioso. Algo similar nos pasaría con Italia, cuyo himno se refiere a Dios como origen y providencia de ese país. Si la neutralidad de la Femexfut se refiere a ausencia de referencias religiosas, entonces habría que olvidarse de invitar a la selección inglesa, italiana o a cualquier otra que se refiera a Dios o contenga símbolos religiosos en sus escudos y banderas.



No vayamos tan lejos, nuestra bandera tiene en su escudo un símbolo religioso: el águila devorando una serpiente es el mensaje y el signo de una intervención de los dioses en favor de nuestros antepasados, los aztecas. Nuestro himno también habla de ángeles, de Dios y de su providencia en nuestro favor. Neutralidad religiosa entendida como ausencia de todo símbolo religioso implicaría quedarnos sin bandera y no cantar el himno mexicano en ningún evento organizado por la FIFA o la Femexfut.

Un problema análogo ya se ha debatido en la Corte Europea de Derechos Humanos. Sólo por elegir uno entre muchos, en el asunto  Lautsi vs Italia, se decidió que la presencia de crucifijos en las aulas de las escuelas públicas italianas no violaba la libertad de creencias de los niños que no cristianos. ¿Por qué? Por una parte, aunque el símbolo tenía su origen religioso, la historia italiana y los valores incorporados al crucifijo eran también símbolo de la cultura e historia de ese país. Por otro lado, junto a ese símbolo pasivo, los padres de familia no se veían impedidos para formar a sus hijos en las creencias de sus preferencias, ni tampoco se veían obligados a profesar una fe determinada. El crucifijo en el aula, aunque de origen religioso, significaba más bien un símbolo de la comunidad a la que pertenecían. 

El tribunal europeo reconocía que la laicidad de un estado no implica necesariamente la ausencia de todo símbolo o referencia religiosa. Porque si así fuera, no decir nada sobre Dios, comportarse como si no existiera o como si no importara en la vida cotidiana, es ya una afirmación ético-religiosa, –el ateísmo o el agnosticismo-,ya se toma postura respecto una creencia particular. Por eso, en Europa, nos encontramos con dos modelos de comprender el estado laico respecto a sus símbolos culturales. Por una parte, el modelo francés en el que laicidad significa la ausencia absoluta de símbolos de origen religioso en la esfera pública. Y al mismo tiempo, del otro lado del canal de la mancha, en Inglaterra, la laicidad se manifiesta en el reconocimiento de símbolos nacionales cuyo origen es una expresión de fe. Ambos respetan tanto la laicidad de los Estados, como su origen cultural.

¿Cómo van a entender la Femexfut el significado de neutralidad religiosa? No los sé. Si deciden por la carencia absoluta de símbolos religiosos, tendrían entonces que vetar la fotografía de Chivas, de olvidarse de la bandera y el himno inglés, y prohibir la bandera y del himno mexicano. Otra opción es seguir el modelo señalado en el caso Lautsi: como la neutralidad absoluta en materia religiosa es imposible, las manifestaciones culturales han de salvaguardar la dignidad de la persona y no imponer sobre ellas el peso desproporcionado del proselitismo activo. Necesariamente, ante el uso de cualquier símbolo habrá quien se sienta molesto, pues la neutralidad absoluta es imposible. O por último, la Femexfut podría colocar el fútbol donde merece estar y esperar a ver si realmente la Virgen de Guadalupe les hace su milagrito, dejarse de tonterías e invitar a los ingleses a jugar en nuestro país. 

Aquí se puede ver el argumento original explicado por el Profesor Joseph Weiler, en su deposición ante la Gran Sala en el caso Lautsi:







jueves, 14 de enero de 2016

La cárcel del Altiplano, la cárcel de Atenas


Pescaron al Chapo.  Y el papel que jugó Sean Penn y Kate del Castillo hicieron el suceso mucho más surrealista de lo que ya era. He leído mucho del valor periodístico -o no- del trabajo del actor norteamericano, pero eso se lo dejo a los que saben de ese tema.

Aunque no esperaba que fuera de otra manera, me ha llamado la atención que la cárcel del Altiplano no le ha servido al Chapo -así lo parece-, para revisar su vida, las consecuencias de sus acciones y el significado de su acción. Las respuestas a la entrevista publicada en Rollingstone son para pasmarse: ¿Por qué se dedica a esto? Respuesta: Por que nací pobre y donde vivo no hay de otra. ¿No le parece malo lo que hace? Respuesta: De cualquier modo la gente se droga o la gente se muere. ¿Y la violencia? Respuesta: Yo sólo me defiendo. 

