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martes, 22 de diciembre de 2020

Amistad: Calibre 50, Gerardo Ortíz y San Agustín

 


Primero Gerardo Ortíz y Calibre 50: “500 caballos de fuerza, manejo un Camaro, y soy de Culiacán. Me gusta el whisky y las viejas, las armas, carreras, la velocidad...”

Ahora, el de Hipona. De joven prefería pasar las horas con amigos, más que cualquier otra cosa:

Pero a lo que dedicaba más tiempo y donde más me recreaba era divertirme con mis amigos, con quienes amaba las cosas con que olvidaba a Dios. [...] Junto a mis amigos, deseaba cosas con muchísima fuerza, incluso que mis deseos de buscar a Dios mismo, como conversar, reír, ayudarnos con gusto entre nosotros, leer juntos libros entretenidos, bromear unos con otros y divertirnos en compañía; discutir a veces, pero sin animadversión, como cuando uno disiente de sí mismo, y con tales disensiones esporádicas condimentar las muchas conformidades; enseñarnos mutuamente alguna cosa, suspirar por los ausentes con pena y acoger con alegría a los que llegaban. […] [Así nuestras] almas se fundían […] y de muchas intimidades se construía una sola alma.  

Al asunto le sobra tela. Porque ya de viejo reconoce que gracias a que las experiencias que se logran con los amigos, pudo probar la felicidad que capacita para comprender el amor y buscarlo. Sin amigos, nunca despertaría en nosotros el deseo de amar con profundidad, o de aprender a querer como lo mereces Más aún, dice el africano, como toda persona quiere ser feliz, ¿cómo supimos que era eso precísamente lo que más deseaba? ¿Quién nos enseñó a ahelar esa plenitud? ¿Cómo y dónde se metió en nosotros esa necesidad? 

La respuesta de Agustín se arma con cuidado, pero aquí va una pieza: en las ansias de “conversar, reír, ayudarnos, leer juntos, bromear y divertirnos” con los amigos. Sin ellos ni siquiera nos preguntaríamos por la felicidad y el amor, mucho menos la experimentaríamos:

¿Dónde ví [sin darme cuenta] la felicidad para desearla [con todas mis fuerzas]? [...] ¿Será por ventura como cuando recordamos el gozo? Tal vez sea así. Porque así como estando triste recuerdo mi gozo pasado, así siendo miserable recuerdo la vida bienaventurada; por otra parte, por ningún sentido del cuerpo he visto, ni oído, ni olfateado, ni gustado, ni tocado jamás el gozo, sino que lo he experimentado en mi alma cuando he estado alegre, y se adhirió su noticia a mi memoria para que pudiera recordarle, unas veces con desprecio, otras con deseo, según los diferentes objetos del mismo de que recuerdo haberme gozado. [...] Pues ¿dónde y cuándo he experimentado yo mi vida bienaventurada, para que la recuerde, la ame y la desee?

¿Dónde? Con los amigos. Entonces, ¿dónde se conectan, Calibre 50, Gerardo Ortíz, Culiacán vs Mazatlán con San Agustín? Bueno, mis amigos saben dónde. 

¡Feliz cumpleaños!

La foto es de @montseontiveros.photo, con quien ha trabajado Mijares y Emmanuel.





viernes, 29 de junio de 2018

Dostoyevsky para mi crisis de juventud

Aliosha e Iván
Facebook dice de mí que pertenezco a la categoría Established Adult Life. Suena a marcadamente ruco o asentado con panza chelera. Quizá. Este año leí Los hermanos Karamazov. Desde el asiento en el que parece que ya estoy colocado –feisbuc dixit- me fue más sencillo entrevistarme con mi yo-entre-los-deciocho-y-venticinco-años.  Por eso, al no vivir esa etapa, tal vez me es más fácil descubrir unos aspectos de aquella juventud que viví en la descripción con las que Dostoyevsky introduce a Aliosha. 

El menor de los Karamazov, es un jóven que se adentró en un camino espiritual en busca de un ideal noble y grande que llenara su vida. Buscaba un proyecto de vida que le exigiera «imperiosamente sacrificar todo lo que sea necesario, hasta la vida, en aras de esa proeza»: «Quiero vivir para la inmortalidad, no estoy dispuesto a aceptar un compromiso a medias», decía Aliosha. Sólo así podía gastar sus días: vivir para intensearse. Si no, no. «A un gentleman solo le importan las causas perdidas», escribió Borges en La forma de la espada. ¿Por qué solo vale la pena un ideal así? Porque una juventud empeñada en algo grande puede llenarla por completo. Así gasté mi juventud. No me considero alguien excepcional, simplemente viví lo excepcional que puede ser la juventud. 

Sin embargo, para Dostoyevsky esos ímpetus chocarán contra su propia fuerza vital:
“Por desgracia, estos jóvenes no comprenden que, en la mayor parte de estos casos, el sacrificio de la vida es, posiblemente, el más sencillo de todos los sacrificios, mientras que consagrar, por ejemplo, cinco o seis años de su vida, rebosante de juventud, a un estudio difícil y pesado, a la ciencia, aunque solo sea para multiplicar las propias fuerzas y ponerlas al servicio de dicha verdad y de la proeza con la que se han encariñado y que se han propuesto llevar a cabo, es casi siempre, para muchos de ellos, un sacrificio superior a sus fuerzas.”
Más adelante, en palabras de Zósima, Dostoyevsky volvió sobre esta característica del amor jóven e intenso:
“El amor soñado ansía la proeza inmediata, que se consuma rápidamente, a la vista de todos. Hay quien llega, de hecho, a dar su vida, a condición de que el sacrificio no se prolongue en exceso, sino que se consume a la mayor brevedad, como en un escenario, y de que todo el mundo pueda admirarlo y elogiarlo. En cambio, el amor activo es trabajo y firmeza; para algunas personas puede llegar a ser toda una ciencia.”
¿Cómo sugiere este escritor ruso guiarse por un ideal con el intenseo de Aliosha, y al mismo tiempo, que ese fuego que lo mueve, no destruya a ese jóven? ¿Qué experiencias tomar en cuenta para asentar esa juventud? ¿Cómo no quemarse por las ansias y al mismo tiempo seguir soñando por un ideal? Porque una crisis de la juventud -y Aliosha la padeció, y yo también- consiste en ver que por más que des la vida por un ideal, éste ni se logra por completo, ni de forma definitiva, ni parece que se vaya a mantener en la cumbre... a pesar de intentarlo con todas las fuerzas y con la mejor intensión e intenseo

En Los hermanos Karamazov hay algunas pistas para intensearse sin consumirse. No sé si el escritor ruso pretendía darle este enfoque, pero si me entrevistara con mi yo-de-morrito –y hago cuando tú me lees-, me pediría recordar estas ideas que encontré en esta clásica novela:

