Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de abril de 2017

Fanny Price y la contemplación de la belleza: madurez y empatía




Una primera versión de este texto, se preparó para la inauguración de una exposición de cuadros elaborados,  en un taller de arte, con gises pastel, lápices de colores o acrílico. La idea del taller es ayudar a los participantes a conocerse y descubrir tanto su personalidad, como su responsabilidad ante los demás.  

Uno de los personajes “más grises” que diseñó Jane Austen es la heroína de Mansfield Park. Fanny Price, a diferencia de Elizabeth Bennet (Orgullo y Prejuicio) o de Elinor Dashwood (Sensatez y Sentiminetos), es algo insípida. Le gusta la soledad, padece en silencio los acontecimientos de su hogar adoptivo, y se guarda para sí las reflexiones sobre el daño que se causan los personajes con sus acciones desajustadas. Pero, a su modo, Fanny se toma muy en serio los principios con los que interpreta la vida. Para ella se debe actuar con propiedad, se ha de juzgar el carácter de los demás con acierto, se reconoce el deber de ser fiel a una tradición, se exige honrar las lealtades familiares, para lo cual es ineludible acompañarlos con sentimientos apropiados. Aquello no es un juego.

Curiosamente, Ms. Price no sólo está equipada con principios morales, sino con un ojo estético fino para contemplar la naturaleza. Es la única que, gracias a esa capacidad, ha logrado moldearse ella misma, a partir de su esfuerzo por honrar con su conducta, el orden y belleza que percibe en lo que la rodea. En un momento de la novela, la protagonista de Mansfield Park exclama al contemplar la grandeza de una noche estrellada:
«¡Esto es armonía! —dijo—. ¡Esto es paz! ¡He aquí algo que deja atrás todo lo que la música y la pintura puedan expresar, y que sólo la poesía puede intentar describir! ¡Esto puede calmar toda inquietud y exaltar el espíritu hasta el arrobamiento! Cuando contemplo una noche como esta, tengo la sensación de que ni la maldad ni el dolor pueden existir en el mundo; y es seguro que de las dos cosas habría menos si se atendiera más a la sublimidad de la naturaleza y la humanidad llevara su mirada un poco más allá del círculo de mezquindades en que se encierra, contemplando un espectáculo como éste. »
Más adelante, nos regala una explicación similar, cuando se da cuenta de lo que ha mejorado un jardín, con un poco de trabajo:
«—Es bonito, muy bonito —dijo Fanny, mirando en derredor, un día en que se hallaban así sentadas en un banco—; cada vez que vuelvo a encontrarme entre estos arbustos me sorprende más su desarrollo y belleza. Hace tres años, esto no era más que un seto vivo que crecía descuidadamente a lo largo de la margen superior del campo, y que nunca se creyó que fuese algo, o que pudiera convertirse en algo digno de tenerse en cuenta; y ahora es un paseo del cual seria difícil decir si es más apreciable lo útil o lo decorativo.
Fanny logra reconocerse a sí misma en el equilibrio, simetría, cadencia y orden de la naturaleza. Aprende gracias a su capacidad para dejarse conmover por la armonía que aprecia en las cosas. En este contexto, dejarse asombrar por la belleza, no sólo es un acto de autoconocimiento  personal; es parte ineludible de su proceso de madurez. Los principios morales que modelan el carácter de Fanny y le ayudan a juzgar su lugar en el mundo, son ajustados por su capacidad contemplativa de la belleza.

Ahora bien, si la contemplación de la belleza consigue ese florecimiento personal, debe ser mucho más que sólo el autoconocimiento subjetivo de las propias emociones. Si fuera sólo una explosión de la propia sensibilidad, entonces, ¿por qué no podemos autoasombrarnos? ¿Por qué seríamos capaces de compartir esa experiencia si sólo fuera un reflejo del mundo interior? En el caso de Fanny, ella no hubiera madurado al contemplar la naturaleza si su belleza únicamente fuera expresión de sus propios deseos. Lo armónico no tendría su propiedad performativa -modeladora del carácter- si fuera solo fruto de la intimidad personalísima. En otras palabras, la noche estrellada que asombra a Fanny, no catalizaría su carácter, si la belleza de los astros fuera simplemente una extención de sus propias emociones interiores. De ahí que la cualidad formativa de la belleza, su propiedad como reveladora de la intimidad, se debe a su carácter trascendente: aquello realmente existe, verdaderamente es bello, y ciertamente es un bien para mí. Sólo así es posible ser comunicada en una obra de arte, por ejemplo.

De modo que la expresión de esa contemplación -la obra artística- significa tanto un despertar para sí, como un madurar en beneficio de otros. Al igual que Fanny, la armonía que debe ser descubierta y honrada con las acciones, predispone para reconocer nuestras responsabilidades con los demás. En el horizonte moral de la heroína de Mansfield Park, la contemplación no solo genera autoconocimiento, sino que de ella también florece el esfuerzo solidario por introducir a los amigos en la misma dinámica. Que ellos también sean armonía.

