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domingo, 24 de abril de 2016

El ojo para lo bello, también es el ojo del amor


¿Por qué la belleza importa? Porque nos capacita para amar; nos hace concientes -y gozar- de la importancia de las cosas inútiles, de lo que no puede producirse, comprarse o consumirse. Como el amor es así, el ojo para la belleza, también es el ojo para el amor. La idea no es mía, la encontré en la Amoris Laetitia de Francisco:
127. El amor de amistad se llama «caridad» cuando se capta y aprecia el «alto valor» que tiene el otro. La belleza —el «alto valor» del otro, que no coincide con sus atractivos físicos o psicológicos— nos permite gustar lo sagrado de su persona, sin la imperiosa necesidad de poseerlo. En la “sociedad de consumo el sentido estético se empobrece, y así se apaga la alegría. Todo está para ser comprado, poseído o consumido; también las personas. La ternura, en cambio, es una manifestación de este amor que se libera del deseo de la posesión egoísta. Nos lleva a vibrar ante una persona con un inmenso respeto y con un cierto temor de hacerle daño o de quitarle su libertad. El amor al otro implica ese gusto de contemplar y valorar lo bello y sagrado de su ser personal, que existe más allá de mis necesidades. Esto me permite buscar su bien también cuando sé que no puede ser mío o cuando se ha vuelto físicamente desagradable, agresivo o molesto. Por eso, «del amor por el cual a uno le es grata otra persona depende que le dé algo gratis»” 
128. La experiencia estética del amor se expresa en esa mirada que contempla al otro como un fin en sí mismo, aunque esté enfermo, viejo o privado de atractivos sensibles. La mirada que valora tiene una enorme importancia, y retacearla suele hacer daño. ¡Cuántas cosas hacen a veces los cónyuges y los hijos para ser mirados y tenidos en cuenta! Muchas heridas y crisis se originan cuando dejamos de contemplarnos. Eso es lo que expresan algunas quejas y reclamos que se escuchan en las familias: «Mi esposo no me mira, para él parece que soy invisible». «Por favor, mírame cuando te hablo». «Mi esposa ya no me mira, ahora sólo tiene ojos para sus hijos». «En mi casa yo no le importo a nadie, y ni siquiera me ven, como si no existiera». El amor abre los ojos y permite ver, más allá de todo, cuánto vale un ser humano. 
129. La alegría de ese amor contemplativo tiene que ser cultivada. Puesto que estamos hechos para amar, sabemos que no hay mayor alegría que un bien compartido. [...] Es dulce y reconfortante la alegría de provocar deleite en los demás, de verlos disfrutar. Ese gozo, efecto del amor fraterno, no es el de la vanidad de quien se mira a sí mismo, sino el del amante que se complace en el bien del ser amado, que se derrama en el otro y se vuelve fecundo en él. 
Algo así no se logra sin haber sido introducidos, ni estar acostumbrados a la percepción de la belleza  y sus manifestaciones.



jueves, 11 de febrero de 2016

Un experimento con motivo de la visita de Francisco: saber ver


Mañana llega el Papa Francisco. En los análisis que he visto, encuentro dos narrativas a través de las cuales, supongo, los comentócratas interpretarán los dichos y hechos del Papa en nuestro país.  Por un lado, quienes pretenden explotar la religiosidad cursilona del «¡qué bonito que besó a un niño! ¡Qué lindo que abrazó a un enfermo! ¡Qué tierna es la canción oficial!». Por otro, un poco más serios, encontramos a quienes colocan a Francisco entre los dos polos con los se describe a la iglesia católica mexicana: uno de ellos sería el mundo del alto clero: los cardenales, los que hacen favores al poder; quienes lucran con los ricos y poderosos; el otro la iglesia que defiende a los pobres. Es la iglesia de los luchadores de los derechos humanos, la iglesia de Samuel Ruíz, el P. Solalinde o las Patronas. Estos se preguntan, a qué iglesia pertenece Francisco, ¿será el papa del poder o el cura defensor de los débiles?