Contestaciones así, evidencian una falta seria de autocrítica. Parece como si el mundo del narco y la droga fuera como el agua: incolora, inodora e insípida. «Hago esto por que no tuve de otra. De todos modos la gente se muere. De cualquier modo la gente se droga. Al final del día, soy inocente. El mundo es injusto, los demás lo son; si soy violento es porque soy resultado de la corriente de la vida». Algo similar encontramos en Adolf Eichmann -un criminal nazi- en su juicio en Jerusalén: del que ya hemos hablado. En su opinión, él solo seguía ordenes, él imitaba al resto, de cualquier modo alguien haría su trabajo. Quizá por eso, sus crímenes debían ser absueltos. Se parecen, en un contexto no tan dramático, a los pretextos del Canelo contra Mayweather: "no me pegó fuerte, nada más me punteó".

Hace cerca de 2400 años, en otra cárcel, un famosísimo prisionero era sometido a juicio. «¿Por qué corrompes a la juventud? ¿Por qué atentas contra nuestras tradiciones?» Su respuesta, en parte, es esta: Una vida que no se examina, una persona que no revisa, piensa, sopesa y con sinceridad reta sus propias acciones, no es una vida que merezca la pena vivirse. Sólo aquellos comprometidos en el esfuerzo por pensar su vida con claridad, serán capaces de reconocer y remover aquellos obstáculos y la fuente de contradicciones e incoherencias en la propia vida. Sólo por eso vale la pena vivir una existencia que se revisa. Sí, diría Sócrates el prisionero, soy culpable de enseñar a los jóvenes a examinar su vida para aportar personas equilibradas y justas a la polis griega.

Sócrates, será siempre para la cultura occidental un recordatorio del peligro que existe para una sociedad, cuando cada alguien falla gravemente en su misión de vivir una vida autoexaminada o autoreflexionada. La polis griega, pensaba Sócrates, está en peligro cuando no promueve una continua reflexión sobre lo que es justo en general y si cada ciudadano en lo particular no se compromete a un tipo de vida así. 

La democracia mexicana, desafortunadamente, tiene en las respuestas del Chapo, un patético ejemplo, entre otras cosas, de una vida no examinada. 

jueves, 7 de enero de 2016

¿Por qué "Emma" es un reto para millennials (mirreyes y ladies)?

"Emma": Gwyneth Patrol (1996) a la izquierda; a la derecha Alicia Silverstone en Clueless (1995)

El 23 de diciembre del año pasado -2015- se cumplieron doscientos años de la publicación de Emma, la cuarta novela de la famosa escritora inglesa Jane Austen. Orgullo y Prejuicio comienza con estas famosísimas palabras: «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa». En esta primera sentencia se resume la trama de la novela. Con Emma, se abre el telón de este modo:
«Emma Woodhouse, bella, inteligente y rica, con una familia acomodada y un buen carácter, parecía reunir en su persona los mejores dones de la existencia; y había vivido cerca de veintiún años sin que casi nada la molestara o la irritase». 
En esta primera afirmación, Austen anuda la tensión de su narración: por un lado nos describe al personaje con aquellas características con las usualmente nos gustaría identificarnos: bella, inteligente y rica. Pero después desliza un matiz: parecía. Sería como un daba la impresión pero no es así, o lo lógico sería que fuera persona imitable pero algo falla. Sólo parecía sintetizar esa cualidades. Era más bien rica, agraciada y sagaz, pero no tanto próspera, bella e inteligente. No da igual. Emma sería el típico mirrey-millennial o la clásica lady-millennial con estudios, dinero, poder y presencia, cuyo  lema de vida sería ¡lo hago así por que quiero y qué!

