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jueves, 7 de enero de 2016

¿Por qué "Emma" es un reto para millennials (mirreyes y ladies)?

"Emma": Gwyneth Patrol (1996) a la izquierda; a la derecha Alicia Silverstone en Clueless (1995)

El 23 de diciembre del año pasado -2015- se cumplieron doscientos años de la publicación de Emma, la cuarta novela de la famosa escritora inglesa Jane Austen. Orgullo y Prejuicio comienza con estas famosísimas palabras: «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa». En esta primera sentencia se resume la trama de la novela. Con Emma, se abre el telón de este modo:
«Emma Woodhouse, bella, inteligente y rica, con una familia acomodada y un buen carácter, parecía reunir en su persona los mejores dones de la existencia; y había vivido cerca de veintiún años sin que casi nada la molestara o la irritase». 
En esta primera afirmación, Austen anuda la tensión de su narración: por un lado nos describe al personaje con aquellas características con las usualmente nos gustaría identificarnos: bella, inteligente y rica. Pero después desliza un matiz: parecía. Sería como un daba la impresión pero no es así, o lo lógico sería que fuera persona imitable pero algo falla. Sólo parecía sintetizar esa cualidades. Era más bien rica, agraciada y sagaz, pero no tanto próspera, bella e inteligente. No da igual. Emma sería el típico mirrey-millennial o la clásica lady-millennial con estudios, dinero, poder y presencia, cuyo  lema de vida sería ¡lo hago así por que quiero y qué!

Como la novela está narrada bajo la perspectiva de la protagonista, y su carácter atrofiado le impide reconocer en un primer momento cuál es su error, con facilidad el lector también es engañado -si se puede decir así- por la autora. En principio nos introduce en Emma y sus motivos, nos anima a simpatizar con sus razones, nos alienta a justificar sus acciones y nos empuja a reírnos con sus ocurrencias. Pero mientras celebramos sus bromas, percibimos que hay algo que no va.  Emma manipula a su amiga Harriet Smith, lastima a Jane Fairfax, insulta a la Señora Bates –todas ellas que carecen de dinero, inteligencia o posición en la vida-; y peor aún, en el camino se incapacita para conocerse realmente a ella misma y darse cuenta de su error. ¿No se suponía que debíamos imitar a la heroína? «Los verdaderos peligros de la situación de Emma eran, –escribe Austen- de una parte, que en todo podía hacer su voluntad, y de otra, que era propensa a tener una idea demasiado buena de sí misma; éstas eran las desventajas que amenazaban mezclarse con sus muchas cualidades».

A lo largo de la novela, Emma -la rica, guapa e inteligente-, no sólo es caradura impertinente. Se da el lujo de cambiar de opinión y reconocer que se equivoca. Poco a poco somos testigos del despertar de Emma y de su maduración. La sagaz golfa con dinero [la ladymillennial y su resting bitch face o el mirrey-perdonavidas-dueñodelmundo], encaja los reclamos de sus amigos y descubre la poca valía de sus acciones, la imprecisión de sus juicios, su carácter desquiciado. Pero no solo ello, también cae en la cuenta del potencial de su posición económica, de la riqueza de una amistad firme, de la gallardía de su amor y del tesoro de una personalidad lograda.

Los millennials suelen despreciar a las heroínas enamoradas y sumisas, y a los caballeros chapeados a la antigua. Muy bien. Tal vez  las otras novelas de Austen, –Sensatez y Sentimiento y Orgullo y Prejuicio- sean muy cursis para su refinamiento y su vida sibarita...

Ahí tienen a Emma. Léanla. Les hará bien.

(Algunas ideas las saqué de aquí: Actually, Emma is the best Jane Austen Novel. La pista me la pasó  Arcy Ireta)


lunes, 27 de abril de 2015

El testamento de Jane Austen. ¿Quiénes somos de verdad?

Cortejo fúnebre de la Regencia Inglesa. Thomas Berwick.

