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miércoles, 17 de agosto de 2016

Rizzo, el beisbol y jugar más allá de los límites


Hace tiempo escribí en el blog que el beisbol es un deporte en el que experimentamos desde el fracaso hasta la diversión más allá de los límites de la propia existencia:
¿Cuál es la orilla del campo dentro de la cual es válido demostrar creatividad y capacidad atlética? En el fondo, no es más que preguntarse ¿cuál es la frontera real -espacial o temporal- a la que podemos aspirar, incluso cuando jugamos dentro de las reglas? [...] Quizá la vida se trate de eso: de jugar aquí, a pesar de nuestros reveses y caídas, y de vez en cuando, experimentar lo que existe más allá de las fronteras. Un filósofo existencial lo diría así: «¿No te has dado cuenta que la vida debe ser eso? ¿Jugar aquí para de pronto divertirse más allá?» Si nuestros días suceden entre el juego, las reglas, el campo, los límites y lo que existe más allá de estos, entonces esta escena es, simplemente, existencial.
En esa entrada se mostraba a un jugador, Anthony Rizzo, que cruzaba las fronteras del campo y en las gradas atrapaba una pelota para marcar un out... ¡Lo ha vuelto a hacer!


jueves, 28 de enero de 2016

Negocios, beisbol y familia: el Chino Ley


En otras ocasiones he agradecido la oportunidad que me da Zona 3 Noticias para prestarme sus micrófonos y acercarme a su audiencia. Procuro corresponder a esa amabilidad y ofrecer mis reflexiones en voz alta a quien sintoniza la estación. Digo esto, para justificar que en esta ocasión voy a llevar agua para mi molino, por que no puedo negar la cruz de mi parroquia. Como saben, soy sinaloense. Entre el Chapo Guzmán y los Dorados, de mi estado se suele oír, -por una parte- de la Reina del Sur, la narcocultura y la violencia generada por ellos; y -por la otra parte- del estos días se oye que ahí hay un salvavidas deportivo para que las Chivas oxigenen sus malas temporadas.

Pues bien, quería rendir homenaje a un importante sinaloense que falleció la semana pasada. Me refiero a Juan Manuel Ley, empresario, impulsor del deporte. Quizá saben que Don Juan Manuel fue el dueño de unas cadenas de autoservicio muy extendidas en el Noroeste del país, 230 tiendas en 10 estados del país, las que recibió de su padre a lo mucho como un changarrito.

Don Juan Manuel convirtió la modesta tienda de abarrotes en supermercados que ofrecieran precios accesibles para las familias de las regiones en que se instalaban, a través de la comercialización de productos locales. Pero no sólo eso, impulsó la formación de sus empleados promoviendo la formación humana de sus empleados. Desde el más modesto, hasta la fundación escuelas de mandos intermedios en Culiacán o los programas para directivos de empresa en esa región.  En Don Juan Manuel destacan tres cualidades del modo en que buscaba hacer negocio: trabajo, perseverancia y cuidado del entorno familiar. 

Otro ejemplo es el deporte. Don Juan Manuel era el dueño de los Tomateros. Para él, a través del beisbol se podrían  fomentar tanto las virtudes propias un deporte, como construir un ambiente en el que se fomentara la vida familiar. Fue pionero en convertir los parques de beisbol de la Liga del Pacífico en auténticos lugares de diversión para la familia. No digo que a él se le hayan ocurrido algunas de las opciones de entretenimiento, sino que fue él quien buscó, incorporó, tropicalizó, adecuó a la cultura sinaloense y ofreció un modelo en que las familias de la ciudad, podría divertirse en un parque de pelota. Muy probablemente si le preguntan a un aficionado de Tomateros cuál es su experiencia en otros estadios de beisbol, quizá les digan: "buen juego de beisbol, pero algo falta en el ambiente". Y lo dicen, no por que se hubieran aburrido, sino porque ir al estadio en Culiacán, es para ellos, la oportunidad de experimentar y hacer familia. Esa sensación es la que se echa de menos (Aquí un artículo de Juan Pablo Esquer al respecto). Don Juan Manuel se preocupó por diseñar un ambiente que, además de ser negocio, fuera ese lugar de encuentro intergeneracional, donde podría experimentarse la alegría y el orgullo de pertenecer a la familia en que nacimos.

Sí, en Sinaloa hubo las condiciones para que surgiera alguien como el Chapo. Sí, en Sinaloa hay un equipo de futbol más malo que mandar a la abuela a comprar droga, que quizá sea la salvación este año para las Chivas. Y sí... también en Sinaloa existe una ambiente en el que fue posible alguien como Don Juan Manuel Ley, y una cultura que también fue construida por el Chino Ley.