1. Aprender a ver los gestos de gratuidad que recibimos. De eso escribí aquí. Sugiero leerlo de nuevo.

2. Huir de la abstracción. Los ideales pueden ser coherentes racionalmente, pero las personas concretas nunca encarnan a la perfección esos valores. Lo curioso es qeu los ideales no existen en sí mismos como esferas de perfección; las personas, sí. Y estas en parte revelan, pero también en parte ocultan el ideal. Nadie es pura luz. Los abismos y defectos de quienes viven el propio ideal, tarde o temprano, nos lastiman. Porque todos somos limitados e incluso un misterio para nosotros mismos. Querer y orientar la vida por ideales es muy fácil. Amar a una persona –la que incluso nos ha herido- es quererla tal cual es... en concreto: 
“Yo –decía– amo a la humanidad, pero no dejo de sorprenderme a mí mismo: cuanto más amo al género humano en general, menos aprecio a los hombres en particular, o sea, tomados de uno en uno, como individuos. En mis sueños –decía–, he llegado con cierta frecuencia a formular apasionados proyectos relativos al servicio a la humanidad, y hasta podría haberme encaminado a la cruz por los demás en caso de haber sido, de un modo u otro, necesario. Y, sin embargo, soy incapaz de pasar con nadie dos días seguidos en la misma habitación: lo sé por experiencia. En cuanto tengo a alguien cerca, siento que su personalidad limita mi amor propio y coarta mi libertad. En veinticuatro horas puedo llegar a odiar al mejor hombre del mundo: que si éste pierde mucho tiempo comiendo, que si aquel otro está resfriado y no para de sonarse... En cuanto alguien –decía– empieza a tener trato conmigo, me convierto en su enemigo. En cambio, siempre me ha ocurrido que, cuanto más he odiado a las personas en particular, tanto mayor se ha vuelto mi amor a la humanidad en general”.
3. Seremos salvados por la belleza. El cerrojo que une el ideal abstracto, –con su grandeza y su ser inabarcable-, con la existencia concreta de una persona, –con su limitación y la sed de vida propia de los Karamazov-, es la belleza. Estas palabras son de Dmitri. Un intenso como pocos:
“¡La belleza es una cosa terrible y pavorosa! Terrible porque es indefinible, nadie la puede definir, porque Dios solo nos ha dado enigmas. Aquí las orillas convergen, aquí todas las contradicciones conviven. [...] Lo terrible es que la belleza no solo es espantosa, sino también un enigma. Es la lucha entre el diablo y Dios, con el corazón del hombre como campo de batalla.”
4. Encuentra a aguien con quien y por quien llorar. Para Dostoyevsky, el sufrimiento del inocente y la eventual justicia euclidiana –o el karma que tarde o temprano castiga al injusto o premia al honesto- es irracional. Es el reclamo de Iván Karamazov, contra un dios que solo se mueve para recompensar a la bondad y sancionar la maldad:
“Y, si los sufrimientos de los niños han servido para completar la suma de sufrimientos necesaria para comprar la verdad, yo afirmo de antemano que esa verdad no vale un precio semejante. [...] Muy caro le han puesto el precio a la armonía, la entrada no está al alcance de nuestro bolsillo. En vista de lo cual, me apresuro a devolver mi billete de entrada. Y, a poco que sea yo un hombre honrado, mi obligación es devolverlo cuanto antes. Eso es lo que pienso hacer. No es que no acepte a Dios, Aliosha, me limito a devolverle el billete con todo respeto.”
No. Para Dostoyevsky la salvación por las injusticias que cometemos –y quién no es un poco miserable- es redimida por la gratuidad, por el don de algo que no merecemos, que se nos entrega por alguien a quien no le debemos nada. Nos lo da solo porque sí. En otras palabras, solo nos salvaremos si lloramos junto a quien nos ama. El escritor ruso insiste en que solo se ve a Dios o solo percibe el valor de la persona en concreto, cuando el personaje se convierte alguien capaz de sacrificarse para acompañar, sea como sea, a quien padece injusticias o a quien nos lastima sin causa. Cuando introducimos en el mundo, gratuitamene, ese amor inmerecido. Incluso si nos han lastimado: “Humedece la tierra con las lágrimas de tu alegría y ama esas lágrimas...” 

5. Alégrate. –“Quien ama a los hombres ama su alegría... no se puede vivir sin alegría”-; pasa por alto las ofensas –“Mientras Rakitin no deje de pensar en las ofensas sufridas, siempre se marchará por un callejón”. De ahí que:
“Han de saber que no hay nada más alto, más fuerte, más sano y más útil en la vida que un buen recuerdo, especialmente el que se atesora ya en la infancia, en la casa paterna. Os han hablado mucho de la educación, pero cualquier recuerdo bonito, sagrado, conservado desde la infancia, puede ser la mejor educación que exista. E, incluso si nuestro corazón solo guarda un único recuerdo bueno, éste puede salvarnos en algún momento. Quizá nos volvamos malos, incluso puede que no tengamos fuerzas para resistir con firmeza ante una mala acción, que nos riamos de las lágrimas de los hombres  [...] Aun así, da igual lo malos que seamos, Dios no lo quiera, pues, en el momento en que recordemos [...] lo mucho que lo hemos querido en sus últimos días y cómo estamos hablando aquí junto a la roca, tan amistosamente y todos juntos, el más cruel de nosotros y el más burlón, si es que nos convertimos en eso, ya no se atreverá a reírse en su interior de cómo una vez fue bueno y bello. Es más, puede que precisamente este único recuerdo lo aparte de un mal grande y que reflexione y se diga: «Sí, entonces era bueno, valiente y honrado». Si se ríe de eso, no pasa nada, el hombre se burla con frecuencia de lo bueno y lo bello, solo es falta de reflexión; pero, señores, les aseguro que, en cuanto se ría, su corazón le dirá: «He hecho mal en reírme, porque ¡no hay que burlarse de estas cosas!».”
Established Adult Life... Ahora sí: ¡Intenséese!. Por cierto, feliz cumpleaños.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Entrégate primero, ¡hasta el cielo! Ahí encontrarás su poesía



¿Para qué son los amigos? Para sacudirse la monotonía, intensearse y pedalear. Así me llegó esta canción de «Florence + The machine» que me pasó la Sofía.

En «All this and heaven too»,  un amante reconoce su torpeza para entender por completo los gestos de quien lo ama. Intuye la grandeza y la valía de ese amor, –no sólo por lo que le dice, sino quizá por cómo lo ve o cómo le sonríe-; pero es incapaz de comprender todo el sentido de aquellos guiños en los que se envuelve y presenta cualquier amor. Le paraliza saber que si lo intenta, sus frases serán las que hieran y lastimen: porque diluyen la experiencia de ese amor.

Ante quien ama, el amante se pone de rodillas: «te daría todo esto, ¡y hasta el cielo!, solo para entender tu voz como presencia y significado. Yo, que sólo garabateo. ¡Yo, que más bien rasguño lo que tú me entregas! Soy incapaz de devolverte esa palabra». El incompetente intenta la única revolución a su alcance: decide amar. O más bien, introducirse en el corazón del amante. Impregnarse por la lógica del don. Sospecha que así sanará su impericia y encontrará el discurso, los modos de decir, la poesía que necesita. Le apuesta a encontrar una nueva mirada; se la juega del todo con tal de dibujar una sonrisa inesperada que se convierta en el nuevo lenguaje, en aquellas palabras que no se imaginaba capaz de articular.

He tenido la canción en la memoria estos días. En parte, porque me he cruzado con otros amigos que han sufrido el tipo de tragedias que los introduce por la fuerza, en el misterio del dolor. Intuyo que encontrarán el sentido del amor incondicional que no defrauda pero que se manifiesta en un lenguaje  duro y misterioso.

Aquí una versión subtitulada. Claramente sucede aquello de «traduttore, traditore». Al menos porque en inglés, con más frecuencia que en castellano, el sonido de las palabras también anuncia su significado. Abajo trascribí la letra original.




And the heart is hard to translate
It has a language of it's own
It talks in tongues and quiet sighs 
And prayers and proclamations in the grand days 
Of great men and the smallest of gestures
In short shallow gasps

But with all my education
I can't seem to commend it
And the words are all escaping me
And coming back all damaged
And I would put them back in poetry
If I only knew how, I can't seem to understand it

And I would give all this and heaven too
I would give it all if only for a moment
That I could just understand 
The meaning of the word you see
'Cause I've been scrawling it forever
But it never makes sense to me at all

And it talks to me in tiptoes
And sings to me inside
It cries out in the darkest night
And breaks in the morning light

But with all my education
I can't seem to commend it
And the words are all escaping
And coming back all damaged
And I would put them back in poetry
If I only knew how I can't seem to understand it

And I would give all this and heaven too
I would give it all if only for a moment
That I could just understand 
The meaning of the word you see
'Cause I've been scrawling it forever
But it never makes sense to me at all

And I would give all this and heaven too
I would give it all if only for a moment
That I could just understand 
The meaning of the word you see
'Cause I've been scrawling it forever
But it never makes sense to me at all