Los funerales no son un lugar al que nos gustaría ir, pero son reveladores. Ahí vamos a despedir lo que queda de quien queremos o a acompañar a quien estimamos. Difícilmente podemos articular un discurso que resuelva el problema de la muerte y si somos honestos, lo único que se hace -no es poco- es encogerse de hombros y estar ahí. Nos queda sólo acompañar. En otras palabras, si con la muerte somos despojados de todo -incluso de la vida-, entonces queda al desnudo lo que realmente somos. Si eso es así, cuando se muere, aquí sólo queda lo que se amó.  Y parece sólo nos llevaremos algo similar: aquellos a quienes amamos y el cariño de los que nos quisieron.  

Pues bien, si seguimos esta idea, ¿quién era realmente Jane Austen? ¿Qué se puso de manifiesto con su muerte? Los rasgos biográficos de esta famosa escritora, vistos bajo la óptica de un funeral, no son los de su oficio. En vida había ya alcanzado renombre. La corona le pidió de favor que dedicara una de sus obras -Emma- al Rey. Sin embargo, su biografía como escritora se desvanece ante la muerte. Para su familia hubo en ella algo más importante, más rotundo para definir quién era su hermana recién fallecida.

Algo ya se anuncia en su testamento, fechado un día como hoy -27 de abril de 1817- (moriría el 18 de julio). No hay ninguna referencia a su vida de escritora. Nada que la distinga de una mujer común. Lo único que se pone de manifiesto son sus relaciones personales. Dos hermanos y una criada que estuvo al servicio de su difunta prima. El testamento en español dice así:
«Yo, Jane Austen, de la parroquia de Chawton, expreso de este modo mis últimas voluntades y testamento, y dejo en herencia a mi queridísima hermana Cassandra Elizhabeth todas mis posesiones en el momento de mi muerte, o las que pudiera recibir posteriormente, salvo el pago del coste de mi funeral y un legado de cincuenta libras a mi hermano Henry y de cincuenta libras a Madame Bigeon, que pido sean pagadas tan pronto como sea posible. Y nombro a mi susodicha querida hermana, albacea de mis últimas voluntades y testamento.
Jane Austen
27 de abril de 1817
Mis últimas voluntades.
A la señorita Austen»
Con la lápida de su tumba sucede algo similar. Se menciona a su padre, a su familia, a sus cualidades personales y la esperanza de merecer redención definitiva. Nada sobre su profesión o cualidades literarias. Dice así:
«En recuerdo de JANE AUSTEN, hija menor del difunto reverendo GEORGE AUSTEN, quien fuera rector de la parroquia de Steventon en este condado. Dejó esta vida el 18 de julio de 1817, a los 41 años, tras una larga enfermedad soportada con la paciencia y la esperanza de una verdadera cristiana. 
La bondad de su corazón, la dulzura de su carácter y su extraordinaria inteligencia le valieron, junto con el más tierno amor de sus seres queridos, admiración de cuantos la conocieron. 
La pena de su familia es tan grande como irreparable es su pérdida, pero aun en su más profunda aflicción, les consuela la firme aunque humilde esperanza de que su bondad, devoción, fe y pureza han hecho aceptable su alma a la vista de su REDENTOR». 
Su hermano James le dedica este poema. Ahí describe las habilidades literarias y lingüísticas de su hermana pero sólo cómo reflejo de su temperamento y carácter:
«Hers fancy quick, and clear good sense
And wit which never gave offence:
A heart as warm as ever beat, 
A temper even; calm and sweet:
Though quick and keen her mental eye 
Poor nature's foibles to descry,
And seemed for ever on the watch,
Some trails of ridicule to catch.
Yet not a word she ever pen'd
Which hurt the feelings of a friend.
And not a line she ever wrote
"Which dying she would wish to blot (sic; Venta 49)"
La muerte desnuda a todos, pero no nos quita aquello que nos hacía ser de verdad. Para los hermanos de Jane Austen eso podría definir la biografía de su hermana.


Dedicado al Miguel que hoy es su cumpleaños

jueves, 10 de abril de 2014

Emma y George para celebrar a Yuyis

Emma Woodhouse, BBC, 2009 (Romola Garai)
La Srita. Woodhouse es la protagonista de «Emma», una novela de Jane Austen publicada en 1816. A diferencia del resto de las heroínas, era rica e independiente, «bella, inteligente y rica, con una familia acomodada y un buen carácter, parecía reunir en su persona los mejores dones de la existencia; y había vivido cerca de veintiún años sin que casi nada la afligiera o la enojase.». Cuidaba de su padre, hipocondríaco, y su hobby, ser casamentera.