Gracias por todo lo que aportó a Sinaloa y gracias por lo que ha significado para mi familia. Descanse en Paz, Don Juan Manuel.

jueves, 8 de octubre de 2015

De las lunas, la de octubre es más hermosa



"De las lunas, la de octubre es más hermosa", dice una canción de Pedro Infante. Si ponemos atención el enamorado asigna a la luna un significado que es mucho mayor a una simple masa de piedra que flota al rededor de la tierra. ¿Por qué hacemos algo así? ¿Qué necesidad humana resolvemos cuando asignamos un sentido a las cosas más allá de su materialidad? A veces es una canción, otras tantas un lugar, un cuadro, una actividad, o un deporte, el que libera en nosotros un resorte que nos despierta para no permanecer indiferente.

Platón decía que la ventana que abrimos para asomarnos al mundo de la verdad y del bien, el dardo que nos despierta del letargo de lo cotidiano, es la experiencia de la belleza. Podemos explicarnos la luna sólo como cuerpo celeste, y la tecnología como los instrumentos con los que hacemos algo con ella y obtenemos alguna utilidad. Pero gracias a nuestra experiencia de la belleza, aquello no es sólo una piedra. La técnica produce cosas que nos hacen la vida más fácil; pero el arte nos interroga sobre quién somos nosotros a partir de una pregunta: ¿por qué esto me golpea el interior, si sólo es materia? ¿Qué es lo que me llama tanto la atención? En el caso de la canción de Pedro Infante, ¿por qué con la luna no puedo quedarme como si no hubiera pasado nada?

Quería detenerme sobre esta relación entre un suceso nimio y en apariencia sólo material, pero que me despierta para ponerme ante algo fundamental de mi existencia. Aquí va un ejemplo del que ya escribí en el blog. Hay partes del juego del beisbol donde podemos jugar más allá de los límites. Hace unos meses, por ejemplo, el jugador de los Cachorros de Chicago, Anthony Rizzo, persiguió un elevado de foul, salió del campo, subió a la grada, se metió entre los aficionados y capturó la pelota como dos metros detrás de los límites físicos del terreno de juego. Out legal. En el beisbol,
¿[d]entro de qué espacio territorial es posible hacer una gran jugada? ¿Cuál es la orilla del campo dentro de la cual es válido demostrar creatividad y capacidad atlética? [...] El beisbol es un deporte con una gran dosis de paciencia y tolerancia al fracaso. Es el precio que hemos de pagar para disfrutar y jugar de vez en cuando en el terreno que existe más allá de límites marcados el campo legal. [...] Quizá la vida se trate de eso: de jugar aquí, a pesar de nuestros reveses y caídas, y de vez en cuanto experimentar lo que existe más allá de las fronteras. Un filósofo existencial lo diría así: «¿No te has dado cuenta que la vida debe ser eso? ¿Jugar aquí para sorpresivamente divertirse válidamente más allá de los límites?
Si nuestros días suceden entre el juego, las reglas, el campo, los límites a los que nos somete nuestra historia y nuestra vida -como la enfermedad y la muerte-, entonces en el beisbol podemos ver -al igual que el enamorado en la luna- cómo estamos llamados a divertirnos más allá de esos límites. Y eso hay que aprender a verlo y a disfrutarlo desde ahora. 

Moraleja: hay que ir al  beisbol. Mañana, en una noche de octubre, comienza la temporada con un Tomateros-Charros. Por eso Pedro Infante tenía razón: «De las lunas, la de octubre es la más hermosa» 

Aquí la jugada de Rizzo:


sábado, 15 de agosto de 2015

Besibol: jugar más allá de los límites

Anthony Rizzo
El beisbol se trata en el fondo, de llegar a casa, incluso si en el camino me encuentro con lo que está más allá. Dicho en forma menos remilgada, es un juego donde las altas dosis perseverancia y estoicismo ante el fracaso, preparan el carácter para divertirse legítimamente con lo que existe después de los límites. 

¿Cuánto dura un partido, o dicho de otro modo cuál es el tope de extrainnings permitido en un juego? ¿Hasta dónde se vale que llegue una pelota que se ha ido de homerun o qué hay más allá de la barda? ¿Dentro de qué espacio territorial es posible hacer una gran jugada? ¿Cuál es la orilla del campo dentro de la cual es válido demostrar creatividad y capacidad atlética?  En el fondo no es más que preguntarse ¿cuál es la frontera real -espacial o temporal- a la que podemos aspirar, incluso cuando jugamos dentro de las reglas? 

El beisbol es un deporte con una gran dosis de paciencia y tolerancia al fracaso. Es el precio que hemos de pagar para disfrutar y jugar de vez en cuando en el terreno que existe más allá de límites marcados el campo legal. De vez en cuando, seguimos la pelota hasta donde llegue, incluso una vez que cruzó la frontera del terreno. Es más, incluso fuera de los límites del campo de juego, es válido sacar un out...