Como la novela está narrada bajo la perspectiva de la protagonista, y su carácter atrofiado le impide reconocer en un primer momento cuál es su error, con facilidad el lector también es engañado -si se puede decir así- por la autora. En principio nos introduce en Emma y sus motivos, nos anima a simpatizar con sus razones, nos alienta a justificar sus acciones y nos empuja a reírnos con sus ocurrencias. Pero mientras celebramos sus bromas, percibimos que hay algo que no va.  Emma manipula a su amiga Harriet Smith, lastima a Jane Fairfax, insulta a la Señora Bates –todas ellas que carecen de dinero, inteligencia o posición en la vida-; y peor aún, en el camino se incapacita para conocerse realmente a ella misma y darse cuenta de su error. ¿No se suponía que debíamos imitar a la heroína? «Los verdaderos peligros de la situación de Emma eran, –escribe Austen- de una parte, que en todo podía hacer su voluntad, y de otra, que era propensa a tener una idea demasiado buena de sí misma; éstas eran las desventajas que amenazaban mezclarse con sus muchas cualidades».

A lo largo de la novela, Emma -la rica, guapa e inteligente-, no sólo es caradura impertinente. Se da el lujo de cambiar de opinión y reconocer que se equivoca. Poco a poco somos testigos del despertar de Emma y de su maduración. La sagaz golfa con dinero [la ladymillennial y su resting bitch face o el mirrey-perdonavidas-dueñodelmundo], encaja los reclamos de sus amigos y descubre la poca valía de sus acciones, la imprecisión de sus juicios, su carácter desquiciado. Pero no solo ello, también cae en la cuenta del potencial de su posición económica, de la riqueza de una amistad firme, de la gallardía de su amor y del tesoro de una personalidad lograda.

Los millennials suelen despreciar a las heroínas enamoradas y sumisas, y a los caballeros chapeados a la antigua. Muy bien. Tal vez  las otras novelas de Austen, –Sensatez y Sentimiento y Orgullo y Prejuicio- sean muy cursis para su refinamiento y su vida sibarita...

Ahí tienen a Emma. Léanla. Les hará bien.

(Algunas ideas las saqué de aquí: Actually, Emma is the best Jane Austen Novel. La pista me la pasó  Arcy Ireta)


jueves, 31 de diciembre de 2015

Nueve vitaminas para el fin de año

Campo de Trigo con Cipreses, (Vincent Van Gogh, 1889)

Hace una semana, me llamaba la atención la actividad de los críticos de la navidad y de sus redentores: si los cristianos habían copiado una fiesta romana, o si su significado debía ser rescatado de la lógica comercial, etc. Una crítica similar podríamos hacer de la fiesta de fin de año. Es absurdo embrutecerse con alcohol  para celebrar el fenómeno físico de haberle dado una vuelta al sol, que se empata con una determinación cultural del inicio de una nueva rotación. Tolstoi decía que renunciar a la conciencia sofocándola con bebidas, ahoga cualquier posibilidad que la conciencia se dé cuenta de la discordia que existe entre la propia forma de vida y las exigencias que mi conciencia me propone como mi bien.

Si no vale la pena celebrar celebrar un nuevo giro, sólo por que sí, sin duda que no lo es la capacidad humana de levantar la cabeza y darle sentido al tiempo, de llenar de significado la propia vida. Hay un famoso blog de una búlgara que vive en Nueva York que se llama en español, algo así como revoltijos cerebrales (Brain Pickings, aquí). Ahí condensa nueve lecciones que ha aprendido de escribir un blog que recibe al mes más de un millón de visitantes. (Sólo por matemáticas, en mi caso, al mes recibo a lo mucho 200).

Son nueve consejos para alguien que escribe y mantiene un blog de temas culturales. Quizá pueda servir como comentario de fin de año. Nueve condensados mentales que ayudan a refrescar el sentido de la propia vida:

1. Permitirse el incómodo lujo de cambiar de opinión. Es decir, no creernos lo primero que se nos ocurre, esforzarnos por encontrar los motivos que justifican nuestras opiniones y por su puesto, cambiar de opinión.  

2. No hacer nada sólamente por prestigio, estatus o dinero. El prestigio es como las galletas oreo. Podemos desearlas, pero una vez que las hacemos nuestras, nos la tragamos y desaparecen. Lo mismo con el prestigio y el estatus. Una vez conseguido, corremos el riesgo de olvidar el trabajo, las personas y los procesos que implicó aquello. Buscar el prestigio o el estatus es la mejor manera de olvidar el trabajo y las personas que nos permitió aquello que la gente llama prestigio.

3. Sé generoso. Con el tiempo, recursos, confianza y con las palabras. Es mucho más fácil ser crítico que celebrar lo positivo. Somos seres limitados y todo lo que edificamos puede ser mejorado. Así que si vemos sólo lo que criticamos, nos perdemos de la otra parte de la realidad, y lo peor, quizá desperdiciemos la oportunidad de encontrarnos con otra persona.

4. Construir espacios de quietud. Aprender a estar solo, desprendernos algunas horas del teléfono celular, whatsapp y redes sociales. Estar en silencio. Aprender a oír los árboles, el mar, etc. Las mejores ideas nacen en nosotros cuando dejamos de cortejar a la musa de la creatividad y más bien nos preparamos para ser despertados por ella. La creatividad arma el rompecabezas con las piezas de nuestra experiencia, pero le gusta trabajar en silencio.

5. Dormir bien. La lógica del trabajo nos empuja a valorar las horas que le robamos a la cama para ser productivos. Pero vivir así, es muestra del profundo fracaso en nuestras prioridades y una bomba de tiempo para perder fuerza física y el empuje que nos dan las verdaderas motivaciones para la vida.

6. No vale la pena creerse los que los demás dicen de uno mismo. Al final, a los demás les falta lo más importante: conocer las verdaderas intenciones. [Hasta aquí la Popova. Sin embargo, habría que pensar qué papel juega descubrir lo que los demás aman en nosotros].

7. Saber estar presentes. La lógica de la productividad y las redes sociales, pueden llevarnos a no visitar a un amigo enfermo, sino sólo mandarle un whatsapp; no ver a un familiar, sino sólo mandarle una foto al Facebook. No da lo mismo. ¿Cuántas interacciones frente a frente compartimos por cada mensaje virtual que enviamos?

8. Buscar aquello que acrecienta el espíritu y llena el alma. Popova sugiere que reconozcamos qué música, artista, lugar y persona, tocan nuestro interior y nos llaman la atención. Reconocerlos es importante para volver a ellos una y otra vez. Es decir, descubrir aquello que nos asombra, detenernos ante lo que nos llama la atención, atesorarlo, rumiarlo, ponerlo a añejar. (Aquí algo del blog sobre la música, y aquí un video sobre el asombro como fuente de creatividad)

9. Perder el miedo a ser idealista. Chesterton decía que si el príncipe nunca le tiene miedo al dragón, entonces no existe cuento. Y si por el contrario, el héroe se deja atropellar por el temor, entonces se acabó el príncipe. La vida se trata de ser realistas para esforzarnos por aquello que podemos cumplir, y al mismo tiempo inconformes para seguir soñando en lo queremos conseguir.

jueves, 24 de diciembre de 2015

¿En qué se parece la Navidad a un cumpleaños?



Haber nacido es un regalo. Desde que llegamos al mundo, hasta que fuimos conscientes de vivir en él, recibimos innumerables regalos: unos nos acogieron, otros nos donaron de su tiempo, otros nos educaron, nos dieron de comer, nos vistieron, nos hicieron reír, soportaron nuestro llanto, nos curaron etc. ¿Qué ha hecho un bebé para justificar que le celebremos su primer año? Hasta ese momento sólo ha requerido sacrificio y entrega. ¿Por qué no mejor celebramos su cumpleaños hasta que sea consciente de lo que es una fiesta? Pero hay algo ajeno a la lógica de la utilidad, hay algo en el niño  que se en encuentra en el ámbito del ser regalo. Como la vida. Nos la dan sin merecerla. 

Tal vez por eso, celebrar el cumpleaños se trata en el fondo, de alegrarse por el regalo que otros nos han hecho. El cumpleañero, si ha de ser coherente con lo sucedido el día que nació, debe ser él quien celebre que otros le han regalado, una y otra vez, gran parte de lo que es él ahora. Probablemente convenga hacerse en el propio cumpleaños, las terribles preguntas sobre uno mismo: «¿qué aman de mí los que dicen que me quieren? Si soy lo que soy, en gran medida, por lo que otros me han regalado, ¿qué tanto soy yo un regalo agradable para otros? ¿Qué hay en mí –qué han visto en mí-  que otros organizan su vida, sólo para que yo esté en ella y sea feliz?». Por todo ello, la celebración de un cumpleaños, quizá, debe ser también un regalo que otros nos hacen. 

