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lunes, 18 de octubre de 2021

«"La" barra de la abogacía»: lenguaje incluyente y derecho



En mi colegio de abogados se mueve una iniciativa su nombre para visibilizar a mis colegas. De «Barra Mexicana Colegio de Abogados» a «Barra Mexicana Colegio de la Abogacía». Un paso para visibilizarlas: Pero, «¿hace falta algo así si ya forman parte de ella y de sus estructuras directivas? Ya se menciona a la Barra Mexicana, ¿qué no?». Ellas no merecen una objeción así de barata. No. 

(1) No es posible pensar sin lenguaje, sin sus palabras ni su estructura. Pregúntenle a Wittgenstein. Esto lo vemos cuando al oír una canción decimos: «sí, eso es lo que me pasaba, hasta que tuve estas letras reconocí esa inquietud». 

(2) En inglés, los objetos inanimados o animales se designan en neutro, algo que no sucede en castellano o el alemán. Así por ejemplo, en inglés el sustantivo key es neutro en su género pero en castellano decimos la llave, y en alemán schlüssel (masculino). Algo similar sucede con bridge que en español se trata de el puente; y en alemán, brücke (femenino). 

(3) En castellano, a veces el género se incorpora a la palabra para designar al sujeto -como señor-señora, o abogado-abogada-; en otras, sirve para distinguir dos cosas distintas como leño-leña, manzano-manzana... derecho-derecha. Por último, algunas palabras solo admiten un único género, como teléfono... o justicia.

¿Cambia nuestra percepción de un objeto inanimado, un animal o una acción si se le asigna un género masculino o femenino? ¿Con qué sustantivo se asocian estas dos objetos o valores sin género: justicia y derecho? La justicia suele describirse como equidad, armonía, afinada, concordia; y le corresponden acciones como cuidar, celebrar, proteger y defender. El derecho se asocia con orden, estabilidad, fuerza, fundamento, rectilíneo, persistencia; y se le relaciona con acciones como construir, habilitar, diseñar. ¿Estamos condicionados por los sesgos de nuestro idioma? Evidentemente. ¿Esa limitación nos inclina a vincular una realidad con su asociación de género? Sin duda. ¿Y a tratarla como lo hacemos con el resto de cosas femeninas o masculinas? Claro. Esto Algunos estudios sobre este problema pueden verse aquí, o aquí, o aquí, o aquí, o aquí, o aquí, o aquí, o aquíaquí)  

Pero, como decía Nietzsche, no podemos deshacernos de Dios (de la racionalidad) mientras no podamos liberarnos de la gramática (de su estructura  condicionante). El lenguaje inclusivo no es la panacea, ni puede moldear el lenguaje a su gusto sin volverse incomprensible. Por eso no se trata de decir que una mujer que tararea sea una cantanta; pero sí quizá de elegir alternativas como presidenta y abogada cuando sea posible. O tal vez incorporar opciones gramaticales neutras que visibilicen ese sesgo, como abogacía. O si cuando se utiliza el lenguaje con su género  se reconozca un condicionamiento en el lenguaje, el pensamiento y de la acción. 

Ahora, una confesión. Saqué la idea de este texto que es lo que más me ha gustado de este tema. Se trata de un trabajo de Sol Minoldo y Juan Cruz Balian: La lengua degeneradaHacia el final dicen:

«la lengua es maleable y que apoyar o rechazar un uso disruptivo, que tiene por objeto reclamar derechos larga e injustamente negados, es una decisión política, no lingüística. Que si se busca un mundo más igualitario, la lengua no es una clave mágica para conseguirlo, pero tampoco se lo puede negar como espacio de disputa».

sábado, 9 de septiembre de 2017

La comida del Costco: una clave para la interpretación jurídica


Lo propio del jurista es ajustar las reivindicaciones de las partescon la inherencia de las cosas, con la dignidad de las personas. El argumento que construye implica un ejercicio de interpretación. Aquí va un ejemplo de una parte de ese proceso de elección y valoración. En Hawaii unos policías catean sin orden judicial la camioneta de unos sospechosos. La autoridad alega que tenían motivos razonables para hacerlo. La mayoría del tribunal de alzada piensa que sí. 

En una conversación interceptada por la policía, los acusados Penitani y Faagai se citan en un Costco para comprar comida. Para la policía –y la mayoría de los magistrados- era raro que la reunión  se pactara en una tienda a 32 kms, y no en una más cercana, a 8kms. Había indicios que por «comida» los acusados entendían  «droga» y por eso se justificaba el registro. Pero en su voto disidente, al magistrado Kozinski le parece sorprendente algo de sentido común y experiencia cotidiana: la comida del Costco:
«Many people go to Costco to buy food. If talking about shopping for food at Costco were sufficient to justify a search, many of us would be searched by the police twice a week—thrice right before Thanksgiving».
Pero si iban sólo a comprar alimentos, ¿no es sospechozo que hubieran quedado en un sitio cuatro veces más lejano? Kozinski sugiere que la decisión la podrían haber tomado como lo hacen las mamás. La mía una vez me dijo: «¡Mi'jito! ¡Tráeme sal de Culiacán porque la que compro aquí en Guadalajara no sabe igual. La comida no me queda bien». Dice Kozinski (los corchetes y las negritas son añadidos míos):
«The majority deems it “unlikely that Faagai and John Penitani met at the Kapolei Costco to shop for food” because there was another Costco much closer to downtown Honolulu. But as savvy shoppers know, not all Costcos are the same. For example, the Kapolei location [la lejana] is twenty years newer than its downtown Honolulu counterpart [la cercana], and features a “fresh deli.” [...] These are entirely innocent reasons for preferring the Kapolei store».
¡Claro! «Hay que ir al otro Costco porque ahí sí venden Fresh Deli y está más nueva». ¡Levante la mano quién no a comprado así su despensa! Para Konzinski esta interpretación de los hechos dejaría sin motivos razonables (probable cause) el cateo impugnado. Los acusados se han comportado como haría cualquiera. Por eso, concluye el magistrado disidente:
«I dissent, and I’m off to Costco to buy some food».

sábado, 10 de diciembre de 2016

A rare copy of the Universal Declaration



(For English, after the in Spanish text)

Encontré este borrador de la Declaración Universal. Es el penúltimo borrador sobre el que Charles Malik (Líbano) tuvo cuidado de (i) anotar las correcciones que sobre ese texto hicieran durante la elaboración del último borrador (ii) los votos que generó -a favor, en contra, abstenciones- y (iii) pedir a sus colegas que la firmaran. 

En sí mismo, no tiene valor jurídico alguno; pues el texto que vemos después fue aprobación por el pleno de la Asamblea General el 10 de diciembre. Pero no podemos dejar de agradecer a Charles Malik (Líbano) el cuidado que tuvo en pedir a sus colegas que firmaran su copia. Ahí están las firmas de los redactores nucleares: Eleanor Roosevelt, P.C. Chang, René Cassin, John Humphrey, Hernán Santa Cruz, y el resto de sus colegas de la Tercera Comisión de la Asamblea General.

Hasta donde sé, es la única Declaración con estas características. ¿Ya viste la firma del mexicano?

The Universal Declaration of Human Rights signed by its drafters texto lo encontré en los Charles MAlik's Papers, Library of the Congress, Manuscript Division, Box 78, Folder, 8. En pdf se puede bajar aquí 


I found this draft of the Universal Declaration of Human Rights.  It is the penultimate draft, on which Charles Malik (Lebanese) took care to (i) annotate the corrections which were done on it during the preparation of the last draft, (ii) annotate the votes on every single article – in favor, against, or abstain – and (iii) ask his colleagues to sign. In itself, it has no juridical value; the text which we see afterwards was approved in the plenary session of the Assembly General on December 10.  But we cannot stop being grateful to Charles Malik (Lebanese) for the care he took in asking his colleagues to sign his copy.  On it are the signatures of the nuclear drafters: Eleanor Roosevelt, PC Chang, Rene Cassin, John Humphrey, Hernan Santa Cruz, Pavlov, and the rest of their colleagues in the Third Commission of the Assembly General.  I found this «Universal Declaration of Human Rights signed by its drafters» at Charles MAlik's Papers, Library of the Congress, Manuscript Division, Box 78, Folder, 8. Here, you can download a pdf version 

Gracias a Cristina Montes por su ayuda en la traducción









miércoles, 17 de agosto de 2016

Rizzo, el beisbol y jugar más allá de los límites


Hace tiempo escribí en el blog que el beisbol es un deporte en el que experimentamos desde el fracaso hasta la diversión más allá de los límites de la propia existencia:
¿Cuál es la orilla del campo dentro de la cual es válido demostrar creatividad y capacidad atlética? En el fondo, no es más que preguntarse ¿cuál es la frontera real -espacial o temporal- a la que podemos aspirar, incluso cuando jugamos dentro de las reglas? [...] Quizá la vida se trate de eso: de jugar aquí, a pesar de nuestros reveses y caídas, y de vez en cuando, experimentar lo que existe más allá de las fronteras. Un filósofo existencial lo diría así: «¿No te has dado cuenta que la vida debe ser eso? ¿Jugar aquí para de pronto divertirse más allá?» Si nuestros días suceden entre el juego, las reglas, el campo, los límites y lo que existe más allá de estos, entonces esta escena es, simplemente, existencial.
En esa entrada se mostraba a un jugador, Anthony Rizzo, que cruzaba las fronteras del campo y en las gradas atrapaba una pelota para marcar un out... ¡Lo ha vuelto a hacer!


lunes, 18 de julio de 2016

¿Trabajar durante Universidad? La opinión de Platón


Hoy llegaron 132 novatos al propedéutico de su licenciatura en Derecho. Su primer día en la Universidad. Ahí viene la pregunta: «–¿Y cuándo me recomienda comenzar a trabajar?». Como posible respuesta, van unos párrafos en el Teeteto de Platón, un diálogo sobre el saber. Este filósofo había trabajado en el mundo real: se dedicó a la política y, entre otras cosas, fue contratado para redactar una constitución en Siracusa. No era un pensador de los que tejen cobijas con las nubes. Pues bien, hay un pequeño diálogo en el Teeteto donde se preguntan en qué consiste el saber de quien trabaja en un tribunal y se empeña en los asuntos jurídicos. Platón asume que si alguien sólo sabe de eso, entonces no conoce lo importante.

Recuerda que una vez, Tales de Mileto cayó en un pozo mientras veía las estrellas. Una esclava se burló de él más o menos así: «¡Hey! ¡Pringa'o! ¡Quieres saber las cosas del cielo, pero te olvidas de las que tienes delante de tus pies!». Platón toma la broma que se lanza a los filósofos y la revira contra el que sólo sabe de lo que sucede en el mundo laboral: será esclavo de un saber parcial y limitado. Su castigo será vivir consigo mismo, será traicionado por sus categorías una y otra vez, su mundo se reducirá a lo que sucede en su área jurídica. Terminará tropezando, pues pensará que conocer cómo opera el derecho es suficiente para saber vivir la vida.

¿Trabajar mientras se estudia en la universidad? Tal vez sí; siempre que no se abandone el esfuerzo por saber aquellas cosas que vale la pena saber. Sólo si se es conciente de que el mundo laboral es sólo una parcela de la vida real de una persona. Platón sugeriría que lo más importante es la madurez intelectual para saber quiénes somos y cómo edificamos una vida libre, llena de amigos, bella, justa y plena.

¿Trabajar para conocer el mundo real y garantizar un futuro laboral? Si es sólo por eso, entonces, concluiría Platón, habría que prepararse para el castigo inherente a ese carácter: «convivirás contigo mismo. Tropezarás una y otra vez, por culpa de tus propias categorías intelectuales».

En otras palabras, el problema no está en trabajar o no, sino en lo que busco madurar al empeñarme en esa actividad, y lo que dejo de saber por dedicarle tiempo a ello.

Aquí va el texto de Platón. Primero puse una versión breve con comentarios; abajo, unos párrafos menos recordados.

Teeteto 
172c-177c
Los que han rodado desde jóvenes por tribunales y lugares semejantes parecen haber sido educados como criados [o lacayos] [...] Siempre hablan con la urgencia del tiempo, pues les apremia el flujo constante del agua. Además, no pueden componer sus discursos sobre lo que desean, ya que la parte contraria está sobre ellos y los obliga a atener se a la acusación escrita, que, una vez proclamada, señala los límites fuera de los cuales no puede hablarse [Ellos mismos se limitan a hablar de asuntos jurídicos]. [...] Sus discursos versan siempre sobre algún compañero de esclavitud [alguien que sólo habla de derecho] y están dirigidos a un señor que se sienta con la demanda en las manos.  Hasta tal punto tratan sus disputas de asuntos puramente particulares [parciales], que muchas veces se parecen a una carrera por la propia vida. De manera que, a raíz de todo esto, se vuelven violentos y sagaces, y saben cómo adular a su señor con palabras y seducirlo con obras. Pero, a cambio, hacen mezquinas sus almas y pierden toda rectitud. La esclavitud que han sufrido desde jóvenes les ha arrebatado la grandeza de alma, así como la honestidad y la libertad, al obligarlos a hacer cosas tortuosas y al de parar a sus almas, todavía tiernas, grandes peligros y temores, que no podían sobrellevar aún con amor a la justicia y a la verdad. [...]
Cuando una persona así en sus relaciones particulares o públicas con los demás se ve obligada a hablar, en el tribunal o en cualquier otra parte, de las cosas que tiene a sus pies y delante de los ojos, da que reír no sólo a las tracias, sino al resto del pueblo. Caerá en pozos y en toda clase de dificultades debido a su inexperiencia [del auténtico mundo real, del que hace que valga la pena la vida de una persona], y su terrible torpeza da una imagen de necedad. Pues, en cuestión de injurias, no tiene nada en particular que censurar a nadie [no se entera, porque no lo ve; sus esquemas mentales atrofiados se lo impiden], ya que no sabe nada malo de nadie, al no haberse ocupado nunca de ello. Por tanto, se queda perplejo y hace el ridículo. Y ante los elogios y la vanagloria de los demás, no se ríe con disimulo [como restanto importancia al adulador], sino tan real y manifiestamente que parece estar loco. [...] En todos estos casos una persona así sirve de mofa al pueblo, unas veces por su apariencia de soberbia, y otras veces por el desconocimiento de lo que tiene a sus pies y la perplejidad que en cada ocasión le envuelve. [En el fondo el que sólo sabe de la operación jurídica, o de su ámbito profesional,  desconoce lo más importante, no se da cuenta de ello y tropieza, como Tales de Mileto, ante lo que tiene a sus pies] [...]
Pues bien, como no se dan cuenta de esto, debido a su insensatez y a su extrema inconsciencia se les pasa por alto que con sus acciones injustas se hacen más semejantes a uno de ellos [al injusto] y menos al otro [al virtuoso]. Viviendo esa clase de vida a la que ellos se asemejan es, pues, como reciben el castigo. [La sansión es vivir con ellos mismos o con alguien similar a ellos] 
-o-
Sócrates: — Por cierto, muchas veces, querido amigo, se me ha ocurrido pensar, como en esta ocasión, que los que se han dedicado mucho tiempo a la filosofía frecuentemente parecen oradores ridículos, cuando acuden a los tribunales.
Teodoro:— ¿Qué quieres decir?
Sócrates:— Que los que han rodado desde jóvenes por tribunales y lugares semejantes parecen haber sido educados como criados, si los comparas con hombres libres, educados en la filosofía y en esta clase de ocupaciones.
Teodoro:— ¿En qué sentido?
Sócrates: — Estos últimos disfrutan del tiempo libre al que tú hacias referencia y sus discursos los componen en paz y en tiempo de ocio. Les pasa lo mismo que a nosotros, que, de discurso en discurso, ya vamos por el tercero. Si les satisface más el siguiente que el que tienen delante, como a nosotros, proceden de la misma manera. Y no les preocupa nada la extensión o la brevedad de sus razonamientos, sino solamente alcanzar la verdad. Los otros, en cambio, siempre hablan con la urgencia del tiempo, pues les apremia el flujo constante del agua. Además, no pueden componer sus discursos sobre lo que desean, ya que la parte contraria está sobre ellos y los obliga a atener se a la acusación escrita, que, una vez proclamada, señala los límites fuera de los cuales no puede hablarse. Esto es lo que llaman juramento recíproco. Sus discursos versan siempre sobre algún compañero de esclavitud y están dirigidos a un señor que se sienta con la demanda en las manos.
Hasta tal punto tratan sus disputas de asuntos puramente particulares, que muchas veces se parecen a una carrera por la propia vida. De manera que, a raíz de todo esto, se vuelven violentos y sagaces, y saben cómo adular a su señor con palabras y seducirlo con obras. Pero, a cambio, hacen mezquinas sus almas y pierden toda rectitud. La esclavitud que han sufrido desde jóvenes les ha arrebatado la grandeza de alma, así como la honestidad y la libertad, al obligarlos a hacer cosas tortuosas y al de parar a sus almas, todavía tiernas, grandes peligros y temores, que no podían sobrellevar aún con amor a la justicia y a la verdad. Entregados así a la mentira y a las injurias mutuas, tantas veces se encorvan y se tuercen, que llegan a la madurez sin nada sano en el pensamiento. Ellos, sin embargo, creen que se han vuelto hábiles y sabios. Así es esta gente, Teodoro [...]
Es lo mismo que se cuenta de Tales, Teodoro. Éste, cuando estudiaba los astros, se cayó en un  pozo, al mirar hacia arriba, y se dice que una sirvienta tracia, ingeniosa y simpática, se burlaba de él, porque quería saber las cosas del cielo, pero se olvidaba de las que tenía delante y a sus pies. La misma burla podría hacerse de todos los que dedican su vida a la filosofía. En realidad, a una persona así le pasan desapercibidos sus próximos y vecinos, y no solamente desconoce qué es lo que hacen, sino el hecho mismo de que sean hombress o cualquier otra criatura. Sin embargo, cuando se trata de saber qué es en verdad el hombre y qué le corresponde hacer o sufrir a una naturaleza como la suya, a diferencia de los demás seres, pone todo su esfuerzo en investigarlo y examinarlo atentamente. ¿Comprendes, Teodoro, o no?
Teodoro:—Sí, y tienes razón.
Sócrates: —Así pues, querido amigo, como te decía al principio, cuando una persona así en sus relaciones particulares o públicas con los demás se ve obligada a hablar, en el tribunal o en cualquier otra parte, de las cosas que tiene a sus pies y delante de los ojos, da que reír no sólo a las tracias, sino al resto del pueblo. Caerá en pozos y en toda clase de dificultades debido a su inexperiencia, y su terrible torpeza da una imagen de necedad. Pues, en cuestión de injurias, no tiene nada en particular que censurar a nadie, ya que no sabe nada malo de nadie, al no haberse ocupado nunca de ello. Por tanto, se queda perplejo y hace el ridículo. Y ante los elogios y la vanagloria de los demás, no se ríe con disimulo, sino tan real y manifiestamente que parece estar loco. [...] Se ríe de los que son incapaces de hacer un cálculo de esta naturaleza y no alejan la vanidad de su alma insensata. En todos estos casos una persona así sirve de mofa al pueblo, unas veces por su apariencia de soberbia, y otras veces por el desconocimiento de lo que tiene a sus pies y la perplejidad que en cada ocasión le envuelve.
Teodoro: — Eso que estás diciendo, Sócrates, es exactamente lo que ocurre.
Sócrates: — Pero, querido amigo, cuando consigue elevar a alguien a un plano superior y la persona en cuestión se deja llevar por él, el resultado es muy distinto. Entonces quedando a un lado las cuestiones relativas a las injusticias que yo cometo contra ti o tú contra mí, y se pasa a examinar la justicia y la injusticia en sí mismas, lo que ambas son, y las diferencias que distinguen a la una de la otra, así como a ellas mismas de todo lo demás. De preguntas acerca de si es feliz el rey que posee riquezas se pasa a un examen de la realeza y de la felicidad o la desgracia que en general afecta a los hombres, para averi guar que son ambas y de qué manera le corresponde a la naturaleza del hombre poseer la una y huir de la otra. Cuando alguien de mente estrecha, sagaz y leguleyo, tiene d que dar una explicación de todas estas cuestiones, se in vienen las tornas. Suspendido en las alturas, sufre de vértigos y mira angustiado desde arriba por la falta de costumbre. Su balbuceo y la perplejidad en la que cae no dan que reír a las tracias, ni a ninguna oirá persona carente de educación, pues ellas no perciben la situación en la que se halla, pero sí a todos los que han sido instruidos en principios contrarios a la esclavitud.
Ésta es la manera de ser que tienen uno y otro, Teodoro, el primero ha sido educado en la libertad y el ocio, es precisamente el que tú llamas filósofo. A éste no hay que censurarlo por parecer simple e incapaz, cuando se ocupa de menesteres serviles, si no sabe preparar el lecho, condimentar las comidas o prodigar lisonjas. El otro, por el contrario, puede ejercer todas estas labores con diligencia y agudeza, pero no sabe ponerse el manto con la elegancia de un hombre libre, ni dar a sus palabras la armonía que es preciso para entonar un himno a la verdadera vida de los dioses y de los hombre bienaventurados. [...]
En relación con esto es como hay que valorar la verdadera habilidad de un hombre o su insignificancia y falta de virilidad. Pues la sabiduría y la verdadera virtud no son otra cosa que el conocimiento de la justicia, y su desconocimiento es ignorancia y maldad manifiesta. Cualquier otra cosa que pudiera parecer habilidad y sabiduría, en el ejercicio de la política es grosería y en las artes vulgaridad. En consecuencia, al hombre que es injusto o impío de palabra o de obra es al que menos puede reconocérsele que tiene habilidad por su falta de escrúpulos. Ellos, en efecto, se vanaglorian de lo que, en realidad, es un reproche y creen oír con ello que no son, como los necios, una mera carga de la tierra, sino hombres como hay que ser para estar a salvo en la ciudad.
Así pues, debemos decir la verdad: ellos son lo que no creen ser, tanto más cuanto menos lo creen, pues desconocen el castigo de la injusticia, que es lo que menos conviene desconocer. Este castigo no es el que piensan, no consiste en los golpes ni en la muerte que a veces no sufren los que practican la injusticia, sino en un castigo del que no es posible escapar. [...]  Pues bien, como no se dan cuenta de esto, debido a su insensatez y a su extrema inconsciencia se les pasa por alto que con sus acciones injustas se hacen más semejantes a uno de ellos [al injusto] y menos al otro [al virtuoso]. Viviendo esa clase de vida a la que ellos se asemejan es, pues, como reciben el castigo. [...] Pues bien, como no se dan cuenta de esto, debido a su insensatez y a su extrema inconsciencia se les pasa por alto que con sus acciones injustas se hacen más semejantes a uno de ellos y menos al otro. Viviendo esa clase de vida a la que ellos se asemejan es, pues, como reciben el castigo. 

jueves, 25 de febrero de 2016

Scalia, originalismo y las cualidades del jurista


Murió el ministro de la Suprema Corte Norteamericana Anotin Scalía. En el mundo jurídico, el apellido "Scalía" era sinónimo de polarización pero también de agudeza y sentido del humor. Fue un juez polémico, pero con su muerte, me ha llamado la atención dos cualidades que incluso sus rivales ideológicos le reconocen. Dos características que, nos guste o no, a pesar de ser un juez extranjero, sus opiniones influían en la interpretación y forma de entender el derecho en México.

La primera. Scalia fue defensor de una corriente de interpretación constitucional llamada  originalista. Es decir, para él la Constitución habría que interpretarla en el sentido original que los redactores del texto quisieron darle al documento. Si por algún motivo, el texto se quedaba en el pasado, su actualización se reservaba a un proceso democrático, y no es válido decir que la Constitución es un documento vivo, cuya adecuación a los nuevos tiempos es tarea de los jueces constitucionales. Nuestra suprema Corte, no sigue ese criterio. Por ejemplo, cuando interpretó que en el matrimonio no era esencial el carácter procreativo para determinar quién tiene acceso al mismo, el argumento que siguieron nacía de la convicción, de que había cambiado la sociedad mexicana y ahora aceptaban nuevos modelos de familia. Pero fue una decisión de jueces, no de una discusión democrática. Scalia diría que una decisión así tendría que ser una conclusión sometida a un debate democrático: cambiar la constitución democráticamente, y no hacer nacer derechos de un documento que no pretendía otorgarlos. En ocasiones puede ser más lento, puede dejar obsoleta a la Constitución, pero hacerlo así es más democrático que la ingeniería social que pudieran hacer unos jueces desde su posición en la Suprema Corte. 


La segunda característica de Scalía es esta. Todos sus detractores y rivales -no enemigos-, recuerdan de él, su sentido del humor, su disponibilidad para hablar con quienes no pensaban como él, y su agudeza mental.  Dice Arturo Sarukhán, antiguo embajador de México en Estados Unidos que a pesar de sus diferencias respecto a la portación de armas, el derecho de los mexicanos condenados a muerte sin la protección consular, "siempre mantuvimos una relación respetuosa y cordial, al grado que el juez me invitaba una vez al año a comer con él en el recinto de la Corte". Me ha llamado la atención cómo incluso sus compañeros en el tribunal más distantes deológicamente hablando, a los que les dedicó sus famosísimos sarcasmos y burlas en sus votos particulares, lo recuerdan más bien como un amigo brillante y con un gran sentido del humor. Dice Sarukán que "Más allá de nuestras convicciones personales y posiciones ideológicas [encontradas], es ese sentido de diálogo y respeto a las diferencias lo que de nuevo ha sido minado en EU con su fallecimiento".



Esta va dedicada a Guillermo GO que hoy es su cumpleaños

domingo, 8 de noviembre de 2015

El «ajustado» y «lo justo»


He seguido con el minicurso sobre la comprensión occidental de la Justicia. La primera clase la dedicamos a hablar sobre «la justicia» como «el ajustado». Para eso seguimos a Jane Austen como la que diseña personajes cuya misión es ajustarse (aquí el link). 

El segundo sentido en que Occidente comprende la justicia es como «lo justo». Es decir, como aquel equilibrio que existen entre las personas gracias a la equidad que se logra con las cosas y posiciones que los relacionan. También hablamos sobre la transformación conceptual que se operó con la popularización de la palabra «Derecho». 

Ya sé que John Finnis piensa que la discusión es irrelevante. Tal vez tiene razón si de lo que se trata es describir el fenómeno jurídico como tal. Pero sigo pensando que es importante para comprender las distintas formas en que Occidente ha querido comprender lo que significa la justicia.


sábado, 15 de agosto de 2015

Besibol: jugar más allá de los límites

Anthony Rizzo
El beisbol se trata en el fondo, de llegar a casa, incluso si en el camino me encuentro con lo que está más allá. Dicho en forma menos remilgada, es un juego donde las altas dosis perseverancia y estoicismo ante el fracaso, preparan el carácter para divertirse legítimamente con lo que existe después de los límites. 

¿Cuánto dura un partido, o dicho de otro modo cuál es el tope de extrainnings permitido en un juego? ¿Hasta dónde se vale que llegue una pelota que se ha ido de homerun o qué hay más allá de la barda? ¿Dentro de qué espacio territorial es posible hacer una gran jugada? ¿Cuál es la orilla del campo dentro de la cual es válido demostrar creatividad y capacidad atlética?  En el fondo no es más que preguntarse ¿cuál es la frontera real -espacial o temporal- a la que podemos aspirar, incluso cuando jugamos dentro de las reglas? 

El beisbol es un deporte con una gran dosis de paciencia y tolerancia al fracaso. Es el precio que hemos de pagar para disfrutar y jugar de vez en cuando en el terreno que existe más allá de límites marcados el campo legal. De vez en cuando, seguimos la pelota hasta donde llegue, incluso una vez que cruzó la frontera del terreno. Es más, incluso fuera de los límites del campo de juego, es válido sacar un out...

Quizá la vida se trate de eso: de jugar aquí, a pesar de nuestros reveses y caídas, y de vez en cuando experimentar lo que existe más allá de las fronteras. Un filósofo existencial lo diría así: «¿No te has dado cuenta que la vida debe ser eso? ¿Jugar aquí para de pronto divertirse más allá?»

Si nuestros días suceden entre el juego, las reglas, el campo, los límites y lo que existe más allá de estos, entonces esta escena es, simplemente, existencial.

Dedicada al Diablo-Vasco-Tomatero mayor, en su cumpleaños

jueves, 13 de agosto de 2015

Taxi, Uber y la Guerra del Peloponeso



Tucídides escribió una importante obra para la cultura occidental en el que narra la guerra entre Atenas y Esparta. Me refiero a su famosísima obra La Guerra del Peloponeso. Para este historiador griego, hace al rededor de 2500 años, tras un gran general y líder, como había sido Pericles, no hubo en Atenas un jefe con carácter, visión y creatividad a la altura de las circunstancias, lo que precipitó la caída de la gran Atenas a manos de los rústicos Espartanos. 

En ese libro, Tucídides recoge un pasaje más o menos a la mitad de la Guerra del Peloponeso: el sitio de la pequeña isla de Melos. En el diálogo con los Melios,  los generales atenienses no se van por las ramas, ni esconden sus intenciones: O se unen a nosotros contra Esparta o sufrirán la esclavitud. Los melios responden: tenemos derecho a elegir aliarnos o no, y preferimos ser neutrales. Los generales atenienses no están conformes: si no se unen a nosotros, el resto de aliados pensará que somos débiles, por que fuimos incapaces de convencer -ya sea por la fuerza de la razón o ya sea en razón de la fuerza- a una islita insignificante. Así que, con todo y la pena, o se unen o los eliminaremos. 

Los melios ofrecen su mejor argumento: tenemos derecho a elegir. Atenas responde con unas memorables palabras, que más o menos serían estas: «Miren chiquillos, en el mundo real, el derecho sólo tiene que ver con quienes son iguales en poder y fuerza. Pero cuando no es así, el derecho es lo que el fuerte haga todo hasta donde quiera y pueda, y el derecho del débil consiste en padecer hasta donde resista» [La traducción de Gredos, más precisa, dice: «las razones del derecho intervienen cuando se parte de una igualdad de fuerzas, mientras que, en caso contrario, los más fuertes determinan lo posible y los débiles lo aceptan»]

Una trágica respuesta que resume dos formas de comprender el derecho que se mantienen en tensión y que han acompañado al mundo occidental desde entonces. ¿Para qué sirve la ley y el derecho? ¿Por qué la obedecemos? O el derecho se funda en la fuerza de la razón o sólo consiste en lo que se dice el más fuerte. Hoy somos más elegantes y decimos: el derecho es lo que dice quien tiene más fuerza representada votos en una cámara, es derecho lo que diga quien tenga más afinidad ideológica en entre los ministros de la Suprema Corte [algo así lo dice el ministro Cosío: mientras permanezca esta composición ideológica, el derecho al matrimonio será lo que digamos estos ministros]; es derecho quien más poder político tenga, más fuerza militar imponga o negocie con más recursos económicos.

Para un profesor de filosofía del Derecho, lo que hemos visto en el debate de Uber y los taxis amarillos es la situación ideal para ejemplificar esta tensión que exponía Tucídides. Por una parte, algunos argumentos a favor de los taxis amarillos se decantan por la fuerza de la ley. No importa qué es razonable sino que la ley ya dice esto, no hay de otra sino callar y obedecer o aplicar su fuerza de la ley ya escrita

Contra esto, los partidarios de Uber responden:  ¿Pero por qué es razonable que el Estado regule el transporte de particulares a cargo de otros? ¿Y si esa manera de hacerlo es caduca y claramente ineficaz? ¿Por qué se ha de considerar taxi a una nueva plataforma para contactar a dos particulares mediante un intermediario? Y si Uber ha puesto de manifiesto que el modelo sobre el que se justifica la regulación estricta de los amarillos es caro, deficiente, en ocasiones arbitrario: ¿por qué he de pagar más, por un peor servicio? ¿Es razonable reducirlo todo al modelo anterior sólo por que está en la ley?

No me interesa resolver aquí la diferencias entre los dos servicios, sino llamar la atención sobre esta tensión propia de nuestra comprensión del derecho: ¿Por qué habríamos de excluir a Uber o por qué habríamos de permitirle operar? ¿Qué invocamos como principal motivo? ¿La fuerza de la ley o la razonabilidad de una norma? 

¿Cuál es la moraleja de todo esto? Volvamos a la Guerra del Peloponeso. Tucídides termina el diálogo narrando la masacre de Melos -el débil- a manos de Atenas -por cierto, sin ningún remordimiento-. Pero la historia no termina ahí. La guerra del Peloponeso acaba con la derrota de Atenas. Tucídides parece recordarnos que cuando sólo la fuerza es la que orienta el derecho, tarde o temprano la ley misma es la que destruye las propias bases sobre las que sostuvo su éxito: desalienta la formación de líderes a la altura de los problemas, aplasta personas y su aceptación por el valor de esa ley y agota la eficacia de la solución que pretendía instaurar y sobre la que pudo haber obtenido algunas victorias.  



miércoles, 20 de mayo de 2015

Preguntas en la última clase


Los alumnos del último semestre están preparando un video final de licenciatura. Eligieron un salón de clase y nos invitaron a dos profesores a estar ahí. Sólo necesitaban video y el profesor ambientaba la escena. El audio no era importante. Podríamos hablar de cualquier cosa, desde la eficacia de Aquamán en el desierto hasta el uso de la raíz cuadrada por un abogadoPues bien, como había que decir algo, como era una última clase, dije esto:
¿Quieres ser feliz una hora? Disfruta de un bife o de un asado. ¿Un día? Juega golf, ve a un partido de futbol o a una fiesta. ¿Qué tal por una semana? Compra un carro. ¿Y un mes? Termina tu licenciatura ¿Por un año? Gana la lotería. 
¿Quieres ser feliz toda la vida? ¿Qué debes hacer? ¿Qué precio es el que has de pagar? ¿Qué sacrificios estarías dispuesto a intentar? ¿Qué talento tendrías que mejorar? ¿Qué habilidad incorporar a tu carácter? ¿Qué problemas tendrías que superar? ¿Cuáles habría que despreciar? ¿Con qué tipo de personas debes juntarte? ¿Qué hacen los son realmente felices? ¿Cómo haces para llamar su atención y que estén a gusto de convivir contigo? ¿Qué les has de aportar? ¿A qué lugares van? ¿Qué dejan de hacer? ¿Qué no dejan de hacer?
La fiesta se puede planear, la alegría no. Quizá el secreto está no en ser capaz de organizar fiestas sino de atraer a personas que la llenen con su alegría (Nietzsche dixit). Tal vez el tesoro de la felicidad se esconde nuestra capacidad de atraer a personas que son felices.
Para ser honestos, las ideas se las volé a Lou Holtz, el legendario coach de Notre Dame. Aquí un video donde dice estas ideas de las que habla con frecuencia


domingo, 22 de marzo de 2015

Derecho y el ranking 2015.

Ranking 2015 de Licenciaturas en Derecho de Grupo Reforma
Hoy se publicó el Ranking 2015 de grupo Reforma. Ya lo sabemos, mide la opinión de los buscadores de talento (empleadores). Al igual que el año pasado, pienso que no da para mucho validar la calidad de una Universidad  a partir de lo que piensan los empleadores. Algo dice, por supuesto, pero la Universidad no ha de medirse sólo por ese factor. La Universidad no sólo credencializa -valida que se sabe hacer algo-, sino que también introduce en una tradición de pensar y comprender la relación de la persona con el mundo, con los otros y con Dios. Pone en contacto al alumno con una red de personas que lo incorporan a una forma de pensar y de vivir.

Si un bachiller quisiera utilizar un ranking para orientar su decisión sobre dónde estudiar, sugiero que ese medidor se haga a partir de dos factores: (1) Qué porcentaje de lo que prometió la Universidad que ofrecería por su misión institucional realmente se ofrece y (2) Qué porcentaje de lo que el alumno creía que encontraría, realmente lo ha transformado, cómo lo ha educado y formado ese cumplimiento de la misión institucional.

Y «nimodo»: si dicen que ese es nuestro lugar, nos han firmado un cheque que ahora hemos de fondear. Felicidades a mis colegas. 

Aquí está el link para ver el del DF y aquí el de Guadalajara (en ambos casos se requiere suscripción).

martes, 17 de febrero de 2015

¿Cómo aplicar en un despacho lo que se estudia en «Filosofía del Derecho»?

Irnerio, el primer profesor universitario de Derecho

"Oiga profe, un curso de «Filosofía del Derecho», ¿cómo se aplica en la vida profesional? ¿Qué aplicaré de lo aprendido aquí en un despacho?"

Hace unos días me hicieron esta pregunta de buena fe. En principio me sonó a un «¿para qué sirve un curso de filosofía del derecho?» También a un «¿por qué habría de complicarme la vida estudiando esta materia contigo, si la podría pasar con menos esfuerzo y más fácil? Total, en un despacho no te preguntan por lo que sabes de filosofía del derecho». Me pasaron dos respuestas por la cabeza: «La filosofía del derecho no sirve para nada. No se estudia para hacer algo (poiesis). Sólo sirve para  entender y actuar (praxis) con sentido». Y otra respuesta que alguna vez oí para este tipo de dudas: «Estudiamos esta materia para que no hagas ese tipo de preguntas» [No le contesté eso, por supuesto]. Un profesor de esta materia ya sabe que ha de justificar ante sus alumnos que su curso es relevante. Que vale tanto que incluso merece la pena complicarse los fines de semana para leer y preparar -en el caso de mi materia este es el plan- por algo «inútil».

Y aunque respondí algo de lo que escribiré ahora, aprovecho este post para darle más orden a la respuesta. [Espero terminar de ofrecer la clase de hoy].

1. El curso de Filosofía del Derecho no se justifica por que en él alguien podría aprender cosas valiosas para la vida. A lo largo de las clases discutimos sobre la belleza, sobre la conducta humana lograda, sobre el fundamento de la dignidad, sobre el papel de la universidad, sobre el equilibrio entre la razón y el sentimiento, sobre Jane Austen, etc. Para eso se podría estudiar ética, historia de las ideas, estética o literatura. Y la pregunta fue, «Profe, ¿cómo puedo aplicar su clase a mi trabajo diario en el despacho?»

2. En el curso de Filosofía del Derecho -al menos el que yo doy- intenta justificar cuál es el bien humano que se realiza con la acción libre cuando se practica el derecho. Y este bien es doble. Por una parte, el (i) equilibrio en la interacción de personas (ii) «a-través-de», mediante, o «con-motivo-de» (iii) las «cosas-situaciones-posiciones» ajustadas que los relacionan entre sí. A ese bien le llamamos «ius» y el argumento racional que lo descubre y entrega, justicia. 

El segundo bien que se pone en juego con la experiencia jurídica es la realización del diseño racional por el que coordinamos los modos variados de nuestra existencia común. A ese bien le llamamos «lex». Y al mismo tiempo, es la ley la que nos organiza, educa, coordina y coacciona como último recurso para no perder la vida civilizada.

3. Es importante que la experiencia jurídica se ancle en el ámbito de la acción racionalmente libre. La experiencia jurídica no gira en torno al uso de la fuerza -aunque a veces se justifique-, ni es un asunto de la voluntad. Si así fuera, el derecho sería sólo la ley del más fuerte, ¿y quién controla al que nos controla? ¿Qué distinguiría a un Estado de una banda de ladrones? Tampoco es el fruto de un cálculo utilitario donde descubro que me irá mejor si cumplo con la ley, pues ¿cómo puedo calcular a priori el resultado total y final de mis decisiones? ¿Es posible sumar y restar bienes que de suyo son inconmensurables? 

4. Cuando el derecho se comprende sólo como el mandato de una ley y el motivo por cumplirla el cálculo utilitario para evitar un mal mayor, entonces esa lógica es distinta de la que permite la realización de la dignidad de la persona en cuanto tal. En cambio, si el Derecho gira en torno a un bien racional que ha de realizarse, entonces es un bien comunicable realmente. «Otro-que-yo» puede comprenderlo y captarlo como bien para sí mismo. Si esto es así, el derecho va dirigido a justificar razonablemente una acción común para ambos participantes. Si esto sucede, es posible un encuentro personal y la realización común de nuestra dignidad compartida.

5. Gracias a esta orientación racional de la acción jurídica y su función como catalizador de encuentros, la acción técnica del jurista puede ser integrada a la lógica de la dignidad de la persona. ¿Cómo podríamos integrar a una persona y sus acciones, si en su vida personal y familiar le pedimos que se oriente por un comportamiento digno, y la comprensión que le ofrecemos en la práctica del derecho o es utilitaria o es voluntarista? ¿No estamos rompiendo al ser humano?

6. Aunque existan algunos agentes jurídicos que sólo funcionan por el miedo a la coacción, aunque haya otros que sólo comprendan motivos utilitarios, los asuntos jurídicos más «eficientes» y las relaciones con los clientes más satisfactorias, son aquellas que se rigen por que los sujetos implicados se dan cuenta de lo razonable de las posiciones y del bien que resulta para ellos comportarse justamente.

Así que en conclusión: la clase no sirve para nada por que aquí no aprendemos a hacer demandas, pero sí que ayuda para todo: da sentido a la labor del jurista y le permite que la experiencia jurídica se integre  en un plan de vida coherente con la dignidad del jurista. Esa orientación hará que se facturen demandas y operaciones jurídicas más eficaces para la vida de la persona.

La filosofía del derecho justifica el derecho como un bien razonable para ser realizado por la acción.

Aquí van las tres dispositivas que resumen esta idea:




Este post va dedicado a Cristi Perez

jueves, 5 de febrero de 2015

En la Constitución (no) está todo

Dicho por un jurista de cepa y cepo: «Cuando me pregunta algún alumno: "¿Qué es una Constitución?"... Pienso en la de México y no dudo en contestar: "La suma de los factores reales de poder..."» #Aigoei

Dicen mis colegas que enseñan Derecho Constitucional que un documento como la Constitución ha de ser la «La suma de los factores reales de poder». -[Queda mejor si se dice en actitud de Moisés bajando con las tablas de la ley]-. La frase es del escritor francés Ferdinand Lassalle quien en 1863 dictó una serie de conferencias sobre lo que habría de considerarse la naturaleza de una Constitución opuesta a un gobierno absolutista. ¿A qué se refiere? ¿Que sólo un poder es legítimo si está en la Constitución? ¿Que el resultado del la lucha por el poder se expresa en la Constitución? ¿Que lo propio del derecho es su sometimiento al poder?

Unos diez años antes de las conferencias de Lasalle, en 1854, se cantó por primera vez el Himno Nacional: una marcha militar que invita al heroísmo y el sacrificio por la patria. En unas estrofas le prometemos a la patria que si un enemigo osara invadirnos, estaríamos dispuestos a exhalar nuestro último aliento defendiendo la patria querida. Nuestra muerte no será inútil: la patria se beneficiará del sacrificio, y el difunto merecerá nuestro recuerdo y si nos va bien un sepulcro de honor.

Si unimos estas dos ideas, no es de extrañar que en nuestra comprensión del derecho y de la vida política, la Constitución aparezca como la síntesis de lo que somos y lo que habremos de ser. La Constitución sería el centro y la fuente del fenómeno jurídico; y al mismo tiempo, la materialización de toda postura política y su núcleo de legitimidad.  

Bajo esta lógica, tampoco es de extrañar que cualquier pretensión de cierta importancia queramos que se refleje en la Constitución. Quizá por eso nos empeñamos tanto en reformarla. En este sentido, algunos juristas sostienen que  una Constitución «que todo el tiempo se está reformando y que contiene una regulación minuciosa y detallada de un sinfín de temas genera más problemas que soluciones». Tal vez no les falte razón: 
"De la Constitución mexicana originalmente escrita y promulgada en 1917 queda muy poco. El 80% de los artículos constitucionales originales han sido modificados un promedio de cinco veces cada uno (Cámara de Diputados, 2013). Es una Constitución que ha sido modificada dos veces más que cualquier otra constitución democrática del mundo (Lorenz, 2008). La Constitución ha sufrido un total de 561 reformas (Cámara de Diputados, 2013). Sólo 27 de los 136 artículos constitucionales han permanecido sin cambios, esto es: sólo el 19% del texto constitucional permanece así, tal como fue concebido. (Viridiana Ríos, «Rarezas Constitucionales», Nexos, 1-Feb-2014)"
Nuestra efervescencia reformadora no se da en el aire: comprendemos la constitución como la fuente de legitimación política y el origen del sistema legal que justificaría ante el mexicano asumir los esfuerzos que implican hacer realidad los valores reconoce en ella. Asumimos que la Constitución justifica la apología del sacrificio a la que invita el Himno Nacional y por eso pensamos que nuestros pretensiones deben incorporarse a la Constitución. Esto es así, además, por que como herederos del modelo ilustrado de comprender el derecho, pensamos que la ley diseña primero el mundo que haremos realidad después. Primero diseñamos la máquina, y después la construimos. De forma análoga, primero diseñamos el México que deseamos y después buscamos transformar la realidad.

No creo que a la Constitución le venga bien calificativos cursis y grandilocuentes; y mucho menos depositar en ella, sin matices ni justificación, el origen de la experiencia jurídica o el único sello de legitimidad para pedir a los ciudadanos un esfuerzo por construir el país que queremos. Al celebrar a la Constitución conmemoramos un símbolo de institucionalidad. Como todo símbolo, es aquello simbolizado -y más específicamente la sociedad y sus aspiraciones- lo que hace realidad esos valores recogidos en la Carta Magna. Sólo por eso vale la pena adecuar la Constitución las veces que haga falta y celebrar la que heredamos de 1917.

jueves, 14 de agosto de 2014

Primo Louie: el rey de la tontera que divierte.

Hay en la versión de Disney de "El libro de la selva" un personaje cuya loquera lo hace divertido: El rey Louie. Un maestro de la manipulación, del pan y circo.

Como es sabido, sus monos secuestran a Mowgli por que piensan que pueden robarle tecnología: producción del fuego. Con el dominio de esa técnica, podrán ser el clan más poderoso. Shere Khan, la amenaza más peligrosa de la jungla, teme al fuego. Si el tigre feroz huye del fuego controlado por los los simios, serán ellos quienes dominan al resto de animales. Pero Mowgli no sabe hacer fuego.




En la novela original, Kipling insiste que los monos no tienen rey o una sociedad estructurada y reconocible en una autoridad. Son un clan sin racionalidad ni ley. Aunque en la versión de Disney, el primo Loui es presentado como un Rey -que vive a todo dar y procura que sus súbditos la pasen también bien-, es significativo que en ambas versiones el punto de partida es claramente la no humanidad de quien vive no guiado por la razón. Es precisamente el punto de partida del argumento de la escena: quiero ser hombre. ¿Y qué características ve el simio en la comunidad humana?

De entrada, Loui lo dice cantando: quiere andar erguido, caminar derecho; vivir junto con otros a través del diálogo, abandonar la irracionalidad y locura del mundo de los simios. Estas características no valdrían la pena, si no logra a través de la técnica, el control del poder representado por el fuego.  En el fondo, tampoco tan en el fondo, al Rey Loui le interesa sólo para dominar y afianzarse en el poder. La razón, el derecho y el diálogo, son para él un medio técnico -como lo es también el dominio sobre el fuego- para ser más fuerte y lograr el dominio sobre el resto. 

Louie utiliza una común herramienta del tirano: la tontera que divierte, la superficialidad que entretiene, la fiesta que celebra los clichés de lo «normal» del «así lo hacen todos»-, con que se protege el demagogo. Hannah Arendt reconocía que la tragedia nazi fue posible por que hubo muchos que sin ser pervertidos, ni sádicos, eran ciudadanos comunes y corrientes «Terrible y aterradoramente "normales"»: personas camufladas en la normalidad de los lugares comunes que el tirano logra concretar en un discurso simple y aparentemente coherente.  

La escena del Rey Louie retrata en su sencillez -en su divertida sencillez- la máscara del demagogo: es el rey de la tontera que divierte, se perpetúa en el poder como bufón de la superficialidad: es el político que manipula a través de la fiesta y se interesa por la razón y el derecho como modo de controlar el poder que lo encumbra.



Hoy -14 de agosto- mis padres cumplen años de casados. Recuerdo haber visto esta película de niño junto a ellos y cómo se divertía mi jefe con el Rey Louie y Baloo. A ellos les dedico este comentario

domingo, 3 de agosto de 2014

La inutilidad del conflicto (la 1GM y mis pugnas con otros)

Burt Solomon publicó en The Atlantic (aquí) un muy buen artículo sobre la inutilidad de la primera guerra mundial y sus consecuencias. El pasado 28 de julio se cumplieron 100 años su comienzo. Solomon hace un recuento de los motivos que se han ofrecido para explicar los motivos de la guerra. «Haiga sido, como haga sido», la guerra causó la muerte de más de 16 millones de personas, no sólo de formas nuevas y creativas, sino por unos motivos infantiles e inútiles. 
Soldados británicos cegados por gas lacrimógeno en 1918

Todas las guerras nos dicen algo sobre nosotros mismos, «esta guerra -escribe Solomon- nos dice mucho sobre la naturaleza de la codicia, los peligros de la inseguridad, la facilidad con la que perdemos el control sobre la historia de los hombres». También nos muestra lo poco que podemos prever y controlar los efectos ocasionados por una tecnología, inventada con esperanza de progreso, pero dominada por el poder irracional. Trágicamente lo que ha sucedido en Gaza pone ante nosotros este último punto: quizá podamos controlar cómo disparar un misil y dar en el blanco, pero nunca podremos dominar todas sus consecuencias. (Aquí, un artículo de Michael Walzer en New Republic, sobre el tema)

Pienso que de la primera guerra mundial podemos aprender tres cosas sobre cómo enfrentar los conflictos: 

1. Elegir bien el conflicto. Pocos y que valgan la pena. Ya sea por el tema, por lo que sacaremos de ahí, por cómo quedará dañada una relación, por lo que realmente podemos cambiar del problema, etc. Como en el beisbol, no hay que tirarle a todo lanzamiento aunque venga strike. No todo pleito vale la pena.

2. Antes de entrar a resolver una diferencia con otro  hemos de fijar qué vamos a considerar como éxito. Una vez que conseguimos esa meta, ¡a salir corriendo del conflicto! Si la otra persona quiere aprovechar la pugna para dejar claro que quien manda, que esos no son modos, que ahora las cosas se harán como quiere... allá ella, que se quede con su triunfo. Con un objetivo claro, es más fácil centrarse en lo que pensamos en frío y consideramos valioso. En un conflicto es común calentarse y perder el norte sobre lo que buscamos. Ayuda a considerar que ni toda victoria es definitiva, ni toda derrota es absoluta. Nunca se gana todo de una vez por todas y nunca se pierde todo de forma indiscutible.



3. Tomar en cuenta que al final del día, tras la pugna, corremos un gran riesgo de quedarnos sin nada. Cuando entramos un conflicto, con mucha frecuencia cambiamos nuestro sitio y nuestros objetivos fundamentales por ganar la disputa, por ganarle al otro. Después, tarde o temprano –y esta regla no falla– nosotros nos iremos o la otra parte del conflicto se irá. Si prevaleció el conflicto, o en gran parte sólo hubo conflicto, habremos perdido tiempo para realizar nuestro proyecto de vida. En algún momento se irá o nos iremos... ¿y qué me quedó por haberme enzarzado en una pugna?



jueves, 24 de abril de 2014

Un mercader y un ruiseñor: dos sugerencias para el día del libro

Ayer se celebró el día internacional del libro. Por lo que he podido saber, el día se estableció a partir de la muerte de Shakespeare, ocurrida un 23 de abril. De cualquier modo, quiero aprovechar la oportunidad para sugerir la lectura de dos títulos, en especial para aquellos que están pensando estudiar derecho. Lo digo por que si al leer estas obras se mueven algunos resortes interiores que no  dejan indiferente, entonces es posible que lo suyo es estudiar derecho.

1. El Mercader de Venecia (William Shakespeare).

Esta obra se escribió entre 1596 y 1598. Aunque se anuncia como una comedia, algunos de sus pasajes se califican como drama. El mercader es un hombre, Antonio, que presta dinero a su amigo Basanio para que éste pueda seguir en la conquista de la mujer que quiere, Porcia. Pero como el capital de Antonio estaba invertido en un negocio marítimo, se ofrece como garantía en un préstamo que Basanio pensaba conseguir de Shylock, un banquero que desconfiaba de Antonio. Por su parte, el padre de Porcia dejado establecido en su testamento que el pretendiente de su hija debía ponerse a prueba y elegir uno de tres cofres: uno de oro, otro de plata y el tercero de plomo. En algún momento el pagaré no puede pagarse y se entabla un juicio para la ejecución de la garantía.

De esta forma, Shakespeare describe en paralelo dos tipos de procesos y juicios: el amante que ha de juzgar la valía y honestidad de su pretensión representada en el juicio de los cofres; y la valía y honestidad de la persona que tiene a su favor una pretensión jurídica. Podemos preguntarnos, ¿en qué se parecen el juicio sobre el amor y el juicio sobre la justicia? ¿Sobre qué se funda cada uno, sobre lo que la mayoría desea, sobre lo que creemos que merecemos o sobre el bien del otro? ¿Qué pasa con la justicia cuando ésta se preocupa sólo por que «me den lo mío» y olvido a la persona con la que estoy en relación? ¿Qué le pasa como persona a quien sabe que exige lo justo pero la justicia la utiliza como venganza y no para equilibrar razonablemente su relación con otras personas?


2. Matar a un Ruiseñor (Harper Lee)

El segundo libro es "Matar a un Ruiseñor", de la escritora norteamericana Harper Lee, que se publicó en 1960. La novela cuenta se ambienta entre los años 1933 y 1935 en Alabama, y se centra en una niña de seis años, Scout Finch, su hermano Jem, y su padre Atticus, que es abogado. Uno de los jueces del lugar, le pide a Atticus que defienda a Tom Robinson, un negro acusado de haber violado a una mujer blanca. Atticus acepta llevar la defensa a pesar de los serios prejuicios raciales de la gente del pueblo, a pesar de que ir en contra de la opinión pública del lugar, a pesar de que por hacer lo justo y lo que su conciencia le pide, lo mete en serios problemas también a los niños. 

¿Por qué habría de hacer lo justo, incluso si eso nos trae problemas? ¿Por qué, en el caso de Atticus, es mejor tener una conciencia tranquila a tener tranquila a la opinión pública? ¿Qué sucede en las personas cuando no pensamos lo suficiente nuestras categorías y sin querer repetimos prejuicios? ¿Y qué sucede cuando esos prejuicios matan a un inocente? ¿Por qué lo justo sólo puede ser defendido por medios justos, aún sabiendo que el injusto no respetará las reglas?

Esta es la explicación de Atticus sobre lo que sucede:
«-"Lo que ocurre, sencillamente, es que estoy defendiendo a un negro (...) en la ciudad se ha hablado mucho, y en tono airado, de que yo no debería poner tanto interés en defender a ese hombre"
-Si no debes defenderlo, ¿por qué lo defiendes?
-Por varios motivos -contestó Atticus-; pero el principal es que si no lo defendiese no podría caminar por la ciudad con la cabeza en alta... ni siquiera podría ordenar a Jem y a ti que hicieran esto o aquello...
-¿Ganaremos el juicio, Atticus?
-No, cariño
-Entonces, ¿cómo?
-Simplemente, el que hayamos perdido cien años antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer»


martes, 25 de marzo de 2014

«Enséñame algo que no pueda encontrar en Google»

Álvaro González-Alorda hablará en la UNAV sobre lo que hace inspirador a un profesor. En su cuenta de tuiter (@agalordapregunta «¿qué opinas tu?». En «Derechos Humanos» (Oxford University Press, aquí) no se ofrece una respuesta directa a esta pregunta, pero se encuentran estos párrafos que pueden alimentar esa reflexión. El texto, un manual universitario, en algún momento intenta explicar el derecho a la educación desde la distinción entre ésta y la instrucción, entre el ser maestro y el ser profesor
«Así como el ser humano necesita de un espejo para conocer con  exactitud su rostro, la persona necesita encontrarse con otra persona para percibirse como un «yo», un «no-objeto», como alguien. Por eso, educar es distinto a instruir, aunque la segunda es indispensable para que se dé la primera. La instrucción nos enseña a contar; la educación, a que puedan contar con nosotros. La instrucción nos permite leer un libro; la educación, leer nuestro propio destino. Por eso el educando busca en su educador no sólo unos conocimientos más profundos o un consejo acertado, sino algo más radical: el testimonio concreto de una vida que merece la pena vivirse. Para lograrlo el educador ofrece a sus educandos tres garantías: 1. La garantía de la belleza. El maestro es testimonio de la atractiva belleza de una vida digna. 2. La garantía de la certeza. El maestro avala con sus conocimientos técnicos la veracidad de su materia o especialidad. 3. La garantía de su autenticidad. El maestro muestra con su coherente estilo de vida que lo importante en educación no es viable si se reduce a la lógica del intercambio de bienes y conocimientos.
En resumen, el profesor está capacitado para instruir; el maestro tiene la aptitud para educar. El profesor enseña “qué son las cosas”; el maestro, “quién soy yo”. El profesor te cambia las ideas; el maestro te cambia la vida.»
En el epílogo del libro, "La Educación en Derechos Humanos", se dice:
«Generalmente, por la edad de un estudiante universitario, es en esta época de la historia personal en la que define su personalidad: cuál será su camino profesional y cuál su vocación personal. En el plano profesional, no sólo aprende qué rama del derecho le agrada más, sino también cómo es un profesionista de calidad: su modo de trabajar, de tratar a sus clientes, de enfrentar sus problemas, de servicio social, etc. Además, encuentra su vocación personal: el lugar que su trabajo ocupa en el conjunto de una vida, la construcción de lazos personales dignos y permanentes; en definitiva, es la juventud la etapa de la vida en la que se verifica existencialmente los valores que la sociedad le ofrece como dignos y encuentra su lugar en el mundo y la historia. Es en la juventud donde se decide no sólo “a qué me voy a dedicar”, sino también “cómo y con quién seré feliz”.
Si bien la responsabilidad de un profesor universitario tiene un límite mínimo, la enseñanza del objeto de su asignatura, sin duda su labor tiene unas posibilidades privilegiadas.Y más si la técnica que se pretende enseñar son los derechos humanos. El contenido de esta materia es el implícito en las grandes preguntas de la vida humana: el respeto a la dignidad de la persona, su libertad, el trabajo digno, la formación de una familia.
Por tanto, el proceso enseñanza-aprendizaje de los derechos humanos puede llevar a los alumnos a reflexionar sobre el valor de su propia existencia. Dicho con otras palabras, la enseñanza en materia de derechos humanos es una oportunidad inmejorable para la “búsqueda de la verdad” en dos sentidos: instruir y educar. La primera se centra en el almacenamiento de información y el desarrollo de técnicas; esto se logra gracias al conocimiento de cierto objeto y a la pericia para transmitirlo, sobre todo, la habilidad para presentarlo como una realidad técnica: un “así funciona”. La segunda, por su parte, presupone y se dirige a la afirmación del otro como persona-digna. Aquí, el profesor puede conseguir que los alumnos aprendan quiénes son ellos y cuál es su papel frente al mundo, los demás hombres y su propia vida; y si es creyente, frente a Dios. En definitiva, el maestro transforma a sus alumnos en exploradores exitosos de sí mismos y de su cultura.»
En Google no es posible enseñar cómo borrar de nuestro mapa interior la palabra Desconocido para remplazarla por un Yo lleno de sentido y significado.