Quizá la vida se trate de eso: de jugar aquí, a pesar de nuestros reveses y caídas, y de vez en cuando experimentar lo que existe más allá de las fronteras. Un filósofo existencial lo diría así: «¿No te has dado cuenta que la vida debe ser eso? ¿Jugar aquí para de pronto divertirse más allá?»

Si nuestros días suceden entre el juego, las reglas, el campo, los límites y lo que existe más allá de estos, entonces esta escena es, simplemente, existencial.

Dedicada al Diablo-Vasco-Tomatero mayor, en su cumpleaños

jueves, 9 de abril de 2015

Beisbol: El juego perfecto para nuestra democracia imperfecta.

Adrián González y el selfie del homerun

No es un secreto que soy aficionado al beisbol. Con sus altas y sus bajas y algunos años de cierto alejamiento -vine a vivir a Guadalajara cuando el internet todavía no acercaba el juego y las estadísticas a tiempo real- sigo guardando buenos recuerdos. Hay en el beisbol algunos elementos que no he visto en otro deporte que requieren el desarrollo de unas cualidades en las emociones y unas habilidades en la razón, que no he visto promovidas en otros deportes. 

(i) Requiere paciencia y rapidez de reacción ante lo inesperado. Si en promedio cada juego de beis requiere un promedio de 146 lanzamientos, cada uno de ellos se presenta ante una situación diferente del juego. Esto lo que abre la posibilidad de un sinnumero de estrategias disponibles. Y aunque un buen jugador busca dirigir su batazo hacia una zona del campo, no hay garantía de que el swing perfecto logre el resultado buscado. De esta forma, se genera una tensión entre los distintos participantes del juego que se anuda en una mezcla de habilidad con el azar. 

(ii) Sentido de infinitud en el espacio y el tiempo. Aunque unas partes del campo estén limitados, el terreno de juego se abre hacia el infinito. Incluso cuando la bola cruza la barda, el límite es la distancia que puede recorrer la bola: siempre puede se puede ir  más lejos, siempre hay un espacio que puede ser conquistado. Algo similar sucede con el tiempo. La duración de un juego no se determina por un reloj, el arco temporal del juego lo determina la dinámica misma de las entradas. En el futbol por ejemplo, uno puede manejar el partido, tocar la bola, ordenar un cambio, o prolongar una lesión para consumir el tiempo. En el beisbol, no existe ese límite temporal, por lo que todas las virtudes del juego han de mantenerse en tensión de forma ilimitada hasta terminar el partido.

(iii) El beisbol es un deporte de riesgo y el drama. El hecho de no depender de un reloj, obliga a quien va ganando a poner en riesgo su ventaja, debe salir a darle oportunidad a su oponente hasta que logra sacar el último out. En ese sentido, la victoria nunca puede ser algo a lo que se llega como en un deporte cronometrado. Para ganar en el beisbol siempre hay que arriesgar la ventaja, siempre se conquista. En el beisbol, el tiempo nunca forma parte de la estrategia.

(iv) Por último, el beisbol ofrece un sentido de la derrota muy peculiar. En ningún otro deporte es tan despiadadamente imposible jugar con perfección, ni tiene tan amplios márgenes para permitir el fracaso.  El futbolista que sólo acierta tres de cada diez pases no tiene mucho futuro, pero  sabemos que un buen bateador es el que tiene éxito sólo en 3 oportunidades de cada 10. El jugador de beisbol es paciente ante el fracaso como en ningún otro deporte. Es un deporte que se alegra con las pequeñas victorias y es paciente con las múltiples derrotas. El mismo deporte -con una temporada tan larga- premia más a la consistencia que los chispazos de eficacia; incluso tolera un bajón de juego. 

Si todas estas exigencias inherentes al beisbol arraigan en la razón, la persona logrará equilibrar los motivos para la razón, las emociones del carácter y las habilidades musculares que lo ajustan como persona, y siguiendo a Platón, lo capacitarán para construir una mejor comunidad. Para este filósofo griego, el alma humana es como una pequeña ciudad: el estado ideal y el alma humana se desarrollan de la misma manera. Por tanto, si un deporte permite la maduración de la persona, una comunidad se beneficiará de ese desarrollo. La personalidad madura, pensaba Platón, es aquella que armoniza un cuerpo sano, con unos afectos intensos y ordenados a una razón certera y adecuada. Personas ajustadas y ciudad justa son el reflejo una del otro. 

Ahora que empiezan las campañas electorales y quizá cierta desilusión por las opciones a nuestro alcance, tal vez la afición al beisbol, su sentido por lo dramático, su paciencia con los fracasos, su visión de largo alcance, la infinitud en el espacio y el tiempo a la que te enfrenta pueda ser un buen educador de nuestras virtudes políticas que se verán puestas a prueba -como siempre sucede- con este proceso electoral.