En el origen cristiano de la navidad se celebra la lógica que está detrás de un cumpleaños. Se trata del regalo de quién nos quiere, con la esperanza de ver nacer en nosotros, de replicar, esa lógica: convertirse en don para otros. Un villancico popular condensa esta intuición. Un niño con su tambor, cae en la cuenta  de que para reglar a un recién nacido, sólo tiene su música. El bebé, a cambio, sólo ofrece unos brazos que lo necesitan, una debilidad para ser protegida, y una sonrisa para iluminar esa entrega. La fiesta de la navidad se trata del encuentro entre estos regalos, de celebrar lo único que tenemos; es alegrarnos por el don recibido, haciendo propia la lógica del regalo y convertirnos en don para otros. ¡Y eso sí que merece una fiesta!

Termino con el mejor discurso de cumpleaños que he visto en la literatura. Es Bilbo Bolsón, en El Señor de los Anillos, quien dice en su fiesta:
–Hoy es mi cumpleaños centésimo decimoprimero: ¡tengo ciento once años! [...] ¡No les distraeré mucho tiempo! [...] Los he reunido a todos [...] para poder decirles lo mucho que los quiero y lo breves que son ciento once años entre hobbits tan maravillosos y admirables. [...] No conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de lo que querría y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece.
¡Feliz Navidad! 

jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Por qué deberíamos creer en Santa Claus?




"La Ética en el País de los Elfos" es el título de uno de los capítulos de Ortodoxia de Chesterton. Ahí defiende la importancia de las historias de fantasía y cómo es que una persona madura no puede vivir sin fantasías, utopías, ideales. No por que se moviera entre nubes o en el mundo imaginario, sino por que la vida cotidiana está llena de la magia propia de los cuentos. Por ejemplo, si es fantástico que un príncipe se haya convertido en una bestia por hosco e insolidario, es igual de sorprendente que haya sido rescatado por alguien que le ofreció su confianza y cariño aún cuando no lo merecía. Por eso Chesterton nos recuerda que se puede creer en los cuentos de hadas y en las fantasías, no por que existan más dragones que princesas, sino por que nos introducen y acostumbran a vivir en un mundo que parece regido por esa magia de los cuentos. Por ejemplo, Santa Claus. Si la felicidad va unida a la gratitud, dice el escritor inglés:
«yo me sentía agradecido, aunque difícilmente sabía a quién estarlo. Los niños están agradecidos cuando Santa Claus pone en sus calcetines juguetes y dulces. ¿No podría yo estarle agradecido a Santa Claus cuando él ha puesto en mi calcetín el regalo de dos milagrosas piernas? Le agradecemos a la gente regalos de cumpleaños tales como cigarros y chanclas. ¿Y yo no puedo darle las gracias a nadie por el regalo de cumpleaños de mi nacimiento? (Ortodoxia)»
En otro lugar, desarrolla más esta idea. En su infancia, la costumbre era dejar un calcetín para que Santa Claus la llenara la noche de Navidad con regalos, juguetes, dulces o monedas. Pues bien,
«Lo que me ha pasado ha sido todo lo contrario a lo que parece ser la experiencia de la mayoría de mis amigos. En lugar de aminorarse, Santa Claus ha sido cada vez más importante hasta llenarla casi toda. Sucedió de esta manera. 
Cuando era niño me enfrentaba a un fenómeno que requería una explicación. Al final de mi cama, colgaba un calcetín vacío y en la mañana aparecía lleno. Yo personalmente no había hecho nada para producir esos juguetes. No había fabricado los regalos, ni los había armado, ni ayudado a construirlos. Ni siquiera había sido lo suficientemente bueno para merecerlos. 
Y me explicaron que existía cierto ser al que la gente llamaba Santa Claus, quien me tenía cariño... Creíamos en alguien que bueno y generoso que nos daba juguetes a cambio de nada. Y, como he dicho, sigo creyendo en una persona así. Sólo que he ampliado mi idea de él.  
De niño sólo me preguntaba quién dejaba los juguetes en mis calcetines; ahora me pregunto quién fue quien colocó los calcetines en la cama, la cama en la habitación, la habitación en la casa, la casa en la tierra y quién colocó este gran planeta en el vacío del cielo. 
Cuando era niño sólo daba gracias a Santa Claus por unos muñecos y algunas galletas. Ahora le agradezco las estrellas, los rostros que veo en la calle, el vino y el inmenso mar. De niño me parecía sorprendente y encantador poder encontrar con un regalo tan grande para llenar la mitad del  calcetín. Ahora me pasmo por la mañana, al caer en la cuenta de  un regalo tan grande que necesita dos calcetines para sostenerse, y me divierte que lo haya dejado desnudo de ahí hacia arriba. Hablo del inmenso y ridículo regalo que soy yo mismo. De quien no puedo dar una mejor explicación más que algún Santa Claus me ha dado como regalo, ha hecho de mi un regalo, en un gesto de una peculiar y fantástica buena voluntad».
Hoy es cumpleaños de mi hermana. Si hubiera alguien que no creyera en Santa Claus, tendríamos que inventarlo sólo para agradecerle dejó en casa a mi Teresita.