Por mi parte voy a intentar otra narrativa. Tengo la impresión de que a Francisco se le ha de interpretar desde dentro. Es decir, a partir del modo en que ve, no en el modo en que piensa o habla. Cualquiera puede pensar y argumentar coherentemente. Lo difícil es ver al otro desde ese ojo interior con el que captamos el misterio, valor y dignidad de cualquier persona ante mí. Aquí está la batalla decisiva que pelea Francisco: dejarse afectar por la presencia de toda persona que nos interpela desde el interior, especialmente el que parece que no tiene valor útil. Si veré al Papa, será por que tengo curiosidad por descubrir cómo se esfuerza por que no decaiga esa mirada. 

¿Y esto qué tiene que ver conmigo? Nietzsche decía que donde falta el amor, se multiplica la ley. Y es verdad. Si no se ve la dignidad, se multiplican las declaraciones de derechos y los mecanismos coactivos para defendernos de quien es incapaz de ver a la persona; porque sólo respetarán nuestra dignidad si hay alguien que se los impida a la fuerza o si obtienen una ventaja con ese esfuerzo. Donde falta el amor, se multiplica la ley.

Si esto es así, enconces lo decisivo está en los ojos que perciben con reverencia la belleza de la persona que tengo ante mí. Toda democracia se juega, en definitiva, en la forma de ver al que tengo al lado.

Voy a hacer este experimento. ¿Qué ve, a quién, y cómo ve el Papa Francisco? A ver cómo me va.



viernes, 25 de septiembre de 2015

La suerte siempre acude al rescate de los audaces (Exhibit A)


Supongo que conocen la escena. Aquí va el mismo evento visto desde tres tomas.

1. Primera vista: ¡Ven!



2. Segunda toma: Per aspera ad astra!



3. «Exhibit A»: La suerte siempre acude al rescate de los audaces.
[Seguir a la chiquilla. La cámara -obvio- va con el Papa]




viernes, 6 de febrero de 2015

La historia coloca a todos en su sitio: John Adams y los Jesuitas


Aunque a veces se tarde o lo haga de forma inesperada, la historia «coloca» a todos en su sitio. 

John Adams -el segundo presidente de Estados Unidos- en una carta a Jefferson (4-XII-1816)  escribió sobre los jesuitas:
«This society [Jesuits] has been a greater calamity to mankind than the French Revolution, or Napoleon's despotism or ideology. It has obstructed the progress of reformation and the improvement of the human mind in society much longer and more fatally»
Unos meses antes, en mayo del mismo año, también a Jefferson, con motivo de la restauración de la Compañía de Jesús se expresaba con el mismo «cariño»:
«My history of the Jesuits is not eloquently written, but it is supported by unquestionable authorities, [and] is very particular and very horrible. Their restoration [en 1814 por el Papa Pío VII] is indeed a step toward darkness, cruelty, despotism, [and] death. [...] I do not like the reappearance of the Jesuits.... Shall we not have regular swarms of them here, in as many disguises as only a king of the gipsies can assume, dressed as printers, publishers, writers and schoolmasters? If ever there was a body of men who merited damnation on earth and in Hell, it is this society of Loyola’s. Nevertheless, we are compelled by our system of religious toleration to offer them an asylum.» 
Pues bien, ayer se hizo pública la visita del Papa Francisco al Capitolio. Un Jesuita hablará, en sesión conjunta, a las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos. Por primera vez en la historia. 

¿Y John Adams? ¡Salud!