No, words are a language
It doesn't deserve such treatment
And all my stumbling phrases
Never amounted to anything worth this feeling
All this heaven never could describe 
Such a feeling as I'm healing, words were never so useful
So I was screaming out a language 
That I never knew existed before

sábado, 3 de diciembre de 2016

El «mundo real» y su atrofia musical


Escribía el @ProfesorDoval que la crisis de nuestro tiempo es hija de la superficialidad y la zafiedad con la que planteamos, reflexionamos y resolvemos las preguntas sobre «la propia vida, la propia muerte y la humanidad de la que soy parte». Sobre esa superficie, las coordenadas existenciales que se vislumbran desde ella, se limitan a lo que se produce, intercambia o se controla. Para seguir con el diálogo, -me están oyendo Cristi, Diego, Manuel, Juan Pablo, Fer, Ligia e Isolino [y Flor, que hace tiempo traía esta inquietud]- me encontré con el ensayo «Pajarillos que no cantan» de Chésterton. Aquí unos párrafos:
«Y de pronto me pregunté por qué no hay ningún oficio moderno del que se sepa que tiene una poesía ritual. ¿Cómo es que la gente canta rudos poemas cuando tira de una soga o recoge frutos y por qué nadie hace nada parecido mientras se dedica a cualquier actividad moderna? ¿Por qué ningún periódico moderno se imprime cantando a coro? ¿Por qué los comerciantes cantan tan pooco, por no decir nunca?
Si los segadores cantan durante la siega, ¿por qué no cantan los auditores mientras auditan y los banqueros mientran realizan operaciones bancarias? Si hay canciones para todas las tareas que se llevan a cabo en un barco, ¿por qué no hay canciones para todas las tareas que se llevan a cabo en un banco? [...]
Al entrar en la nube de Londres, me encontré con un amigo mío que trabajaba en un banco y le entregué esas sugerencias en verso para que las distribuyera entre sus colegas. Pero no se mostró demasiado esperanzado sobre el asunto. No era (me aseguró) que subestimara los versos ni que, de ningún modo, le parecieran faltos de refinamiento. No; era más bien que le parecía notar algo indefinible en la propia atmósfera de la sociedad en la que vivimos que hace que sea espiritualmente muy difícil cantar en un banco. Y creo que debe tener razón [...] Los empleados de banco no tienen canciones no porque sean pobres, sino porque están tristes. Los marineros son mucho más pobres que ellos. De camino a casa pasé junto a un pequeño edificio de teja, de alguna orden religiosa, que estaba estremecido por unas voces igual que resuena con voz propia una trompeta. Sea como fuere, estaban cantando; y por un instante se me ocurrió una idea fantasiosa que ya se me había pasado antes por la cabeza:  que, entre nosotros, lo humano ya sólo puede encontrarse en lo sobrehumano. La naturaleza humana, al verse perseguida, ha corrido a acogerse a lo sagrado.»
Profesiones sin poesía. Actividades sin un canto que las identifique como sublimes. Tal vez, la crisis no es de esa profesión en sí misma, sino del espíritu que la anima: «¡Tú sólo sives para el trabajo! ¡Éste es tu único mundo real! ¡No das para más!». ¿Quién canta sólo para eso? No, para eso no merece la pena cantar. No, de un mundo real así, no nacen coplas. Termino con esta joya de Ratzinger:
«Quisiera proponer para estas reflexiones unas bellas palabras de Mahatma Gandhi que encontré no hace mucho tiempo en un calendario. Gandhi alude a los tres espacios vitales del cosmos, señalando, a la vez, que cada uno de ellos provee de un género propio de seres. Los peces, que guardan silencio, viven en el mar. Los animales que pueblan la tierra dan alaridos. En cambio, los pájaros, cuyo espacio vital es el cielo, cantan. Lo característico del mar es el silencio, el grito lo es de la tierra, y el canto del cielo. Ahora bien, el hombre participa de los tres, pues lleva en sí la profundidad del mar, el peso de la tierra y la altura del cielo. Por eso, le pertenecen también las tres cualidades: el silencio, el grito y el canto. Quisiera añadir a todo ello que en nuestros días vemos cómo, alejado de la trascendencia, al hombre sólo le queda el grito, pues quiere ser exclusivamente tierra e intenta convertir el cielo y la profundidad del mar en tierra suya.» 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

«El poder de una conversación». El caso del Dr. Amézquita


Hoy leyó su tesis mi amigo Juan Alberto. 

Con él sostuve mi primera conversación sobre la vida universitaria. Me dijo, hasta donde me es posible reconstruir, que el grado académico era lo de menos. El corazón de un alumno, los ideales de una sociedad, no se encienden con erudición sino con sabiduría y cercanía. Algo que se alcanza con muchas horas de estudio, otras tantas de silencio y varias más en conversaciones.

También, el Dr. Amézquita fue el primero que me animó a preparar un paper para un congreso académico, y con él fui a la Universidad de Notre Dame. 

Así que en mi biografía académica, mucho del plano general y la colocación de los primeros ladrillos, se los debo a Juan Alberto.

Le dedico esta entrada para felicitarlo por su Doctorado. Le estoy agradecido.

¡Ah! Y un video de Álvaro, sobre el poder de una conversación


martes, 2 de agosto de 2016

Los (todavía no) pudores de Lucas


El @ProfesorDoval, uno de mis mentores, me (me, me) puso en la pista de este cuento de Cortázar. Debía un post dedicado al vástago del Barbas y de la Chancla. ¡Grandes los tres! Como se verá, afortunadamente, Lucas empuja y opera sin preocuparse por las visitas.
Lucas, sus pudores 
En los departamentos de ahora ya se sabe, el invitado va al baño y los otros siguen hablando de Biafra y de Michel Foucault, pero hay algo en el aire como si todo el mundo quisiera olvidarse de que tiene oídos y al mismo tiempo las orejas se orientan hacia el lugar sagrado que naturalmente en nuestra sociedad encogida está apenas a tres metros del lugar donde se desarrollan estas conversaciones de alto nivel, y es seguro que a pesar de los esfuerzos que hará el invitado ausente para no manifestar sus actividades, y los de los contertulios para activar el volumen del diálogo, en algún momento reverberará uno de esos sordos ruidos que oir se dejan en las circunstancias menos indicadas, o en el mejor de los casos el rasguido patético de un papel higiénico de calidad ordinaria cuando se arranca una hoja del rollo rosa o verde. 
Si el invitado que va al baño es Lucas, su horror sólo puede compararse a la intensidad del cólico que lo ha obligado a encerrarse en el ominoso reducto. En ese horor no hay neurosis ni complejos, sino la certidumbre de un comportamiento intestinal recurrente, es decir que todo empezar lo mas bien, suave silencioso, pero ya al final, guardando la misma relación de la pólvora con los perdigones en un cartucho de caza, una detonación mas bien horrenda hará temblar los cepillos de dientes en sus soportes y agitarse la cortina de plástico de la ducha. 
Nada puede hacer Lucas para evitarlo; ha probado todos los métodos, tales como inclinarse hasta tocar el suelo con la cabeza, echarse hacia atrás al punto de que los pies rozan la pared de enfrente, ponerse de costado e incluso, recurso supremo, agarrarse las nalgas y separarlas lo más posible para aumentar el diámetro del conducto proceloso. Vana es la multiplicación de silenciadores tales como echarse sobre los muslos todas las toallas al alcance y hasta las salidas de baño de los dueños de casa; prácticamente siempre, al término de lo que hubiera podido ser una agradable transferencia, el pedo final prorrumpe tumultuoso. 
Cuando le toca a otro ir al baño, Lucas sufre por él pues está seguro que de un segundo a otro resonar el primer halalí de la ignominia; lo asombra un poco que la gente no parezca preocuparse demasiado por cosas así, aunque es evidente que no están desatentas de lo que ocurre e incluso lo cubren con choques de cucharitas en las tazas y corrimientos de sillones totalmente inmotivados. Cuando no sucede nada, Lucas se siente feliz y pide de inmediato otro coñac, al punto que termina por traicionarse y todo el mundo se da cuenta de que había estado tenso y angustiado mientras la señora de Broggi cumplimentaba sus urgencias. Cuán distinto, piensa Lucas, de la simplicidad de los niños que se acercan a la mejor reunión y anuncian: 
Mamá, quiero caca. Qué bienaventurado, piensa a continuación Lucas, el poeta anónimo que compuso aquella cuarteta donde se proclama que no hay placer más exquisito / que cagar bien despacito / ni placer más delicado / que despues de haber cagado. Para remontarse a tales alturas ese señor debía estar excento de todo peligro de ventosidad intempestiva o tempestuosa, a menos que el baño de su casa estuviera en el piso de arriba o fuera esa piecita de chapas de zinc separada del rancho por una buena distancia. 
Ya instalado en el terreno poético, Lucas se acuerda del verso del Dante en el que los condenados avevan dal cul fatto trombetta, y con esta remisón mental a la más alta cultura se considera un tanto disculpado de meditaciones que poco tienen que ver con lo que está diciendo el docotor Berenstein a propósito de la ley de alquileres.
Julio Cortázar, 1979. 