Aquí está el texto completo de Chesterton:

My experience of Santa Claus

G. K. Chesterton

At the close of G.K.C.'s centenary year we publish this essay by courtesy of his literary executor, Dorothy Collins.

The near approach of Christmas (which the eternal idealism of mankind has expressed in the proverbial phrase which describes it as "Coming") makes it particularly appropriate that I should deal with the existence and peculiarities of Santa Claus. But this is even more necessary because he is the one example of a matter of unimpeachable commonsense. Sceptics may throw doubt upon the existence of pixies or brownies; ingenious doubts may be raised even against dragons. By dint of a little paradox and superficial sparkle people may make what looks like a plausible case against the existence of hippogriffs. Of mermaids, I confess that I have had doubts myself in early youth, and though I am sure about giants with three heads, yet this assurance is of the nature of a dim and delicate spiritual intuition. But about Santa Claus, at any rate, I am on perfectly solid ground. My conviction of his existence and beneficence began faintly in early childhood, and has continuously increased ever since.

It is the fashion with an enormous number of modern people to maintain, or rather to take for granted, that as the world has progressed it has come to believe less and less in spirits and more and more in materials. And in the same way it is their custom to maintain, or rather to take for granted, that as we go on in life from infancy to old age we believe less and less in Santa Claus. Both views are false, or at least insufficiently true. The truth is that progress, whether it be the progress of mankind from the cavern to the hotel, or the progress of an individual, as the florid clergyman expressed it, from the "bassinet to the sepulchre," is so motley and complicated a thing that by choosing instances and arguments with reasonable controversial care, one can represent it to have been anything at all. No doubt, one can make a plausible statement that our race has become more and more rationalistic, and less and less mystical; one can quote on its side the disappearance of medicine men, of tests at Oxford and Cambridge, of witch-finding and the Irish Church Establishment and the introduction of books on psychology. But I would by the same method undertake plausibly to maintain that the world has been growing more and more red and less and less green. I could quote the introduction of pillar-boxes, terracotta statuettes, and socialist neckties, and I could quote the disappearance of Fenian societies, country districts, green poplin, and the costume of Robin Hood. In the same way I could make out that young people liked everything that was round, and that old people liked everything that was square, instancing on the one side boys eating buns and babies crying for the moon, and citing on the other the fondness of old gentlemen for cards, books, newspapers, and chess boards. In all these cases clearly our error would have been an insufficient breadth of experience and example. The modern popularity of green absinthe would have upset the first theory; the second would have sadly taken wing after the experiment of bringing a child into the neighbourhood of a square biscuit. In the same way there are scores of examples to upset the theory that a high civilisation has outgrown mysticism, examples which range from the philosophers of India to the palmists of Bond Street; and if an example be required to upset the theory that advancing years destroy our belief in Santa Claus, I beg most modestly to present myself as an exception.

What has happened to me has been the very reverse of what appears to be the experience of most of my friends. Instead of dwindling to a point, Santa Claus has grown larger and larger in my life until he fills almost the whole of it. It happened in this way. As a child I was faced with a phenomenon requiring explanation; I hung up at the end of my bed an empty stocking, which in the morning became a full stocking. I had done nothing to produce the things that filled it. I had not worked for them, or made them or helped to make them. I had not even been good— far from it. And the explanation was that a certain being whom people called Santa Claus was benevolently disposed towards me. Of course, most people who talk about these things get into a state of some mental confusion by attaching tremendous importance to the name of the entity. We called him Santa Claus, because everyone called him

Santa Claus; but the name of a god is a mere human label. His real name may have been Williams. It may have been the Archangel Uriel. What we believed was that a certain benevolent agency did give us those toys for nothing. And, as I say, I believe it still. I have merely extended the idea. Then I only wondered who put the toys in the stocking; now I wonder who put the stock ing by the bed, and the bed in the room, and the room in the house, and the house on the planet, and the great planet in the void. Once I only thanked Santa Claus for a few dolls and crackers, now I thank him for stars and street faces and wine and the great sea. Once I thought it delightful and astonishing to find a present so big that it only went halfway into the stocking. Now I am delighted and astonished every morning to find a present so big that it takes two stockings to hold it, and then leaves a great deal outside; it is the large and preposterous present of myself, as to the origin of which I can afford no suggestion except that Santa Claus gave it to me in a fit of peculiarly fantastic goodwill.

From "Black and White" (1904)

jueves, 10 de diciembre de 2015

Empatía y Derechos Humanos


Cuando se elaboraba la Declaración Universal de 1948, el documento que hoy cumple 67 años, los redactores se preocuparon por incorporar en ella los motivos para que cualquier persona se supiera vinculada por estos derechos. Los textos de derechos humanos clásicos, elaborados durante la Revolución Francesa y la Independencia Norteamericana del siglo XVIII, seguían una intuición de Kant. Para ellos cuando los ciudadanos se veían expuestos al goce de su libertad, esta experiencia desencadenaría su deseo de vivir conforme a esa autonomía. De esta forma, los derechos humanos se transformarían en cultura en la media en que el Estado lograra que la mayor cantidad posible de personas pudieran construir su proyecto de vida conforme a sus gustos y deseos.

150 años después, los redactores de la Declaración Universal de 1948, sin negar el valor de la libertad, colocaron el resorte de los derechos humanos en otra experiencia. Una de las versiones preliminares del artículo primero decía que todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que por tanto todos debían comportarse como hermanos entre sí. Entonces, el libanés Charles Malik sugirió que se incorporara la palabra razón, por la que nos damos cuenta de esas exigencias de solidaridad. El francés René Cassin apoyó la sugerencia; así redactada, la fórmula  "intenta comunicar la idea que el hombre más humilde de cualquier cultura posee la chispa particular que lo distingue de los animales, y al mismo tiempo lo obliga a una mayor grandeza y mayores deberes que a cualquier otro ser de la tierra".

Por su parte el delegado Chino, propuso incluir una traducción de un término del vocabulario ético de Confucio. Es la palabra es Ren. Se podría traducir como empatía, ponerse en los pies del otro, tratar con humanidad al vecino, o como solidaridad hacia los demás. Es decir, Ren significaría nuestra capacidad de humanizarnos partir de descubrir cuáles son los requerimientos de la dignidad específica de una persona concreta que sólo se hacen realidad a través de mi compromiso solidario con ella. La palabra que propuso para referirse a esta experiencia humana fue conciencia. Así fue como "razón y conciencia" se agregaron al artículo 1, de la Declaración Universal.

De esta forma, si los documentos de derechos humanos del s. XVIII, presuponían que era la libertad la que detonaría nuestro compromiso por ellos; la Declaración de 1948, se centra en la empatía. La diferencia es fundamental. ¿Por qué? Si todo depende de mi libertad, entonces en el fondo, todo se trata de exigir lo que tengo a mi favor y lo que creo que merezco. En un segundo momento, revisaríamos si no dañamos los derechos de otros, pues se supone que nuestra libertad termina donde comienza la de los demás. Este sería el modelo que abandonaron los redactores de la Declaración Universal de 1948. Para ellos, la fuerza motora de los derechos humanos es la experiencia de la empatía. Es decir, para ser capaces de percibir cuáles son nuestros propios derechos, hemos de ser unos expertos en empatía solidaria. Primero conocemos la dignidad y lo que ella significa, cuando buscamos hacer crecer a las personas que nos rodean. Sólo así tendremos entrenado nuestro ojo interior para percibir cuáles son nuestros derechos. Primero somos empíricos, luego descubrimos nuestros derechos.

Para terminar, durante los trabajos de redacción de la Declaración, la UNESCO envió un cuestionario a intelectuales de esa época para preguntarles su opinión sobre los derechos humanos. Mahatma Gandhi envió esta respuesta:
“He aprendido de mi madre, analfabeta pero sabia, que todos los derechos que merecen ser protegidos y preservados nacen del deber cumplido previamente. [...] A partir de este presupuesto fundamental, quizá sea más fácil definir primero los deberes del hombre y la mujer y después correlacionarlos con algún derecho. Derechos sin deberes, es una usurpación por la que difícilmente vale la pena luchar”.