Por eso, las expresiones artísticas -los vehículos de belleza-, no son sólo un retrato de los sentimientos de quien lo pinta. Contienen una invitación ser testigos -si bien es cierto de modo cifrado- de los equilibrios, las luces y sombras, de los autores y un requerimiento a dejarnos conmover por ellos, a hacer nuestra esa búsqueda; y, a modo de empatía, compartir una existencia común. En resumen, la experiencia estética de Fanny Price fue pedagoga de las armonías en su carácter, y dardo que liberó al resto de personajes de Mansfield Park del deterioro moral en que se encontraban. 

Del mismo modo, quien nos comparte de su experiencia estética, se convierten en despertadores de nuestra propia dignidad. Nunca son sólo auto retrato de una intimidad.

Feliz cumpleaños a Esmeralda, quien es autora de este cuadro: 



Aquí va el resto de esa exposición:










jueves, 4 de febrero de 2016

«Palcco», belleza y democracia (una intuición de Simone Weil)


Simone Weil (se pronuncia Simáhn Vei) fue una filósofa y activista social que murió en 1943 y pertenecía al movimiento de resistencia francés contraria al régimen nazi. Poco antes de morir, escribió un libro del que hemos hablado en otras ocasiones. Lo tituló "Echar Raíces". Simone se preguntaba por las condiciones que facilitaron el avance del ejército alemán; quienes en sólo dos semanas tomaron Paris. ¿Porqué el pueblo francés había perdido su temple interior, su capacidad de resistencia ante la adversidad y su creatividad para pelear por su nación?  Su respuesta es demoledora: los soldados nazis se enfrentaron a uniformes sin soldados, soldados sin personas, personas sin un compromiso para defender un valor común. Se habían convertido en un pueblo sin raíces A partir de ahí describe cuáles son esos alimentos del alma que permiten su maduración interior. Una de esas necesidades que debemos alimentar, dice Weil, es la necesidad de orden o belleza: 
«Diariamente tenemos ante nuestros ojos el ejemplo del universo, donde una infinidad de acciones mecánicas independientes concurre para constituir un orden que permanece fijo a través de la variación. Por eso amamos la belleza del mundo, pues tras ella sentimos la presencia de algo análogo a la sabiduría que desearíamos poseer para saciar nuestro deseo de bien».
De esta manera, ¿por qué para una comunidad es importante que existan personas  capaces de dejarse convocar por la experiencia de la belleza y por qué para una democracia es vital que existan sitios donde esto se pueda experimentar? ¿Qué pasa si nos acostumbramos a la fealdad? Weil respondería que afinar nuestra sensibilidad para captar aquella belleza que se nos ofrece todos los días, "puede afirmarnos en el esfuerzo de pensar continuamente acerca del orden humano que debe ser nuestro primer objeto de atención". Platón sostenía que toda educación para la democracia y ciudadanía comienza con educación en la belleza de la música; pues la armonía en el ritmo y la melodía afinan el corazón hacia el equilibrio y la equidad. De tal forma que una persona con oído para la belleza musical, se predispone a gustar la armonía en la persona, en la comunidad y en la democracia y rechazar cualquier disonancia contra ellas.

Por todo ello, Weil ha conectado, el compromiso democrático, con la responsabilidad para cumplir nuestros deberes, con la necesidad de contemplar la belleza y de agudizar nuestro sentido para disfrutar de esa plenitud de orden que nos ofrece la belleza.

En pocos días se inaugurará un recinto más para la cultura en nuestra ciudad. Me refiero al Palacio de la Cultura y la Comunicación. Un lugar donde encontrarnos con la belleza y, si seguimos la intuición de Weil, donde podemos afinar nuestra llamada a la empatía, la solidaridad y la responsabilidad. Todos ellos son las raíces que dan solidez a nuestra democracia. Un recinto como Palcco se debe celebrar y aprovechar.

jueves, 8 de octubre de 2015

De las lunas, la de octubre es más hermosa



"De las lunas, la de octubre es más hermosa", dice una canción de Pedro Infante. Si ponemos atención el enamorado asigna a la luna un significado que es mucho mayor a una simple masa de piedra que flota al rededor de la tierra. ¿Por qué hacemos algo así? ¿Qué necesidad humana resolvemos cuando asignamos un sentido a las cosas más allá de su materialidad? A veces es una canción, otras tantas un lugar, un cuadro, una actividad, o un deporte, el que libera en nosotros un resorte que nos despierta para no permanecer indiferente.

Platón decía que la ventana que abrimos para asomarnos al mundo de la verdad y del bien, el dardo que nos despierta del letargo de lo cotidiano, es la experiencia de la belleza. Podemos explicarnos la luna sólo como cuerpo celeste, y la tecnología como los instrumentos con los que hacemos algo con ella y obtenemos alguna utilidad. Pero gracias a nuestra experiencia de la belleza, aquello no es sólo una piedra. La técnica produce cosas que nos hacen la vida más fácil; pero el arte nos interroga sobre quién somos nosotros a partir de una pregunta: ¿por qué esto me golpea el interior, si sólo es materia? ¿Qué es lo que me llama tanto la atención? En el caso de la canción de Pedro Infante, ¿por qué con la luna no puedo quedarme como si no hubiera pasado nada?