Su intuición y capacidad para la ironía, su inteligencia viva y certera, se mezclaban con algo de superficialidad poco dada a la empatía. Cuando se es lista e intuitiva, no se necesita mucho esfuerzo para acertar. La velocidad corre el riesgo de perder los detalles que llevan a comprender realmente a los demás y conocerse a sí misma: «los verdaderos peligros de la situación de Emma eran, –escribe Austen- de una parte, que en todo podía hacer su voluntad, y de otra, que era propensa a tener una idea demasiado buena de sí misma; éstas eran las desventajas que amenazaban mezclarse con sus muchas cualidades»

Así, Emma manipula a su amiga Harriet Smith, lastima a Jane Fairfax, insulta a Miss Bates. Sus dos mejores amigos, George Knightley y la Sra. Weston, hacen lo que se espera de un amigo: le dicen lo que ven en ella: tanto sus errores como su potencial. Como en todas las novelas de Jane Austen, Emma despierta de su mala conducta. Se da cuenta que su error en el juicio manifiesta su carácter atrofiado, descubre que lastima a otros y más grave aún, que era incapaz de conocerse a sí misma (aquí otro post del blog sobre el tema).

Pero no quiero hablar del final de la historia. Necesitaba el contexto para presentar lo que me parece es uno de los momentos más logrados de una de las adaptaciones más logradas de Emma (aquí en Youtube, subtitulada): el baile de Emma con George Knightley. Lo hacen sin todavía descubrir que su afecto mutuo va más allá de una sincera amistad. La música, los movimientos y sus rostros expresan la tensión llena de esa misteriosa alegría que los anuda. (Hasta tiene su gracia que la actriz de esta adaptación se llame Romola)

Por lo pronto, sé que le gustará a Yuyis este pequeño homenaje a la amistad.




PD. No resisto la tentación de transcribir los párrafos del despertar de Emma:

“En aquel corto espacio de tiempo comprendió cuál había sido su conducta y vio claro en su propio corazón. Lo vio todo con una lucidez como hasta entonces nunca había tenido. ¡Qué mal se había estado portando con Harriet! ¡Con qué falta de atención y de delicadeza! ¡Qué insensato y qué cruel había sido su proceder! ¿Cómo había podido dejarse llevar por aquella ceguera, aquella locura? Se daba perfectamente cuenta de lo que había hecho y estaba tentada de aplicarse a sí misma los términos más duros. [...]  
Cada momento había aportado una nueva sorpresa; y cada sorpresa era un motivo más de humillación para ella... ¿Cómo podía comprenderlo todo? ¿Cómo podía comprender que hubiera estado engañándose a sí misma de aquel modo hasta entonces, viviendo en aquel engaño? ¡Aquellos errores, aquella ceguera de su mente y de su corazón! Se quedó sentada, se paseó, anduvo de una a otra habitación, probó a pasear por el plantío... En todos los lugares, en todas las posiciones no podía dejar de pensar que había obrado de un modo insensato; que se había dejado engañar por los demás de un modo mortificante; que se había estado engañando a sí misma de un modo más mortificante aún; que se sentía desgraciada y que probablemente aquel día no era más que el principio de sus desgracias. [...]  
Ésta fue la conclusión de sus primeras reflexiones. Ésta fue la primera convicción sobre sí misma a la que llegó respondiendo a las primeras preguntas que se había formulado; y sin que necesitara mucho tiempo para ello... Se sentía a un tiempo enojada y apenada... Y se avergonzaba de todos sus sentimientos, menos del que acababa de descubrir... su afecto por el señor Knightley... Todo lo demás que encontraba en su interior le repugnaba. 
Con una imperdonable vanidad, se había creído poseedora del secreto de los sentimientos de todo el mundo; con una inexcusable arrogancia, se había propuesto arreglar las vidas de todo el mundo. Y se había demostrado que se había equivocado en todo; y ni siquiera no había hecho nada... porque había provocado desgracias... ”