miércoles, 29 de junio de 2016

Notas de celebración por un cumpleaños


No tengo muchas citas, pero ayudan a ir más allá del simple «Feliz cumpleaños, pásala súper» de las redes sociales. La primera es una nota que la madre Gilbert Keith le envió cuando cumplió 21. Era 1895, cuando la Sra. Chésterton escribió:
«Tengo el corazón lleno de agradecimiento a Dios por el día que naciste y por el día que has llegado a la mayoría de edad. Te deseo una vida larga, útil y feliz. Que Dios te la conceda. Nada de lo que yo diga o haga podría expresarte mi amor y el gozo de tener un hijo como tú».
Una más de Chésterton. Lo mejor de un cumpleaños es alegrarse por el festejado, sin que él haya  originado la fiesta. Se celebran un don que otros han hecho al celebrado:
«The first fact about the celebration of a birthday is that it is a way of affirming defiantly, and even flamboyantly, that it is a good thing to be alive. . . . But there is a second fact about Birthdays, and the birth-song of all creation, a fact which really follows on this [...] The point of that fact is simply that it is a fact. In being glad about my Birthday, I am being glad about something which I did not myself bring about.»
O también esta otra del panzón, tal vez demasiado ñoña a la que debamos agregar un ¡Feliz cumpleaños!:
 «Toda la ciencia, incluso la ciencia divina, es una novela policíaca sublime, solo que no se trata aquí de averiguar por qué ha muerto un hombre, sino el misterio aún más oculto de porqué está vivo».
Ahora esta del cumpleaños 101 de Bilbo Bolsón en El señor de los anillos –obviamente es Tolkien, no Chésterton-:
«Hoy es mi cumpleaños centesimodecimoprimero: ¡tengo ciento once años! Deseo que lo estén pasando tan bien como yo. ¡No les distraeré mucho tiempo! Los he reunido a todos [...] para poder decirles lo mucho que los quiero y lo breves que son ciento once años entre hobbits tan maravillosos y admirables. No conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes se merecen»
Aunque no tiene que ver mucho con celebrar la vida como un don, sí de acompañarlo con algún fruto de vegetal. Estas dos estrofas están tomadas de La Taberna Errante de Chésterton –otra vez-, donde narra la desventura de unos borrachines que buscan cómo sacarle la vuelta a una ley contra las bebidas alcoholicas:
Pero lo que decía es que beber licores fermentados es el triunfo del vegetarianismo. ¡Eso me da una idea! Podría componer una canción sobre el tema, como por ejemplo: 
Soy de los que beben ron
a la moda marinera,
y cerveza en garrafón
a la moda de Baviera.
También le tengo afición
a la ginebra y al vino
pues si son de vegetales
todos los zumos combino.

Más adelante este canto evocando la borrachera de Noe:
El cielo se venía abajo hecho raudales:
los astros palpitaban en turbios barrizales,
quizá ya se apagan los fuegos infernales.
El pico mas enhiesto rendido a su sino...
Noé, a pesar de todo, sereno y sin temor
alzaba a Dios los ojos, rezando con fervor:
Por fuera corra el agua, por dentro corra el vino 
¡Feliz cumpleaños!

martes, 24 de mayo de 2016

Mi opinión de "Orgullo y Prejuicio y Zombies"



Jajajajajajajajajaja

No pasé de:




Lo mejor de la película es Lily James. No por su rol como Elizabeth Bennet, sino por lo que logró en Cinderella, dirigida por Kenneth Branagh. Ahí se anudan tres hilos que definen al personje: la muerte, la sencillez y la magia. 

Sí, la muerte nos define tanto como el nacimiento y Branagh no le saca la vuelta: se habla de ella, se anuncia su presencia, se cargan con sus consecuencias. La muerte sin edulcurantes. También se reconoce el valor de la sencillez, la honradez y la humildad como la única respuesta para escapar a la lógica instaurada por la muerte o por la injusticia de la pérdida de unos padres. Have courage and be kind se dice y se vive una y otra vez. Y por último, la consecuencia más sorprendente: existe una fuerza inevitable -en el cuento se le llama magia-, por la que el coraje de la sencillez siempre da fruto. Hay una fuerza en el mundo por la que nunca el humilde es pisoteado del todo, gracias a la cual puede renacer algo nuevo.


¿De dónde saca la humildad su potencia para renacer, para vencer al poderoso? Esta es la respuesta de Chésterton:
“Debemos contestar que es magia. No es una ley, porque no entendemos su fórmula general. No es una necesidad, porque a pesar de dar prácticamente por descontado que esas cosas sucedan, no tenemos derecho a decir que siempre han de suceder. El hecho de que contemos con el curso ordinario de los acontecimientos, no es (según imaginó Huxley) argumento suficiente para fundar la inmutabilidad de una ley. Y no contamos con el curso ordinario de las cosas, sino que apostamos sobre él. Nos arriesgamos a la remota posibilidad de un milagro, como lo haríamos con un pastel envenenado o con un cometa destructor del mundo. Lo damos por descontado, no porque es un milagro y por consecuencia una excepción. Todos los términos empleados en los libros de ciencia, "ley", "necesidad", "orden", "tendencia" y otros en ese estilo, son en realidad inintelectuales porque implican una síntesis intrínseca que no poseemos. Las únicas palabras que siempre me satisficieron para describir la Naturaleza, son las empleadas en los libros de cuentos de hadas, tales como "encanto", "hechizo", "encantamiento". Expresan la arbitrariedad del hecho y de su misterio. Un árbol da frutas porque es un árbol mágico. El agua cae de la montaña porque está embrujada. (Ortodoxia, Capítulo IV, La ética en el país de los Elfos)” 
Aquí nos encontramos ante tres experiencias que nos definen: la muerte, la sencillez y la mágia que es incapaz de abandonar al valientemente sencillo. ¿Por qué habría de funcionar la sencillez? ¿Por qué el humilde está condenado al éxito?

¿Y Orgullo, Prejuicio y Zombies? ¡Ah! Es cierto... jajajaajajajajaja

Feliz cumpleaños, Susan

lunes, 11 de abril de 2016

"El Principito" y el mundo real


La semana pasada se cumplió un aniversario de la publicación de El Principito, la famosa novela de Antuan de Sant Exupéry. Aunque suene un cliché, como sabemos, es un libro escrito para niños con problemas de adultos. Por eso podría suceder que lo consideráramos como una novela llena de sentencias simples y un poco cursis. Ahí encontramos problemas humanos como lo importante es el tiempo que pasaste con otro, sólo vale la pena emitir órdenes que sabemos que se van a cumplir, la fundamental tarea que todos tenemos de ser “domesticados”, etc.

En la Universidad suelo escuchar a profesores y alumnos que nuestra tarea consiste en prepararlos para “el mundo real”. Da la impresión de que por mundo real se refieren al mundo del trabajo, de la producción, de la utilidad, del costo beneficio. La Universidad sería como un gimnasio que prepara para la vida real que viene después. 

Tal vez El Principito sea en efecto una colección de frases algo dulzonas y edulcoradas. Aún así lanza las preguntas sobre cuál sería el auténtico mundo real en el que vale la pena vivir. ¿Qué pasa con una persona, si se deja envolver y absorber por la lógica de la utilidad, del “vales mientras produzcas”, “importas mientras trabajes”, "te convierto en unidad de producción o de administración y a cambio de doy dinero"? ¿Es posible romper a la persona y pedirle que se meta en esa lógica de la utilidad y la producción del  mundo del trabajo y pensar que vivirá en su familia, los amigos o en su comunidad en la lógica del encuentro, la apertura, el don y la alegría de la dignidad? 

No podría decir ahora cómo relacionar adecuadamente estos dos mundos. Pero en El Principito, se ponen ante nuestros ojos los temas y preguntas que nos señalarán en qué mundo real vale la pena en que vivamos. Es un texto muy corto. Así que tal vez no haya excusa para dejar de leerlo.

PD. Le dedico esta entrada al profesor Doval. Su ironía abre horizontes.

sábado, 2 de abril de 2016

Los otros son un regalo... porque son una gran improbabilidad


Generalmente, el encuentro entre dos personas se da de forma natural. Dos amigos presentan a un tercero; el compañero de clase lleva a un amigo, etc. En otras ocasiones, es más sorprendente. Tanto que haya sucedido, como el momento en que ocurrió.

Un caso de la vida real. Persona1. Amiga de toda la vida de mi familia. Viene a vivir a GDL y después de estudiar en la Universidad, y de trabajar un tiempo por aquí, se muda a otra ciudad. Persona2. La conozco en la Universidad, nos hacemos amigos. Termina sus estudios y por trabajo se muda a aquella otra ciudad. Persona1 y Persona2 coinciden en la misma Universidad por más de cuatro años, sin noticia una de otra. Ahora, las dos se conocen por que son vecinas y compañeras de cotorreo.

Aquí la cita de Chesterton:
“[Robinson] Crusoe es un hombre, recién evadido del mar que se ha instalado sobre un peñasco con unas pocas comodidades. Lo más lindo del libro es la ennumeración de las cosas salvadas del naufragio. El más grande de los poemas es un inventario. Cada utensilio de cocina se convierte en el utensilio ideal, porque Crusoe pudo haberlo dejado caer al mar. Es un buen ejercicio para las horas ingratas o vacías del día, mirarlo todo y pensar cuán feliz uno puede sentirse de haberlo salvado del barco zozobrante y llevado luego a la isla solitaria. Y es mejor aún el ejercicio de recordar cómo todo se salvó por un pelo: cada cosa que tenemos se salvó de un naufragio. Cada hombre ha tenido una horrible aventura: como un oculto nacimiento fuera del tiempo; él, no era; igual que los niños que nunca llegan a la luz. En mi infancia se hablaba mucho de hombres de genio disminuidos o arruinados; y era común decir de muchas de ellos que eran: «Grandes Pudieron Ser». Para mí es un hecho más cierto y sorprendente que cualquier hombre que cruzó por la calle es un: «Grande Pudo No Haber Sido»”.
Lo más sorprendente de todo, es que nos encontramos, todos los días, con personas que son una improbabilidad. Son un regalo inseguro, remoto y absurdo. Tanto su existencia, como nuestro encuentro. Pero están aquí. 

Es buena experiencia rumiar ese asombro. Es fácil: pregunten a un amigo -si son esposos mejor aún-, cómo fue que llegaron al mismo sitio en el que el otro estaba... ¡Había más posibilidades de que no se encontraran, y sin embargo ahí se toparon! ¡Cómo regalo! Como las piezas de un naufragio que se nos arroja a la playa en la que hemos sobrevivido. Para acompañarnos y rescatarnos.

Si quisieran, podrían ver Already tomorrow in Hong Kong. No cambiará la historia del cine, pero cuenta algo de esta gran improbabilidad. Además, tiene el final más inteligente que he visto para las películas de Serendipitynismo.







domingo, 20 de marzo de 2016

«Morir cuerdo y vivir loco»: acabar como Don Quijote



Spoiler.  Así termina El Quijote:  Huyó el loco, sólo para que muriera el cuerdo. Antes de morir, el ciudadano apacible renegó de su vida de caballero andante. El bachiller Sansón Carrasco escribió este epitafio para la tumba del cuerdo Alonso Quijano que dejó su huella siendo Don Quijote:

“Yace aquí el Hidalgo fuerte
que a tanto estremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.

Tuvo a todo el mundo en poco;
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco.”

Vivir loco. Decía Borges que a un gentleman sólo le interesan por las causas perdidas. Son las únicas que requieren de su sacrificio. Las otras se defienden solas. Siempre hace falta una pizca de locura para “la defensa de los reinos, el amparo de las doncellas, el socorro de los huérfanos y pupilos, el castigo de los soberbios y el premio de los humildes”. 

Morir cuerdo. Lo más razonable es fallecer donde debemos, junto a quien amamos. Ante la muerte, sólo vale buscar en el corazón a quién amamos y quién nos quiso. Don Quijote estaba loco: pero nunca renegó de su vocación de caballero, nunca olvidó o traicionó a quien le ofrecía sus batallas. Siempre caminó junto a un amigo. Todos los días junto a alguien, siempre entregado a otros.

Quizá de eso se trate El Quijote, e intuyo que de eso se trate la vida. Sólo se muere bien, si se ha vivido bien. Sólo se vive bien, si se deja una huella en el mundo con nuestra audacia. Sólo se puede vivir como locos en compañía de amigos y en nombre de quien amamos con esa locura.

Morir cuerdo y vivir loco.





martes, 15 de marzo de 2016

«Why Does It Always Rain On Me?»


-"¡Todo me sale mal! Ya no es lo duro, sino lo tupido"

Aquí va esta entrada para levantarle el ánimo a alguien a quien estimo montones:

1. No olvides la respuesta del Quijote:
Levántose en esto Don Quijote, y puesta la mano izquierda en la boca, porque no se le acabasen de salir los dientes, asió con la otra las riendas de Rocinante, que nunca se había movido de junto a su amo (tal era de leal y bien acondicionado), y fuese a donde su escudero estaba, de pechos sobre su asno, con la mano en la mejilla en guisa de hombre pensativo, además, y viéndole Don Quijote de aquella manera, con muestras de tanta tristeza, le dijo: 
«Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro: todas esta borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo, y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca, así que no debes congojarte por las desgracias que a mí me suceden, pues a ti no te cabe parte de ellas.» (Parte 1, Capítulo 18)
2. ¿Y si nos reímos junto al que está igual de fregado? Así se llama esta canción: Why does it always rain on me?


jueves, 7 de enero de 2016

¿Por qué "Emma" es un reto para millennials (mirreyes y ladies)?

"Emma": Gwyneth Patrol (1996) a la izquierda; a la derecha Alicia Silverstone en Clueless (1995)

El 23 de diciembre del año pasado -2015- se cumplieron doscientos años de la publicación de Emma, la cuarta novela de la famosa escritora inglesa Jane Austen. Orgullo y Prejuicio comienza con estas famosísimas palabras: «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa». En esta primera sentencia se resume la trama de la novela. Con Emma, se abre el telón de este modo:
«Emma Woodhouse, bella, inteligente y rica, con una familia acomodada y un buen carácter, parecía reunir en su persona los mejores dones de la existencia; y había vivido cerca de veintiún años sin que casi nada la molestara o la irritase». 
En esta primera afirmación, Austen anuda la tensión de su narración: por un lado nos describe al personaje con aquellas características con las usualmente nos gustaría identificarnos: bella, inteligente y rica. Pero después desliza un matiz: parecía. Sería como un daba la impresión pero no es así, o lo lógico sería que fuera persona imitable pero algo falla. Sólo parecía sintetizar esa cualidades. Era más bien rica, agraciada y sagaz, pero no tanto próspera, bella e inteligente. No da igual. Emma sería el típico mirrey-millennial o la clásica lady-millennial con estudios, dinero, poder y presencia, cuyo  lema de vida sería ¡lo hago así por que quiero y qué!

Como la novela está narrada bajo la perspectiva de la protagonista, y su carácter atrofiado le impide reconocer en un primer momento cuál es su error, con facilidad el lector también es engañado -si se puede decir así- por la autora. En principio nos introduce en Emma y sus motivos, nos anima a simpatizar con sus razones, nos alienta a justificar sus acciones y nos empuja a reírnos con sus ocurrencias. Pero mientras celebramos sus bromas, percibimos que hay algo que no va.  Emma manipula a su amiga Harriet Smith, lastima a Jane Fairfax, insulta a la Señora Bates –todas ellas que carecen de dinero, inteligencia o posición en la vida-; y peor aún, en el camino se incapacita para conocerse realmente a ella misma y darse cuenta de su error. ¿No se suponía que debíamos imitar a la heroína? «Los verdaderos peligros de la situación de Emma eran, –escribe Austen- de una parte, que en todo podía hacer su voluntad, y de otra, que era propensa a tener una idea demasiado buena de sí misma; éstas eran las desventajas que amenazaban mezclarse con sus muchas cualidades».

A lo largo de la novela, Emma -la rica, guapa e inteligente-, no sólo es caradura impertinente. Se da el lujo de cambiar de opinión y reconocer que se equivoca. Poco a poco somos testigos del despertar de Emma y de su maduración. La sagaz golfa con dinero [la ladymillennial y su resting bitch face o el mirrey-perdonavidas-dueñodelmundo], encaja los reclamos de sus amigos y descubre la poca valía de sus acciones, la imprecisión de sus juicios, su carácter desquiciado. Pero no solo ello, también cae en la cuenta del potencial de su posición económica, de la riqueza de una amistad firme, de la gallardía de su amor y del tesoro de una personalidad lograda.

Los millennials suelen despreciar a las heroínas enamoradas y sumisas, y a los caballeros chapeados a la antigua. Muy bien. Tal vez  las otras novelas de Austen, –Sensatez y Sentimiento y Orgullo y Prejuicio- sean muy cursis para su refinamiento y su vida sibarita...

Ahí tienen a Emma. Léanla. Les hará bien.

(Algunas ideas las saqué de aquí: Actually, Emma is the best Jane Austen Novel. La pista me la pasó  Arcy Ireta)


jueves, 29 de octubre de 2015

«La Patricia», la Playa y el Cuadro.

Foto: Scott Kelly, Museo del Prado
ATENCIÓN: Para comprender esta entrada es necesario haber experimentado dos eventos: un atardecer y la compasión. Porque todo depende de un «You know it when you see it». De lo contrario, no entenderás na'a.

Las fotos de Patricia tomadas desde el espacio mostraban el tamaño del huracán y nos permitían imaginar la fuerza de la naturaleza. No somos los primeros que experimentamos el asombro ante la fuerza del mar y el riesgo de ser tragados por su furia. La teología judía aprovechó esta sensación para explicar dos ideas: el significado de estar a salvo y el papel de los amigos y de los que nos aman.
En el mar nos hundimos. Ahí el agua nos puede tragar. Dentro de él, probamos una obscuridad que nos envuelve y sentimos la inestabilidad de no tener dónde sostenernos. Salir a la costa es otra manera de experimentar la redención. Hemos sido rescatados del poder de la obscuridad y del riesgo de perecer. Ponerse de pie en la playa nos permite contemplar la majestuosidad de esa fuerza, que al mismo tiempo, tememos como lo opuesto a la tierra, como amenaza al espacio vital del hombre. Y ahí, desde la arena, el mar como riesgo se convierte en posibilidad de asombro por la belleza de un atardecer que se renueva cada día.
La playa significa entonces, vencer el riesgo de perecer en el mar. Es, por una parte, un límite impuesto a la potencia del mar –«¡Hasta aquí llega tu amenaza!»-. Por otro lado, desde la playa, la furia intimidante del mar, se transforma en una invitación a ver su belleza y participar de ella. 
Foto: Scott Kelley
En el museo del Prado hay un cuadro que recoge el mismo problema, pero resuelto no en un elemento material como lo es la playa, sino anclado en el corazón de la persona. Se llama El Descendimiento de la Cruz, del pintor flamenco Rogier van der Weyden. Es la pintura de un judío condenado a muerte que es bajado de la cruz. Dos de sus amigos sostienen el cadáver, mientras se giran para entregárselo a la madre del difunto. La pintura es una fotografía del momento en que los amigos sujetan a los que han sido devorados por la muerte o por la angustia. 
¿En qué se parece El Descendimiento y el mar? En los dos sitios un hombre ha sido tragado por la obscuridad, el mal se los ha comido. No hay tierra firme para sostenerse. De forma que, en este cuadro o en una experiencia así, ¿cuál es el equivalente a la playa, cuál es el lugar de redención, qué es lo que le quita la última palabra al poder de la angustia, del mal y la muerte?
Es en la compasión, en la solidaridad de los amigos, en la compañía por amor, en la empatía y solidaridad que recibimos sin esperar nada a cambio, donde la muerte y el mal retroceden. «¡Hasta aquí llega tu amenaza! ¡No dejaremos que tu lógica ahogue el corazón!» En el cuadro, los amigos lloran por que reconocen el mal ante ellos; pero lo superan y se liberan de él a través del amor, de la empatía y de la solidaridad ante el que sufre. Esa es su playa. Ya podrán ver la belleza del amanecer.  Van der Weyden no oculta el mal y el dolor, como las fotos mostraban la fuerza del huracán, pero el pintor no se ceba en la tragedia: pone ante nuestros ojos el valor de la compasión, la fuerza del amor. Abre una puerta a la esperanza. 
Si no es posible ir al museo del Prado, al menos hay que ir al mar o atesorar la compasión  y la empatía que nos han regalado amigos y familiares. Es una forma de recordar ese: «¡Hasta aquí llega tu amenaza!» con que la playa marca un límite al mar.

sábado, 19 de septiembre de 2015

"Yo no me voy a casar"


Escuché al vuelo esta frase cuando veía salir a unos recién casados de una iglesia. Ya son siete días de aquello y la afirmación me sigue rondando la cabeza. Tal vez por que la he oído en varias personas a las que estimo de veras, y –¡qué le voy a hacer!- mis padres me enseñaron a tomarme en serio a quien aprecio. ¿Cuál es verdadero drama interno que revelan? ¿Cómo se devela y se vive ese misterio?

Dos ideas para centrar lo que voy a decir. (1) De ninguna manera pretendo sugerir que la persona que lo dijo, realmente piense que no nació para amar, que no esté enamorada o no haya generado el amor. Nada de eso. Ignoro todo el contexto de lo que está detrás de esa frase. (2) Lo que me interesa es sólo  explorar caminos para no impacientarse por el amor. Dije el amor no matrimoniarse. No voy a defender que deban terminar casados. No.

Lo que me interesa es pensar en voz alta, cómo navegar entre dos extremos de quien, en ocasiones, tienen difícil aquello del amor: desesperarse o encerrarse. No es una entrada contra la soltería a favor del matrimonio. Es sobre cómo embarcarse en la lógica del amor, cuando la experiencia personal nos empuja a desesperarse por la falta de correspondencia o a encerrarse en un caparazón. Cómo no desesperar, si a veces es difícil encontrar quién realmente me introduzca en esta experiencia que describe Heidegger:
«¿Por qué el amor es tan rico, superando todas las dimensiones de las otras posibilidades humanas, y por qué supone una carga tan dulce para aquellos a quienes afecta? Porque nos convertimos en aquello que amamos y, no obstante, seguimos siendo nosotros mismos. Querríamos dar entonces las gracias al amado y no encontramos nada que satisfaga ese deseo. Sólo podemos dar las gracias dándonos a nosotros mismos. El amor transforma la gratitud en fidelidad a nosotros mismos y en fe incondicional en el otro. De este modo aumenta el amor continuamente su misterio más propio [Carta de Heidegger a Arendt, 21.II.1925]».
He buscado armar una respuesta. Hasta ahora, sólo encuentro piezas sueltas. Por lo que aquí no encontrarán la solución definitiva del problema. Recomiendo primero ver los subtítulos y leer el que llame la atención. No existe un hilo conductor. Ahí van:

Casi siempre es gradual, no de golpe 

Por lo que he visto, al amor no siempre se entra de golpe. A veces sólo lo percibimos cuando ya estamos metidos en él. Difícilmente se llega de pronto (Jane Austen pensaba algo así), y es poco probable que nazca con una intensidad que lo haga fácilmente reconocible. No esperes –en un principio- algo así (aquí completo):

Es amor fuerza tan fuerte
que fuerza toda razón;
una fuerza de tal suerte,
que todo seso convierte
en su fuerza y afición;
una porfia forzosa
que no se puede vencer,
cuya fuerza porfiosa
hacemos más poderosa
queriéndonos defender
(Jorge Manrique, 1476)


¿Sino o Destino? (Paciencia 1)

Organicemos un concurso sobre cómo se conocieron nuestros padres, donde gane el matrimonio cuyos esposos partían de más improbabilidades para conocerse, los que de entrada eran los menos probables de encontrarse o los que más estuvieron a punto de no toparse. Mi abuelo sirio, conoció a mi abuela libanesa, en Villahermosa. Ahí nació mi madre, que conoció a mi papá –nació en Celaya- en la Ciudad de México. Yo nací en Culiacán, vivo en Guadalajara... Es mucho más probable no habernos conocido, que lo contrario. El encuentro con otros es una gran improbabilidad. Así lo describe Chesterton:
“Robinson Crusoe es un hombre, recién evadido del mar que se ha instalado sobre un peñasco con unas pocas comodidades. Lo más lindo del libro es la ennumeración de las cosas salvadas del naufragio. El más grande de los poemas es un inventario. Cada utensilio de cocina se convierte en el utensilio ideal, porque Crusoe pudo haberlo dejado caer al mar. Es un buen ejercicio para las horas ingratas o vacías del día, mirarlo todo y pensar cuán feliz uno puede sentirse de haberlo salvado del barco zozobrante y llevado luego a la isla solitaria.
Y es mejor aún el ejercicio de recordar cómo todo se salvó por un pelo: cada cosa que tenemos se salvó de un naufragio. Cada hombre ha tenido una horrible aventura: como un oculto nacimiento fuera del tiempo; él, no era; igual que los niños que nunca llegan a la luz. En mi infancia se hablaba mucho de hombres de genio disminuidos o arruinados; y era común decir de muchos de ellos que eran: «Grandes Pudieron Ser». Para mí es un hecho más cierto y sorprendente que cualquier hombre que cruzó por la calle es un: «Grande Pudo No Haber Sido» (Ortodoxia, Cap. 4. La ética en el país de los Elfos)”.
Quizá sea un buen ejercicio, preguntar a los amigos cómo fue que llegaron al lugar en el que nos conocimos. Muy probablemente nos sorprenderemos que ellos son para nosotros un regalo que por nada pudimos haber perdido. ¿Qué pasaría si nos acostumbramos a atesorar esa improbabilidad que al final sí funcionó?



La tierra es de quien la trabaja 

Aunque coincidir con alguien es más improbable que su contrario, y a pesar que todo encuentro es regalo –conocernos es un don-... hay que quemarse, moverse, empeñarse, poner de nuestra parte. Al menos se puede entrenar el corazón para cuando coincidan. Siempre es posible dejarse afectar por el otro y sus necesidades. Difícilmente el empático echa a perder un encuentro. Coincidir, sí que es un regalo, por que es una gran improbabilidad. Es un regalo -no controlado- que preparamos, descubrimos y aprovechamos por entrenamiento -que sí controlamos-. Paperman nos lo cuenta así:


Roma no se hizo en un día.

Algún dato pueden ofrecer el modo en que cuidamos y fomentamos las relaciones familiares y personales... Quizá ayude tomar en cuenta que ni siquiera Pepé Le Pew es imbatible. «El verdadero amor nunca fluye con facilidad», escribió Shakespeare. Estos días me encontré con este texto de Stefan Zweig en su biografía sobre Erasmo de Rotterdam. Es una reflexión sobre el valor de las utopías: incluso si los hechos -y los expertos en la vida real- se empeñan en desestimar nuestro idealismo. La idea de Zweig es esta: Erasmo fracasó en su Utopía, pero su ideal ha fertilizado los anhelos de otros quienes se han tomado en serio su responsabilidad en el mundo real. Han respirado y sudado el ideal que Erasmo no vio hecho realidad Erasmo.

Con el amor pasa algo similar. Aunque efectivamente una persona nunca se case, el ideal de dar la vida por otro, –el ejercicio por entrenarse con amigos y familiares, quizá- terminará fertilizando el corazón de otros. Basta que se intente, una y otra vez, entregar la existencia por el amor a quien ya está a nuestro lado. Como Gaudí. Nunca se casó, ni vio terminar su gran sueño de una basílica como La Sagrada Familia. Pero el amor que él puso a ese proyecto, ha movido a muchas personas a seguir con la edificación del templo, y removido a miles de visitantes a su obra. 


La cuarta pared (Ampliar la mirada)


En teatro, la cuarta pared es el muro imaginario que se levanta entre el escenario y el público. La obscuridad de la gradería y la luz del escenario, ocultan a los espectadores en la penumbra. Desde ahí, estos ven los esfuerzos de los personajes y participan de su vida; pero para los actores, su público permanece oculto. ¿Habrá alguien que contemple nuestra vida como en un escenario, a quien percibimos en la penumbra, pero no vemos con claridad? ¿Y si ve conmovido nuestros esfuerzos?

Una filósofa me recordaba el argumento de Ivan Karamazov. Si no me equivoco se aplicaría así a nuestro problema: pensar que Alguien es testigo de ese esfuerzo por amar, que lo redime y fructifica, puede ser edificante y sólo por eso, imaginarlo vale la pena. La creencia habría cumplido su misión, si en ella se encuentra estímulo y consuelo. Tal vez tenga razón, pero sólo hasta cierto punto. Por más consuelo que encontremos en imaginar al Espectador observándonos detrás de la cuarta pared, si no existe realmente, poco aliento  ofrecería. Más aún, cuando nos dejamos la vida en algo, más nos vale que aquello en lo que creemos sea real. Honestamente no vale la pena dar la vida por que Galadriel premie nuestros esfuerzos.  Sinceramente consuela poco pensar que Aragorn, hijo de Arathorn, suba al escenario para pelear a favor nuestro. O existe realmente un Espectador tras la cuarta pared, o el efecto medicinal de pensar en él sería un engaño.

Pues bien, Mark St. Germain escribió una obra de teatro titulada Freud's Last Session, donde recrea una conversación imaginaria entre C.S. Lewis –creyente- y Sigmund Freud –ateo- sobre Dios, su existencia, su presencia,  la cuarta pared que nos separa de Él. Hacia el final, los dos reconocen que no resolverán el misterio, y que al mismo tiempo, no intentar vislumbrar al Espectador, es disparatado. Freud se despide contando la historia de un ateo que al saberse cercano a la muerte, manda llamar a un Pastor para hablar de Dios. El ateo muere sin cambiar de idea, el Pastor sale de la casa con la seguridad de haber convertido a su interlocutor. Freud no duda que el ateo murió sin creer en Dios, pero admite que no puede garantizar lo ocurrido en la conciencia de un hombre que cruza la cuarta pared. No puede descartar la posibilidad de creer en Dios en el momento final. Despide a Lewis, se sienta junto al radio y escucha las últimas palabras del discurso del Rey Jorge (sí, el de la película):
«Pueden haber días oscuros en nuestro futuro y quizá la guerra no pueda limitarse al campo de batalla. Pero solo podemos hacer lo correcto, como veamos lo correcto, y con mucha reverencia encargar nuestra causa a Dios. Si todos y cada uno de nosotros nos mantenemos fieles, listos para cualquier servicio o sacrificio que se nos pida, entonces con la ayuda de Dios prevaleceremos. Que Dios nos bendiga a todos.» (Freud suspira)
Freud se reclina en el diván y se queda mirando la radio [...] como si tratara de descifrarlo. [Como si tratara de percibir si existe o no el Espectador].
No existe un seguro contra todo. Nadie puede controlar que sus gestos de amor sean los acertados, ni asegurar que lo decidido obtendrá el fruto esperado. Nadie tiene asegurado que le saldrá bien el amor, o que sabrá experimentarlo como se debe. Pero tampoco de lo contrario. Nadie puede asomarse al corazón de quien recibe nuestro afecto. Sólo por que quizá fructifique, vale la pena lanzar al semilla.

¿Y qué pasaría si nos sabemos actores ante un Espectador al que no le es indiferente lo que nos ocurre y a nuestros empeños? El cristianismo asegura que después de la muerte de Cristo en la cruz, la verdad de que Dios ama al hombre está demostrada y garantizada. «¿Pero cómo verlo yo, aquí, ahora, cuando parece que mis esfuerzos por el amor no rinden frutos?»... Freud se reclina en el diván y se queda mirando la radio [...] como si tratara de descifrarlo.

Al final del día, lo que sucede detrás de un "Yo no me voy a casar", queda en el misterio de la persona que lo experimenta y en el Espectador que lo contempla. Ese drama siempre será indescifrable para mi que sólo oí la frase dicha al vuelo.


La idea de la cuarta pared, se la oí a Esteban López Escobar en una conferencia sobre la teatralidad de la vida. Él utilizó la obra de teatro de Mark St. Germain.

martes, 26 de mayo de 2015

Más de «Basil Howe». Se suben Jane Austen y Maria Cristina


Hace unos días compartí unas citas que encontré en la primer novela de Chésterton, «Basil Howe».  La benefactora -María Cristina- hizo más que regalarme el libro: hablamos de él.  

Para introducir las citas de la opera prima de Chesterton escribí:
«Uno echa de menos al Chesterton agudo de «Ortodoxia», «El hombre Eterno» o del «Padre Brown». Aún así, se pueden ver en «Basil Howe», en etapa germinal, la sabiduría de la paradoja y la humildad como claves para vivir bien la vida.»
María Cristina respondió:
«Ciertamente es proverbial que se trata de una novela primeriza, más cuando uno se encuentra esto luego de leer «El hombre que fue jueves», «El que sabía demasiado» o «La esfera y la cruz»... Pero me parece que ello mismo hace de su lectura una experiencia interesante: uno lee con más agudeza de la que demandaba el libro en su momento, y permite entrever el valor revelador de lo paradójico cuando quizá no era aún tan claro para el propio escritor... Había un mensaje que nuestro ancho personaje estaba predestinado a develar. Esa mirada peculiar del escritor que convierte su oficio en un deber crucial frente a lo humano... Es una novelita que trata sobre la funcionalidad de las formas sociales, y la valiosa complicidad de quienes las cuestionan caprichosamente... Su única novela romántica. De ingeniosa simplicidad.»
Cuando Chesterton introduce las novelas juveniles de Jane Austen hace notar una idea similar a la que ofrece María Cristina. Sí, no estamos ante un escritora madura, sino en las etapas experimentales de su obra. Pero ese encuentro con la niña que escribe para la tertulia familiar, incoa a la mujer que publicó después unas novelas clásicas. Para el polemista inglés, los Juvenilia de Austen muestran la fuerza interior y agudeza de esta autora: no buscaba imitar, sino describir, lo mejor que podía, cómo ha de ser el verdadero carácter que hace amable a cualquier persona. Dicho por Chesterton:
«There is therefore, in considering even her crudest early experiments, the interest of looking at a mind and not at a mirror. She may not be conscious of being herself; but she is not, like so many more cultivated imitators, conscious of being somebody else. The force, at its first and feeblest, is coming from within and not merely from without. This interest, which belongs to her as an individual with a superior instinct for the intelligent criticism of life, is the first of the reasons that justify a study of her juvenile works; it is an interest in the psychology of the artistic vocation. I will not say of the artistic temperament; for nobody ever had less of the tiresome thing commonly so described than Jane Austen. But while this alone would be a reason for finding out how her work began, it becomes yet more relevant when we have found out how it did begin. This is something more than the discovery of a document; it is the discovery of an inspiration.  [...] [En el blog ya escribí sobre "novelas rosas" y este prólogo a los «Juvenilia» de Austen-]»
María Cristina opina de la primera obra de Chésterton  -quizá sin saberlo- algo muy cercano a lo que éste a su vez pensaba de las primeros textos de Jane Austen. Para seguir con el diálogo, aquí van unas citas de Chesterton sobre el amor. La primera de ellas es de «Basil Howe», publicada mas o menos dos años de que conociera a su futura esposa Frances Blog y siete antes de que se casara con ella. El resto de citas las vi en la biografía de Pearce, y me quedé con la referencia de la página de esta edición, pero no del libro original. Mea Culpa!. Pero el experimento sirve: ¿qué experimentó Gilberth de joven? ¿Qué cambió en él cuando conoció a Frances?
«Pero existe una especie de amor; un amor que les llega a dos personas de vez en cuando, que es diferente; el amor que brota del conocimiento. El amor que en cierto momento, probablemente en las oscuras horas de la infancia, brota de la compañía, del intercambio constante de sentimientos, de una influencia mutua constante. Los años pueden pasar, interponiendo separaciones de casi una década, incluso peleas y celos, pero esas dos personas se conocerán mutuamente hasta el final de los tiempos; sólo tendrán que mirarse el uno al otro para ver los secretos que esconden en la mirada, con tanta claridad como si fueran palabras; el lazo que los une no será, no puede ser, desatado por ninguno de los dos. Lo que significan el uno para el otro, el poder que tienen el uno sobre el otro, por que en algún momento han visto literalmente el corazón del otro, en el momento de una gran confesión. Eso es el amor: pero sólo les llega a unos pocos… a unos pocos.» 
-o- 
A la mujer que amo.
Con qué esmero te hizo Dios:
Apartó para ti una estrella,
la tiñó de verde con campos de oro
y le puso el sol como aureola;
la llenó de reyes, pueblos y naciones,
y te hizo a ti, con mucho esmero.
Toda la naturaleza es el cuaderno de Dios
sus toscos bosquejos son para ti (60) 
-o-  
"Cualquier actriz conseguiría parecerse a Helena de Troya utilizando una barra de labios y un poco de maquillaje, pero ninguna podría parecerse a ti, sin ser una bendición de Dios" (63) 
-o-  
"Nuestra cordura pertenece al mundo, tanto si la expresamos en privado como en público, pero nuestra locura pertenece a los que amamos" (114) 
-o-  
"Uno de los misterios del matrimonio (que debe ser un sacramento y uno extraordinario además) es que un hombre claramente inútil como yo pueda llegar a ser indispensable en ciertos momentos. Pero lo más raro de todo (y le invito a que me lo explique desde el punto de vista espiritual) es que ese hombre nunca se sienta tan insignificante como cuando sabe que le necesitan (151)  
-o-  
"Aquí termina mi existencia anterior. Tómala: me ha llevado a ti" (348) 
-o- 
"En realidad los alemanes no pueden ser profundos porque jamás se permiten ser superficiales. Están hechizados por el arte y lo contemplan fijamente incapaces de ver nada alrededor. No creen que el arte puede ser luminoso y leve, como una pluma, aunque fuera la pluma del ala de un ángel. En el fondo del estanque sólo hay lodo, el cielo está en la superficie" (289)  
-o- 
"Toda la ciencia, incluso la ciencia divina, es una novela policíaca sublime, solo que no se trata aquí de averiguar por qué ha muerto un hombre, sino el misterio aún más oculto de porqué está vivo" (461)