Quería detenerme sobre esta relación entre un suceso nimio y en apariencia sólo material, pero que me despierta para ponerme ante algo fundamental de mi existencia. Aquí va un ejemplo del que ya escribí en el blog. Hay partes del juego del beisbol donde podemos jugar más allá de los límites. Hace unos meses, por ejemplo, el jugador de los Cachorros de Chicago, Anthony Rizzo, persiguió un elevado de foul, salió del campo, subió a la grada, se metió entre los aficionados y capturó la pelota como dos metros detrás de los límites físicos del terreno de juego. Out legal. En el beisbol,
¿[d]entro de qué espacio territorial es posible hacer una gran jugada? ¿Cuál es la orilla del campo dentro de la cual es válido demostrar creatividad y capacidad atlética? [...] El beisbol es un deporte con una gran dosis de paciencia y tolerancia al fracaso. Es el precio que hemos de pagar para disfrutar y jugar de vez en cuando en el terreno que existe más allá de límites marcados el campo legal. [...] Quizá la vida se trate de eso: de jugar aquí, a pesar de nuestros reveses y caídas, y de vez en cuanto experimentar lo que existe más allá de las fronteras. Un filósofo existencial lo diría así: «¿No te has dado cuenta que la vida debe ser eso? ¿Jugar aquí para sorpresivamente divertirse válidamente más allá de los límites?
Si nuestros días suceden entre el juego, las reglas, el campo, los límites a los que nos somete nuestra historia y nuestra vida -como la enfermedad y la muerte-, entonces en el beisbol podemos ver -al igual que el enamorado en la luna- cómo estamos llamados a divertirnos más allá de esos límites. Y eso hay que aprender a verlo y a disfrutarlo desde ahora. 

Moraleja: hay que ir al  beisbol. Mañana, en una noche de octubre, comienza la temporada con un Tomateros-Charros. Por eso Pedro Infante tenía razón: «De las lunas, la de octubre es la más hermosa» 

Aquí la jugada de Rizzo:


sábado, 23 de noviembre de 2013

«Calvin & Hobbes» y el documental «Dear Mr. Watterson»


Ayer vi «Dear Mr. Watterson» (aquí), un documental sobre el creador de «Calvin & Hobbes», Bill Watterson. Son 90 minutos en los que un seguidor intenta explicar a otros miembros del club de fans de Calvin, por qué les gusta la tira cómica. El film de Schoeder parece que quiere justificar su propia pasión por Calvin como lo haría cualquier admirador: «nadie es más CalvinAndHobbes-eano que yo». 

A pesar de ello, ofrece un mínimo de contexto al mundo de Calvin y su creador: editores de periódico, agentes de publicidad, Chagrin Falls (Ohio) y la geografía de la tira cómica, etc. Presenta una discusión interesante sobre el rechazo de Watterson a la comercialización de sus personajes: ¿por qué no hay muñecos, playeras, tazas o se asocia a una marca de seguros como Snoopy?. Fue una novedad para mi el sentido y esfuerzo de la lucha de Watterson por el espacio y el formato de  la tira dominical.

La timidez de Watterson y su rechazo a comercializar su producto tiene que ver con la integridad con la que veía su proceso creativo (aquí un discurso de Watterson) y el valor de su trabajo como arte. Si Calvin es principalmente un producto comercial y no una tira cómica, ¿no se estará dejando atrapando por unos compradores que esperan consumir más sin haber captado el valor de lo que degluten? ¿Cómo puede mantenerse creativo artísticamente y al mismo tiempo agudo filosóficamente si en lugar de apuntar a la razón y al corazón, el dibujante apunta al bolsillo de sus lectores? 

Para Watterson la tira cómica y su filosofía no es de consumo rápido. Cuando el mercado se alimenta de los libre pensadores, snobs y sibaritas intelectuales, estos dejan de pensar, ser libres, auténticos y creativos. Se enferman de éxito y mueren de fama. Watterson publicó una sutil ironía al respecto. Aunque la caricatura es considerada «low art» –no es sólo literatura, ni es sólo pintura y se dirige al consumo de masas-, su «Calvin & Hobbes» nunca se pensaría como un producto sólo de consumo.  

2 de Noviembre de 1990.
Watterson corrió el riesgo de no ganar millones y se centró en la tira cómica. Quizá por eso dan ganas de leerlo una y otra vez. En «Calvin & Hobbes» hay una mezcla de simplicidad, filosofía, pintura y humor. Sólo por presentar un ejemplo que aparece en el documental. Unos problemas  se ven como un abismo y al final son sólo una pequeñísima colina. Aquí hay filosofía, pintura, simplicidad y humor. En otras palabras, arte.

8/Dic/1993

En fin. Para sumar a la causa de club de fans, encontré un buscador temático de todas las tiras cómicas (aquí), y la colección completa on-line (aquí).

Ya para terminar. Este es el último cartón que publicó Watterson. No es melancólico, ni hace llorar. Invita a «dibujar» el futuro: «Let's go exploring». ¡Es genial!

31-Dic-1995