Probablemente necesitemos parafrasear una y otra vez aquello del comercial: nos hace falta ver más «beis».

jueves, 12 de febrero de 2015

Máscaras y Beisbol.


Vaclav Havel, el dramaturgo y político checo, publicó un famoso ensayo que tituló «El Poder de los sin Poder». Ahí describía cómo los regímenes totalitarios subsisten por que logran en la sociedad una vida simulada. Es decir, muchos para no meterse en problemas aceptan como el horizonte de vida válido para ellos la disyuntiva entre libertad y seguridad. Es decir, la seguridad de una educación y salud suficiente a cambio de una libertad controlada y limitada. El Estado simula que somos felices por que accedemos a unos servicios sociales colectivos de relativa calidad; y la sociedad simula que la vida controlada por el Estado le es suficiente y lo llena.

El ejemplo con el que Havel describe esta situación es este. Un vendedor de verduras en el mercado coloca junto al precio de su productos un letrero que dice: "¡Proletarios del mundo, uníos!". ¿Por qué lo hace? ¿Por que está convencido de que eso es realmente así? ¿Por que sabe que la clase obrera acabará por liberar a la sociedad de sus males? ¿O lo coloca por que teme al inspector o al vecino que lo va a denunciar? En un régimen totalitario quien piensa distinto o incluso quien se pregunta sobre la validez del letrero, se convierte en enemigo. Es fácil que el vendedor de verduras coloque el letrero no por convicción, sino para no meterse en problemas. Una persona así se ha colocado una máscara, vive en una trampa. Afirma lo que no cree. Esa es la fuerza de un régimen totalitario: enmascarar a todos. Y ahí, dice Havel está su debilidad. Un régimen totalitario se resquebraja cuando un ciudadano decide vivir en verdad y asumir sus consecuencias. Cuando se justifica sus convicciones y se deja transformar por ellas. Se trata en el fondo de sacudirse esa complicidad del miedo y de lo cómodo. De elegir aquello que dará sentido realmente a nuestra existencia. Decía un filósofo alemán: o nos comprometemos por algo por lo que estemos dispuestos a sacrificar la vida, o de lo contrario nuestra vida carecerá de sentido. Esa es la revolución del vendedor de verduras: la revolución de la conciencia.

Pues bien, esta idea de Havel me atropelló el domingo pasado a partir de algo tan intrasendente como tensionante. Como todo aficionado que ve perder a su equipo, yo hice lo que se supone que hace un aficionado. En mi caso, Culiacán perdió la final de la Serie del Caribe contra Cuba: imaginé el hipotético hit bien colocado para el empate. «¡Pero si estuvimos tan cerca!» lo repetí varias veces.  Menté todo el repertorio de mentadas que me enseñaron mis padres para esos momentos. Saqué cuentas para ver cuánto aportaron los refuerzos que llevó Culiacán [los refuerzos Charros se fueron al bat .167 y al pitcheo le conectaron el homerun del 3-1 para irse con 3 de efectividad], y poder culpar a alguien. Me torturé repasando las jugadas en las que por centímetros pudimos haber sacado más. Se puso feo. 

Vi entonces en mi tuiter una publicación que salió de Cuba. Yoani Sánchez escribió: «Cuba/Vegueros gana la Serie del #Caribe de béisbol y el barrio grita de alivio y felicidad».


¿Quién es Yoani Sánchez? Una versión real y cubana del vendedor de verduras del que hablaba Havel. No quiero resaltar aquí su oposición al gobierno cubano -que lo está- y las controversias que ha suscitado. Ella ha dejado la máscara y ha publicado un blog sobre lo que ve y lo que piensa sobre Cuba. Ha puesto su nombre y su documento de identidad para ser ella la que sostiene lo que opina. Como si dijera: «Esta soy yo, esto es lo que pienso. Podré estar equivocada, podré ver las cosas de forma parcial. Pero soy yo. Basta de máscaras.» Lanzarse a algo así la ha llevado a descalificaciones, detenciones y recelos. Ha sido acusada como agente de la CIA y traidora de Cuba. Cuando viaja al extranjero es insultada por personas que utilizan a su favor un derecho que a ella le es negado en Cuba. Ha puesto en riesgo su tranquilidad a cambio de sacudirse la máscara de sosiego.

Yo vivía una tragedia deportiva, ella relataba algo que la había puesto feliz. Había ahí dos historias y una atropellaba a la otra. En una, alguien disfrutaba sin ser consciente de una libertad que otros ganaron para él. En la otra, alguien se daba un respiro en su lucha por una libertad que otros disfrutarán. ¿De qué lado me tocó estar?

Me acordé de lo que decían las abuelas. Pon la tragedia en contexto y pasará como con una pintura, las luces y las sombras tienen sentido si se ven unas junto a las otras.

Aquí unos videos de Yoani y sus detractores.


En el minuto 35 comienzan las preguntas. Se pone bueno el debate.


jueves, 22 de enero de 2015

Llegar a casa: lecciones del beisbol


Nací frente al estadio de los Tomateros. Curiosamente uno de mis primeros recuerdos infantiles es en el estadio Ángel Flores: mi padre me cargó para brincar de gusto por que Culiacán había quedado campeón. Y aunque no puedo declararme el aficionado más comprometido de esta franquicia beisbolera, sin duda lo que he aprendido de este deporte y las lecciones que me han dejado, se las debo al equipo guinda. Así que desde que se fijó la final entre Tomateros y Charros, puse por escrito cuatro lecciones de vida que he recibido en el contexto del beisbol. No necesariamente son exclusivas de este deporte, pero en mi caso sí que puedo reconocer haberlas recibido gracias a esta afición.

1. Preocúpate por tu acción, no por el resultado. Jugué beisbol de niño. Era más bien malo: no pasé de noveno bat, ni jugué otra posición que el jardín derecho donde había menos posibilidades de que llegara algún batazo. Mis amigos decían que no le pegaba ni al mundo amarrado y lanzado de globito. Lo único que hacía razonablemente bien era el toque de bola y correr. Y eso era lo que hacía. Mi entrenador me enseñó que lo único de lo que podía preocuparme era de cómo tomar el bat y matar la bola en la dirección deseada. Y a correr. Él me enseñó que si me preocupaba por lo que hacía, y lo hacía bien, el resultado ya llegaría. 

2. No le tires a todo, aunque venga strike. Con ocasión del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial hablábamos de lo difícil que es prever las consecuencias reales de un conflicto y lo complicado que es controlar la escalada del desencuentro. Por eso, los conflictos hay que elegirlos bien. «Pocos y que valgan la pena. Ya sea por el tema, por lo que sacaremos de ahí, por cómo quedará dañada una relación, por lo que realmente podemos cambiar del problema, etc.[...] No todo pleito vale la pena.» Por eso, como sucede en el beisbol, no hay que tirarle a todo lanzamiento aunque venga strike. No hay que dejarse ir por todo, aunque suene atractivo.

3. El juego termina con el out 27. Es tan evidente que parece bobo decirlo. Si todavía no termina el juego, aún así, el otro equipo que va ganando debe terminar la tarea, no puede dejar simplemente que pase el tiempo, no puede esconder la pelota, no existe enfriar el partido. Debe lanzar una y otra vez hasta el último out abriendo una oportunidad a cada bateador contrario. Así que mientras llega, una paliza se puede borrar (Culiacán, por ejemplo, remontó 7 carreras en el primer juego de la semifinal, ganó la serie a pesar de ir perdiendo 1-3 en partidos; y ayer los Charros de ir perdiendo 11-2, remontaron hasta terminar 11-8). Mientras no caiga el último out, no se puede dar uno por vencido, ni tampoco puede asumir que ya ganó. En negocios pasa algo parecido, no has ganado nada sino hasta que tengas el dinero en tu cuenta.

4. Ten paciencia para el drama. En el beisbol no hay reloj y demanda paciencia. Al igual que el trabajo del que más orgulloso estemos o de la relación de amistad que más apreciemos, el beisbol premia al que sabe poner toda su atención para ver por dónde viene su problema y sacarlo de hit. Si se es lo suficientemente paciente y sagaz, se podrá avanzar hasta llegar a casa. El beisbol es el único deporte en el que se anotas llegando a home y ganas si llegas a tu hogar en más ocasiones que el contrario.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Lo 5 mejores videos que vi este año



1. «How to fold a shirt»
Lo más útil que he visto este año. 


2. Fernando Nation Complete
¿Y cómo cambias la historia? Acostúmbrate a hacer tu trabajo?




3. In reverse
#PrayForSyria




4. White Chocolate Pear Skulls
Al ver este video caí en cuenta lo afortunado que soy. La vida me ha hecho muchos regalos. 





5. Nostalgia. 
Este año de regreso del beis me ha llevado de vuelta a donde empezó todo. Literal. Nací frente a ese estadio. El original lo vi aquí.





jueves, 2 de octubre de 2014

¿Es educable el estilo? El último hit de Derek Jeter.

Foto: ESPN

Esta semana se retiró Derek Jeter, el ahora ex-shortstop de los Yankees por los últimos 20 años. Su despedida en el Yankee Stadium, un viernes, fue espectacular. El juego en la línea, el equipo necesitaba de un batazo oportuno. Con uno fuera, al primer lanzamiento Jeter bateó de hit entre el primera y el segunda y anotar la carrera del triunfo. Se despidió como los grandes: sacando adelante a su equipo cuando éste lo necesitaba.




Tres días después, en el campo los Medias Rojas de Boston, -como si el último juego de alguien en Chivas fuera en el Azteca contra el América-, Jeter fue al bat con corredor en tercera. Con dos strikes conectó un roletazo de botes altos difícil para el tercera base, pero fildeable. El jugador de Boston, empujó la pelota hacia arriba para "fabricar" el hit de su oponente. La escena muestra respeto, clase, categoría del equipo de Boston. Dejaron que un jugador de su equipo archirival se despidiera como los grandes, reconocían así una trayectoria como pocas en la historia del beisbol. (He tenido una discusión con varios amigos sobre si realmente fue o no fabricado el hit. De cualquier manera, fue hit)


20 años de excelencia terminaron así: con un hit para ganar el partido en tu estadio; y con un infield-hit en el campo del mayor rival, en su último turno al bat. ¿A quién no le gustaría retirarse así: casi diseñado para un guión de película? ¿A quién no le gustaría terminar su vida profesional de forma que el último día de trabajo condense lo que fue toda una vida de trabajo? Daba la impresión como si el destino le hubiera preparado una despedida a la altura del pelotero: nada que reprocharle, hacerlo con estilo, como fruto de su ética por el trabajo, con admiración de sus compañeros y rivales. 

Como saben, soy profesor universitario, y no pude dejar de preguntarme: ¿cómo se educa a alguien para que sea así? ¿Cómo preparar a mis alumnos para que les suceda algo parecido al final de su vida? He leído varias notas que intentan resumir lo que hizo grande a Derek Jeter como profesional del beisbol con la cuirosidad de saber si esta historia se podría «repetir», si se podía educar a alguien para que sucediera algo así. 

Me encontré lo siguiente y quizá están sean cuatro cualidades que pueden enseñarse:

1. Trabajo constante y bien hecho. Los gringos lo llaman «ética del trabajo». Para darnos una idea, por cada hit que conectó en su carrera, se calcula que abanicó  99 swings entre los entrenamientos, calentamientos y los del propio partido. Por cada homerun, abanicó 1,300 veces.

2. El respeto por el juego y los rivales comienza en el vestidor y fuera del campo. En 20 años de carrera deportiva, en el equipo más rico de la liga, de la ciudad más difícil para ocultar algo de la prensa, Derek Jeter nunca se vio en una posición comprometida.  Era parte de un esfuerzo por cuidar sus dones, respetar el juego y entregarse al equipo

3. Sabía vivir lejos del beisbol. Jeter declaró que nunca entrenó un swing durante sus vacaciones. Noviembre y Diciembre los vivía fuera del beisbol. Como sabemos, cuando alguien falla en la vida, no es el jefe o el cliente quien ofrece ayuda y solidaridad: son la familia o los amigos. Estas relaciones se mantienen y construyen con trato en persona y dedicación de tiempo. Gracias a eso se divertía en el campo y enfrentaba tranquilo los momentos críticos: los riesgos de la profesión se veían en el contexto de una vida.

4. Por último, la suerte o el destino siempre ayuda al audaz y al osado. En el deporte suele decirse que uno ha de trabajar para reducir el impacto que pueda tener la suerte o el árbitro en el resultado final del juego. De acuerdo, pero en la carrera de Jeter, los golpes de suerte fueron aprovechados, precedidos y quizá hasta fabricados por su trabajo bien hecho en los entrenamientos y su discreción fuera del campo. La suerte sale en rescate del audaz.

Par terminar, una de las pancartas de los aficionados en Boston decía lo siguiente: «No llores por que ha terminado. Mejor sonríe por que ha sucedido».

Aquí el comercial de Gatorade: «Made in New York»



Y el famoso comercial «Re2pect»



El top ten de Jeter






jueves, 28 de agosto de 2014

Beisbol y la inherencia de los hotdogs: el argumento de los derechos humanos.


Sluggerrr, mascota de los Kansas City Royals

Ser aficionado al beisbol es arriesgado. En el de Grandes Ligas uno de sus riesgos es la desesperación. Seguir los 162 juegos de tu equipo y verlo avanzar lentamente centésima a centésima a lo largo de varios meses requiere disciplina casi espartana: “uno no sigue a su equipo para verlo derrotar al adversario, lo sigue para verlo perseverar en sus virtudes y defectos (Álvaro Enrigue dixit aquí)” y avanzar centécima a centécima por el standing a lo largo de ocho meses. Esta temporada, por ejemplo,  el largo e intenso duelo por la división central de la Liga Americana entre los Tigres de Detroit y los Reales de Kansas City. Los Reales tienen ventaja de 2.5 juegos cuando en julio llegaron a estar 7.5 por detrás de los Tigres: es decir, remontaron una desventaja de .084 y ahora su ventaja es de .019.

Pero al mismo tiempo, el aficionado al beisbol debe estar dispuesto a un riesgo esencial al juego que conecta de forma única a la grada con la grama: en un batazo de foul podríamos ser golpeados en la cabeza o doblarnos un dedo al querer atrapar una pelota. Y eso lo sabe toda persona que se sienta a ver y a oír un partido de beisbol.


Entonces, si un foul y el riesgo de ser golpeado es inherente al juego, ¿qué pasaría si somos lesionados por una playera o un hotdog lanzado por la mascota de un equipo hacia la tribuna como parte del entretenimiento organizado entre los innings? ¿Forma parte inherente de los riesgos que asumimos libremente al acudir a un estadio de beisbol?

En 2009 un aficionado de los Reales de Kansas fue golpeado por un hotdog que lanzó «Sluggerrr», la mascota de los Reales, lo que le causó un desprendimiento de retina. En junio de este año, la Suprema Corte de Missouri declaró que el lanzamiento de hotdogs a la grada no es inherente al beisbol, por lo que los Reales podrían ser responsables de negligencia a favor del aficionado lastimado.

John Coomer, el aficionado, fue al estadio y tuvo la suerte de poder elegir un mejor asiento al de su boleto original por que no había mucha gente en las gradas. Siguió con atención y gusto el ritual de la mascota que lanzaba y regalaba hotdogs. Vio cómo se giró para disparar de espaldas. En ese momento, Coomer se giró hacia el marcador y no vio venir el golpe.



El juez se pregunta si un hotdog puede ser considerado como uno de los objetos errantes que vuelan en un estadio de beisbol como parte esencial e inherente a ese deporte. ¿Alteraría de forma esencial el juego o eliminaría el tipo de espectáculo que es este deporte? ¿Cuáles son los elementos que definen esencialmente el juego y le permiten cumplir sus fines? En este contexto argumentativo se encuadra la pregunta central del caso: ¿Un hotdog volador es como una pelota o un bat lanzado como parte misma del juego que le permite lograr sus fines propios?

En juicios similares, las Cortes ya han sostenido que los espectadores no podían demandar a un equipo de beisbol por las lesiones causadas por una pelota o un bat que cae en las gradas. En el lenguaje jurídico se llama asunción del riesgo inherente. El riesgo es inevitable, y de alguna manera una parte esencial de lo que un aficionado busca al ir a un parque de pelota: el juego en sí tiene sus riesgos, pero también uno va al estadio a oír la madera que golpea la pelota, o cómo esta sacude el guante del catcher… y uno va sin duda para ver si cachamos un batazo de foul.


Apesar de que la Corte reconoció que lanzar premios se ha convertido en parte importante de la experiencia del juego, el hotdog-volador no es un componente esencial a este deporte: no es un elemento que lo defina como tal, ni le permite esencialmente cumplir con sus fines propios.

Dejando a un lado el beisbol, esta estructura argumentativa es la que sostiene al movimiento de derechos humanos: el ser humano y su dignidad sólo son tales si expresan y realizan unos fines y si estos se logran de forma adecuada y ajustada a través de sus potencialidades inherentes. 

Sin esas exigencias propias de lo que implica ser persona y sus fines careceríamos de criterios racionales para medir qué es justo y quedaría reducido a la arbitrariedad de quien define su derecho como aquello que se le antoja o le parece.

Sólo por eso tendrías que cortar a este loser


domingo, 3 de agosto de 2014

La inutilidad del conflicto (la 1GM y mis pugnas con otros)

Burt Solomon publicó en The Atlantic (aquí) un muy buen artículo sobre la inutilidad de la primera guerra mundial y sus consecuencias. El pasado 28 de julio se cumplieron 100 años su comienzo. Solomon hace un recuento de los motivos que se han ofrecido para explicar los motivos de la guerra. «Haiga sido, como haga sido», la guerra causó la muerte de más de 16 millones de personas, no sólo de formas nuevas y creativas, sino por unos motivos infantiles e inútiles. 
Soldados británicos cegados por gas lacrimógeno en 1918

Todas las guerras nos dicen algo sobre nosotros mismos, «esta guerra -escribe Solomon- nos dice mucho sobre la naturaleza de la codicia, los peligros de la inseguridad, la facilidad con la que perdemos el control sobre la historia de los hombres». También nos muestra lo poco que podemos prever y controlar los efectos ocasionados por una tecnología, inventada con esperanza de progreso, pero dominada por el poder irracional. Trágicamente lo que ha sucedido en Gaza pone ante nosotros este último punto: quizá podamos controlar cómo disparar un misil y dar en el blanco, pero nunca podremos dominar todas sus consecuencias. (Aquí, un artículo de Michael Walzer en New Republic, sobre el tema)

Pienso que de la primera guerra mundial podemos aprender tres cosas sobre cómo enfrentar los conflictos: 

1. Elegir bien el conflicto. Pocos y que valgan la pena. Ya sea por el tema, por lo que sacaremos de ahí, por cómo quedará dañada una relación, por lo que realmente podemos cambiar del problema, etc. Como en el beisbol, no hay que tirarle a todo lanzamiento aunque venga strike. No todo pleito vale la pena.

2. Antes de entrar a resolver una diferencia con otro  hemos de fijar qué vamos a considerar como éxito. Una vez que conseguimos esa meta, ¡a salir corriendo del conflicto! Si la otra persona quiere aprovechar la pugna para dejar claro que quien manda, que esos no son modos, que ahora las cosas se harán como quiere... allá ella, que se quede con su triunfo. Con un objetivo claro, es más fácil centrarse en lo que pensamos en frío y consideramos valioso. En un conflicto es común calentarse y perder el norte sobre lo que buscamos. Ayuda a considerar que ni toda victoria es definitiva, ni toda derrota es absoluta. Nunca se gana todo de una vez por todas y nunca se pierde todo de forma indiscutible.



3. Tomar en cuenta que al final del día, tras la pugna, corremos un gran riesgo de quedarnos sin nada. Cuando entramos un conflicto, con mucha frecuencia cambiamos nuestro sitio y nuestros objetivos fundamentales por ganar la disputa, por ganarle al otro. Después, tarde o temprano –y esta regla no falla– nosotros nos iremos o la otra parte del conflicto se irá. Si prevaleció el conflicto, o en gran parte sólo hubo conflicto, habremos perdido tiempo para realizar nuestro proyecto de vida. En algún momento se irá o nos iremos... ¿y qué me quedó por haberme enzarzado en una pugna?



jueves, 3 de abril de 2014

Rawls: "El beisbol es el rey de los deportes"

Con motivo del inicio de la temporada de las Grandes Ligas, me encontré (aquí) con una carta que John Rawls escribió sobre el beisbol. Rawls (1921-2002) ha sido uno de los filósofos de la política más importante de la última mitad del siglo pasado, en concreto por su incorporación del concepto justicia y equidad a la descripción del razonamiento político. Sabemos que era un gran aficionado del béisbol. Se conserva una carta suya de 1981, donde ofrece seis razones por las que el béisbol es el rey de los deportes.


Primera: Las reglas del juego equilibran y lo hacen ajustado para la emoción. Desde el diseño del campo, el diamante hace que todas las partes estén ajustadas; el pitcher a una distancia igual al resto de las bases. Esto permite jugadas tan emocionantes como el doble play o el toque de pelota, o el robo de base. La distancia anima a que el corredor avance una almohadilla más, y al mismo tiempo siempre lo hace en el límite que le permite al defensivo poder sacar el out.


Segunda: el juego no le da una preferencia o ventaja inusual a quien tenga especiales habilidades físicas, como en el basket, el soccer o el fútbol americano. No es difícil ver unas buenas barrigas en algunos jugadores de béisbol por que también puede utilizarse muchas más habilidades como los  reflejos, la astucia, la fuerza en los pies para el swing, o dejar caer el peso para lanzar, etc. 

Tercero: el juego aprovecha todo el cuerpo: el brazo para lanzar, las piernas para correr, ambos para hacer el swing, la estrategia para ver y al mismo tiempo adivinar el tipo de lanzamiento; control de nervios, astucia, etc. En el soccer no puedes tocar la pelota con las manos.

Cuarto: todas las jugadas son fáciles de seguir con la vista. A diferencia de fútbol americano, es difícil ver todo lo que sucede en cada jugada. Mucho sucede en la línea de golpeo sin que lo vean los árbitros. En el basketbol la diferencia entre el contacto y un foul no es tan nítida. En el beisbol, aunque puede haber errores, los umpires pueden ver y oír con relativa facilidad lo que sucede.

Quinto: el beisbol es el único juego donde anotar no se hace con el balón, lo que hace que la acción a seguir se multiplique por el campo: el corredor doblando a la goma, mientras el jardinero ataca la pelota ¿podrá el corredor llegar safe en home o llegará primero la bola?, y emociones así.

Y por último, sexto, el factor tiempo. En el béisbol no hay tiempo para terminar con el juego. El basket, el soccer y el americano tienen su reloj. En el béisbol, como en el tenis, el tiempo no es factor. Esto implica que siempre hay tiempo para un regreso. El noveno inning es potencialmente la parte más emocionante de todo el juego. (La final de la serie del caribe 2013, duró 7:30)

En resumen, dice el dicho beisbolero que este deporte se trata de "seis minutos de acción insertados en un drama de dos horas y media"