Dedicado a mi amigo Gerardo Castillo

martes, 20 de agosto de 2013

La abuela en "All the world's a stage"

"All the world's a stage" es un monologo que aparece en "As you like it" de Shakespeare. La vida humana se cataloga en siete etapas, en las siete edades del ser humano. El infante, el escolar, el amante, el soldado, el sabio, el viejo y el senil. Al igual que en una obra de teatro, cada personaje tiene su sitio y su tiempo. El personaje entra en escena sin pedirlo -le toca- y sale del escenario aunque no lo quiera.
La Abuela

Hace unos días el Papa Francisco (aquí) recordaba que en los ancianos son depositarios de la memoria de una familia y un pueblo. ¿Cómo eras de chico? ¿Cómo se cocina el plato que te gusta? ¿Cómo va el cuento de la Caperucita? ¿Por qué serie de valores vale la pena regir la propia vida? ¿Por qué no hay mal que dure cien años ni pndj que lo soporte? ¿O en qué caso concreto sucedió aquello de que «Dios aprieta pero no ahorca», o «para atrás ni para agarrar vuelo»? ¿Cuál es la historia de tu familia y de la que tu formas parte? Los abuelos tienen mirada de largo alcance y memoria que ha repasado una y otra vez los sucesos de la vida.

Dice Shakespeare: «La escena final // de tan singular y variada historia // es la segunda niñez // y el olvido total, // sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada». El último acto de entrega de los abuelos, después de habernos entregado su memoria, es quedarse sin ella... vivir como niños que repiten lo mismo una y otra vez, sin lógica y sentido. Son como niños que ven sin cansarse la misma película y no se hartan de repetir el mismo cuento. Antes de dejar el escenario de forma definitiva, el abuelo -sabiéndolo o no-, vuelto un niño, nos interpela y obliga a salir de nosotros mismos: «¿Pondrás en práctica conmigo lo que te he enseñado que vale la pena?»

Abajo está el monólogo completo en inglés y luego en español. 

Por cierto. Hoy mi abuela cumple 91 años. 


All the world's a stage

All the world's a stage,
And all the men and women merely players;
They have their exits and their entrances,
And one man in his time plays many parts,
His acts being seven ages. At first, the infant,
Mewling and puking in the nurse's arms.
Then the whining schoolboy, with his satchel
And shining morning face, creeping like snail
Unwillingly to school. And then the lover,
Sighing like furnace, with a woeful ballad
Made to his mistress' eyebrow. Then a soldier,
Full of strange oaths and bearded like the pard,
Jealous in honor, sudden and quick in quarrel,
Seeking the bubble reputation
Even in the cannon's mouth. And then the justice,
In fair round belly with good capon lined,
With eyes severe and beard of formal cut,
Full of wise saws and modern instances;
And so he plays his part. The sixth age shifts
Into the lean and slippered pantaloon,
With spectacles on nose and pouch on side;
His youthful hose, well saved, a world too wide
For his shrunk shank, and his big manly voice,
Turning again toward childish treble, pipes
And whistles in his sound. Last scene of all,
That ends this strange eventful history,
Is second childishness and mere oblivion,
Sans teeth, sans eyes, sans taste, sans everything.



El mundo es un gran teatro

El mundo es un gran teatro,
y los hombres y mujeres son actores.
Todos hacen sus entradas y sus mutis
y diversos papeles en su vida.
Los actos, siete edades. Primero, la criatura,
hipando y vomitando en brazos de su ama.
Después, el chiquillo quejicoso que, a desgana,
con mochila y radiante cara matinal, cual caracol 
se arrastra hacia la escuela. Después, el amante, 
suspirando como un horno y componiendo baladas 
dolientes a la ceja de su amada. Y el soldado,
con bigotes de felino y pasmosos juramentos,
celoso de su honra, vehemente y peleón,
buscando la burbuja de la fama
hasta en la boca del cañón.Y el juez, que, 
con su oronda panza llena de capones,
ojos graves y barba recortada,
sabios aforismos y citas consabidas,
hace su papel. La sexta edad nos trae
al viejo enflaquecido en zapatillas,
lentes en las napias y bolsa al costado;
con calzas juveniles bien guardadas, anchísimas
para tan huesudas zancas; y su gran voz
varonil, que vuelve a sonar aniñada,
le pita y silba al hablar. La escena final
de tan singular y variada historia
es la segunda niñez y el olvido total,
sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada.